República de Venecia

Serenìsima Repùblica Vèneta
Serenissima Repubblica di Venezia
Serenísima República de Venecia

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697-1797

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Bandera Escudo
Bandera Escudo
Ubicación de República de Venecia
República de Venecia, 1789
Capital Venecia
Idioma principal véneto y latín
Otros idiomas dalmático, istrorrumano, griego medieval
Religión Católica
Gobierno República
Historia
 • Establecido 697
 • Disolución 16 de mayo de  1797

La Serenísima República de Venecia fue una ciudad-estado situada en el norte de Italia, a orillas del mar Adriático, y que luego reunió bajo su dominio a todos los vénetos del Triveneto, Istria y Dalmacia. Su capital fue la actual ciudad de Venecia. Existió como estado independiente desde el siglo IX hasta 1797. También recibe el nombre de Serenissima Repubblica di San Marco, pues San Marcos es su santo patrono.

La Serenissima se constituyó progresivamente como Estado durante la Edad Media y se convirtió en una de las principales potencias económicas del mundo, ocupando un lugar preponderante en los intercambios comerciales entre el Mediterráneo occidental y oriental. Además, con sus instituciones oligárquicas notablemente estables durante casi un milenio, representó un papel político esencial.

A partir del siglo XVI experimentó una fase de declive político y territorial, eclipsado por un extraordinario desarrollo artístico, hasta que desapareció en 1797, vencida por Napoleón, pasando posteriormente a ser dominada por el Imperio austríaco y el Reino de Italia.

Historia

Orígenes

Se tiene como fecha de la fundación de Venecia el año 421 en plena decadencia del Imperio Romano de Occidente, cuando los habitantes de la región, ante la amenaza de las invasiones de longobardos y hunos que habían destruido la capital del Véneto romano, Aquilea, se refugiaron en las marismas de la desembocadura del río Po, en la laguna situada en el golfo, entre la península itálica y la balcánica, llamado más tarde precisamente golfo de Venecia.

Las construcciones de esta primera época eran simples edificaciones lacustres, erigidas sobre palafitos y asentadas sobre islotes situados en la laguna. En razón de esta estratégica característica geográfica, Venecia tuvo desde entonces una gran independencia respecto a sus vecinos gracias a la barrera natural de las marismas del Po, a la cual seguía una cadena de islas en una laguna profunda, lo que impedía un ataque de caballería o infantería, más todavía en una época cuando el arte de la construcción naval estaba en pleno retroceso en Europa.

Dependencia del Imperio bizantino

Cuando el general Belisario conquistó para el Imperio bizantino gran parte de Italia en el siglo VI, Venecia pasó a formar parte del dominio de dicho imperio, dependiendo administrativamente de la ciudad de Rávena, sede del poder imperial en la península itálica, y estando gobernada por un oficial militar, el magister militum,[3]

Independencia y expansión

Máxima expansión de la República de Venecia; en rojo territorio veneciano (oscuro original, claro temporal)(en italiano).

La conquista lombarda de Rávena no abarcó a Venecia, siendo que la situación geográfica veneciana dificultaba mucho un ataque lombardo; por el contrario, lombardos y bizantinos aprovecharon la ubicación de Venecia como primario foco de comercio. La decadencia del poder bizantino y lombardo en el siglo IX fue aprovechada por Venecia para actuar de forma cada vez más independiente con los francos del joven Imperio carolingio y con los eslavos sin seguir por completo los dictados de Bizancio. Con la recuperación de la iniciativa bizantina en Italia en época de Basilio I, este concedió al dux veneciano el título de protospatharios, equiparándolo a la familia imperial.[4]

La ubicación de Venecia en una laguna natural hacía difícil y arriesgado el intento de conquistarla, en tanto el arte naval europeo en la Baja Edad Media estaba muy poco desarrollado. Precisamente, fueron los marinos venecianos quienes colaboraron con el desarrollo de la construcción naval en Europa por razones primordiales de necesidad: Venecia poseía un territorio continental muy pequeño, por lo cual su fuente principal de subsistencia fue el comercio en el Adriático, y ante ello el estímulo a la navegación marítima se había transformado en una necesidad y, a la vez, en fuente de poder político y financiero.

Por otro lado, la creciente debilidad bizantina hacía difícil a los emperadores de Constantinopla controlar efectivamente a la remota Venecia, por lo cual Bizancio le reconocía de facto como estado independiente desde fines del siglo IX, mientras que sus vecinos de la Italia carolingia no se hallaban en condiciones de imponerle su dominio.

En la Alta Edad Media, Venecia prosperó como nunca antes gracias al control del comercio con Oriente y a los beneficios que esto suponía, expandiéndose por el mar Adriático, aproximadamente desde 991 con el reinado del dux Piero II Orseolo, bajo cuyo régimen empezó la expansión veneciana por las costas de Dalmacia, expulsando de allí a árabes y dálmatas en diversas expediciones guerreras, y controlando puntos estratégicos del Adriático que sirvieran como puertos o fortalezas.

El hecho de que muy pocos estados de la época poseyeran los conocimientos navales de los venecianos favoreció a éstos en el desarrollo de una flota comercial y militar muy extensa para su época, que les sirvió para instalar puestos comerciales en cada rincón del Mediterráneo oriental, contactando con los árabes aglabíes del Norte de África con ostensibles planes de comercio y no de conquista, lo cual permitió a los mercaderes venecianos acceder a los mercados norteafricanos.

En realidad, como la expansión político-militar del Imperio bizantino se concentraba en las rutas de tierra firme, la corte de Constantinopla dejaba fácilmente las islas mediterráneas a la ambición mercantil de los venecianos, que las aprovechaban como avanzadas comerciales hacia Asia Menor y el norte de África. La expansión territorial veneciana fue tan exitosa al punto que a mediados del siglo XI una bula papal reconoció la soberanía de Venecia sobre toda la costa oriental del Adriático.

La ubicación de Venecia en el medio del mar Mediterráneo le permitía un activo rol mercantil entre Bizancio y el resto de Europa, además su ubicación en el extremo norte del Adriático la defendía de ataques marítimos debido a su dominio militar sobre Dalmacia; tales circunstancias aumentaron el poderío veneciano en una época cuando las flotas comerciales en el Mediterráneo (tanto cristianas como musulmanas) eran todavía muy pocas. No obstante, otras repúblicas marítimas de Italia empezaron a competir abiertamente con Venecia, como fue el caso de Pisa, Amalfi y Génova.

Los venecianos sostuvieron especialmente una fuerte rivalidad comercial y militar con la República de Génova, situada en el extremo noroeste de Italia, y que paulatinamente aumentó su influencia comercial en el Mediterráneo Oriental y en el mar Negro. Pese al aumento del poderío genovés entre los siglos XIV y XV, Venecia pudo mantener su hegemonía comercial sobre Génova a largo plazo.

Otro factor clave del éxito comercial veneciano fue la tolerancia religiosa y social de la República Veneciana hacia los judíos y musulmanes, de hecho esta tolerancia de los venecianos en materia religiosa les permitió comerciar libremente con los estados islámicos del Norte de África, sirviendo de valiosos intermediarios entre éstos y Europa, sin que las diferencias religiosas fueran obstáculo alguno para las relaciones comerciales. Asimismo, Venecia mostraba preferir la expansión comercial antes que la política, y gracias a ello tras la caída de los aglabíes en 909, los mercaderes venecianos mantuvieron contacto con sus sucesores del Califato fatimí.

Paralelamente, una política similar era seguida hacia el judaísmo pues se permitía libremente el asentamiento de mercaderes judíos en territorio veneciano, permitiendo a éstos ejercer el comercio y la industria libremente, además de beneficiar a Venecia por darle a ésta un acceso privilegiado a las redes de contactos financieros que las comunidades judías de toda Europa habían conseguido preservar.

Del mismo modo, la Reforma Protestante de inicios del siglo XVI no tuvo mayor acogida religiosa entre la población de Venecia pero ello no impidió que los venecianos mantuvieran excelentes relaciones comerciales con países del Norte de Europa que habían abrazado el protestantismo, pese a las presiones de los Estados Pontificios y de España durante la Contrarreforma. A pesar que desde inicios del siglo XVI la Santa Sede había intentado que Venecia implantase en sus dominios el Tribunal de la Inquisición, los gobernantes venecianos rechazaron aplicar en la práctica toda medida que les privase de sus relaciones comerciales con los no católicos, preservando sus contactos financieros con el Reino de Inglaterra y las ciudades protestantes del Norte de Alemania.

Apogeo de la República

República de Venecia (naranja) y sus territorios en los siglos XV y XVI.
Gentile Bellini: Procesión en la plaza de San Marcos (1496), 367x745  cm, Galleria dell'Accademia, Venecia.

Después del año 1100, Venecia era ya una gran potencia mediterránea en los planos económico, político y militar, al punto que podía ofrecer sus servicios como flota naval al propio Imperio bizantino y ganar gracias a ello privilegios comerciales excepcionales en Constantinopla, el mayor centro comercial de Europa en esos años, empleando para este fin una combinación de diplomacia y poderío mercantil.

El rol intermediario de los venecianos les permitió ejercer un control casi completo sobre los intercambios comerciales europeos con el Oriente Medio, mientras que los reinos musulmanes del Mediterráneo recurrían también a Venecia como intercesor comercial con el resto de Europa. La República Veneciana, más interesada en la preservación del comercio internacional que en la expansión religiosa o militar, aparecía como el intermediario mercantil ideal para los reinos mediterráneos de cualquier religión a partir del siglo XII, lo cual le permitió a Venecia acumular grandes riquezas y ganar ventajas comerciales.

La flota veneciana, por su poderío y gran tamaño, fue determinante para realizar el saqueo de Constantinopla en la Cuarta Cruzada en 1204, acelerando con este hecho la decadencia del Imperio bizantino. Como consecuencia de la severa debilidad bizantina, Venecia logró anexionarse Creta y Eubea a inicios del siglo XIII, expandiendo aún más su poder y riqueza, llegando las flotas comerciales venecianas a instalar bases comerciales inclusive en las orillas del mar Negro, específicamente en la actual costa de Crimea. Esta expansión hacia territorios de la Rus de Kiev le permitió a los comerciantes venecianos instalarse en los puntos más occidentales del comercio asiático, ganando con ello un acceso importante a los valiosos productos traficados por la Ruta de la Seda desde China. Esta importantísima ventaja comercial, inexistente para otros estados europeos de la época, fue explotada excelentemente por los venecianos.

En 1380 Venecia derrotó en combate a la reciente competencia comercial de la República de Génova, ciudad que limitó entonces su expansión al Mediterráneo occidental, aunque se mantuvo como competidor comercial de los venecianos por varios siglos más en la zona del mar Negro. Hacia el año 1400 el mar Adriático se convirtió en el "mare veneziano", desde Corfú hasta el río Po, mientras las posesiones del "Stato di Mare" alcanzaban las islas de Creta y Eubea, varias islas del mar Egeo y numerosos enclaves en los Balcanes, mientras las flotas venecianas mantenían activo comercio con todo el Mediterráneo, extendiendo su red de contactos mercantiles por toda Europa y Medio Oriente, incluyendo zonas tan lejanas como Transilvania, Polonia o Siria, contactando en el Norte de Europa con la Liga Hanseática. En tanto la República poseía los primeros bancos de la Europa medieval, gracias a las letras de cambio los comerciantes venecianos mantenían vínculos financieros desde Inglaterra hasta Egipto. La misma ciudad de Venecia, capital de la República, contaba con 180,000 habitantes y era la segunda ciudad más poblada de Europa, solo superada por París , y era una de las urbes más ricas del mundo; había cerca de 2,1 millones de súbditos repartidos en las posesiones venecianas.

Más tarde, en 1416 Venecia derrotó a los turcos otomanos en Galípoli asegurando por un siglo su dominio marítimo en el Mediterráneo Oriental pese a la expansión terrestre del Imperio otomano.

El apogeo de Venecia alcanzó su cénit en la primera mitad del siglo XV, cuando los venecianos comenzaron su expansión terrestre por Italia, como respuesta al amenazador avance de Gian Galeazzo Visconti, el ambicioso ( duque de Milán). En 1410, Venecia controlaba la mayor parte del Véneto, incluyendo bajo su dominio ciudades como Verona, Padua y Udine y más tarde Rovigo, Brescia y Bérgamo, formando un territorio denominado colectivamente el Stato di Terraferma, y controlando una flota de 300 naves de guerra, más unos 3.000 navíos comerciales estacionados desde inicios del siglo XII en el Arsenal de Venecia, un astillero y base naval que constituía un punto medular del poderío náutico veneciano donde trabajaban hasta 17,000 obreros.

Die Ca' d'Oro, palacio en el Canal Grande, construido entre 1421–1442

La toma de Constantinopla por los turcos en 1453 marcó el inicio de problemas financieros y políticos para Venecia. La expansión naval de Portugal por la costa atlántica africana y el descubrimiento de América por España desplazaron la atención de las grandes corrientes comerciales del Mediterráneo al océano Atlántico de modo que el tráfico comercial veneciano empezó a perder importancia en Europa de modo lento pero inevitable. Además Venecia se vio obligada a sostener una lucha agotadora contra el joven Imperio otomano transformado ya en potencia mundial. Aunque en un inicio los mercaderes venecianos mantuvieron ante el Imperio otomano los privilegios otorgados por los bizantinos, la guerra se hizo inevitable debido a la expansión terrestre otomana desde 1470, que amenazaba los enclaves comerciales de Venecia. En 1489, Venecia conquistó el estado cruzado de Chipre, pero ello significó más un intento de bloquear el poder otomano que de aumentar las conquistas propias.

La expansión en Italia les enfrentó con el papa por el control de la Romaña. Para contrarrestar a la República de Venecia, el papa Julio II reunió a la Liga de Cambrai en 1508. En ella se encontraban Luis XII de Francia, el emperador Maximiliano I de Austria, y Fernando II el Católico y la lucha culminó en la aplastante derrota veneciana en mayo de 1509 en la batalla de Agnadello, que detuvo para siempre todo intento veneciano de expansión en la península itálica. Tras la derrota la República mantuvo su independencia mediante cesiones territoriales a España y Milán, y porque su destrucción implicaría eliminar un potencial aliado contra el Imperio otomano.

Reducción del poder veneciano

Territorios venecianos en Grecia en 1450
Fortaleza veneciana en Nauplia, Grecia. Es uno de los numerosos fuertes venecianos establecidos en la ruta comercial del mediterráneo oriental.

Desde 1470 la expansión del Imperio otomano en los Balcanes empezó a preocupar a los venecianos; en 1499- 1503 una costosa guerra contra los turcos (quienes desde 1480 habían ya llegado a las costas del Adriático) solo terminó cuando Venecia cedió territorios mediterráneos al Imperio otomano. En 1538 los venecianos fueron de nuevo vencidos en combate por la flota otomana en Preveza y ello confirmó el predominio naval de Turquía en el Mediterráneo oriental, coincidiendo con el apogeo del Imperio otomano. En 1570, Chipre sufrió la invasión turca, y un año después los venecianos abandonaban la isla, al no poder detener el ataque otomano. La alianza de las flotas veneciana, papal y española, aunque venció a los turcos en la batalla de Lepanto de 1571, no logró recuperar estos territorios, en parte porque si bien España veía un potencial aliado mediterráneo en Venecia, no estaba dispuesta a sostener con tropas españolas una nueva expansión colonial veneciana.

Habiendo ya aceptado la supremacía naval turca, Venecia se esforzó en mantener su actividad comercial a lo largo del siglo XVII, observando una cuidadosa neutralidad hacia sus vecinos más poderosos: España, el Imperio otomano, y Francia. El comercio portugués de especias desde la India a partir del siglo XVI afectó duramente al centenario monopolio veneciano del comercio de especias en Europa, más todavía por la expansión colonial portuguesa a zonas de África y Asia que eran inaccesibles para los venecianos. Venecia quedó también eclipsada económicamente por la riqueza de España y su imperio colonial, así como por la gran expansión comercial ultramarina de Inglaterra y Holanda, basada en las rutas del océano Atlántico que disminuyen grandemente la influencia comercial de Venecia, reducida a un Mediterráneo menos rico y donde debe rivalizar con otros grandes poderes.

La debilidad veneciana se confirma cuando los otomanos inician su invasión de la isla de Creta en 1645, amenazando la última gran colonia veneciana. Tropas otomanas terminan de conquistar Creta en 1669 tras una costosa guerra de 25 años (caracterizada por el largo sitio de Candía) donde Venecia solo mantiene en posesión pequeños enclaves cretenses y balcánicos, como el Principado de Omis, que al mando del príncipe Marko Srdanovic resisitió el asedio turco en el año 1624.

En 1684 Venecia se lanza a una nueva guerra contra el Imperio otomano, aliada con Austria y Rusia, intentando recuperar las posesiones perdidas; en tal situación tropas venecianas expulsan a los turcos de Dalmacia, conquistan el Peloponeso y logran tomar Atenas a los otomanos. La guerra termina en 1699 con el Tratado de Karlowitz que favorece ampliamente a Austria y Rusia en perjuicio del Imperio Otomano y reconoce las conquistas de Venecia pero no le da a ésta los puertos mediterráneos tan necesarios para su comercio.

La situación veneciana se complica de nuevo al estallar otra guerra contra los otomanos en 1714; esta vez la alianza bélica con Austria no impide que tras el Tratado de Passarowitz de 1718 Venecia deba devolver el Peloponeso a los otomanos y entregarles sus últimos enclaves de Creta, conservando ahora sólo las Islas Jónicas y los enclaves de Préveza y Arta en el litoral del Epiro.

Hacia el siglo XVIII, la Serenísima República no era más que una pálida sombra de su antigua potencia, el comercio en el Mediterráneo era ahora compartido con Génova y Livorno (que se hallaban bajo protección española y estaban por ello menos expuestas a ataques otomanos), mientras que en 1719 Austria declaraba su posesión de Trieste como puerto libre y así evitaba la intermediación mercantil veneciana; tanta competencia comercial redujo aún más las fuentes de riqueza de la República.

Decadencia del siglo XVIII

Venecia por Canaletto, 1738-40.

Venecia entró en una abierta decadencia política y financiera a inicios del siglo XVIII mientras la aristocracia veneciana se mantenía en el gobierno como un núcleo cerrado que impedía a la burguesía el ascenso social, inclusive prohibiendo la compra de la calidad de patricio: en esta época la política se hallaba completamente dominada por familias antiguas de la aristocracia como los Bragadin, Dandolo, y Mocenigo.

Mientras tanto aumenta el número de los aristócratas empobrecidos (los "barnaboti") con derechos políticos en la República y que se convierten en una costosa carga financiera para el gobierno en tanto reciben una pensión estatal para subsistir. Esto sucedía porque en el siglo XVIII Venecia no tiene comercio internacional relevante ni expansión colonial notable en donde tales aristócratas puedan crear riqueza alguna, más aún cuando tales aristócratas desdeñan trabajar en ocupaciones de los burgueses y la burocracia local se halla ya sobrepoblada. No obstante la decadencia acelerada en la economía y la política deja paso a la vitalidad cultural que sí emerge con los burgueses Antonio Vivaldi (música), Giovanni Battista Tiépolo (pintura), y Carlo Goldoni (teatro).

Sin poder enfrentarse exitosamente a sus nuevos competidores en el comercio del Mediterráneo (y en el mismo Adriático), sin industrias de gran tamaño, y sin colonias ricas que sostengan el Estado, la República halla un nuevo filón de riqueza en la lotería y los juegos de azar, así como en la prostitución oficialmente tolerada, atrayendo a Venecia visitantes adinerados de toda Europa, así como espectáculos de ópera, teatro, y otras diversiones destinadas a los extranjeros. En 1797 llegan a contarse hasta 176 casinos legales en la capital, y las festividades públicas (incluyendo el Carnaval de Venecia) se suceden a lo largo del año casi sin descanso, mientras los aristócratas venecianos contratan desde todos los puntos de Europa a cantantes de ópera, actores, y músicos, para los espectáculos.

En paralelo, el Stato di Terraferma queda atado a una agricultura de poca relevancia que le impide atender a las necesidades fiscales, además de convertirse en mercado para productos de Austria que eliminan la competencia veneciana. Por su parte, las escasas posesiones del Stato di Mare sólo atienden un menoscabado comercio con territorios balcánicos bajo control otomano, atendiendo un mercado carente de gran riqueza.

En la práctica las atracciones turísticas del juego y el meretricio eran la fuente principal de ingresos que percibía el fisco veneciano para sostenerse desde 1750, además de depender de las concesiones de cargos públicos a una aristocracia de menguante riqueza. En contraste, la flota comercial veneciana estaba formada en 1792 solo por 309 navíos, casi la décima parte de lo que era en su apogeo tres siglos antes.

A pesar del veloz empobrecimiento de la población y el deterioro de la economía, Venecia seguía dominando parte del litoral adriático y algunas de las islas Jónicas, pero tales posesiones eran minúsculas comparadas con el antiguo poderío veneciano, ahora muy reducido frente a Austria. Los intentos de reforma política en 1760 y 1774 fracasaron por la oposición de la oligarquía a permitir la renovación de sus cuadros o abrir sus puertas a burgueses adinerados que pudieran salvar la situación; inclusive en 1784 el patricio Andrea Tron lamentaba que "el capital es usado en sustentar extravagancias, espectáculos, vicios y diversiones en lugar de sustentar el comercio...".

El útlimo éxto naval de Venecia fue el bombardeo de Túnez realizado en 1785 y 1786 por la flota de 25 naves al mando del almirante Ángelo Emo (1731-1792) contra los corsarios tunecinos, pero posteriores intentos de reformar y modernizar la flota fracasaron por decisión del dux Paolo Renier. El último dux, Ludovico Manin, fue elegido en 1789 pese a ser de nobleza reciente en tanto era uno de los escasos aristócratas que aún podía dar dinero al estado para solventar los más urgentes gastos oficiales.

Extinción de la República

En marzo de 1797 durante las guerras napoleónicas, el territorio de Venecia, que permanecía neutral pero que había sido atravesado por el ejército austriaco, fue invadido por las tropas del general Napoleón Bonaparte, tanto por tierra como por mar. Las ciudades del Stato di Terraferma (la parte continental) se rindieron rápidamente ante la superioridad numérica francesa, mientras que la propia flota de guerra veneciana estaba formada por sólo 11 barcos útiles, pero incapaces de resistir. El gobierno afrontó en abril un ultimátum de Napoleón Bonaparte mientras a inicios de mayo las tropas francesas terminaban de ocupar el Stato di Terraferma casi sin lucha, faltando tan sólo ocupar la capital misma. El Gran Consejo se reunió finalmente el 12 de mayo para disolverse e instaurar un "gobierno representativo" (Municipalidad Provisoria) siguiendo el modelo francés, pero cuatro días después tropas francesas tomaron la urbe sin que las tropas venecianas opusieran la menor resistencia, extinguiendo definitivamente la República. Semanas después las posesiones del Stato di Mare seguían el ejemplo de la capital y se rendían ante los franceses.

Tras la firma del Tratado de Campoformio el 17 de octubre del mismo año, se repartió el territorio de Venecia entre Austria, que se quedó con el Véneto, Istria, Dalmacia y las bocas de Cattaro; Francia, que se quedó con las islas Jónicas; y la República Cisalpina ("república hermana" de Francia) en la que se integraron Bérgamo y Brescia. Posteriores victorias francesas en las guerras napoleónicas llevaron a que todo el antiguo dominio veneciano quedase en manos de Napoleón.

Tras la caída de Napoleón y el Congreso de Viena, el territorio véneto de la república se integró en el Reino Lombardo-Véneto, estado dependiente del Imperio austrohúngaro, que se hizo también con el resto, excepto las islas Jónicas que quedaron bajo el protectorado británico. En 1866, tras la tercera guerra de independencia, el Véneto, y con él Venecia, se incorporaron al Reino de Italia.

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