Revolución de las Lanzas

Revolución de las Lanzas
Guerras civiles uruguayas
Revolución de las Lanzas.JPG
Oficiales y soldados revolucionarios al mando de Timoteo Aparicio en campo abierto, hacia 1871.
Fecha 12 de septiembre de 18706 de abril de 1872
Lugar Flag of Uruguay.svg Uruguay
Conflicto Sublevación de los militantes del Partido Nacional contra el gobierno de Lorenzo Batlle, reclamando la representación de las minorías (Partido Nacional) en el gobierno uruguayo.
Resultado El gobierno concedió al Partido Nacional la jefatura política de los departamentos de Cerro Largo, Florida, Canelones y San José.
Beligerantes
Flag of the National Party (Uruguay).svg Partido Nacional Flag of Colorado Party (Uruguay).svg Gobierno Colorado
Comandantes
Timoteo Aparicio
Anacleto Medina
Gregorio Suárez
Francisco Caraballo
Fuerzas en combate
Ejército revolucionario:
10.000 hombres[1]
Ejército del Uruguay:
Más de 6.000 hombres[2]

Unos 2.000 muertos en total.[3]
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La Revolución de las Lanzas fue un movimiento armado conducido por Timoteo Apariciocaudillo del Partido Nacional y ex oficial del ejército— que se desarrolló en Uruguay entre 1870 y 1872 y culminó con el primer acuerdo de coparticipación en el poder de los partidos tradicionales. Su nombre, se debe a que fue el último conflicto militar acaecido en Uruguay en el cual se utilizó esta arma, la lanza de tacuara, como arma fundamental para librar las batallas.[5]

Causas

Los tiempos de la dictadura de Venancio Flores, desde que llegó al poder en 1865, hasta 1868 fueron tiempos de muertes y persecuciones a los elementos que se los llamaba por entonces, despectivamente, “blanquillos” (del Partido Blanco). En 1868, cuando se produjo el fracasado intento revolucionario de Bernardo Prudencio Berro, conocido como “ El día de los Cuchillos Largos”, que trajo como secuela, los asesinatos del ex-presidente y líder del Partido Blanco, el mismo Bernardo Prudencio Berro y del líder del Partido Colorado, Venancio Flores, cometidos ambos, por distintos hombres, un mismo 19 de enero.[6]

Desalojados del poder por la fuerza y mediante la intervención de las armas extranjeras, perseguidos, expuestos a sufrir duras violencias en sus bienes y en sus personas, los blancos emigraron. El litoral argentino — Santa Fe, Corrientes, Entre Ríos— albergó y dio refugio a cerca de 25.000 orientales que escaparon del régimen dictatorial del Partido Colorado.[7]

En marzo de 1868 fue elegido como VII Presidente Constitucional de la República el General Lorenzo Batlle, quien formó un ministerio en el cual pretendió incluir a todas las tendencias en que se dividía el Partido Colorado. Era el suyo un intento de devolverle la unidad perdida al coloradismo que, por la muerte de Venancio Flores se había fraccionado en pequeños grupos reunidos en torno a numerosos caudillos locales existentes. Gregorio Suárez, Máximo Pérez, Francisco Caraballo, Nicasio Borges, todos hombres de prensa y dominando cada uno un departamento, hacían ilusoria la autoridad del poder central.[6]

Sea o no cierta la frase que se le atribuye de gobernar: "Con mi partido, y para mi partido",[6]

Despojados inadecuamente del poder; excluidos sin contemplaciones de los cargos públicos; obligados con riesgo de muerte a exiliarse en la Argentina, los blancos comprendieron que la única forma de volver a su país, no ya a recobrar el poder, sino a reconquistar el derecho de vivir en ella en paz y tranquilidad, era la de la violencia, la del levantamiento armado.[7]

-COMIENZOS

Timoteo Aparicio.

Una vez planteada la eventual contienda, los nacionalistas se dividieron en dos grandes tendencias, vinculándose con sendos caudillos, sobre quién sería la persona idónea para conducir la revuelta. Una de ellas eligió al coronel Timoteo Aparicio, a quien apoyaba principalmente el elemento intelectualista y urbano del Partido Nacional. Dicho coronel, poseía una gran experiencia en el campo de batalla, ya que era un veterano de la Cruzada Libertadora de 1863, donde combatió a Venancio Flores, además de combatir a Fructuoso Rivera en su sublevación de 1836 bajo las filas de Manuel Oribe, entre muchas otras contiendas. Aparicio era partidario de una postura riesgosa y belicista, impulsando una inmediata invasión al país desde Argentina.

La otra gran facción estaba compuesta por los antiguos e históricos líderes blancos, así como de jóvenes tradicionalistas provenientes del medio rural, quienes encontraron en Anacleto Medina a su líder ideal para conducir la complicada y riesgosa empresa que estaban por iniciar. Consciente de ello, Medina, a diferencia de Aparicio, adoptó una postura mucho más cautelosa. Sin embargo experiencia no le faltaba; en un comienzo colorado de los tiempos de las divisas, Medina combatió en las luchas por la independencia de Uruguay, así como en algunos combates por la independencia de Chile, y combatió al lado del prócer oriental José Gervasio Artigas bajo el mando de Francisco Ramírez, cuando poseía buenas relaciones con el Jefe de los Orientales. Se cambió de bando hacia 1858, cuando se manifestó totalmente en contra de la sublevación de aquel año comandada por César Díaz ( Hecatombe de Quinteros).[4]

Las circunstancias se mostraban propicias para la revolución. El partido de gobierno estaba en un estado caótico y la autoridad del presidente Batlle tenía efectividad tan sólo en Montevideo; fuera de la capital imperaban los caudillos locales, cada uno dueño y señor de su departamento.[6]

Los preparativos para la revolución, parecían presentar problemas también en el suelo argentino. A fines de 1868 Domingo Faustino Sarmiento fue electo presidente de Argentina e instauró una política hostil hacia los emigrados uruguayos, no sólo porque le creaban problemas diplomáticos, sino porque temía que dieran apoyo a caudillos levantiscos de Entre Ríos y Corrientes. Entonces la acción conspirativa se centró en Entre Ríos, donde el caudillo federal Justo José de Urquiza se mostraba más tolerante.[6]

Al año siguiente se constituyó en Buenos Aires un Comité de Guerra con la finalidad de obtener recursos para la revolución blanca. Ese Comité, que estaba presidido por Eustaquio Tomé y del cual formaban parte Agustín de Vedia, Francisco García Cortinas, Darío Brito del Pino y Martín Aguirre, no tuvo mayor éxito en sus gestiones pues los hombres que, poseían más dinero negaron a contribuir.[6]

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