Revolución Libertadora (Argentina)

Revolución Libertadora
Eduardo Lonardi y Pedro E Aramburu (Revolución Libertadora).jpg
Generales Eduardo Lonardi y Pedro Eugenio Aramburu, los dos dictadores sucesivos de la Revolución Libertadora.
Contexto del acontecimiento
Fecha 16 de septiembre de 1955
Sitio Flag of Argentina.svg  Argentina
Impulsores Eduardo Lonardi
Influencias ideológicas de los impulsores Anticomunismo
Antiperonismo
Gobierno previo
Gobernante Juan Domingo Perón
Forma de gobierno Democracia representativa
Gobierno resultante
Gobernante Eduardo Lonardi
Forma de gobierno Dictadura militar
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La Revolución Libertadora es el nombre con el que se autodenominó la dictadura cívico-militar que gobernó la República Argentina tras haber derrocado al presidente constitucional Juan Domingo Perón,[3]

El general de división Eduardo Lonardi, líder de la sublevación asumió el poder el 23 de septiembre de 1955 y fue sustituido el 13 de noviembre de ese mismo año por el teniente general Pedro Eugenio Aramburu, mediante un golpe palaciego. Ambos gobernaron como autoridades supremas del país, atribuyéndose el título de Presidente de la Nación.

Pedro Eugenio Aramburu derogó mediante una proclama la Constitución Nacional vigente y repuso el texto constitucional de 1853, con las reformas de 1860, 1866 y 1898. Poco después, la Revolución Libertadora organizó bajo su control y mediante elecciones condicionadas, una Convención Constituyente que aceptó la decisión anterior y realizó dos agregados a la Constitución, entre los que se destaca el artículo 14 bis.

Antecedentes y preparativos

En 1912 se sancionó la Ley Sáenz Peña estableciendo el sufragio secreto y obligatorio para todos los varones, que llevó a la elección del que se considera el primer presidente democrático de la Argentina, Hipólito Yrigoyen de la Unión Cívica Radical, aún cuando a las mujeres se les había negado el derecho al voto. El 6 de septiembre de 1930 el gobierno radical de Yrigoyen fue derrocado por un golpe de estado cívico-militar. Recién el 24 de febrero de 1946 se volvieron a realizar elecciones libres, resultando elegido Presidente de la Nación Juan Domingo Perón, quien fue reelegido en 1951, en las primeras elecciones realizadas en Argentina mediante sufragio universal (mujeres y varones).

Perón lideró un amplio movimiento de base sindical, que se caracterizó por un fuerte sesgo social, conocido con el nombre de peronismo o justicialismo, debido al énfasis puesto en la justicia social. Simultáneamente se formó un amplio movimiento que adoptó el nombre de antiperonismo, coordinado inicialmente por la embajada de Estados Unidos en Argentina, e integrado por las principales cámaras patronales, por la mayoría de los partidos políticos existentes y por las asociaciones estudiantiles.

La confrontación entre peronistas y antiperonistas caracterizó todo el gobierno de Perón. Ya antes de que asumiera como Presidente, Perón había sido derrocado de su cargo de Vicepresidente y detenido en octubre de 1945, por un golpe de estado que fracasó luego de una amplia movilización obrera el 17 de octubre de 1945. Pocos días antes de las elecciones de 1946, la oposición también había preparado un golpe de Estado, que no llegó a ponerse en marcha.

Durante el gobierno peronista (1946-1955), el enfrentamiento entre peronistas y antiperonistas alcanzó altos niveles de violencia. Los estudiosos e investigadores destacan unos u otros hechos según su mayor o menor cercanía con los bandos en pugna. En general los peronistas señalan las conspiraciones golpistas y los actos terroristas de las fuerzas opositoras, como el golpe de estado de 1951, el atentado en la Plaza de Mayo del 15 de abril de 1953 que asesinó a seis manifestantes peronistas e hirió a otros noventa, y el bombardeo de la Plaza de Mayo de 1955, en el que fueron asesinadas 308 personas oficialmente identificadas, más un sinnúmero de personas que eran irreconocibles debido a las mutilaciones, y cientos de heridos. Entre las víctimas habían 111 militantes sindicales, de los cuales 23 eran mujeres y seis niños.[4]​ Por su parte los, antiperonistas señalaron medidas antidemocráticas del gobierno peronista, como la limitación de la libertad de expresión, la detención de opositores, el uso de la tortura por las fuerzas policiales, el culto a la personalidad de Perón y Eva Perón, el exceso de poder sindical, las afiliaciones compulsivas al Partido Peronista y el incendio de iglesias, entre otras acciones.