Religión en Guatemala

Religión en Guatemala
Héroes gemelos Hunahpú e Ixbalanqué de la mitología maya y k'iche'.
Fachada de la Catedral Católica colonial de Santiago de los Caballeros de Guatemala, construida en el siglo xvii
Procesión católica de Viernes Santo en la Ciudad de Guatemala en el siglo xxi
Rilaj Maam o Maximón, antigua deidad tz'utujil todavía venerada en Santiago Atitlán.
Religión en Guatemala
Religión Porcentaje
Catolicismo
  
47 %
Protestantismo
  
40 %
Agnosticismo+ Ateísmo+ sin religión
  
9 %
Otras Creencias
  
3 %
No sabe/No responde
  
1 %
Fuente: Latinobarómetro 1996-2013.[1]


Guatemala no tiene religión oficial, ya que la Constitución Política de 1985 declara que el país es un estado laico. El país tampoco cuenta con un censo oficial acerca de la afiliación religiosa, aunque las estadísticas señalan que la religión cristiana predomina en el territorio, alcanzando entre un ochenta y siete[1] Otras creencias como las religiones étnicas (0.84 %), espiritistas (0.21 %) y demás alcanzarían juntas hasta un tres por ciento de guatemaltecos.

Los feligreses cristianos en Guatemala se encuentran divididos en dos grandes grupos: católicos y evangélicos. El porcentaje entre estos dos grupos varía dependiendo la fuente de las encuestas; según datos del XXI Censo de Guatemala de 2002 el cristianismo más profesado era el católico; por su parte los datos oficiales recientes de la Iglesia católica y la asociación Ayuda para la Iglesia necesitada, el cristianismo predominante se reúne al agrupar a las diferentes confesiones protestantes, siendo la denominación con mayor número de miembros la iglesia pentecostes o pentecostal.[5] Finalmente, en los últimos años las encuestas han posicionado a los cristianos católicos y cristianos evangélicos en porcentajes similares (4 de cada 10), según datos del año 2013 habría entre cuarenta y siete por ciento de cristianos católicos, y un cuarenta por ciento de cristianos protestantes evangélicos; mientras que en otras encuestas publicadas en el año 2014 la -de por sí, poca- diferencia serían aún mas acortada, quedando con cuarenta y cinco por ciento los cristianos católicos y cuarenta y uno por ciento los cristianos evangélicos.

En datos globales Guatemala tendría entre cuarenta y cuatro por ciento de población católica, con una igualdad con la agrupación de denominaciones protestantes -en su mayoría de tendencia pentecostal evangélico-, cuyos fieles suman el cuarenta y cuatro por ciento de los guatemaltecos, y que se mantienen en aumento desde la década de 1960.

Apoyados en estos datos, la nación guatemalteca tendría entre 86 y 88 % de cristianos en total, y mundialmente Guatemala esta posicionada entre las 20 o 25 naciones mas cristianas del mundo. Sin embargo, en América Latina, la situación cambia ya que la mayoría de los países latinos poseen más de un 90 % de cristianos, en concreto, Guatemala es mas cristiana que El Salvador -85,4 %-, Nicaragua -84 %-, República Dominicana -82 %-, Argentina -80 %-, Chile -70 %- y Uruguay -50 %-.

Introducción

Guatemala no siempre fue un país laico.

Antes de la llegada de los conquistadores españoles, las culturas mayenses en la región eran politeístas y tenían arraigadas costumbres religiosas. Luego, durante la época de la Colonia Española el poder económico y político de las órdenes del Clero regular de la Iglesia católica, entonces religión oficial del Imperio Español, era considerable al punto que el Arzobispo de Guatemala era una de las tres principales autoridades del Reino de Guatemala junto con el presidente de la Real Audiencia, representante de la Corona Española y el Ayuntamiento, representantes de los criollos guatemaltecos. Estos tres poderes se mantenían constantes pugnas pues los criollos consideraban que los representantes de la corona estaban usurpando un poder que por derecho les correspondía a ellos, como descendientes directos de los conquistadores.[6] . En las capitales del reino de Guatemala llegó a haber veinticuatro iglesias de las diferentes órdenes, sin contar las parroquias y ermitas de los alrededores.

El poder de la Iglesia católica empezó a disminuir cuando el rey de España promulgó las reformas borbónicas en 1765 para disminuir el poder la de los religiosos en el Imperio, y luego expulsó a los jesuitas de todos los territorios del Imperio en 1767. Tras la independencia del Reino de Guatemala, se formaron dos partidos en la región:

  1. Conservador: conformado por los criollos de la provincia de Guatemala, que eran los más poderosos durante la colonia por tratar comercialmente con España, y las órdenes del Clero Regular que todavía permanecían en Guatemala y que eran grandes terratenientes.[6]
  2. Liberal: conformado por los criollos del resto de provincias en el reino, quienes eran vistos despectivamente por los criollos guatemaltecos por dedicarses a las labores de encomienda y agricultura.[6]

Las luchas que se libraron entre liberales y conservadores se extendieron hasta 1840, luego de que se hubieran impuesto los liberales en toda la Federación Centroamericana y hubieran atacado los intereses económicos de las órdenes regulares por medio de expropiaciones de sus haciendas, ingenios, molinos y monasterios. En Guatemala, los conservadores encontraron un adalid en el general Rafael Carrera, quien expulsó al líder liberal Francisco Morazán de Guatemala, restituyó sus posesiones a las órdenes regulares, fundó la República de Guatemala en 1847 e implementó un régimen que tardó hasta 1871. Durante este tiempo, el poder de las órdenes regulares en Guatemala fue considerable, e incluso retornaron los jesuitas a Guatemala. La unión centroamericana que pretendían los liberales tuvo que esperar hasta que muriera Carrera para seguir con sus intentos de integración, ya que el general guatemalteco nunca pudo ser derrotado.[7]

Cuando llegaron los liberales al poder nuevamente en 1871 al mando de los generales Miguel García Granados y Justo Rufino Barrios, volvieron a atacar a sus rivales conservadores de las órdenes del clero regular, esta vez expulsando a las órdenes, convirtiendo los monasterios en edificios públicos, expropiando sus haciendas y empresas para distribuirlas entre los líderes liberales y otorgando libertad de cultos. A pesar de esto, y de los continuos roces entre los arzobispos guatemaltecos y el gobierno del país, la religión católica continuó siendo mayoritaria en Guatemala debido a que las parroquias e iglesias pasaron a manos del Clero secular que mantuvo la religiosidad en los guatemaltecos.[8]

Esta situación se mantuvo hasta 1954, cuando el entonces arzobispo Mariano Rossell y Arellano se alió con el Movimiento de Liberación Nacional en su lucha mercenaria para derrocar al gobierno socialista de Jacobo Arbenz Guzmán. Rosell y Arellano, siguiendo los lineamientos macartistas que imperaban en los Estados Unidos en ese entonces, acusó al gobierno de ser comunista y ateo e incluso mandó a constuir una réplica del Cristo Negro de Esquipulas, la cual fue llevada en peregrinación por toda Guatemala para rogar por el fin del comunismo en el país.[9]

Con estos beneficios, hubo un auge en el catolicismo en el país, con construcciones de fastuosos católicos privados como el Liceo Guatemala de los maristas y el Liceo Javier de los jesuitas[9] Pero para entonces, la influencia católica en la población guatemalteca había disminuido considerablemente, y se inició el auge de las iglesias protestantes. Estas se han mantenido constantemente en ascenso, a pesar de visitas de peregrinación del papa Juan Pablo II, quien visitó Guatemala en tres oportunidades.

Hay fluctuación de datos específicamente entre la cantidad mayoritaria cristiana y los no religiosos, ya que en las encuestas no siempre se especifica si los encuestados se consideran o no cristianos por estar bautizados y luego no practicar religión alguna. Algo similar pasa en las comparaciones de encuestas entre el porcentaje de cristianos católicos y el de los que practican las llamadas religiones étnicas (en su mayoría religiones mayas); los encuestados no siempre especifican por qué se consideran en un grupo y no en otros, tampoco se profundiza en la intención con que realizan sus prácticas que pueden ser de apariencia pagana pero tener trasfondo cristiano, o viceversa.

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