Revuelta de Kengir

Revuelta de Kengir
Belomorkanal.png
Campo de trabajos forzados en Belomorkanal en los años 30.
Fecha 16 de mayo de 1954 - 26 de junio de 1954
Lugar Kengir, RSS de Kazajistán
Coordenadas 47°50′28″N 67°36′54″E / 47.84111111, 47°50′28″N 67°36′54″E / 67.615
Casus belli Muerte de prisioneros a manos de las autoridades del campo
Resultado Levantamiento reprimido
Beligerantes
Bandera de la Unión Soviética Ejército Rojo
Bandera de la Unión Soviética MVD
Bandera de la Unión Soviética Autoridades del Gulag
IFRC flag used in Kengir Uprising.png Resistencia de Kengir[1]
Comandantes
Bandera de la Unión Soviética Sergei Yegorov
Bandera de la Unión Soviética Ivan Dolgikh
IFRC flag used in Kengir Uprising.png Kapiton Kuznetsov
Bajas
40 heridos1 500–700 muertos/heridos2
46 muertos1
106 heridos1

1 Cifra Oficial Soviética
2 Cifra proporcionada por prisioneros
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La revuelta de Kengir (o Kenguir) fue llevada a cabo por prisioneros del campo soviético de trabajos forzados de Kengir ( provincia de Karagandá), en Kazajistán, entre mayo y junio de 1954. Su duración e intensidad se destacó de entre otros levantamientos en los gulags del mismo período.

Tras la muerte de algunos de sus compañeros de prisión a manos de los guardias, los internos de Kengir se rebelaron y procedieron a tomar el campo entero, reteniéndolo por varias semanas, creando un período de libertad único en la historia de los gulags.

Siguiendo a una rara alianza entre criminales y prisioneros políticos, los internos lograron hacer huir a los guardias y la administración del campo, y en consecuencia lograron mantenerse aislados del exterior. A partir de allí los prisioneros levantaron intrincadas defensas para prevenir la incursión de las autoridades soviéticas dentro de su recién ganado territorio. Esta situación duró por un período que no contaba con precedentes, y dio comienzo a una gran variedad de nuevas y coloridas actividades, incluyendo la formación democrática de un gobierno provisional de los prisioneros, casamientos entre los internos, la creación de cultos religiosos propios, un breve florecimiento del arte y la cultura, y la comisión de una campaña de propaganda de relativo gran tamaño y complejidad en contra de las anteriores autoridades del campo.

Luego de 40 días de libertad dentro del perímetro de la prisión, de negociaciones intermitentes y de mutuas preparaciones para un conflicto violento, el levantamiento fue finalmente reprimido por el Ejército Rojo con el uso de armas y tanques, en la mañana del 25 de junio. De acuerdo con lo expresado por ex prisioneros, hasta 700 personas murieron o fueron heridas durante la represión,[2] aunque las cifras oficiales solo enuncian que unas pocas docenas resultaron muertas. La historia del levantamiento fue dada a conocer públicamente por primera vez en el libro “ Archipiélago Gulag”, un trabajo documental relatado por el ex prisionero ruso del campo -así como ganador del Premio Nobel de literatura- Aleksandr Solzhenitsyn.

Trasfondo

Gulag

Ubicación aproximada del campo de Kengur en Kazajistán.

La muerte en 1953 de José Stalin, Jefe de Estado y mayor proponente de los campos de trabajos forzados, produjo entre los prisioneros la esperanza de obtener amnistía para sus condenas, o al menos reformas carcelarias; estas expectativas se reforzaron por la subsiguiente caída de la mano derecha de Stalin y jefe de seguridad del Estado, Lavrenty Beria.

Beria –que era el jefe de toda la seguridad soviética así como del aparato policial, además de ser el arquitecto de las políticas más odiadas relativas a los campos– fue declarado “ enemigo del pueblo” y ejecutado por aquellos que sucedieron a Stalin. El nombre de Beria y su nueva y mancillada reputación se convirtió en un problema para todos los rangos de la jerarquía soviética, tanto altos como bajos. Para todo aquel que estuvo asociado con Beria, o había hablado muy a favor de él, corrió el riesgo de ser denunciado como traidor y ser perseguido. La administración del campo no estaba excluida de estos riesgos y este hecho debilitó significativamente su posición frente a los prisioneros. Escribiendo respecto a las huelgas que estaban tomando lugar en ese momento, Solzhenitsyn describió de este modo la cuestión:

¡No tenían idea sobre qué se requería de ellos y cualquier error podía ser peligroso! Si mostraban excesivo celo en sus funciones y disparaban a la multitud de internos, podían terminar como los secuaces de Beria. Pero si no mostraban el celo suficiente y no empujaban enérgicamente a los huelguistas de vuelta al trabajo, podía pasar exactamente lo mismo.[3]

Por esta y otras razones, en los meses que precedieron el levantamiento, los prisioneros de todos los gulags se estaban volviendo cada vez más atrevidos e insolentes, haciendo huelgas de hambre, dejando de trabajar, organizando insubordinaciones a gran escala, dando lugar a cada vez más frecuentes represalias violentas en su contra.

En el campo de Kengir en particular, las autoridades responsables estaban perdiendo el control sobre el ejercicio efectivo de sus cargos; los comunicados enviados por los comandantes hacia la jerarquía del campo atestiguan su temor por los frecuentes incidentes de descontento, las poderosas organizaciones que actuaban de manera encubierta y las crecientes crisis que afligían a la red de soplones, así como sus desesperados intentos de reafirmar su control.[4]

Kengir

"Ladrones" y soplones

Las raíces del levantamiento pueden trazarse en un gran desembarco de “ladrones” –término aplicado de manera vulgar a todo criminal común- que fueron internados en el gulag junto con los prisioneros políticos.

Cuando los campos de trabajo forzados o gulags fueron fundados a principios de la década de 1920, los prisioneros políticos y los criminales eran encerrados juntos. Solo a comienzos de la década de 1950 se separó a los prisioneros políticos y a los "ladrones" en distintos sistemas carcelarios.

Tradicionalmente los “ladrones” y los “políticos” habían sido antagonistas, con los ladrones ejerciendo dominio virtualmente irrestricto sobre los prisioneros políticos, robándolos y sometiéndolos a todo tipo de abusos, junto con los políticos restantes que estaban demasiado desunidos como para montar una defensa eficaz. Esta situación era facilitada por la complacencia e incluso el apoyo activo de la administración del campo, que reconocía la utilidad de los "ladrones" para reprimir a los políticos y prevenir su unión en una causa común.[5]

Con la separación de los "ladrones" del gulag político a principios de la década de 1950, los prisioneros políticos comenzaron a unirse en formas sin precedentes hasta entonces en los gulags.

Este proceso de organización comenzó en facciones definidas por rasgos nacionales, religiosos y étnicos ( ucranianos, kazajos, chechenos, armenios, estonios, musulmanes, etc.), que rápidamente se consolidaron en grupos muy fuertes, que abrieron el camino a la formación de una coalición que incluía al campo entero, cuya función primaria fue el lanzamiento de una gran campaña de asesinato de los soplones y colaboradores del campo.[6]

Junto con los "ladrones", los soplones fueron en el pasado el impedimento primario para que los políticos se uniesen. Los soplones mantenían sus identidades en secreto, denunciaban con frecuencia a sus compañeros de prisión y trabajaban asiduamente para señalar a cualquier prisionero problemático. Debido a esto, un efecto masivo de autocensura se creaba entre los prisioneros, quienes temían confiar mutuamente. Sin embargo los grupos étnicos y nacionales comenzaron a pelear en contra de los soplones, pescándolos sistemáticamente y matándolos con un vigor y una eficiencia tal, que los soplones restantes todavía no identificados huyeron hacia la administración del campo en busca de protección.

Armamento y organización

De los grupos étnicos mencionados anteriormente, el ucraniano –que componía según algunas estimaciones la mitad de la población del campo– era sin lugar a dudas el más importante y estableció rápidamente su rol de liderazgo entre todos los prisioneros. Miembros de este “Centro Ucraniano” –como se lo llamaba frecuentemente– eran los principales proponentes de la exterminación de los soplones y luego probaron ser esenciales en las negociaciones con los “ladrones” recién llegados. Al mismo tiempo que eliminaban a los soplones, los prisioneros comenzaron a perfeccionar la confección de puntas o cuchillos de relativa buena calidad, destreza cuyo dominio era inicialmente exclusivo de los "ladrones".

Durante los meses previos también habían tenido lugar muchos incidentes en contra de los prisioneros –que usualmente incluían la muerte caprichosa de algún recluso tenido en estima a mano de los guardias–, sucesos estos que alimentaron el resentimiento y justificaron las acciones extremas posteriores por parte de los prisioneros. Las protestas y las negaciones colectivas a trabajar se hicieron más frecuentes y con ello los prisioneros aprendieron los vericuetos de cómo planear y prolongar disturbios a gran escala, principalmente por medio de la creación de un sistema de comunicación entre las divisiones del campo y –aún más importante– estableciendo jerarquías de comando.

Fue en este clima volátil cuando se produjo la inyección de aproximadamente 650 "ladrones" entre los aproximadamente 8.000 prisioneros políticos de Kenguir a principios de mayo, inyección concebida específicamente con el propósito de debilitar la unión de los prisioneros políticos, que ya antes habían organizado huelgas de pequeña escala y se estaban volviendo cada vez más inestables. Las autoridades del campo esperaban que esos "ladrones" revirtieran –como lo habían hecho en el pasado- esta tendencia en crecimiento.[7]

Para sorpresa de las autoridades los "ladrones" unieron fuerzas espontáneamente con los “políticos”, concretando un encuentro secreto con el "Centro Ucraniano" la primera noche de su llegada, y estableciendo subsecuentemente un pacto. Esto de debió principalmente a dos razones: por un lado reconocieron sus pocas posibilidades en contra de un cuerpo masivo de 8.000 reclusos políticos, bien armados y unidos, y por el otro los "ladrones" de todos los gulags se habían unido a la campaña diseñada por los "políticos" en contra de los soplones y comenzaron por tanto a admirarlos y respetarlos.[9]

El campo

El campo entero del complejo de Kengir formaba un gran rectángulo, dividido a lo ancho en cuatro áreas distintas: el campo de mujeres, el patio de servicios –donde estaban situados todos los talleres y depósitos– y dos campos para hombres, cada uno con sus propias celdas para castigo de prisioneros o para la protección de los soplones. El campo de mujeres se hallaba bloqueado tanto al acceso como a la vista de los campos para hombres. El primero incluía 2.800 prisioneras y los otros dos sumaban 5.200 varones.[10]

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