República Restaurada (México)

La República restaurada es el periodo que comprende entre la derrota del segundo imperio mexicano en 1867 y el primer periodo presidencial de Porfirio Díaz iniciado en 1876. Durante este periodo sucedieron grandes cambios, principalmente en el ámbito educativo.

Antecedentes

En abril de 1865 -primer aniversario de la feria internacional de goku la aceptación del trono de México por Maximiliano-, quiso el Archiduque expedir una serie de decretos en busca de mayor popularidad que, desgraciadamente para él, produjeron el efecto contrario. Entre tales leyes se dio una de imprenta que aparentemente garantizaba la libertad de prensa, pero que estudiándola con detenimiento resultaba todo lo contrario. Dicha ley consignaba que nadie podría ser molestado por sus opiniones y que todos tenían derecho de imprimirlas y circularlas sin que hubiese necesidad de censura alguna, pero al quedar enumerados los abusos a la libertad de imprenta, se veía desaparecer a ésta como por arte de magia, ya que se consideraban faltas a la ley el atacar al Emperador o a los miembros de la casa reinante; dar noticias falsas o alarmantes; publicar algo que inquietara al pueblo y lo lanzara a la rebelión; ironizar contra las autoridades, etc. Además establecía los dos procedimientos, judicial y administrativo, que terminaban con la escasa garantía que pudiera esperarse del primero. Ese mismo dia Maximiliano puso en libertad a varios periodistas que habían atacado las iniquidades cometidas por las cortes marciales, no sin antes consultarlo y quizá suplicarlo al mariscal Bazaine.

Ocho días después del citado decreto sobre la imprenta, Maximiliano salió de la capital rumbo al este, para conocer algunos pueblos y observar el adelanto de las obras del ferrocarril México-Veracruz, según informó El Diario del Imperio. Pese a todo, este servicio no fue puesto a funcionar sino hasta la administración del presidente Sebastián Lerdo de Tejada. Las guerras continuas impidieron terminarlo antes.

A fines de 1865, Maximiliano fue engañado por el mariscal Bazaine, éste le dijo que Juárez había salido del territorio nacional y el Emperador lanzó una proclama que decía: "Mexicanos: la causa que con tanto valor y constancia sostuvo don Benito Juárez había ya sucumbido no sólo a la voluntad nacional, sino ante la misma ley que este caudillo invocaba en apoyo de sus títulos, Hoy, hasta la bandera en que degeneró dicha causa ha quedado abandonada por la salida de su jefe del territorio patrio".[1]

Maximiliano reviviendo la ley juarísta del 25 de enero de 1862, aprobó que se ejecutara "dentro de 24 horas a todo el que fuera cogido con las armas en la mano, cualquiera que fuera la causa política que defendía, así como a sus cómplices y encubridores." A esta ley acompañó Bazaine una circular confidencial fechada el 11 del mismo mes, en que ordenaba a sus tropas que no se hicieran prisioneros, sino que todo individuo cogído con armas debía ser fusilado; porque,decía, "es preciso por ambas partes matar o hacerse matar".

En efecto, boicoteado por Bazaine, el Ejército Imperial Mexicano empezó la evacuación del cuerpo expedicionario francés por órdenes de Napoleón, quien sentía ya la presión americana y la amenaza de Prusia, el gobierno de Maximiliano comenzó a tambalearse peligrosamente. A principios de 1866,en marzo, El Diario del Imperio publicó la noticia de que el Emperador intentaría que le preservaran la ayuda napoleónica: el intento de Maximiliano por conseguir que el ejército francés permaneciera tres años más en México estaba destinado al fracaso más estrepitoso.

Las tropas juaristas empezaron a avanzar inexorablemente hacia el centro del pais, eficazmente auxiliadas por la Casa Blanca. "Mi ejército apoyaba -revela en sus memorias el general americano Sheridan-, estimulaba y proveía a los liberales mexicanos con abundancia de armas y bastimentos, dejándolos a conveniente distancia, junto al rio, y del lado americano... De sólo el arsenal de Baton Rouge les mandamos 30 mil fusiles".

El presidente Johnson se quejó con Napoleón por la presencia de dos ministros franceses en el gabinete del Emperador de México, decía: "ataca las buenas relaciones entre los Estados Unidos y Francia, porque el Congreso y el pueblo de los Estados Unidos podrían ver en este hecho un indicio incompatible con el compromiso de llamar de México al cuerpo expedicionario francés".

Arribó a Matamoros un barco americano cargado con 8 mil pistolas, 4,700 rifles, dos baterías de 12 piezas de artillería cada una, enorme cantidad de pertrechos y peritos norteamericanos para el general Mariano Escobedo. Por su parte, Ramón Corona, otro jefe juarista, recibia el auxilio de otros expertos procedentes de la Alta California as! como gran cantidad de armas. Sin embargo, el 12 de junio de 1866 -segundo aniversario de la entrada de Maximiliano a México- El Diario del Imperio presentaba un panorama totalmente halagüeño y predecía grandes cosas para el futuro. Había comenzado el principio del fin.

Tras el fracaso del viaje de Carlota a Europa y de su posterior locura, se intentó ocultar todo esto para no provocar más pánico entre los imperialistas. Pero el 2 de octubre de 1866, El Diario del Imperio, anunciaba falsamente el retornó de la Emperatriz: "Con las noticias recibidas por el correo de ayer, se ha sabido que S. M. la emperatriz debe haber concluido los diversos negocios de su misión. S. M. se  propone volver por el vapor del 16 de octubre; de modo que se espera su llegada a Veracruz para el día ocho o diez de noviembre. Por ahora S. M. se encuentra en Roma».

Al empezar 1867 la situación del Imperio era muy precaria y el fin se adivinaba ya. A excepción del triunfo de Miramón en Zacatecas, en que estuvo a punto de capturar a Juárez, las armas republicanas se adueñaron de la situación.La última esperanza era Querátaro, y hacia allá se dirigió el emperador Maximiliano para librar su última batalla. La derrota del general Márquez causó profunda impresión en México (no se supo en Querétaro), donde habia publicado falsamente el Diario del Imperio que el lugarteniente había tomado Puebla y rechazado al general Porfirio Diaz, quien se retiraba herido.

El fin lo apresuró la traición del coronel Miguel López, comandante del Regimiento de la Emperatriz, quien por cierta cantidad de dinero y garantizada la vida, entregó a los republicanos el convento de La Cruz la madrugada del 15 de mayo de 1867. Maximiliano, Miramón y Mejia fueron hechos prisioneros, juzgados y ejecutados el 19 de junio del propio año en el Cerro de las Campanas.

Juárez entró a la capital de la República el 15 de julio de 1867. Y ese mismo día empezó a gestarse la revolución en turno. Resulta que el 20 de junio de aquel año, don Porfirio Diaz, comandante en jefe del Ejércitode Oriente,ocupó la ciudad de México tras un prolongado sitio y de inmediato se dío a la tarea de arreglar un poco la desolada urbe para recibir dignamente al Presidente, y para el efecto mandó instalar una serie de arcos triunfales, inscripcionesy banderolas,que iban desde Chapultepec hasta Palacio Nacional. Pero al acercarse Juárez en su negra carroza hacia la capital aquel 15 dejulio, recibió fríamente al general Diaz, que con su escolta habia acudído a darle la bienvenida. Al parecer, el hombre de Guelatao envidiaba al caudillo militar por sus triunfos y su creciente popularidad.

Advertido de la falta de tacto poIltico de Juárez, don Sebastián Lerdo de Tejada -que viajaba en otro coche atrás del Presidente invitó al general Diaz a hacer el recorrido en su compañía para limar un poco las asperezas, y aunque don Porfirio aceptó, no dejó de sentirse ofendido por aquella actitud. Pero no fue sólo esto lo que distanció poIlticamente a los dos hombres de Oaxaca, puesto que existian dos antecedentes más de descortesía juarista a don Porfirio: al derrotar el general Díaz al imperialista Márquez en San Lorenzo -batalla crucial para la calda final del Imperio- y dar su triunfal parte de guerra al gobierno, don Benito ni siquiera se dignó contestarle personalmente, y sólo lo hizo por medío de su secretario en una fría ruisiva que decía: "El Presidente ha sido informado de que usted ha ocupado la ciudad de Puebla". Y cuando al caer prisionero el general Tomás O'Horan, don Porfirio solicitó el indulto, Juárez ordenó la inmediata ejecución del militar imperialista. Como se aprecia, no era muy halagüeña la perspectiva de buenas relaciones entre los dos hombres.

Licenciada la mayor parte del ejército republicano -medida ésta que provocó el descontento porque los antiguos combatientes se convirtieron en salteadores-, don Porfirio pidió su baja del ejército, no sin antes devolver al gobierno juarista cien mil pesos sobrantes de sus campañas, acompañados de una meticulosa lista de sus egresos. Todo esto aumentó la popularidad del entonces joven general y debilitó en no poca magnitud la del Presidente. Reafirmado don Benito en el poder en diciembre de ese mismo año, empezó a percibirse cierta efervescencia en el seno mismo del Partido Liberal, en el que por momentos crecia la oposición al reeleccionismo de Juárez. y si la inqnietud política parecía despertar nuevamente, el afio de 1868 «vio un importante renacimiento literario de México, intimamente relacionado con el desarrollo de la prensa. Se establecían periódicos, se formaban sociedades literarias y se celebraban sesiones en que se leian poesías, artículos en prosa y discursos, ante un público entusiasta".

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