Revolución del 5 de octubre de 1910

Ilustración referente a la proclamación de la República Portuguesa el 5 de octubre de 1910.

La Revolución del 5 de octubre de 1910 supuso la proclamación de la Primera República Portuguesa y puso fin a la monarquía en Portugal.

La subyugación del país a los intereses coloniales británicos,[6]

Tras la oposición del ejército a combatir a los cerca de dos mil soldados y marineros rebeldes entre los días 3 y 4 de octubre de 1910, la república se proclamó a las 9:00 del día siguiente en el balcón del ayuntamiento de Lisboa.[10]

Antecedentes

El ultimátum británico y la revuelta del 31 de enero de 1891

El mapa rosado, que originó el ultimátum británico de 1890.

El 11 de enero de 1890, el gobierno británico de Lord Salisbury envió al gobierno portugués un ultimátum,[12]

La rápida retirada portuguesa ante las exigencias británicas fue vista como una humillación nacional por diversos grupos y por las élites.[19]

Placa conmemorativa en la calle Trinta e Um de Janeiro, en Oporto.

El 14 de enero, el gobierno progresista cayó y el líder regenerador António de Serpa Pimentel fue designado para formar un nuevo gobierno.[22] que sería calificado de calumnioso y le costaría la cárcel.

El 1 de abril de 1890, el viejo explorador Silva Porto se suicidó envuelto en una bandera portuguesa en Kuito ( Angola), tras haber fracasado en las negociaciones con los indígenas bajo las órdenes de Paiva Couceiro, que lo atribuyó al ultimátum. El suicidio del que era uno de los rostros de la exploración del interior de África generó una profunda conmoción nacional [26]

En Oporto, el 31 de enero de 1891, se produjo un levantamiento militar contra la monarquía compuesto principalmente por sargentos y militares sin plaza.[30] "A Portuguesa" fue prohibida.

A pesar del fracaso, la revuelta del 31 de enero de 1891 fue la primera gran amenaza que sintió el régimen monárquico y fue un aviso de lo que sucedería décadas más tarde.[31]

El Partido Republicano Portugués

«El pensamiento y la ciencia son republicanos, porque el genio creador vive de libertad y sólo la República puede ser verdaderamente libre [...]. El trabajo y la industria son republicanos, porque la actividad creadora quiere seguridad y estabilidad y sólo la República [...] es estable y segura [...]. La República es, en el Estado, libertad [...]; en la industria, producción; en el trabajo, seguridad; en la nación, fuerza e independencia. Para todos, riqueza; para todos, igualdad; para todos, luz.»
Antero de Quental en República,
11 de mayo de 1870.[32]

El movimiento revolucionario del 5 de octubre de 1910 se produjo en la línea de acción doctrinaria y política que el Partido Republicano Portugués (PRP) fue desarrollando desde su creación en 1876 con el objetivo de derrumbar el régimen monárquico.[33]

Al hacer depender la resurrección nacional del final de la monarquía, el PRP consiguió desmarcarse del Partido Socialista Portugués, que defendía la colaboración con el régimen a cambio de una serie de mejoras para la clase obrera, y atrajo hacia sí la simpatía de los descontentos.[33]

Por eso los problemas dentro del partido acabaron por ser más cuestiones de estrategia política que de ideología. El rumbo ideológico del republicanismo portugués ya había sido trazado mucho antes por las obras de José Félix Henriques Nogueira y se alteró poco con el paso de los años, exceptuando la adaptación a la realidad del país. A eso contribuyeron las obras de Teófilo Braga, que intentó concretar las ideas descentralizadoras y federalistas abandonando el carácter social en favor de aspectos democráticos. Este cambio tenía como objetivo cautivar a la pequeña y mediana burguesía, que se convirtió en una de las principales bases de la militancia republicana. En las elecciones del 13 de octubre de 1878, el PRP consiguió un diputado: José Joaquim Rodrigues de Freitas, por Oporto.[34]

Se pretendía también que la caída de la monarquía tuviera una dimensión mesiánica, unificadora, nacional y por encima de los intereses particulares de las diversas clases sociales.[38]

Azedo Gneco dando un discurso en una reunión republicana en Lisboa.

Las cuestiones ideológicas no eran fundamentales en la estrategia de los republicanos: la mayoría de sus simpatizantes ni siquiera conocía los textos de los principales manifiestos pero bastaba con estar en contra de la monarquía, de la Iglesia y de la corrupción política de los partidos tradicionales. Esta falta de preocupación ideológica no significaba que el partido no se preocupase de la divulgación de sus principios. La acción de divulgación más eficaz fue la propaganda hecha a través de sus reuniones y manifestaciones populares, así como de periódicos como A Voz Pública, en Oporto, y O Mundo (a partir de 1900) y A Luta (a partir de 1906), en Lisboa.[1]

La propaganda republicana supo sacar partido de algunos factores históricos de repercusión popular. La conmemoración del tercer centenario de la muerte de Camões en 1880 y el ultimátum británico de 1890, por ejemplo, fueron ampliamente aprovechados y los republicanos se presentaron como los verdaderos representantes de los más puros pensamientos nacionales y las aspiraciones populares.[33]

El tercer centenario de la muerte de Camões se conmemoró con grandes actos: un cortejo cívico que recorrió las calles de Lisboa en medio del entusiasmo popular así como el traslado de los restos mortales de Camões y de Vasco da Gama al Monasteiro de los Jerónimos.[40]

Además de Rodrigues de Freitas, también Manuel de Arriaga, José Elias Garcia, Zófimo Consiglieri Pedroso, José Maria Latino Coelho, Bernardino Pereira Pinheiro, Eduardo de Abreu, Francisco Teixeira de Queirós, José Jacinto Nunes y Francisco Gomes da Silva fueron elegidos diputados representando al PRP en diversas sesiones legislativas entre 1884 y 1894. Desde esta última fecha hasta 1900 no hubo representación parlamentaria republicana. En esta fase, el partido se concentró en su organización interna.[1]

Tras un periodo de gran represión contra el PRP, el movimiento republicano vuelve a la carga y en las legislativas de 1900 obtiene 4 diputados: Afonso Costa, Alexandre Braga, António José de Almeida y João de Meneses.[1]

El regicidio de 1908

Reconstrucción anónima del regicidio publicada en el periódico "Folha Volante".

El 1 de febrero de 1908, cuando el rey Carlos I y el heredero Luis Felipe regresaban a Lisboa después de haber pasado una temporada de caza en Vila Viçosa, Alentejo, fueron asesinados en plena Praça do Comércio.[41]

El atentado se debió al progresivo desgaste del sistema político portugués, vigente desde la Regeneração,[45]

«Vi a un hombre de barba negra [...] abrirse la capa y sacar una carabina [...]. Cuando [lo] vi [...] apuntar al carruaje me di cuenta, infelizmente, de lo que pasaba. ¡Dios mío, qué horror lo que pasó! Inmediatamente después de que Buíça disparara [...] comenzó un tiroteo que sonaba como una lucha de fieras. El Terreiro do Paço estaba desierto: no había ni un alma. Esto es lo que más me cuesta perdonar a João Franco...»
Manuel II.[46]

La familia real se encontraba entonces en el Palacio Ducal de Vila Viçosa,[14]

Tras el atentado, el gobierno de João Franco fue cesado y se lanzó una rigurosa investigación que, dos años después, desveló que el atentado fue cometido por miembros de la Carbonaria.[49]

Europa quedó conmocionada con este atentado, ya que Carlos I era muy apreciado por los otros jefes de estado europeos.[41]

La agonía de la monarquía

«Sus demostraciones de fuerza [de los republicanos] en las calles de Lisboa, donde el 2 de agosto de 1909 reunieron a cincuenta mil personas con una disciplina impresionante, son los ecos de los tumultos organizados en la Asamblea por algunos diputados republicanos. Fue en esa noche del 2 de agosto cuando comprendí que la corona estaba en peligro: cuando el rey, con razón o sin ella, es contestado y rechazado por una parte de la opinión pública, deja de cumplir con su papel unificador».

Debido a su juventud (18 años) y a la forma trágica y sangrienta en que subió al trono, Manuel II atrajo al principio una simpatía generalizada.[54]

Mientras tanto, a pesar de los evidentes éxitos electorales logrados por el movimiento republicano, el sector más revolucionario del partido se mostraba favorable a la lucha armada como mejor medio para tomar el poder a corto plazo. Fue esta sección la que salió victoriosa en el congreso del partido realizado en Setúbal entre el 23 y el 25 de abril de 1909.[59]

El periodo entre el congreso de 1909 y la eclosión de la revolución estuvo marcado por una gran inestabilidad y agitación política y social,[61]

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