Renacimiento italiano

Los orígenes del movimiento pueden rastrearse desde inicios del s. XIV, principalmente en la esfera literaria, aunque también ya se detecta de forma incipiente algunas de sus características fundamentales, como el mecenazgo, el intelectualismo y la curiosidad por la Cultura Clásica. No obstante, muchos aspectos de la cultura italiana permanecerán en su estado medieval y el Renacimiento no se desarrollará totalmente hasta finales de siglo.

La palabra Renacimiento (Rinascimento en italiano) tiene un significado explícito, que representa el renovado interés del período en la cultura de la antigüedad clásica, luego de lo que allí mismo se etiquetó como la "edad oscura".[1] Estos cambios, aunque significativos, estuvieron concentrados en las clases altas, y para la gran mayoría de la población la vida cambió poco en relación a la Edad Media.

El renacimiento italiano comenzó en la región de Toscana, con epicentro en las ciudades de Florencia y Siena. Luego tuvo un importante impacto en Roma, que fue ornamentada con algunos edificios en el estilo antiguo, y después fuertemente reconstruida por los papas del siglo XVI. La cumbre del movimiento se dio a fines del siglo XV, mientras los invasores extranjeros sumían a la región en el caos. Sin embargo, las ideas e ideales del renacimiento se difundieron por el resto de Europa, posibilitando el Renacimiento nórdico, centrado en Fontainebleau y Amberes, y el renacimiento inglés.

El renacimiento italiano es bien conocido por sus logros culturales. Esto incluye creaciones literarias con escritores como Petrarca, Castiglione, y Maquiavelo, obras de arte de Miguel Ángel y Leonardo da Vinci, y grandes obras de arquitectura, como la iglesia de Santa María del Fiore en Florencia y la Basílica de San Pedro en Roma.

Al mismo tiempo, los historiadores actuales ven también allí una época de regresión económica y de poco progreso científico, que tuvo su desarrollo principal en la cultura protestante del siglo XVII.

Orígenes

Italia del norte en la alta edad media

A finales de la edad media, el centro y sur de Italia, que había sido el corazón del Imperio romano, era más pobre que el norte. Roma era una ciudad llena de ruinas, y los estados papales constituían una región pobremente administrada, con poco orden y legalidad. En parte a causa de ello, el papado se había trasladado a Aviñón, un enclave católico en Francia. Nápoles, Sicilia y Cerdeña estaban bajo dominación extranjera. Las principales rutas de comercio con oriente pasaban a través del Imperio bizantino o las tierras árabes, y desde entonces por los puertos de Venecia, Pisa y Génova. Los artículos de lujo comprados en oriente, por ejemplo especias, tintes, y sedas se importaban a estos estados italianos, para luego ser revendidas a toda Europa.

Panorámica de la ciudad-estado de Génova, en un grabado de 1493.

Además, las ciudades-estado del interior se beneficiaban con la rica tierra de cultivo del valle del Po. Desde Francia, Alemania y los Países Bajos, a través de rutas terrestres y fluviales, se compraban en esta región artículos como lana, trigo y metales preciosos. El comercio generalizado, extendido desde Egipto hasta la región báltica, generaba ganancias sustanciales, que permitieron inversiones significativas en minería y agricultura. De esta forma, aunque el norte de Italia no era más rico en recursos que otras regiones europeas, el nivel de desarrollo estimulado por el comercio le permitió prosperar.

Florencia se convirtió en una de las ciudades más ricas del norte italiano, debido principalmente a su producción textil de lanas, bajo la supervisión de su dominante cofradía, el "Arte della lana".[3]

Las rutas comerciales italianas, que cubrían el Mediterráneo y más allá, fueron también vías de importancia para la cultura y el conocimiento. En los tiempos medievales, las obras que corporizaban el conocimiento clásico de los griegos se habían difundido lentamente por Europa, a través de tratados y traducciones árabes desde Toledo y Palermo. Las Cruzadas pusieron a muchos europeos en contacto con el conocimiento clásico, preservado por los árabes, pero más importante en este aspecto fue la reconquista española del siglo XV y la traducción resultante de literatura árabe por los arabistas de la Escuela de Salamanca.

Desde Egipto y oriente, los científicos, filósofos y matemáticos del pensamiento árabe entraron al norte de Italia. Expandiendo los estudios lingüísticos del renacimiento, llegaron desde Constantinopla - después de su captura por fuerzas otomanas en 1453 - los textos griegos y los estudiosos que enseñaron a los italianos a leerlos en renovadas academias en Venecia y Florencia.

Los estudiosos humanistas buscaron manuscritos antiguos en las bibliotecas monásticas, y recuperaron a Tácito y a otros autores latinos. Con el redescubrimiento de Vitruvio, los principios arquitectónicos de la antigüedad pudieron observarse una vez más, y los artistas del renacimiento se vieron animados, en la atmósfera del humanismo, a exaltar a los antiguos, como Apeles, o a quien pudieran leer y conocer a través de los textos recuperados.

Economía europea

En el siglo XIII, Europa en general experimentaba una expansión económica. Las rutas comerciales de los estados italianos todos los puertos del Mediterráneo e incluso con la Liga Hanseática del Báltico y regiones boreales del continente para crear una economía europea unificada por primera vez desde el siglo III. Las ciudades-estado italianas se expandieron fuertemente, y crecieron en poder para convertirse de hecho en independientes del Sacro Imperio romano. Durante este período, la moderna infraestructura comercial desarrolló, con asociaciones comerciales, un sistema bancario internacional, un mercado de intercambio sistematizado, seguros, y deudas estatales. Florencia se convirtió en el centro de esta industria financiera y el oro ( florín) en la moneda principal del comercio internacional.

Nació una nueva clase gobernante comercial, que ganó posiciones a través de su habilidad financiera, adaptando para sus propios fines el modelo aristocrático feudal que había dominado a Europa en la edad media. Una característica de la alta edad media en el norte de Italia fue el surgimiento de comunas urbanas que evadieron el control de obispos o condes locales. En casi toda la región la nobleza propietaria de tierras era considerablemente más pobre que los patriarcas urbanos en la economía monetaria de fines del medioevo, cuyo crecimiento inflacionario llevó a la ruina a muchos terratenientes. El incremento del comercio durante el renacimiento temprano realzó este fenómeno.

El declive del feudalismo y el fortalecimiento de las ciudades produjeron efectos íntimamente interrelacionados entre sí: Por ejemplo, la demanda de artículos de lujo generó un aumento del comercio, que a su vez produjo un mayor número de comerciantes ricos, que por lo tanto demandaban más artículos de lujo. Este cambio dio a los comerciantes casi un completo control sobre el gobierno de las ciudades-estado italianas, impulsando nuevamente el papel del comercio. Una de las consecuencias más importantes de este control fue la seguridad. Los que eran muy ricos en un estado feudal corrían el riesgo constante de perder la confianza de la monarquía que podía confiscarle sus tierras.[4] Así mismo los estados del norte mantenían muchas leyes medievales que condicionaban severamente al comercio, como aquellas contra la usura, o las que prohibían comerciar con no cristianos. En las ciudades-estado de Italia estas leyes fueron anuladas o modificadas.

El colapso del siglo XIV

Los estados de la península itálica en 1494

Durante el siglo XIV se produjeron una serie de catástrofes que causaron la recesión de la economía europea. El clima cálido del medioevo iba transformándose en una pequeña edad del hielo. Este cambio climático produjo una significativa declinación de la agricultura, llevando a repetidas hambrunas, exacerbadas por el rápido crecimiento poblacional. La Guerra de los cien años entre Inglaterra y Francia interrumpió el comercio a través del noroeste Europeo, notoriamente cuando, en 1345, el rey Eduardo III de Inglaterra rechazó sus deudas, produciendo el colapso de los dos más grandes bancos de Florencia, el de los Bardi y el de los Peruzzi. En oriente, la guerra también interrumpió las rutas comerciales, cuando el Imperio otomano comenzó a expandirse por la región. Más devastadora aún fue la Peste negra, que diezmó la población de las densamente pobladas ciudades del norte de Italia entre 1347 y 1351, golpeando posteriormente en varias oportunidades. La población de Florencia, por ejemplo, cayó de 90 000 a 50 000 habitantes. Siguieron amplios desórdenes, incluyendo la revuelta de los trabajadores textiles de Florencia, los " ciompi" en 1378.

Fue durante este período de inestabilidad que vivieron las primeras figuras del renacimiento, como Dante y Petrarca, y cuando se crearon las primeras conmovedoras obras de arte renacentistas, en el primer cuarto del siglo XIV, notablemente en el realismo de Giotto. Paradójicamente, algunos de estos desastres ayudaron a establecer el renacimiento. La peste negra eliminó a un tercio de la población europea, y la nueva y más pequeña población pudo tener más riqueza, estar mejor alimentada, e -incluso - disponer de excedentes de dinero para gastar en artículos de lujo como obras artísticas o de arquitectura. Como el flagelo de la peste bubónica comenzó a declinar a principios del siglo XV, la devastada población de Europa comenzó a crecer nuevamente.

Esta nueva demanda de productos y servicios, y el reducido número de personas capaz de proveerlos, puso a la clase baja en una posición más favorable. Además, esta demanda ayudó al crecimiento de los banqueros, mercaderes, y artesanos hábiles. Los horrores de la peste negra y la aparente incapacidad de la iglesia católica para proveer alivio, contribuiría a la declinación de la influencia eclesiástica, otra de las características del renacimiento.También la quiebra de los bancos de las familias Bardi y Peruzzi abrió las puertas para el florecimiento de los Médici en Florencia.

Se ha argumentado[5] que el colapso económico fue una causa crucial del renacimiento. De acuedo con este punto de vista, en un período más próspero los hombres de negocios habrían rápidamente reinvertido sus ganancias con el objeto de producir más dinero en un clima favorable para las inversiones. En cambio, en los años malos del siglo XIV, los ricos encontraban pocas posibilidades de inversiones promisorias para sus ganancias, y en consecuencia eligieron gastar más en arte y cultura.

Otra explicación popular para el renacimiento italiano es la tesis de Hans Baron,[7] A fines del siglo XIV, Milán era una monarquía centralizada bajo el control de la familia Visconti. Gian Galeazzo Visconti, que gobernó la ciudad entre 1378 y 1402 alcanzó renombre por su habilidad para construir un imperio en el norte de Italia, y -al mismo tiempo- por su crueldad. Dirigió una larga serie de guerras con el fin de conquistar a los estados vecinos y derrotar a las varias coaliciones lideradas por Florencia, que trató en vano de detener su avance. Estos intentos culminaron en 1402 con el sitio de Florencia, que hubieran producido el colapso de la ciudad, a no ser por la súbita muerte de Gian Galeazzo y la consecuente caída de su imperio.

La tesis de Baron[8] sugiere que durante estas largas batallas, los líderes florentinos buscaron apoyo popular presentando la guerra como una opción entre la república libre y la monarquía despótica, entre los ideales de las repúblicas griega y romana y aquellos del imperio romano o de los reinos medievales. Para Baron, la figura más importante en proponer esta ideología fue Leonardo Bruni.

Baron arguye que este tiempo de crisis en Florencia fue el periodo en que aparecieron los principales generadores del renacimiento temprano, como Ghiberti, Donatello, Masolino, y Brunelleschi, y que todos ellos tenían asumida esta ideología republicana. Estas y otras figuras, según Baron, impulsaron luego ideas republicanas que tendrían un enorme impacto en el renacimiento.

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