Revolución de Noviembre

Revolución de Noviembre
Bundesarchiv Bild 183-B0527-0001-810, Berlin, Brandenburger Tor, Novemberrevolution.jpg
Soldados revolucionarios ondeando la bandera roja frente a la Puerta de Brandenburgo en Berlín, el 9 de noviembre de 1918.
Fecha Primera fase: 29 de octubre - 9 de noviembre de 1918
Segunda fase: 3 de noviembre de 1918 - 11 de agosto de 1919
Lugar Bandera de Alemania  Alemania
Consecuencias
Beligerantes
Bandera de Imperio alemán Imperio alemán

Ejército imperial alemán
• Príncipes de las provincias del Reich y alto mando


Bandera de Alemania República de Weimar:
Reichswehr
Freikorps
Stahlhelm
Bahnmarke bleibt an Backbord liegen.svg Liga Espartaquista
Bahnmarke bleibt an Backbord liegen.svg Partido Comunista de Alemania
Bahnmarke bleibt an Backbord liegen.svg República Soviética de Baviera
Anarchist flag.svg Freie Arbeiter-Union Deutschlands
Comandantes
Bandera de Imperio alemán Guillermo II
Bandera de Imperio alemán Luis III de Baviera
Bandera de Imperio alemán Erich Ludendorff
Bandera de Imperio alemán Teniente Steinhäser
Bandera de Alemania Friedrich Ebert
Bandera de Alemania Gustav Noske
Bahnmarke bleibt an Backbord liegen.svg Rosa Luxemburgo  
Bahnmarke bleibt an Backbord liegen.svg Karl Liebknecht  
Bahnmarke bleibt an Backbord liegen.svg Kurt Eisner  
Bahnmarke bleibt an Backbord liegen.svg Karl Radek
[ editar datos en Wikidata]

La revolución de noviembre de 1918 en Alemania llevó, hacia el final de la Primera Guerra Mundial, al cambio desde la Monarquía constitucional del Kaiserreich alemán a una república, parlamentaria y democrática.

Las causas de la revolución se encontraban en las cargas extremas sufridas por la población durante los cuatro años de guerra, el fuerte impacto que tuvo en el Imperio alemán la derrota y las tensiones sociales entre las clases populares y la élite de aristócratas y burgueses que detentaban el poder y acababan de perder la guerra.

La revolución comenzó con un Motín de marineros de la flota de guerra en Kiel; se negaban a maniobrar para sacar la flota al Mar del Norte para realizar una última batalla contra la escuadra inglesa, como pretendían hacer sus superiores. En pocos días abarcó toda Alemania y forzó la abdicación del káiser Guillermo II el 9 de noviembre de 1918. Los objetivos de avanzada de los revolucionarios, guiados por ideales socialistas, fracasaron en enero de 1919 ante la oposición de la dirección del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) encabezada por Friedrich Ebert. Estos líderes socialdemócratas —al igual que los partidos burgueses— temían que se desencadenara una guerra civil por lo que rechazaban la idea revolucionaria radical de despojar completamente del poder a la élite afín al káiser y promulgaban, en cambio, conciliar a estos sectores con las nuevas relaciones democráticas. Con este fin, el SPD acordó una alianza con el Comando Militar Supremo alemán y, con la ayuda de fuerzas paramilitares de orientación derechista, lograron la sofocación violenta del llamado Levantamiento Espartaquista (Spartakusaufstand).

El desenlace formal de la revolución ocurrió el 11 de agosto de 1919 con la rúbrica de la nueva Constitución de la República de Weimar.

Antecedentes

El Imperio alemán y la democracia social

Sesión parlamentaria en el Reichstag en 1889
Guillermo II (izquierda) con el rey de Rumanía Carol I en 1914

La revolución civil de marzo de 1848/ 49 fracasó, sobre todo, por el problema de tener que conseguir a la vez la democratización y la unión de Alemania. En las décadas posteriores, la ciudadanía se alineó con el Estado autoritario (Obrigkeitsstaat), particularmente una vez que la unidad alemana se hubo establecido, en la forma de la Pequeña Alemania bajo el liderazgo de Prusia en 1871.

El recién fundado Imperio alemán (en alemán Deutsches Kaiserreich), Segundo Reich o Alemania guillermina, era una monarquía constitucional. Para el parlamento, en alemán Reichstag, se aplicaba el derecho de sufragio igualitario, universal y secreto para los hombres (Männerwahlrecht). La influencia del Parlamento en la política del Reich era, sin embargo, limitada. Su única atribución importante era la aprobación del presupuesto. El gobierno del Kaiserreich no era responsable únicamente ante el Parlamento, sino también ante el Emperador.[1]

Los socialdemócratas, que posteriormente formaron el SPD, también estaban representados en el Reichstag desde 1871. Desde sus inicios abogó públicamente por un Estado republicano. Por este motivo, Otto von Bismarck los hizo perseguir desde 1878 hasta su destitución por el Káiser en 1890, basándose en las Leyes Socialistas. A pesar de ello, los socialdemócratas pudieron aumentar su representación en casi todas las elecciones. En el Reichstag de 1912 formaban el partido parlamentario más fuerte, con 110 diputados y el 28 % de los votos.

En los 43 años desde la fundación del Kaiserreich hasta la Primera Guerra Mundial, el SPD no solamente creció en importancia, sino que también cambió su carácter. En la disputa revisionista (Revisionismusstreit) que comenzó en 1898, los llamados revisionistas querían eliminar el objetivo de la revolución del programa del partido. Propugnaban en su lugar reformas sociales de acuerdo con el orden económico establecido. El ala marxista se impuso nuevamente a los revisionistas. Sin embargo, la retórica revolucionaria ocultaba que el SPD se había hecho prácticamente reformista desde la derogación de las «Leyes Socialistas» en 1890. Los socialdemócratas, difamados como “miembros sin patria”, se sentían patriotas alemanes. Al comienzo de la Primera Guerra Mundial, se hizo claro que el SPD se había vuelto una parte integral del juego semidemocrático del Imperio, aun como parte de la oposición.[2]

El SPD y la Primera Guerra Mundial

Alrededor de 1900, la socialdemocracia alemana estaba a la cabeza del movimiento internacional de los trabajadores. En los congresos paneuropeos de la Segunda Internacional Socialista, el SPD siempre había aprobado las resoluciones que preveían una causa común socialista en caso de iniciarse la guerra. Durante la crisis de julio de 1914 que siguió al asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo ( atentado de Sarajevo), todavía organizó —como otros partidos socialistas en Europa— grandes manifestaciones en contra de la guerra. En ellas Rosa Luxemburgo, la portavoz del ala izquierdista del partido, llamó a la desobediencia y a evitar la guerra en nombre de todo el SPD. Por este motivo, el gobierno del Kaiserreich planeó aprehender a los líderes del partido inmediatamente después de entrar en guerra. Friedrich Ebert, uno de los dos representantes del SPD, viajó a Zúrich llevando los fondos del partido a un lugar seguro, fuera del alcance del Estado.

Dirección del SPD en 1909 (nombres en la descripción de la imagen)

Al entrar Alemania en la guerra con la declaración de guerra al Imperio Ruso el 1 de agosto de 1914, la mayoría del SPD se dejó contagiar por el sentimiento bélico que recorría Europa. De tal modo siguió a su antiguo presidente August Bebel, quien antes de su muerte en 1913 había dicho:

Si es en contra de Rusia, yo mismo alzaré la pistola, pues es el enemigo de la cultura y los oprimidos.

Además, los diputados del SPD temían perder votos e influencia en el Reichstag, así como una posible proscripción del partido si rehuían su “deber patriótico”.[3]

En contra de sus históricos ideales, la socialdemocracia alemana se contagió del furor patriótico que recorrió Alemania en 1914 y con algunas excepciones apoyó la guerra, "firmando" la llamada Unión Sagrada

La dirección del partido y los representantes en el Reichstag estaban divididos en su posición respecto a la guerra: Junto con Friedrich Ebert, 96 diputados aprobaron los créditos de guerra para el gobierno del Kaiserreich. Con el segundo presidente, Hugo Haase, 14 parlamentarios estaban en contra, pero votaron a favor por disciplina de la fracción. El SPD aprobó así los créditos de guerra, le prometió al Káiser renunciar a huelgas y a la remuneración de los sindicatos mientras durara la guerra, posibilitando así la movilización de las fuerzas alemanas. Haase explicó su decisión, que se había tomado contra su voluntad, diciendo: “¡No vamos a abandonar a la patria a la hora del peligro!”[4]

El Káiser acogió la llamada “paz ciudadana” de la política alemana al final de su Discurso del Reichstag con la frase que se hizo famosa: “Aquí no veo ningún partido, sólo veo alemanes.”[5]

El mismo Karl Liebknecht, quien después se convertiría en símbolo del movimiento antibelicista, cedió en un principio a las justificaciones del partido: se abstuvo de la votación para no tener que votar contra su propia facción. Sin embargo, el 5 de agosto de 1914 fundó, junto a Rosa Luxemburgo, Franz Mehring y otros miembros de la izquierda del partido, el Grupo Internacional (Internationale Gruppe), que mantenía las resoluciones del SPD previas a la guerra. De este grupo salió la mayor parte de la “ Liga Espartaquista” el 1 de enero de 1916. El 2 de diciembre de 1914, Liebknecht, y en un principio únicamente él, votó en contra de más créditos para la guerra. Por este motivo fue detenido por los militares en 1915 a instigación de la dirección del partido. Debido a sus intentos de organizar a quienes se oponían a la guerra, fue expulsado del SPD y condenado en julio de 1916 a cuatro años de prisión.

También Rosa Luxemburgo, tras ser liberada temporalmente, fue encarcelada hasta el fin de la guerra.

La división del SPD

Karl Liebknecht, político y revolucionario, fue el primer diputado del SPD en votar contra los bonos de guerra y la participación alemana en esta (como ya hiciera su padre anteriormente). Miembro del ala más izquierdista del partido, sería expulsado de este en 1916.

Cuanto más duraba la guerra y cuantas más víctimas causaba, menos miembros del SPD estaban dispuestos a mantener la “paz ciudadana” de 1914. Aún menos desde que, en 1916, el Emperador y el gobierno ya no dictaban las directrices de la política del Kaiserreich, sino el Mando Supremo del Ejército, en alemán Oberste Heeresleitung (OHL), al mando de los generales Paul von Hindenburg y Erich Ludendorff. Este último tomaba las decisiones importantes. En la práctica, ellos gobernaban Alemania como dictadores militares, persiguiendo los objetivos fijados al inicio de la guerra y determinando la vida civil también en función a las necesidades de la guerra. Para los obreros, esto significaba, entre otras cosas, jornadas de 12 horas con salarios mínimos y provisiones insuficientes debido al bloqueo marítimo impuesto por Gran Bretaña.

A medida que la guerra se recrudecía tanto para los soldados en el frente como para los civiles, fueron surgiendo más voces en la izquierda que pedían la finalización inmediata del conflicto.

Desde el inicio de la revolución rusa de febrero de 1917, también en Alemania se produjeron grandes huelgas organizadas. En marzo y abril de 1917 participaron en ellas 300.000 trabajadores de la industria bélica de Berlín, Leipzig y más tarde de Düsseldorf. Acontecimientos similares se producirían de nuevo en Berlín (250.000 huelguistas), Bremen, Hamburgo y Essen en enero de 1918 que desatarían una violenta represión y que constituirían por parte de las masas obreras el ensayo de la revolución.[6]

Dado que la situación probablemente empeoraría por la entrada de los EE. UU. en la guerra, el emperador Guillermo II intentó apaciguar las protestas en su Mensaje de Semana Santa. Prometió que, una vez acabada la guerra, habría elecciones generales iguales (gleiche Wahlen) incluso en Prusia, donde hasta entonces se aplicaba el derecho al voto en tres clases (Dreiklassenwahlrecht).

Pero el SPD reaccionó al creciente descontento de los obreros siguiendo a los izquierdistas y entonces también revisionistas como Haase y Eduard Bernstein. El 9 de abril de 1917, el SPD se dividió respecto a su posición frente a la guerra en los socialdemócratas de la mayoría (MSPD), con Friedrich Ebert a la cabeza, y los socialdemócratas independientes (USPD) encabezados por Hugo Haase. Estos últimos demandaban el inmediato fin de la guerra y mayor democratización en Alemania, pero no tenían un programa social-político unido. La Liga Espartaquista, que había rechazado hasta entonces la separación del partido, formó entonces un ala izquierdista del USPD.

Paz de vencedores o paz concertada

Desde la entrada en la guerra de los EE.UU., la situación del Frente Occidental se había hecho cada vez más precaria. Por esto, y para quitar fuerzas al USPD, el SPD formó un comité interpartidario en el Reichstag junto al Partido de Centro (Zentrumspartei), de orientación conservadora-católica, y el Partido Popular Progresista (Fortschrittliche Volkspartei), de orientación liberal. El verano de 1917, el comité propuso una resolución que preveía una paz concertada sin anexiones ni reparaciones de guerra.

Sin embargo, el OHL también rechazó esta resolución, como en marzo de 1918 había rechazado el programa de paz de 14 puntos del presidente de los EE.UU. Woodrow Wilson de enero del mismo año. La resolución estadounidense preveía una paz a partir de la “autodeterminación de los pueblos, sin vencedores ni vencidos” pero a costa de trastocar el orden político de las naciones "enemigas". Hindenburg y Ludendorff rechazaron esta propuesta porque se había conseguido la victoria sobre Rusia y creían tener la suficiente ventaja para, primero, inclinarse por una "paz de vencedores" con anexiones a costa del adversario y después, inclinarse por volver al statu quo ante bellum sin intervenciones externas de ningún tipo.

Repercusiones de la Revolución de Octubre

El éxito de la Revolución Rusa de 1917 marcó la actuación del SPD y sembró el miedo en las clases medias y altas alemanas durante la revolución de noviembre. En la imagen, miembros del 1. er Regimiento de la Guardia Roja frente al Palacio de Invierno.

Después de la Revolución de Febrero en el Imperio Ruso y la caída del último zar Nicolás II el 15 de marzo de 1917, el nuevo gobierno ruso, que había sido establecido desde el verano por los mencheviques a la cabeza de Alexander Kerensky, continuó la guerra del lado de las fuerzas de la Triple Entente. Sin embargo, el gobierno del Imperio alemán vio la oportunidad de una victoria militar. Para avivar el sentimiento antibélico en Rusia, permitió que el líder de los bolcheviques rusos, Vladirmir Ilich Lenin, viajara a escondidas de su exilio en Suiza a Petrogrado en un vagón sellado a través de Suecia y Finlandia.

En la Revolución de Octubre, los bolcheviques, que propugnaban el inmediato fin de la guerra, conquistaron el poder en Rusia. La victoria de Lenin reforzó el miedo de la clase media alemana a una revolución similar a la rusa. Los líderes del SPD también mostraron su incomodidad, porque los bolcheviques, decididamente un partido político de cuadros, pudieron imponerse contra la mayoría parlamentaria de socialistas moderados y la clase media. Sus esfuerzos por impedir un desarrollo similar en Alemania marcaron su actuación en la Revolución de Noviembre.[7]

En enero de 1918 se produjeron nuevamente en todo el Imperio huelgas generales con más de un millón de participantes. Entonces entraron en acción por primera vez los cabecillas revolucionarios (Revolutionären Obleute), quienes tendrían posteriormente un papel importante. Se denominaron «consejos» (Räte), como los « sóviets» rusos. Para debilitar su influencia, Ebert se incorporó a la dirección de los huelguistas y consiguió adelantar el final de la huelga.

En marzo de 1918, el nuevo Gobierno soviético de Lenin aceptó la negociación con Alemania que condujo a la Paz de Brest-Litovsk. Las condiciones de paz impuestas a Rusia por este tratado fueron más duras que las posteriormente contenidas en el Tratado de Versalles respecto a Alemania.[8] El OHL pudo entonces usar parte de las tropas desocupadas del Frente Oriental en el Frente Occidental. La mayoría en Alemania creía que pronto se lograría también una victoria en el occidente.

Búsqueda del armisticio y cambio constitucional

Tras la victoria en el Frente Oriental, el OHL ordenó al comenzar el año una nueva ofensiva en el oeste, para forzar el viraje decisivo en la guerra. Pero cuando en julio se habían usado las últimas reservas, la última posibilidad alemana de victoria estaba perdida. El 8 de agosto de 1918, conocido como "viernes negro", los tanques ingleses cruzaron el Frente Occidental y el OHL se encontró con que ya no disponía de reservas para rehacer este frente; a mediados de septiembre cayó asimismo el frente de los Balcanes. El 27 de septiembre capituló Bulgaria, que estaba aliada a las Potencias Centrales. También el Imperio austrohúngaro estaba a punto de caer.

El 29 de septiembre, el OHL informó al Emperador y al Canciller del Reich Georg von Hertling, en la ciudad belga de Spa, sobre la desesperada situación militar. Ludendorff solicitó vehementemente un armisticio con la Entente porque no podía garantizar que el frente pudiera resistir más de 24 horas. Más aún, aconsejó cumplir con una de las solicitudes centrales de Wilson, que exigía la supresión de la Monarquía constitucional (a la que se culpaba del estallido de la guerra) para poder aceptar la rendición de Alemania. Toda la responsabilidad de esta inminente capitulación y sus consecuencias sería de los partidos integrantes del Reichstag. El 1 de octubre explicó a oficiales de su Estado Mayor (Stäbe): “Ahora ellos deben comerse la sopa que han venido preparando.” Este es el origen de la posterior “leyenda de la puñalada” ( Dolchstosslegende).[9]

El informe de Ludendorff impactó al gobierno imperial, así como posteriormente a los parlamentarios. Sin embargo, los partidos mayoritarios, especialmente los líderes del SPD, estaban dispuestos a asumir el gobierno a última hora. Dado que el monárquico Hertling rechazó el viraje al parlamentarismo, Guillermo II nombró el 3 de octubre al príncipe Max von Baden, considerado un liberal, como nuevo Canciller Imperial. En su gabinete también ingresó por primera vez un socialdemócrata, Philipp Scheidemann. Al día siguiente, el nuevo gobierno ofreció a los Aliados el armisticio en las condiciones que exigían.

La población del Imperio alemán conoció estos hechos el 5 de octubre. En la conmoción general sobre la derrota manifiesta, los cambios constitucionales pasaron casi inadvertidos. Estos cambios fueron formalmente aceptados en el Reichstag el 28 de octubre. De allí en adelante el Canciller y sus ministros estaban subordinados a la mayoría del Reichstag. El mando militar se transfirió del Emperador al gobierno imperial. Con esto, el Imperio alemán había pasado de una monarquía constitucional a una parlamentaria. Desde el punto de vista de la dirección del SPD, la llamada “Constitución de Octubre” colmaba los objetivos de derecho constitucional del partido. Ebert consideraba el 5 de octubre como el nacimiento de la nueva democracia alemana. Tras la abdicación de Emperador, también exigida por los aliados para aceptar la capitulación, resultaba superflua una revolución.

La tercera nota de Wilson y la destitución de Ludendorff

Woodrow Wilson en 1916

En las tres semanas siguientes, el presidente de los EE.UU. Wilson respondió a la petición alemana de un armisticio con tres notas diplomáticas. Como requisito para las negociaciones pidió en ellas la retirada alemana de las zonas ocupadas, el fin de la guerra submarina y, aunque formulada de manera difícil de entender, la abdicación del Emperador, para hacer irreversible el cambio político alemán.

Tras la tercera nota de Wilson del 24 de octubre, Ludendorff consideró de pronto inaceptables las condiciones de los Aliados. Ahora era partidario de reanudar la guerra, que sólo un mes antes había declarado perdida. La solicitud emitida en demanda suya reveló entonces a los oponentes toda la debilidad militar del Imperio. Las tropas alemanas se habían hecho a la idea del fin de la guerra y se impacientaban por volver a casa. Su predisposición a luchar era ya casi nula y ya se hacían más frecuentes las deserciones.

El gobierno siguió por esto la sugerencia del mismo Ludendorff y lo remplazó en su cargo de Adjunto al Jefe de Estado Mayor, Generalquartiermeister, por el general Wilhelm Groener. Ludendorff huyó con un pasaporte falso a Suecia, que era un país neutral. El 5 de noviembre los Aliados aceptaron el armisticio. Pero la tercera nota de Wilson había dejado la impresión en los mandos militares y jefes de los partidos políticos de que el Emperador debía abdicar para conseguir la paz.

Other Languages
العربية: ثورة نوفمبر
Bahasa Indonesia: Revolusi Jerman 1918-1919
日本語: ドイツ革命
Nederlands: Novemberrevolutie
norsk bokmål: Novemberrevolusjonen
srpskohrvatski / српскохрватски: Novembarska revolucija
oʻzbekcha/ўзбекча: Noyabr inqilobi