Revolución del 43

Revolución del 43
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Generales Arturo Rawson, Pedro Pablo Ramírez y Edelmiro Farrell, los tres dictadores presidentes de la Revolución del 43 (Golpe de Estado de 1943).
Contexto del acontecimiento
Fecha 04 de junio de 1943
Sitio Flag of Argentina.svg  Argentina
Impulsores Arturo Rawson
Influencias ideológicas de los impulsores Nacionalismo
Anticomunismo
Catolicismo
Radicalismo
Socialismo
Sindicalismo
Gobierno previo
Gobernante Ramón S. Castillo
Forma de gobierno Gobierno fraudulento con apoyo militar
Gobierno resultante
Gobernante Arturo Rawson
Forma de gobierno Dictadura militar
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En Argentina se conoce como Revolución del 43 al golpe de Estado militar producido el 4 de junio de 1943, que derrocó al gobierno constitucional del presidente Ramón Castillo, poniendo fin a la denominada Década Infame. También se suele llamar Revolución del 43 o Revolución de Junio a la dictadura militar que resultó del mismo, hasta la asunción del gobierno constitucional electo de Juan Domingo Perón, producida en esa misma fecha pero de 1946.

El historiador Miguel Ángel Scenna lo describió como "la contratapa histórica del golpe del 6 de septiembre de 1930… En 1930 concluyó un gobierno legal; en 1943 terminó un gobierno semilegal".[1]

Tres dictadores con el título de presidente se sucedieron en el mando: los generales Arturo Rawson (que estuvo al mando del país durante 3 días), Pedro Pablo Ramírez y Edelmiro Farrell. A su vez, durante este período se designaron cuatro militares en el puesto de vicepresidente: Sabá H. Sueyro, Edelmiro Farrell (luego presidente), Juan Domingo Perón (derrocado por un golpe de estado militar en octubre de 1945) y Juan Pistarini.

En su transcurso el sindicalismo accedió al poder político por primera vez en la historia argentina, con una alianza conformada principalmente por las corrientes socialista y sindicalista revolucionaria, liderada por el entonces coronel Juan Domingo Perón, que fundó el Partido Laborista y dio origen al peronismo.

Antecedentes

El golpe de Estado del 4 de junio de 1943 estuvo influido por dos grandes causas: la Década Infame que lo precedió y la Segunda Guerra Mundial.

La «Década Infame» (1930-1943)

Los cuatro presidentes de la “década infame”: Uriburu, Justo, Ortiz y Castillo.

La llamada Década Infame se inició con el golpe militar del 6 de septiembre de 1930 liderado por el general corporativista nacionalista católico José Félix Uriburu que derrocó al presidente Hipólito Yrigoyen de la Unión Cívica Radical, quien había sido electo democráticamente para ejercer su segundo mandato en 1928. El 10 de septiembre, José Félix Uriburu fue reconocido como presidente de facto de la Nación por la Corte Suprema mediante la acordada que dio origen a la doctrina de los gobiernos de facto y que sería utilizada para legitimar a todos los demás golpes militares.[2]​ El gobierno proscribió a la Unión Cívica Radical.

El 5 de abril de 1931 se celebraron las elecciones bonaerenses, con un resultado imprevisto para el gobierno: pese a que este consideraba al radicalismo completamente "fuera de la historia", y a que éste no organizó una campaña electoral ni tenía apoyo de la prensa, el candidato radical Honorio Pueyrredón obtuvo el triunfo. Pese a que en el Colegio Electoral el radicalismo quedó varios votos por detrás y debía negociar con los socialistas para alzarse con la gobernación, el gobierno entró en pánico y la mayoría de los ministros presentó la renuncia. Uriburu reorganizó el gabinete, nombrando ministros del sector "liberal". El 8 de mayo suspendió el llamado al colegio electoral provincial, y nombró gobernador de facto de la provincia de Buenos Aires a Manuel Ramón Alvarado.[3]

Pocas semanas más tarde estalló una revolución en la provincia de Corrientes, dirigida por el teniente coronel Gregorio Pomar; aunque fue rápidamente reprimida, dio a Uriburu la excusa que buscaba: clausuró todos los locales de la UCR, arrestó a docenas de dirigentes y prohibió a los colegios electorales elegir políticos vinculados directa o indirectamente con Yrigoyen; Pueyrredón había sido ministro de Yrigoyen, lo que significaba que no podía ser elegido, pero además fue expulsado del país junto con Alvear. Además suspendió las elecciones de gobernadores planeadas para las provincias de Córdoba y Santa Fe.[5]

Luego del fracaso del ensayo corporativista gobernó Argentina una alianza política representaban el liberalismo conservador tradicional de Argentina[6]​ que se denominó la " Concordancia" que fue una alianza política formada entre el Partido Demócrata Nacional (también conocido simplemente como Partido Conservador), la Unión Cívica Radical Antipersonalista y el Partido Socialista Independiente que gobernó el país durante la llamada década infame entre 1932 y 1943, a través de los presidentes Agustín P. Justo (1932-1938), Roberto M. Ortiz (1938-1940) y Ramón Castillo que debió completar el período por muerte del presidente Ortiz (1940-1943).

Este período se caracterizó por el comienzo del nuevo modelo económico conocido como industrialización por sustitución de importaciones.

En 1943 debían realizarse elecciones para elegir a un nuevo presidente y se descontaba un nuevo fraude electoral que daría la presidencia al cuestionado empresario azucarero Robustiano Patrón Costas, hombre fuerte de Salta en las anteriores cuatro décadas. La asunción de Patrón Costas como presidente aseguraba la continuidad y profundización del régimen fraudulento.

La Segunda Guerra Mundial

La Segunda Guerra Mundial (1939-1945) tuvo una decisiva y compleja influencia en los acontecimientos políticos argentinos y en particular en el golpe de Estado del 4 de junio de 1943.

En el momento en que la Segunda Guerra Mundial se inició, Gran Bretaña tenía una influencia económica determinante en Argentina. Por otra parte Estados Unidos había adquirido una presencia hegemónica en todo el continente y se preparaba a desplazar definitivamente a Gran Bretaña como poder hegemónico en Argentina. La guerra resultó un momento óptimo para ello, sobre todo a partir del momento que Estados Unidos abandonó la neutralidad debido al ataque sufrido en 1941 en Pearl Harbor, por parte de Japón.

La Argentina tenía una larga tradición «neutralista» frente a las guerras europeas, que había sido sostenida y defendida por todos los partidos políticos desde el siglo XIX. Las causas del «neutralismo» argentino son complejas, pero una de las más importantes está relacionada con la condición de proveedor de alimentos para los británicos y Europa en general. Tanto en la primera como en la segunda guerra, Gran Bretaña necesitaba garantizar el abastecimiento de alimentos (granos y carnes) a su población y a sus tropas, y ello hubiera sido imposible si la Argentina no mantenía la neutralidad, ya que los barcos de carga hubieran sido los primeros en ser atacados, interrumpiendo el suministro.[8]​Simultáneamente, la Argentina había mantenido una posición tradicionalmente reticente a la visión hegemónica del panamericanismo que había impulsado Estados Unidos desde fines del siglo XIX.

En diciembre de 1939 el gobierno argentino consultó con Gran Bretaña la posibilidad de abandonar la neutralidad y unirse a los Aliados. El gobierno británico rechazó de plano la proposición reiterando el principio: la principal contribución argentina eran los suministros y para garantizarlos era necesario mantener la neutralidad. Por entonces también Estados Unidos sostenía una posición «neutralista» consolidada por las leyes de Neutralidad de 1935-1939 y su tradicional « aislacionismo», aunque esa posición variaría radicalmente cuando sus bases militares en el Pacífico fueron atacadas por Japón el 7 de diciembre de 1941.[8]

Luego de Pearl Harbor, en la III Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores ( Conferencia de Río de 1942) realizada en enero de 1942, Estados Unidos intentó que todos los países americanos lo siguieran en bloque ingresando a la guerra. Para Estados Unidos, que no resultaba afectado de ningún modo por la interrupción del comercio entre Argentina y Europa, la Segunda Guerra Mundial se le presentaba como una excelente oportunidad para terminar de imponer su hegemonía continental, tanto política (expresada en el panamericanismo) como económica y desplazar definitivamente a Gran Bretaña de su punto fuerte en América. Pero Argentina, a través de su canciller, Enrique Ruiz Guiñazú, se opuso a la entrada en la guerra de los países americanos en bloque, frenando la propuesta estadounidense. A partir de entonces la presión norteamericana no dejaría de crecer hasta hacerse irresistible.

Frente a la guerra, la población argentina se dividía en dos grandes grupos: «aliadófilos» y «neutralistas». El primer grupo era favorable al ingreso de Argentina en la guerra en el bando aliado, mientras que el segundo sostenía que el país debía mantenerse neutral. Un tercer grupo, los «germanófilos», era francamente minoritario[ cita requerida] y ante la imposibilidad de que Argentina entrara a la guerra apoyando al Eje, solía apoyar la neutralidad confundiéndose con los neutralistas.[ cita requerida]

Tanto el presidente radical antipersonalista Roberto Marcelino Ortiz (1938-1942) como el conservador Ramón Castillo (1942-1943) habían mantenido la neutralidad, pero era seguro que el candidato oficial Robustiano Patrón Costas le declararía la guerra al Eje. Esta circunstancia tuvo un enorme peso en las Fuerzas Armadas, sobre todo en el Ejército, donde la posición favorable a mantener la neutralidad era mayoritaria.