Renacimiento alemán

Retrato del Emperador Maximiliano I (reinado: 1493–1519), el monarca renacentista del Sacro Imperio Romano, de Alberto Durero, 1519
Primera página del primer volumen de una copia de la Biblia de Gutenberg en Texas

El Renacimiento alemán, parte del Renacimiento nórdico, fue un movimiento cultural y artístico que se extendió entre los pensadores alemanes en los siglos XV y XVI, que se desarrolló a partir del Renacimiento italiano. Muchas áreas de las artes y las ciencias se vieron influidas, especialmente por la difusión del humanismo renacentista a los diversos estados y principados alemanes. Hubo muchos avances en los campos de la arquitectura, las artes y las ciencias y en Alemania se dieron dos desarrollos que dominarían el siglo XVI en toda Europa: la imprenta y la Reforma Protestante. El renacimiento artístico no fue en Alemania una tentativa de resurrección del arte clásico, sino una renovación intensa del espíritu germánico, motivado por dicha Reforma protestante.

Uno de los humanistas alemanes más importantes fue Konrad Celtis (1459–1508). Celtis estudió en Colonia y Heidelberg, y más tarde viajó por toda Italia coleccionando manuscritos latinos y griegos. Fuertemente influenciado por Tácito, utilizó la Germania para introducir la historia y la geografía alemanas. Finalmente, dedicó su tiempo a la poesía, en la que elogió a Alemania en latín. Otra figura importante fue Johann Reuchlin (1455–1522) quien estudió en varios lugares en Italia y más tarde enseñó griego. Estudió el idioma hebreo, con el objetivo de purificar el cristianismo, pero se encontró con la resistencia de la iglesia.

El artista más importante del Renacimiento alemán es Alberto Durero (1471-1528), especialmente conocido por sus planchas en madera y grabados, que se extendieron por toda Europa, dibujos y retratos pintados. Su obra universal, que ya en vida fue reconocida y admirada en toda Europa, impuso la impronta del artista moderno, uniendo la reflexión teórica con la transición decisiva entre la práctica medieval y el idealismo renacentista.

Tras la Reforma el mecenazgo de la nobleza alemana se centró en la arquitectura, por su capacidad de reflejar el poder y prestigio de los gobernantes. Así a mediados del siglo XVI se amplió el castillo de Heidelberg, siguiendo las directrices clásicas. Sin embargo, la mayoría de los príncipes alemanes prefirieron conservar las obras góticas, limitándose a decorarlas con ornamentación renacentista. Obras de arquitectura importantes de este período fueron la residencia Landshut, el ayuntamiento de Augsburgo y la iglesia de San Miguel en Munich.

Los emperadores Habsburgo y la familia Fugger fueron los más importantes mecenas, destacándose la protección de Johannes Kepler y Tycho Brahe.

Contexto

El Renacimiento fue en gran medida impulsado por el renovado interés en el aprendizaje clásico, y también fue el resultado de un rápido desarrollo económico. A principios del siglo XVI, Alemania era uno de los países más prósperos de Europa a pesar de un nivel de urbanización relativamente bajo en comparación con Italia o los Países Bajos.[1]​ Se benefició de la riqueza de ciertos sectores como la metalurgia, la minería, la banca y los textiles. Más importante aún, la impresión de libros se desarrolló en Alemania, y las imprentas alemanas dominaron el nuevo comercio de libros en la mayoría de los demás países hasta bien entrado el siglo XVI.