Religión de la Antigua Grecia (nociones)

La religión griega de la antigüedad es principalmente conocida a partir de tres tipos de fuentes, de orden literario, epigráfico y arqueológico. Reposa sobre un conjunto de ritos y prácticas de la antigüedad griega. No debe ser confundida con la mitología griega. Ésta describe los mitos propios del mundo griego, que no están forzosamente ligados al sentimiento religioso pero pueden tener esencia literaria, mientras que aquellos se interesan por los ritos y las prácticas de la antigüedad griega. Hace falta poner como punto de partida la constante siguiente: la religión no es un asunto de creencia privada. Es ante todo pública y concierne a la comunidad, de donde surgen sus importantes implicaciones con la vida política. De hecho, no se relega a ciertas esferas de la vida cotidiana pero puede concernir a todos sus aspectos. Los griegos no establecían verdaderamente diferencia entre el dominio religioso y el profano: cada momento de la vida puede estar acompasado por un rito más o menos formal, una oración, una práctica religiosa. Es también por esta razón que el arte griego es de naturaleza religiosa.

Fe, piedad e impiedad

Mientras que los mitos griegos son célebres, su religión parece menos conocida. Una de las razones de esta paradoja es que es un problema que nunca ha sido elucidado: no es fácil, en ausencia de testimonios directos — la mayoría de las fuentes eran literarias — que se pronuncien sobre la naturaleza real de la fe y del sentimiento religioso del pueblo griego. En un sentido, es imposible afirmar simplemente que los griegos creían en sus mitos y otorgaban un crédito real a sus prácticas. Dos hechos son, sin embargo, asegurados por los textos:

  • su contenido era aceptado por los griegos de la época;
  • la piedad (y no la fe) era real.

La religión griega no parece pues haber requerido una adhesión profunda en un dogma, que no existe además, sino el simple respeto a los ritos.

Los términos griegos a tener en cuenta son los siguientes: εὐ̓σέϐεια eusébeia piedad y ἀσέϐεια asébeia impiedad. Sin dogma, la noción de piedad es difícil de percibir. La impiedad, por el contrario, lo es menos. Se la entiende como una ausencia de respeto a la consideración de los ritos de una ciudad, considerada como un crimen merecedor de una denuncia ante los tribunales. Así, hay que suponer que los fieles de una nueva religión o de un dios nuevo en la ciudad que desean practicar su culto, deben pedir autorización, que será sometida a voto. Resultante de este voto, la integración, del dios o del culto se hará o no se hará. Es por esta razón que la acusación de «impiedad» de Sócrates (circa 469- 399 a. C.) lo condujo a la pena capital, pronunciada por la ciudad de Atenas. Él fue juzgado impío, dando crédito a la acusación de Meleto, Ánito y Licón, la cual sostenía que Sócrates "buscaba introducir en la ciudad nuevas divinidades" y que descreía de las tradicionales (además de que "corrompía a los jóvenes"; cf. la Apología de Sócrates, de Platón).

Se puede, pues, definir la piedad griega como el respeto en su justa medida, el conocimiento de los límites a no franquear respecto de las leyes divinas; se trata ante todo de respetar las tradiciones de los ancestros y de otorgar a los dioses lo que se les debe (ofrendas, oraciones), pudiéndose cumplir los ritos sin conocer el significado profundo.

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