Rejería de la catedral de Toledo

En la Catedral de Toledo hay una buena variedad de rejas de gran calidad, desde las de época gótica hasta las más modernas del siglo XVII. Las más representativas y consideradas como obras maestras son las de la capilla mayor y coro.

Firmas de los rejeros solicitados

En junio de 1540 se reunió el Cabildo de la catedral con el cardenal Tavera al frente, poniéndose de acuerdo en llamar a los artistas rejeros Domingo, Francisco de Villalpando (que trabajaba en Valladolid), y Cristóbal de Andino que tenía su taller y su trabajo en Burgos. Se les pidió presentar las trazas para la realización de las rejas de la capilla mayor y del coro. Los diputados de la catedral querían "modernizar" el templo con las nuevas tendencias renacentistas y cambiar por tanto las rejas góticas ya existentes, de la misma manera que fueron cambiados los sitiales del coro alto. El rejero Domingo no era otro que Domingo de Céspedes, vecino de Toledo, conocido en el ámbito como el maese o maestro Domingo, nombre con el que firmaba todos sus trabajos. El apellido Céspedes se le aplicó después en la historiología de arte. Se les pidió entre otras cosas su opinión sobre la materia prima de las rejas; Andino prefería el metal, mientras que Villalpando y Céspedes se inclinaban por el hierro.

Reja de la Capilla Mayor

Vista del crucero con la capilla mayor a un lado y el coro al otro.

Se redactó la escritura para la obra de esta reja en Madrid; el contrato se efectuó en un principio para Villalpando y Andino, cada uno con una mitad de la reja, pero la escritura daba libertad a Andino para aceptar o no definitivamente el encargo. Las dudas estaban en el hecho de que una de las condiciones era que el trabajo se realizase en la propia ciudad de Toledo, lo que era un gran impedimento para el rejero Andino, que tenía su casa y su taller en Burgos, donde estaba realizando otros encargos. En junio de 1542 se firmó una nueva escritura para determinar el aumento en el coste total de la reja, pues al obligarles a construirla en Toledo cambiaban considerablemente las cifras, ya que el precio del hierro en esta ciudad era bastante más caro que en Valladolid e incluso en Burgos. De los 10 000 ducados de oro presupuestados por Andino, se cambió a 17 000. Finalmente Villalpando se adaptó al traslado, mientras que Andino renunció y dejó en las manos de su colega su parte correspondiente en el trabajo.

Detalle de la rejería en la Capilla Mayor.

El Cabildo aprobó las nuevas trazas presentadas. El Cabildo tenía muy claro cómo quería ciertos aspectos de la reja:

«… con un remate encima de los pilares de un candelabro labrado de talla y molduras de hierro macizo y en medio de éstos en el eje de la reja, un crucifijo labrado con molduras, medias figuras y grutescos…»



La obra se comenzó en 1540 y se terminó en 1548, según consta en la misma reja. Es una obra magnífica y esplendorosa, donde los balaustres se elevan armoniosamente en forma lineal, jugando con la alternancia de los nudos de manera muy equilibrada. Además de la perfección de dichos balaustres, hay que tener en cuenta la riqueza de las formas estatuarias: telamones o atlantes, cariátides y figuras clásicas portando clámides.

La reja se eleva sobre un zócalo de jaspe y mármol, con relieves que representan historias sagradas que recuerdan a los mejores relieves florentinos. Sobre las cabezas de los atlantes discurre un friso ornamentado de bellos grutescos. A continuación, otro piso menos alto que el primero, de donde arrancan los siguientes balaustres que siguen el mismo juego de alternancia de los nudos. A modo de división de calles, van intercalados unos balaustres especiales que son verdaderos candelabros; sobre estos balaustres se extiende otro friso, calado y enriquecido con bustos, angelitos y formas florales. Por encima está la crestería, formando una filigrana de escudos, genios alados, medallones, flameros y otros adornos platerescos. En el centro se alza el escudo de Carlos I con la doble águila y sobre él el candelabro labrado que servirá de peana al crucifijo requerido por el Cabildo.

A ambos lados de la reja se encuentran los dos púlpitos de bronce que fueron encargados en 1542 a Villalpando. Están asentados sobre unas bichas que se apoyan en dos gruesas columnas de pórfido. Son de forma octogonal, con muy buenos relieves labrados separados por atlantes. Están unidos a la reja formando un todo. Existe la escritura de concierto; en ella se dice que se conservarán las columnas de jaspe que ya existían en los púlpitos anteriores.

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