Relieve de España

Relieve de España peninsular y Baleares.
Mapa de España que indica la altitud del terreno y la topografía.
Las Islas Canarias, situadas en el norte de África, tienen un origen volcánico.

El relieve de España se caracteriza por ser bastante elevado, con una altitud media de 660 metros, bastante montañoso si lo comparamos con el resto de países de Europa y solo superado por Suiza, Austria y los microestados de Andorra y Liechtenstein. En la España peninsular, el relieve se articula en torno a una gran Meseta Central que ocupa la mayor parte del centro de la península ibérica y que tiene una altitud media de 660 metros. Fuera de la meseta, está la depresión del río Guadalquivir, situada en el suroeste de la península, y la del río Ebro, en el noreste de la misma.

Los sistemas montañosos de España son muy numerosos y ocupan casi la mitad del territorio nacional. Los Pirineos (en el límite noreste) y los Sistemas Béticos (en el sureste) son las cordilleras más elevadas y se sitúan fuera de la Meseta Central. Rodeando ésta, está la cordillera Cantábrica en el norte, el sistema Ibérico en el este, y Sierra Morena en el sur. Dentro de la Meseta Central está el sistema Central y los Montes de Toledo.

A España pertenecen dos archipiélagos de interés geográfico: las islas Baleares, situadas en el mar Mediterráneo, con una latitud similar a la de Castilla-La Mancha; y las Islas Canarias, siete islas de origen volcánico ubicadas en el océano Atlántico, próximas a la costa del Sáhara Occidental; y con menos importancia: la Isla de Alborán entre España y Marruecos y las Islas Columbretes en Castellón. De España también son algunos pequeños enclaves costeros del norte de África: las ciudades de Ceuta y Melilla, las Islas Chafarinas, y los peñones de Alhucemas y de Vélez de la Gomera.

La costa española, bañada por el océano Atlántico, y los mares Cantábrico y Mediterráneo, presenta una gran diversidad de playas, acantilados y rías. La costa alta (presencia de acantilados y rasas) y articulada (presencia de rías y cabos) es la más predominante en el norte y en las Islas Canarias, mientras que la costa baja (presencia de playas y calas) es propia del sur, del Mediterráneo y Baleares.

Evolución geológica de la península ibérica

España tiene gran variedad paisajística, con la existencia de grandes montañas y depresiones, las montañas pueden ser abruptas o suaves. En el relieve también influye la forma maciza y poco articulada de la península, las costas carecen de salientes, tienen elevada altitud media. Hay un cinturón montañoso que rodea la península y dificulta el acceso al interior.

Litología

  • España silícea: Son los materiales más antiguos. Existen tres tipos de rocas: granito ( plutónica), Pizarra (fácilmente erosionable) y cuarcita (que son metamórficas), mucho más dura y resistente que la pizarra y de la que existe una variante que es la cuarcita armoricana.
  • España caliza: Son materiales más nuevos que los silíceos. Está formada por carbonatos y constituida por grandes paquetes sedimentarios de la Era Secundaria que fueron plegados a inicios del Terciario. Están compuestos por carbonato cálcico .Se caracterizan por su alta solubilidad. El tipo de paisaje es el cárstico, muy influido por la erosión del agua en este tipo de litología. Encontramos diferentes morfologías: dolinas, colinas cársticas pertenecientes a las regiones alpinas....
  • España arcillosa: Son los materiales más nuevos ( Terciario y Cuaternario). Son de carácter sedimentario y no han sido plegados. El material predominante es la arcilla a la que se añaden otros materiales.

Estructura geológica

Desde principios de la Era Primaria existía el continente que los geólogos han denominado Gondwana, de contornos distintos al del continente africano actual, pero del que en realidad deriva este continente. Por el norte se extendía al mismo tiempo el continente que podemos llamar Paleoeuropa del que después derivaría la actual Europa. Y entre ambos continentes un mar mucho más ancho y profundo que el actual Mediterráneo, el antiguo Tetis de los geólogos.

A finales de la Era Primaria se produjeron movimientos tectónicos y orogénicos llamados en conjunto orogenia hercínica (o plegamiento herciniano), de gran intensidad. Tras ellos, los territorios occidentales de la Península adquirieron una fisonomía semejante a la actual. Por el norte, este y sur se extendía el mar de Tetis. El relieve así formado tomó la dirección armoricana (nombre de la antigua Bretaña francesa) de NO-SE.

El plegamiento herciniano afectó a grandes masas de sedimentos que se transformaron en pizarras, cuarcitas y formaciones graníticas. Toda esta actividad magmática dio lugar también a filones de minerales como plomo, mercurio, pirita, etc., que son la base principal de la riqueza minera de la península. Este movimiento afectó a toda Europa y dio lugar, entre otros, al Macizo Central y la Selva Negra.

En esta superficie (territorios occidentales de la Península), conocida como zócalo paleozoico, predomina actualmente la sílice, cuya expresión más común es el cuarzo. El conjunto forma la llamada España silícea.

El periodo Secundario fue de calma orogénica, caracterizado por la erosión de lo ya existente, y sedimentación de materiales en las diferentes fosas marinas.

La etapa del plegamiento alpino se da en el Terciario, con fuertes presiones que pliegan los materiales; las barreras que se habían creado en la orogenia herciniana van a tener un efecto de tope sobre estas fuerzas. Estos empujes van a plegar los materiales más modernos que son de naturaleza blanda y los materiales más antiguos van a romperse. Con estas fuertes presiones se formaron los Pirineos, se fracturó la Meseta y dio lugar a Sierra Morena, la cordillera Cantábrica y la Ibérica, transcurridos varios millones de años se formaron los Sistemas Béticos y surgieron las Islas Baleares. También se formaron las prefosas alpinas que son depresiones que anteceden a las cordilleras y se van a ir rellenando de materiales.

Al final del Terciario se acabará casi de configurar la actual península. En el periodo post-alpino se darán deformaciones que darán lugar a agrupamientos, consecuencia de la orogenia alpina. Las masas continentales intentan llegar a un equilibrio y liberar las tensiones acumuladas. Estos procesos posteriores y los asociados reciben el nombre de tectónica morfológica y son movimientos de tipo vertical.

A partir del Neógeno ha habido tres movimientos póstumos: el primero es el abombamiento de la meseta que se bascula hacia occidente, derivados de este basculamiento se producen una serie de empujes desde oriente y provocan que el zócalo también se bascule hacia el Atlántico, y la tercera fase es una serie de movimientos de origen vertical que elevan las cordilleras alpinas ( sistema Central y Montes de Toledo).

En el Cuaternario se dan cambios en el paisaje, son movimientos eustáticos que afectan al nivel del mar. Se producen tanto subidas como bajadas, con origen en el glaciarismo. También aparecen fenómenos volcánicos en áreas fragmentadas o fallas como Olot y La Mancha. Además los ríos toman la configuración actual y comienza su erosión.

Por último están los sistemas morfogenéticos que dan lugar al relieve actual, hacen referencia a los aspectos climáticos, erosivos, químicos y mecánicos que afectan al relieve y están ligados a la tectónica. También tuvieron influencia las glaciaciones (en las partes más elevadas), junto al agua y al viento.

Una forma es el circo glaciar, una especie de depresión circular por influencia de los hielos que se da en las mayores altitudes y da lugar a una serie de lenguas de hielo llamadas morrenas que surgen de la parte más elevada de la montaña y discurren por todo el valle hasta la base; si se encaja entre montañas y labra un valle en forma de "U" se le llama artesa. Esto es muy común en los Pirineos y las zonas más elevadas.

En las zonas menos elevadas se da otro tipo de modelado, el dominio periglaciar, muy común en los periodos interglaciares. Las formas de modelado más importantes son la gelifracción y la solifluxión, que a su vez alteran los procesos de erosión fluvial: en las fases más frías los ríos tendrán menos caudal que en el deshielo cuando aumentan su fuerza erosiva y configuran los acantilados.[1]

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