Respuesta sexual humana

La respuesta sexual humana es el conjunto de cambios físicos y hormonales que experimentan los seres humanos ante el estímulo sexual. Fue estudiada por el célebre ginecólogo William Masters y la Psicóloga Virginia Johnson.

Los diferentes tipos de ciclo de respuesta sexual según Masters y Johnson:[1] Los hombres (parte superior) y mujeres (parte inferior)

Ambos especialistas distinguen 4 fases: excitación, meseta, orgasmo y resolución.

Fases

Fase de deseo sexual

La estimulación o postergación de los impulsos sexuales es diferente para cada sexo. Podría decirse que macho y hembra de Homo Sapiens son como «manzanas rojas y verdes», ya que ambos poseen distinto sabor, aunque comparten el origen psíquico para activar la respuesta sexual: nuestros pensamientos son inducidos por los órganos de los sentidos, especialmente la visión, que estimula áreas del cerebro relacionadas con la fantasía e imaginación. A su vez existen conexiones con centros de control hormonal que secretan testosterona y hormona luteinizante, encargadas de incrementar el deseo sexual.

Durante esta fase no se observan cambios orgánicos evidentes, pues se trata de un proceso mental. Sin embargo, la fase de deseo o apetito sexual debe ocurrir para que un individuo se predisponga a la actividad sexual. El hombre empieza a llegar a la excitación al igual que la mujer.

Fase excitación

La excitación es la primera fase, y puede desencadenarse por una enorme variedad de estímulos: la visión de un cuerpo desnudo, una caricia, la pronunciación o audición de ciertas palabras y un largo etcétera. Aún no hay evidencia sobre un estímulo capaz de excitar específicamente a hombres o mujeres, pero la idea convencional atribuye al varón el ámbito de lo visual y a la mujer un espectro sensorial más amplio (tacto, mirada, palabra, gestos), aunque faltan pruebas concluyentes que confirmen la creencia popular.

Durante la excitación, el pene -órgano reproductor masculino- se agranda, endurece y eleva, volviéndose erecto. En la mujer, la vagina se lubrica, mientras la vulva se dilata.

Fase meseta

En esta etapa la respiración está entrecortada, el pulso cardíaco aumenta y todos los efectos de la excitación se desarrollan. También aparece el rubor sexual (enrojecimiento notorio en el área del pecho y rostro). La tensión muscular aumenta. Al aproximarse el orgasmo (inmediatamente posterior a la fase de meseta) es habitual una sensación de apremio por descargar la energía sexual acumulada.

Si la excitación desaparece durante la meseta o se interrumpe la llegada del orgasmo, pueden producirse algunas molestias. En el hombre hay ligero dolor en los testículos y en la mujer, congestión a nivel genital.

Hombres

Cuando la fase de excitación llega hasta su punto máximo, todos los cambios se mantienen en su nivel más alto durante un cierto tiempo llamado «meseta», proporcionando una agradable sensación de placer. El varón puede notar una especie de presión o calor en la zona de la pelvis, que está provocada por el estrechamiento de los vasos sanguíneos, especialmente en las vesículas seminales y la próstata. Durante este momento de aparente calma, la tensión muscular se incrementa. El ritmo cardiaco y la respiración se aceleran. Aumenta asimismo la presión sanguínea.

La duración de esta fase es muy variable. Hay parejas que prolongan voluntariamente este momento por medio de juegos amorosos, para conseguir una mayor satisfacción.

Mujeres

Los cambios alcanzados en la fase anterior de excitación se mantienen e intensifican también en la mujer durante un cierto tiempo. Quizás la variación más significativa es que el clítoris se retrae de nuevo bajo la membrana que lo recubre (capuchón), haciéndose más inaccesible. Poco a poco, los niveles de excitación se van incrementando para preparar la llegada del orgasmo. Los pechos siguen creciendo y la areola se dilata. La vagina sigue expandiéndose. Aumenta la congestión vascular en los labios menores. Los labios mayores se separan aún más. En varias mujeres pueden observarse manchas rojizas por algunas zonas del cuerpo. Este fenómeno es conocido como «rubor sexual» y no debe preocupar, pues obedece a un aumento de la circulación sanguínea bajo la piel. Finalmente, tienen en común con los hombres el incremento en la tensión muscular y presión sanguínea, así como aceleración del ritmo cardiaco y respiración.

Fase orgasmo

El orgasmo surge tras haber superado las fases de excitación y meseta. Para entonces las pulsaciones y respiración llegan a su máxima frecuencia e intensidad. Se produce una gran tensión muscular y contracciones involuntarias del miembro viril y esfínter anal (esto último, tanto en el hombre como en la mujer). En el varón habitualmente se produce la eyaculación, fenómeno también visible en algunas mujeres, que expulsan orina y fluidos vaginales. Se relaciona esta forma de eyaculación femenina con la activación del llamado punto G. Además de la respuesta física (contracciones musculares, etc.), se produce una respuesta emocional muy variada y específica de cada individuo, desde placer hasta gritos, gruñidos, llanto o incluso risa (aunque también puede haber orgasmo sin manifestaciones emocionales elocuentes). Se ha demostrado la dilatación pupilar fugaz como indicador de esta fase.

La fase de excitación está caracterizada por la vasocongestión de los genitales.

Tipos

Dependiendo de su origen y naturaleza, podemos distinguir dos tipos, tanto en hombres como mujeres: [ cita requerida]

  • Peneano (masculino) o clitoriano (femenino): es producido desde las terminaciones nerviosas del glande en el hombre y en el clítoris en la mujer. Poseen la misma naturaleza evolutiva, ya que en el feto, la misma zona sexual evoluciona en el macho hacia el pene y en la hembra hacia el clítoris.
  • Prostático (masculino) o vaginal (femenino): se puede producir también desde el glande o clítoris, aunque por sí solo también puede desarrollar un estilo de placer propio con unas características más o menos distintas (dependen de cada persona). Este gozo tiende a proporcionar una curva de placer distinta, más intensa y en menos tiempo, y con mayor control. Ambos sexos pueden llegar al orgasmo sin estimular su pene o clítoris, con práctica y autoconocimiento.

La mayoría de las mujeres, 70-80% en las estadísticas generales, requiere estimulación clitoriana directa (puede ser manual, oral u otra fricción concentrada contra la parte externa del clítoris) para alcanzar el orgasmo,[15]

Fase resolución

Es el restablecimiento paulatino de la normalidad física y psíquica, tras haber alcanzado el orgasmo. Tanto hombres como mujeres pueden experimentar más de un orgasmo en un solo coito. Sin embargo, cuando el orgasmo masculino va acompañado de eyaculación (fenómenos distintos, que pueden disociarse mediante algunas prácticas), se genera un periodo refractario (sexología), durante el cual el varón es incapaz de volver a excitarse, o de hacerlo con la misma intensidad. La mujer, en cambio, no tiene periodo refractario y es capaz de alcanzar orgasmos múltiples y frecuentes.

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