Revolución de los Restauradores

La Revolución de los Restauradores fue un conflicto armado revolucionario producido en Buenos Aires, Argentina, en octubre de 1833. El mismo determinó el derrocamiento del gobernador Juan Ramón Balcarce por parte de otra fracción del partido federal y confirmó el dominio sobre la población de Juan Manuel de Rosas.

Antecedentes y causas

El gobierno de Juan Manuel de Rosas, vencedor de los unitarios durante la guerra civil estallada en 1828, terminó el 17 de diciembre de 1831. Fue reelecto, pero se negó a asumir luego de que la Junta de Representantes no quisiera renovarle sus Facultades Extraordinarias (esto es dominio sobre los poderes Legislativo y Ejecutivo).

En su lugar fue electo el general Juan Ramón Balcarce, héroe de la Guerra de Independencia de Argentina.

Como había anunciado en su discurso de despedida, Rosas organizó una Conquista del Desierto al año siguiente, contra los indígenas que en ese momento ocupaban la Patagonia entera y gran parte de Buenos Aires, con el objetivo de debilitar las fuerzas de los indígenas del sur argentino y ganar tierras a los mismos para la ganadería. Pero Balcarce, que se había comprometido a ayudar en esa empresa, negó sistemáticamente a Rosas los recursos necesarios para esa campaña.

Balcarce había comenzado su gobierno como un continuador de la política de Rosas. Pero lentamente fue abandonando esa posición y aplicando medidas en contra de la tendencia rosista, con la intención de independizarse de su antecesor y acercarse a posiciones moderadas. Su parentesco político con los generales Enrique Martínez, de origen unitario, y Félix Olazábal, federal moderado, le dio el personal que necesitaba para el cambio.

Mientras Rosas permanecía alejado de los círculos de gobierno, en el sur de la provincia, en agosto de 1832, presionados por la prensa, renunciaron a sus cargos de ministros Manuel Vicente Maza y Tomás García de Zúñiga. Balcarce nombró un nuevo ministerio, dominado por Martínez. Entre sus objetivos estaba el de dictar una constitución para la provincia, forzando de esa manera la oportunidad de sancionar una constitución nacional.

Balcarce contó con el apoyo de parte de la legislatura provincial y también hombres de la ciudad y del campo. Ugarteche, Del Campo, Cernadas, Bustamente, Zavaleta, Rubio, Galván, Barrenechea, entre otros, se contaron entre sus apoyos.

Se decía que el ministro Martínez lo dominaba por completo. Según el general Iriarte, partidario suyo, Martínez

"…para asegurarse más y no perder a Balcarce de vista, Martínez dormía todas las noches en la Casa de Gobierno y en la misma alcoba de Balcarce, de modo que nadie podía llegar hasta la presencia de éste sin que Martínez lo reconociese con anticipación. La mayor parte de las veces pretextaba que el gobernador estaba ocupado, y cuando no le era posible impedir que lo viesen, tenía cuidado de estar él presente para imponerse de cuanto le decían.[1] "

La prensa lo acusaba de indeciso:

"El jefe de estado, hombre honrado y patriota a la verdad, pero de un genio débil e imprevisor, abrumado por el peso de los años y con las vastas atenciones de un gobierno superior a sus limitadas aptitudes, incapaz por lo tanto de proceder con energía, con la dignidad e independencia correspondientes a su alto puesto, ha cedido al influjo que ejerce en su ánimo el mismo promotor de la anarquía, y se deja conducir por él…[2] "

En abril de 1833 se celebraron elecciones de diputados provinciales; contra lo que pretendían los partidarios de Rosas, no se logró llegar a una lista de consenso. Se presentaron dos listas, ambas encabezadas por Rosas — que, lógicamente, iba a renunciar a su cargo — pero con los demás candidatos distintos. La lista oficialista tenía una banda negra en la parte superior, por lo que los opositores los apodaron "lomos negros".

Los dirigentes de la lista de los partidarios de Rosas se llamaron a sí mismos federales apostólicos, y a sus adversarios federales cismáticos. En el rosismo militaban Tomás Manuel y Nicolás de Anchorena, Felipe Arana y Maza. En el campo, los comandantes locales eran el arma más poderosa del partido de Rosas; uno de los más destacados era el coronel Vicente González, apodado El Carancho del Monte, comandante de los Colorados del Monte, de San Miguel del Monte, cuerpo formado por el propio Rosas.

La actividad más firme del partido apostólico, sin embargo, no la llevaban adelante los dirigentes, sino las clases pobres y los pequeños comerciantes. Detrás de la escena, pero dominándolo todo, controlando las relaciones y hasta las acciones violentas, aparecía la figura de Encarnación Ezcurra, la esposa de Rosas. Fue por su iniciativa que se formó un grupo de presión, la Sociedad Popular Restauradora, dirigida por pequeños comerciantes y oficiales del ejército.

La lista de los lomos negros ganó las elecciones, en un clima de enfrentamiento creciente.

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