Renaixença

Sello de la Renaixença catalana dedicado a Wifredo el Velloso

La Renaixença [rənəˈʃɛnsə] o [rena(j)ˈʃɛnsa] es un movimiento cultural en los territorios de habla catalana que llega a su esplendor durante la segunda mitad del siglo XIX. Su nombre surgió de la voluntad de hacer renacer el catalán como lengua literaria y de cultura después de los siglos de diglosia respecto al castellano (periodo llamado genéricamente Decadència). Es paralelo a otros similares, como el Rexurdimento gallego.

Los autores más importantes de este movimiento fueron Joan Maragall, Jacinto Verdaguer y Buenaventura Carlos Aribau y uno de los puntos clave de su difusión fueron los Jocs Florals. El estilo de la Renaixença es parecido al Romanticismo europeo, predominio de los sentimientos, la exaltación patriótica y los temas históricos. La lengua utilizada mezclaba cultismos y neologismos con palabras de la cultura popular.

Historia

Número del 24 de agosto de 1833 del periódico El Vapor donde apareció publicada la Oda a la Patria de Bonaventura Carles Aribau que inició la Renaixença.
Primera página del primer número de Lo verdader catalá, el primer periódico escrito íntegramente en catalán. El grabado en el que aparece un catalán vestido con el traje tradicional junto a las cuatro barras está acompañado del siguiente pie en catalán: Por tierra observa el catalán con amargura/su industria, su comercio y agricultura.

El inicio de la Renaixença se ha situado tradicionalmente en agosto de 1833 cuando se produjo la publicación de la Oda a la Patria de Buenaventura Carlos Aribau en el diario El Vapor, a la que siguieron los 27 poemas en catalán de Joaquim Rubió i Ors que publicó en el Diario de Barcelona a partir de 1839 y que fueron reunidos en el libro titulado Lo Gayter del Llobregat (1841), el seudónimo del autor, quien en la introdución exponía su programa literario, basado en el amor a «las cosas de sa patria» y en la reivindicación del idioma que «desgraciadament se pert dia a dia» y del que algunos se avergüenzan de que se les «sorprengue parlant en catalá». Rubió i Ors también decía (en catalán):[1]

Cataluña puede aspirar todavía a la independencia; no a la política, pues pesa muy poco en comparación con el resto de las naciones, que pueden poner en el plato de la balanza, además del volumen de su historia, ejércitos de muchos miles de hombres y escuadras de cientos de navíos; pero sí a la literaria, hasta la que no se extiende la política del equilibrio.

El interés del movimiento se centró en la literatura, y dentro de ella en la poesía, por lo que se considera como uno de sus hitos la celebración de los primeros Jocs Florals en 1859 organizados por el Ayuntamiento de Barcelona —aunque tuvo un antecedente en 1841 con el certamen poético convocado por la Academia de Buenas Letras, en el que resultaron premiados un poema de Rubió i Ors sobre los almogávares y una memoria histórica de Braulio Foz sobre el compromiso de Caspe—.[3]

Sin embargo, como denunció a principios del siglo XX el líder nacionalista catalán Enric Prat de la Riba, los que impulsaban los Jocs Florals, «lloraban los males de la lengua catalana y en su casa hablaban en castellano; enviaban a los Juegos Florales hermosas composiciones llorando trágicamente los males de Cataluña, y fuera del redil de los Juegos ya no se acordaban de Cataluña y se asociaban con sus enemigos». Proponían la huida hacia un pasado idealizado en un momento de grandes cambios económicos y sociales, ya que, a excepción del liberal progresista Víctor Balaguer —aunque su primera poesía en catalán la dedicó A la Verge de Montserrat—, la mayor parte de los integrantes de la primera Renaixença fueron afines al moderantismo. Rubió i Ors, por ejemplo, fue mucho más conocido en España por obras integristas como El libro de las niñas (1845) o Manual de elocuencia sagrada (1852) y en el discurso que pronunció ante la reina Isabel II con motivo de la apertura del curso 1861-1862 de la Universidad de Barcelona, defendió que «las universidades, manteniéndose católicas, sean en España las encargadas de impedir que el error se derrame por nuestro suelo». También fue muy conservador y clerical, Antoni de Bofarull, autor del primer folletín en catalán L'orfeneta de Menargues o Catalunya agonisant (1862).[4]

Cuadro histórico de Claudio Lorenzale (1843-1844) que representa la leyenda de las cuatro barras de sangre del escudo del condado de Barcelona.

Al mismo tiempo se produjo el resurgimiento de la historiografía catalana, que arranca en 1836 con la publicación de las Memorias para ayudar a formar un diccionario crítico de escritores catalanes, de Félix Torres Amat —«la primera historia indirecta de la literatura catalana»— y Los condes de Barcelona vindicados, de Próspero de Bofarull y Mascaró —«una historia a la vez crítica y laudatoria de los primeros condes-reyes»—, a las que siguieron tres años después Recuerdos y bellezas de España de Pau Piferrer, que en palabras de su autor relata con pasión «las felices épocas de los Raimundos y los Jaimes» y elogia a todos los que fueron «el sostén de las libertades de su patria, que nunca consintieron que fuesen holladas por mano de Rey», por lo que esta obra es considerada como la primera «en dibujar las grandes líneas de la historia nacional de Cataluña», en palabras de Josep Fontana, quien además señala que en ella se esboza «el cuadro esencial de los hechos que hoy conmemoramos como los hitos de la nacionalidad, incluyendo el 11 de septiembre».[5]

Víctor Balaguer, uno de los escritores principales de la Renaixença, impulsor del periódico La Corona de Aragón.

Entre los continuadores de estas obras pioneras destacaron Víctor Balaguer, con Bellezas de la historia de Cataluña (1853) e Historia de Cataluña y de la corona de Aragón (1860) —cuyo propósito según el autor era reivindicar para España «un único, sí, unido, pero confederado», y Antoni Bofarull, quien además de editar las grandes crónicas medievales catalanas inició en 1876 la Historia crítica (civil y eclesiástica) de Cataluña. El historiador Jaume Vicens Vives señaló en el siglo siguiente que la obra de Balaguer proporcionaba argumentos a los poetas patrióticos y la de Bofarull a los juristas y a los políticos.[6]

Los conceptos de lengua y patria quedan equiparados por Herder en el romanticismo alemán. La Renaixença se consolida en el entorno de una burguesía culta que encuentra en el romanticismo un interés por el propio pasado. Se reivindica un pasado glorioso durante la formación de las diferentes naciones europeas, en la Edad Media. En el transcurso del movimiento que conocemos como Renaixença, se utiliza poco este término ante Renacimiento, refiriéndose a la lengua, a la literatura y a la patria. La primera vez que hay constancia del uso del término es cuando Pere de Rosselló realiza un discurso como secretario de los Juegos Florales de 1869. El 1871, se fundó la revista quincenal La Renaixença, pero en sus artículos se continúa empleando la palabra Renacimiento para referirse a la patria y a las letras catalanas.

La Renaixença es el periodo literario que va desde el final de la Decadencia hasta el Modernismo, enmarcado por un movimiento cultural y de concienciación nacionalista más amplio (alcanza todas las manifestaciones culturales), surgido dentro de la burguesía a raíz de las transformaciones provocadas por la Revolución Industrial. Así, la Renaixença se identifica claramente con el "redreçament" cultural catalán y, sobre todo, con la recuperación de su lengua.

Intento de recuperar-y definir- una conciencia nacional catalana y, a la vez, de adaptar alguna de las corrientes más vivas de la cultura europea. El intento se realiza en todos los campos de creación y pone en juego ideologías a menudo opuestas

Contexto histórico

El absolutismo tendrá el último de sus episodios durante el reinado de Isabel II. Los conflictos se suceden durante todo el siglo XIX. Las tres guerras carlistas, los hechos de 1835 con la primera quema masiva de conventos y la insurrección de Barcelona contra Espartero en 1843 son los episodios más trágicos. Fue el preludio del nacionalismo catalán que se hizo visible a finales del siglo XIX.[7]

El estilo de la Renaixença es cercano al Romanticismo europeo, con predominio de los sentimientos, la exaltación patriótica y los temas históricos. La lengua empleada mezcla cultismos y neologismos con palabras de la cultura popular. La Renaixença se identifica con el "redreçament" cultural catalán y, sobre todo, con la recuperación de su lengua. El programa de la Renaixença pretende, sobre todo, la plena identificación entre lengua y patria. Porque la burguesía acabe concienciándose, el movimiento reivindica estos puntos:

  • El descubrimiento y divulgación de los clásicos grecolatinos y de toda la literatura de tradición oral.
  • La creación de la literatura catalana (en cualquier género), conducida por una lengua normativizada.
  • La creación de instituciones nuevas que empujen la nueva dinámica literaria (editoriales, prensa…) y el reforzamiento de las instituciones ya existentes (Real Academia de las Buenas Letras de Barcelona…).

Etapas

La lengua catalana nunca había perdido su uso social, pero dos factores podían amenazar la continuidad del catalán como lengua vehicular. El primero fue el abandono de las clases altas de la lengua catalana como lengua para la cultura, hacía más de un siglo que no era una lengua oficial. El segundo la inminente voluntad estatal de universalizar la alfabetización.

Los periodos que siguen a continuación reflejan la realidad del principado. En Valencia el fenómeno de la Renaixença es más disipado por carencia de una burguesía que lo sustente. En las islas hay que destacar la figura de Marià Aguiló.

Los conceptos de lengua y patria quedan equiparados por Herder en el romanticismo alemán. La Renaixença se consolidó en torno a la burguesía culta que encontró en el romanticismo un interés por el pasado propio. Se reivindicaba un pasado glorioso durante la formación de las diferentes naciones europeas, en la Edad Media.

La diglosia (1833 - 1859)

La lengua catalana dispone de manifestaciones de carácter popular como obras de teatro, goigs y coloquios, pero la burguesía adoptó la costumbre aristocrática de escribir en castellano. La mayoría de la literatura es de tema catalán pero escrita en castellano. El hecho de que todavía se dictaban leyes o normativas escolares en contra del uso de la lengua catalana nos indica su persistencia en el uso cotidiano.

El prestigio de la lengua catalana (1877 - 1892)

Se introducen las teorías naturalistas y realistas que afectan sobre todo al teatro y la narrativa, como también a la prosa. Aparece el narrador más importante: Narcís Oller. Verdaguer i Guimerà se consolidan como autores.

Antecedentes

Las investigaciones históricas de Antoni de Capmany, el interés por normativizar la lengua catalana y la aparición de una incipiente intelectualidad de origen popular ya se producen durante la Ilustración.[10]

Josep Pau Ballot escribe la Gramática y apología de la lengua cathalana entre 1810 y 1813. Esta obra es realizada con intención patriótica, divulgadora e incitadora al uso del catalán. En el capítulo Origen de la lengua cathalana , Ballot, aclara: "por muchos años lengua de cortes, la que se hablaba en los palacios, y muy apreciada del señor rey don Jaime I y demás reyes de Aragón".

Antoni Puig y Blanch escribe Las Comunidades de Castilla en 1823. En esta obra podemos encontrar recursos y tópicos de la poesía de la Renaixença como el uso del verso alejandrino, la exaltación de la lengua o la conmemoración de combates heroicos. Otra obra de Antoni Puig que hay que destacar es Observaciones sobre la lengua catalana que comenta la Gramática de Josep Pau Ballot. Finalmente hay que mencionar que ayuda a Josep Melcior a realizar la traducción del Nuevo Testamento en 1832.

Hay otros nombres destacados, pero su trabajo laborioso pertenece al día a día, y quedará reflejada pasados unos años. Este es el caso de los hermanos Fèlix e Ignasi Torres Amat y el historiador Bofarull. La tarea de los dos hermanos eruditos la hace visible Fèlix, quién en 1819 ve como se inaugura la Biblioteca de autores catalanes y en 1836 se publica el Diccionario de escritores catalanes. Bofarull realiza una tarea ingente de clasificación del Archivo de la Corona de Aragón.

La diglosia (1833 - 1859)

Busto de Víctor Balaguer en el Parque de la Ciudadela de Barcelona.

En esta etapa se consolidan las editoriales catalanas y valencianas; a veces, con sede en Madrid. La lengua catalana dispone de manifestaciones de carácter popular, como obras de teatro, goigs y coloquios, pero la burguesía adopta la costumbre aristócrata de escribir en castellano. La mayoría de la literatura es de temática catalana, pero se escribe en castellano. Se promulga la Ley Moyano, de 1857, que establece la obligatoriedad de la enseñanza primaria. Hay que interpretar aquí alfabetización como sinónimo de castellanización.

Dos poetas son los que marcan el inicio y el programa de la Renaixença: Buenaventura Carlos Aribau y Joaquim Rubió i Ors. La Publicación de la Oda a la Patria de Aribau, en 1833, establece y populariza el vínculo simbólico entre lengua y patria. Redactado por Aribau y destinado a Gaspar de Remisa, su patrón, la obra evoca de manera nostálgica la patria cuando ambos están en Madrid. El uso del catalán arrecia el vínculo en aquel exilio. De febrero de 1839 a noviembre de 1840, Rubió i Ors publicó diecinueve poemas en el Diario de Barcelona. Estos se reunieron en una recopilación de poemas, El Gayté del Llobregat en 1841. El prólogo es considerado un hito de la Renaixença e incluso el manifiesto que él resumió en tres puntos: la afición por todo aquello que concierne a la patria, el interés para difundir el conocimiento del idioma entre el resto de compatriotas y el deseo de encomendar este sentimiento. Rubió i Ors en aquel prólogo también reivindica la necesidad de restablecer los Juegos Florales y la Academia del Gay Saber para reconquistar la importancia literaria que había ostentado la lengua catalana.

Otros hechos destacados son:

Los Juegos Florales (1859 - 1877)

La cabecera de La Renaixença fue diseñada por Lluís Domènech i Montaner en 1880. Conjuga el escudo de Cataluña con el ave fénix.[11]

El programa de la Renaixença se articula alrededor de algunas instituciones y sociedades que adquieren un papel más o menos secundario y otros que toman más protagonismo. Dentro del primer grupo podemos citar la Sociedad Filosófica, el Centro Excursionista de Cataluña, el Círculo Literario de Vich, La Sociedad Savigny o La Joven Cataluña y con un papel más preponderante la Universidad de Barcelona, la Academia de Buenas Letras, el Ateneu Barcelonès, pero sobre todo los Juegos Florales.

En el marco de los Juegos Florales se manifiestan posiciones diferenciadas respecto al modelo de lengua. Cómo impulsor del modelo más antiguo y arcaizante destaca el mallorquín Jeroni Rosselló y había también partidarios de una fórmula mixta combinando un lenguaje antiguo con el moderno y expulsando los barbarismos. Ninguno de los dos se impuso, los Juegos aglutinaban participantes de ideologías contrapuestas. La mayoría de obras son de escasa calidad hasta el triunfo de Àngel Guimerà y Jacinto Verdaguer en los Juegos Florales. Guimerà es considerado maestro en Gay Saber y Verdaguer obtiene el premio especial del jurado con el poema La Atlàntida.

El sentimiento de recuperación catalanista no es sólo de las clases altas sino que también lo es de las clases obreras. Estas articulan una trama de asociaciones culturales por todo el territorio de Cataluña. Entre otros se fundan el Ateneo Catalán de la Clase Obrera en Barcelona en 1861 o el Ateneo de la Clase Obrera de Igualada en 1863. Se inició también la profusión de sociedades corales formadas por obreros como la La Fraternidad fundada por José Anselmo Clavé en 1850. En 1867 había 106 sociedades corales.

Se consolida un público que consume prensa en catalán. Coincidiendo con la Restauración, el objeto de la prensa en catalán ya no sólo será la literatura sino que también lo será la política. Las revistas satíricas de huella anticlerical tendrán una gran repercusión como La Campana de Gracia.

  • 1862, publicación de una novela en catalán L'orfeneta de Menargues de Antoni Bofarull
  • 1865, se fundó la revista anual Calendari Català por Francesc Pelagi Briz
  • 1868, se fundó el periódico literario El Gay Saber por Pelagi Briz
  • 1869, se funda el periódico La Gresca, en Santiago de Cuba
  • 1871, se fundó la revista conservadora y de tirada quincenal La Renaixença por Pere Aldavert y Àngel Guimerà
  • 1871, se fundó el semanario La Gramalla su redacción está formada básicamente por miembros de La Jove Catalunya
  • 1872, creación del Ateneu Barcelonès

El prestigio de la lengua catalana (1877 - 1892)

A pesar de que con retraso respecto al resto de Europa, se introducen las teorías naturalistas y realistas que afectan sobre todo al teatro y a la narrativa. Los autores catalanes cruzan una sintonía con el público. Aparece el narrador más importante: Narcís Oller; Verdaguer y Guimerà se consolidan como autores.

Las nuevas generaciones de escritores dan por finalizado aquel Renacimiento e incluso se llega a historiografiar aquellos albores, sin una pretensión erudita. Es el caso de Breve reseña del actual renacimiento de la lengua y literatura catalanas o la inmensa Historia del Renacimiento literario contemporáneo en Cataluña, Baleares y Valencia del gaditano Francisco María Tubino aparecida en Madrid entre 1880 y 1881.

Los filólogos de lenguas románicas cómo Diez, Saroïhandy y Meyer-Lübke colocaron la lengua catalana entre los dialectos del occitano. Posteriormente el interés que suscitó el estudio de las lenguas románicas y los estudios de Milà y Fontanals situaron el catalán como lengua independiente.

  • 1878, se fundó la revista La Veu de Montserrat en Vich por Jaume Collell
  • 1879, se consolidan los Juegos florales valencianos, de carácter bilingüe, en El Rat Penat
  • 1879, aparece el Diari Català de Valentí Almirall
  • 1881, aparece la publicación L'Avenç
  • 1886, Valentí Almirall publica Lo Catalanisme
  • 1887, Antoni de Paula Capmany publica el semanario y desde 1897 diario El Catalanisme
  • 1892, la Unió Catalanista presenta las Bases de Manresa
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