Reino de Prusia

Reino de Prusia

Estado del Imperio alemán

Pabellon de Brandeburgo (c. 1684).svg

1701-1918

Flag of Prussia (1918–1933).svg
Flag of Poland.svg

BanderaEscudo
BanderaEscudo
Lema nacional: Suum cuique (latín: "A Cada Uno lo Suyo")[1]
Himno nacional:
Borussia
Preußenlied
Ubicación de Königreich Preußen
Prusia en 1871 cuando pasó a ser la cabeza del nuevo Imperio alemán.
CapitalBerlín
52°31′N 13°24′E / 52°31′N 13°24′E / 13.400
Idioma oficialAlemán
Otros idiomasAlemán regional, Eslavo occidental, danés
ReligiónIglesia Protestante
GobiernoMonarquía constitucional
Rey
 • 1701-1713Federico I
 • 1713-1740Federico Guillermo I
 • 1740-1786Federico II
 • 1786-1797Federico Guillermo II
 • 1797-1840Federico Guillermo III
 • 1840-1861Federico Guillermo IV
 • 1861-1888Guillermo I
 • 1888Federico III
 • 1888-1918Guillermo II
Historia
 • Establecido1701
 • Disolución1918
Superficie
 • 1910[3]348 779,87 km²
Población
 • 1816[2]est.10 349 031 
 • 1871[2]est.24 689 000 
 • 1910[3]est.34 472 509 
     Densidad98,8 hab./km²
MonedaReichsthaler 1701-1750
Thaler prusiano 1750-1857
Vereinsthaler 1857-1873
Marco de oro alemán 1873-1914
Papiermark 1914-1918
Miembro de: Sacro Imperio Romano Germánico, Santa Alianza, Confederación Germánica, Confederación Alemana del Norte, Imperio alemán

El Reino de Prusia (en alemán: Königreich Preußen) fue un Estado europeo que existió desde 1701 hasta 1918. Gobernado durante toda su existencia por la rama franconiana de la dinastía Hohenzollern, originalmente estaba centrado en Brandeburgo-Prusia. No obstante, y principalmente gracias a su poderío militar, logró expandirse territorialmente. Al acabar la guerra austro-prusiana había alcanzado la hegemonía total sobre el norte de Alemania. En 1871, después de la guerra franco-prusiana, se proclamó el Imperio alemán, momento en el cual Prusia alcanzó su máxima extensión territorial. Aunque junto con otros reinos germanos pasó a formar parte del nuevo Estado alemán, era, con mucho, el más grande e importante, abarcando más de la mitad de la superficie del Imperio, unos 348 780 km² en 1910. Al contar con la mayor economía y el mayor ejército de Alemania, Prusia garantizó su hegemonía política; los reyes de Prusia fueron también emperadores alemanes. En 1918, al ser derrotada Alemania en la Primera Guerra Mundial, una revolución socialista derrocó a la monarquía y el reino se convirtió en el Estado Libre de Prusia, un estado federado dentro de la nueva República alemana.

Historia

Precedentes: desde la Prusia original hasta Brandeburgo

El Ducado de Prusia tiene su origen en el establecimiento de los alemanes en la Prusia Oriental a partir del siglo XII. La provincia, que posteriormente recibió el nombre de «Prusia Oriental», era hasta esa época el único territorio llamado propiamente Prusia, ya que su nombre derivaba de sus originarios habitantes prusianos bálticos, no alemanes, quienes fueron asimilados tras las Cruzadas Bálticas y la Drang nach Osten. El régimen establecido por los alemanes en Prusia recibió el nombre de Estado monástico de los Caballeros Teutónicos, y aunque logró someter a los reinos cristianos de Lituania y Polonia, luego perdió su hegemonía en diversas guerras contra estos últimos, siendo la guerra polaco-teutónica (1519-1521) la que representó la derrota final. El último gran maestre de la orden, Alberto de Brandeburgo-Ansbach, renunció entonces al catolicismo, abrazando el luteranismo y juró vasallaje al rey de Polonia, Segismundo el Viejo. Por su parte, el monarca polaco secularizó los territorios de la Orden Teutónica y se los entregó a Alberto para él y sus herederos bajo la forma del Ducado de Prusia.

Los Hohenzollern de Brandeburgo, primos del ahora duque Alberto de Prusia, pretendieron incrementar sus dominios mediante el matrimonio. Aunque la mayoría de estas uniones fueron improductivas desde el punto de vista dinástico, la boda del margrave brandeburgués Joaquín II con Eduviges de Polonia, hija del rey Segismundo el Viejo, le permitió obtener al primero la garantía polaca de que si el linaje de Alberto se extinguía por la ausencia de hijos varones, sus herederos recibirían el ducado de Prusia. Cuando el duque Alberto murió en 1568, le sucedió su hijo, Alberto Federico de Prusia. Debido a la debilidad mental de este último, surgió la posibilidad de que los Hohenzollern de Brandeburgo accediesen al ducado prusiano, por lo que el Congreso polaco se reunió en Lublin y, después de deliberar, ratificó la decisión de su rey.

En 1594, el margrave Joaquín Federico I de Brandeburgo, nieto de Joaquín II, logró que su hijo Juan Segismundo se casase con la hija mayor de Alberto Federico, Ana de Prusia, aumentando las probabilidades de heredar el ducado, ya que el duque no tenía hijos varones. En 1603, Joaquín Federico logró obtener la regencia de Prusia cuando se agravó la enfermedad mental del duque; decidió afianzar aún más sus lazos con Prusia, y, cuando enviudó, se casó con Leonor de Prusia, hermana de Ana. De esta manera, padre e hijo tuvieron al duque de Prusia como suegro. El matrimonio de Juan Segismundo con Ana tuvo doble beneficio, ya que esta era la hija mayor de María Leonor de Cléveris, hermana mayor de Juan Guillermo de Cléveris, otro duque mentalmente inestable que gobernaba estratégicos territorios cerca del Rin y del camino español. Al morir Juan Guillermo sin hijos ni hermanos varones, Juan Segismundo alegó tener derechos hereditarios, y fue un actor importante en la Crisis de la sucesión de Juliers-Cléveris. Cuando el duque Alberto Federico falleció en 1618 sin hijos varones que lo heredaran, el ducado de Prusia pasó a Juan Segismundo. Así, Brandeburgo y Prusia quedaron en unión personal con el heredero de la casa Hohenzollern, unión que duraría 300 años y que inicialmente sería conocida bajo la dualidad Brandeburgo-Prusia. Juan Segismundo murió al año siguiente, y lo sucedió su hijo, Jorge Guillermo de Brandeburgo.

No obstante, y a pesar de que los Hohenzollern de Brandeburgo lograron obtener ganancias territoriales importantes gracias a matrimonios estratégicos, no estaban en condiciones de hacer valer su autoridad si su fuerza militar se ponía a prueba. La guerra de los Treinta Años fue un desastre para Brandeburgo, que fue ocupada sucesivamente por los bandos en conflicto, arrasada y saqueada. En cambio, Prusia quedó fuera de los campos de batalla y sirvió de refugio al margrave. El ambivalente Jorge Guillermo tampoco fue capaz de sostener sus pretensiones hereditarias al ducado de Pomerania, y al morir en 1640 entregó a su hijo, Federico Guillermo, un territorio muy debilitado con una fuerza militar inferior a la de sus enemigos. A pesar de ello, al finalizar la guerra en 1648, Brandeburgo-Prusia recibió la parte oriental de Pomerania, un territorio mayor al que recibió Suecia, pese a que su importancia militar era considerablemente menor.[4]

A pesar de que la Paz de Westfalia premió territorialmente a Brandeburgo, al igual que en 1618, los Hohenzollern no estaban en condiciones de defender sus adquisiciones. Por este período, un consejero del elector Federico Guillermo consideró en un informe que Polonia estaba buscando la oportunidad para arrebatarle Prusia. Suecia estaba haciendo lo mismo con Pomerania, y los territorios ganados en la sucesión de Juliers-Cléveris estaban a merced de las Provincias Unidas. Para contrarrestar esta debilidad, el Elector de Brandeburgo empezó a reforzar el ejército, llegando a tener 25 000 soldados en 1655, suficientes como para jugar un papel importante en la batalla de Varsovia como aliado de Suecia contra Polonia durante el "Diluvio". Federico Guillermo logró obtener entonces la garantía del rey Carlos X Gustavo de Suecia de que no intentaría arrebatarle Prusia, a cambio de jurarle vasallaje. Sin embargo, apenas el ejército sueco se retiró al norte para luchar contra Dinamarca, el Elector cambió de bando y se alió con el rey polaco. Leopoldo de Habsburgo, quien era candidato al Imperio, quería contar con el voto de Brandeburgo, por lo que presionó al rey polaco para que confirmase la soberanía de los Hohenzollern sobre Prusia. De esta manera, el ejército de Federico Guillermo lideró el ataque de la coalición austro-polaco-brandeburguesa contra Suecia, logrando una victoria decisiva. Brandeburgo-Prusia pudo así controlar toda la Pomerania, pero a pesar de su creciente importancia militar, seguía siendo una potencia menor en la política internacional, y le fueron arrebatadas todas sus ganancias territoriales en esta guerra en el Tratado de Oliva, principalmente por presión francesa, que ahora velaba por Suecia. El reconocimiento internacional del dominio brandeburgués sobre Prusia fue entonces la única ganancia que los Hohenzollern pudieron sacar de la guerra del Norte de 1655-1660.

1701: El crecimiento de Brandeburgo

Escudo de Brandeburgo.

Federico Guillermo, el "Gran Elector" de Brandeburgo-Prusia, murió en 1688. Sus propiedades pasaron a su hijo Federico III (1688-1701), que se convirtió en el rey Federico I de Prusia (1701-1713). A excepción del ducado de Prusia, todas las tierras de Brandeburgo formaban parte del Sacro Imperio Romano Germánico, en esa época bajo el gobierno hereditario de la Casa de Habsburgo. Federico III obtuvo el consentimiento del emperador Leopoldo I, a cambio de la alianza contra Francia en la guerra de Sucesión española, para adoptar (en Königsberg, el 18 de enero de 1701) el título de "Rey en Prusia" con base en sus territorios no imperiales. La fórmula rey en Prusia en lugar de rey de Prusia se adoptó por no poder haber en el imperio más rey que el emperador y el de Bohemia. El título pasó a ser de aceptación general con el Tratado de Utrecht.

1701-1740: El joven reino

El nuevo reino de Prusia era muy pobre —todavía no se había recuperado totalmente de la devastación de la guerra de los Treinta Años— y su territorio abarcaba más de 1200 km, desde las tierras del Ducado de Prusia, en la costa sureste del mar Báltico, pasando por el área central de los Hohenzollern en Brandeburgo y terminando en los enclaves del Ducado de Cléveris, Condado de Mark y Ravensberg, en Renania. En 1708, aproximadamente un tercio de la población del ducado de Prusia fue afectada por la peste bubónica.[6]​ La peste llegó a Prenzlau en agosto de 1710, pero desapareció antes de alcanzar la capital, Berlín, a solo 80 km.

La derrota de los suecos a manos de Rusia, Sajonia, Polonia, Dinamarca-Noruega, Hannover y Prusia en la Gran Guerra del Norte (1700-1721) marcó el final del dominio sueco en el litoral sur del mar Báltico. En el Tratado de Estocolmo pruso-sueco (enero de 1720), Prusia recuperó Stettin (Szczecin) y otras partes de las posesiones suecas en Pomerania. Los Hohenzollern de Brandeburgo habían obtenido la reversión del ducado de Pomerania desde 1472 (anteriormente, Pomerania ya había sido anexionada a Brandeburgo-Prusia en 1648 por la Paz de Westfalia).

Durante este tiempo, el plan trazado por el gran elector alcanzó su clímax.

1740-1760: Las guerras de Silesia

Federico II el Grande.
Adolph Menzel: Mesa redonda, el rey Federico II (centro) en Sanssouci con Voltaire (izquierda) y los principales científicos de la Academia de Ciencias de Berlín, 1750.

En 1740 subió al trono Federico II el Grande. Valiéndose de un supuesto tratado de 1537 (vetado por el emperador Fernando I), por el cual partes de Silesia pasarían a Brandeburgo tras la extinción de la dinastía Piast, Federico invadió Silesia, lo que marcó el inicio de la guerra de Sucesión austríaca. Tras la rápida ocupación de Silesia, Federico ofreció protección a la archiduquesa María Teresa de Austria si la provincia volvía a su dominio. La oferta fue rechazada, pero Austria encontró otros oponentes y Federico fue lo bastante hábil para conseguir la cesión formal con el Tratado de Berlín de 1742.

Para sorpresa de muchos, Austria consiguió anular la ventaja de Prusia en la guerra. En 1744, Federico invadió de nuevo regiones del Imperio para evitar represalias y reivindicar, esta vez, la provincia de Bohemia. No tuvo éxito, pero la presión francesa sobre Gran Bretaña, aliado de Austria, llevó a una serie de tratados y acuerdos que culminaron en 1748 con la rúbrica del Tratado de Aquisgrán, que restauró la paz y concedió a Prusia la mayor parte del territorio de Silesia.

Humillada por la cesión de Silesia, Austria buscó una alianza segura con Francia y Rusia, mientras que Prusia intentaba aproximarse a Gran Bretaña (" Revolución Diplomática"). Cuando Federico invadió Sajonia y Bohemia durante unos pocos meses de 1756-1757, dio comienzo la guerra de los Siete Años.

Esta guerra fue una lucha desesperada para los prusianos, y la forma como la llevaron causó en Europa un gran respeto por las habilidades del ejército de Federico. Enfrentándose simultáneamente a Austria, Rusia, Francia y Suecia y teniendo solo como aliados a Hannover (y Gran Bretaña, en lo referente al continente), Federico consiguió evitar importantes invasiones hasta octubre de 1760, cuando el ejército ruso ocupó por un corto periodo de tiempo Berlín y Königsberg. Sin embargo, la situación se fue agravando hasta la muerte de la emperatriz Isabel de Rusia. La ascensión al trono ruso del simpatizante de la causa prusiana Pedro III alivió la presión en el frente oriental. Suecia también abandonó entonces la guerra.

Al derrotar al ejército austríaco en la Batalla de Kunersdorf y confiando en el continuado éxito británico contra Francia en el escenario de la guerra colonial, Prusia fue, al fin, capaz de forzar un statu quo ante bellum en el continente. Este resultado confirmó el papel principal de Prusia en los Estados alemanes y lo consolidó como una gran potencia europea.

1772, 1793, 1795: Particiones de Polonia

Por el este y el sur de Prusia, la República de las Dos Naciones se había ido debilitando gradualmente a lo largo del siglo XVIII. Preocupado por la creciente influencia rusa en los asuntos polacos y por una posible expansión del Imperio ruso, Federico participó en la primera partición de Polonia entre el Imperio ruso, Prusia y Austria en 1772 a fin de mantener el equilibrio de fuerzas. El reino de Prusia anexionó la mayoría de las provincias polacas de Prusia Real, incluida Varmia; al año siguiente, estas tierras anexionadas se organizaron como una provincia, la de Prusia Occidental. El nuevo dominio se ligó a Prusia Oriental, que anteriormente fue conocida como ducado de Prusia, con Pomerania, uniendo entre sí los territorios orientales del reino.

A la muerte de Federico en 1786, su sobrino Federico Guillermo II continuó interviniendo en las particiones, ganando una gran parte del oeste de Polonia en 1793.

En 1795, tras la tercera partición de Polonia, el reino polaco dejó de existir. Un gran territorio al sur de Prusia Oriental, incluida Varsovia, pasó a formar parte de Prusia. Estas nuevas adquisiciones se organizaron en las provincias de Nueva Silesia, Prusia del Sur y Nueva Prusia Oriental.

1806-1815: Guerras Napoleónicas y reforma del estado

Charles Meynier: Napoleón en Berlín. Después de la Batalla de Jena, el ejército francés entra en Berlín el 27 de octubre de 1806.
Karl von Hardenberg, uno de los reformadores del estado prusiano.

En 1806 fue abolido el Sacro Imperio Romano Germánico como resultado de las victorias de Napoleón Bonaparte sobre Austria. El título de Kurfürst (príncipe elector) de Brandeburgo ya no tenía sentido y se suprimió. Antes de eso, el soberano Hohenzollern había ostentado muchos títulos, desde el de Jefe de la Iglesia evangélica hasta el de rey, elector, gran duque y duque de varias regiones y reinos bajo su gobierno. Desde 1806, fue simplemente rey de Prusia.

Como consecuencia de la derrota prusiana en la batalla de Jena-Auerstedt en 1806, el rey Federico Guillermo III fue forzado temporalmente a huir a Memel. Después del Tratado de Tilsit en 1807, Prusia perdió casi la mitad de su territorio, incluidas las tierras ganadas en la Segunda y Tercera Particiones de Polonia (que ahora se reducía al Ducado de Varsovia) en las tierras al oeste del río Elba. Lo que quedaba del reino fue ocupado por las tropas francesas (pagando Prusia todos los gastos de su manutención) y el rey estuvo obligado a sellar una alianza con Francia y adherirse al Bloqueo Continental.

Estas derrotas puso en evidencia las debilidades del modelo del Estado absolutista prusiano y excluyó al reino del círculo de grandes potencias europeas. Era necesaria una racionalización de la administración con el fin de recobrar los márgenes presupuestarios pagando las reparaciones de guerra. Esta modernización de Prusia fue iniciada en 1807. Para este propósito, el estado prusiano tuvo que reformarse fundamentalmente para liderar y ganar una futura lucha de liberación. Con las reformas Stein-Hardenberg bajo la dirección de Freiherr vom Stein , Scharnhorst y Hardenberg , se rediseñó el sistema educativo, en 1807 la servidumbre de los campesinos se abolió y se introdujo en 1808 el autogobierno de las ciudades. En 1810, se introdujo la libertad de comercio. La reforma del ejército comenzó en 1813 con la introducción del servicio militar obligatorio general.

Tras la derrota de Napoleón en Rusia, Prusia se desvinculó de la alianza y participó del lado de la Sexta Coalición durante las "Guerras de Liberación" (Befreiungskriege) contra la ocupación francesa. Las tropas prusianas, bajo el mando del Mariscal Gebhard Leberecht von Blücher, contribuyeron de forma crucial en la batalla de Waterloo de 1815 a la victoria final sobre Napoleón.

Mariscal Blücher.
Ataque prusiano a Plancenoit.

Era de la restauración o periodo Vormärz

Confederación Germánica, instaurada tras el congreso de Viena, no suponía el estado unido que los alemanes deseaban.
Friedrich von Motz ministro prusiano de Finanzas, allanó el camino para el Zollverein, junto a su sucesor Karl Georg Maaßen.
I. (arriba) Divisiones aduaneras en Alemania antes de 1834.
II. (abajo) Zollverein a partir de su formación en 1834.

La recompensa de Prusia por contribuir a la derrota de Napoleón vino con el Congreso de Viena, en el que Prusia recuperó la mayor parte de los territorios perdidos e incluso ganó el 40 % del Reino de Sajonia y la mayor parte de Renania. Muchos de los territorios anexados en la Tercera Partición de Polonia fueron entregados a la Polonia del Congreso bajo el gobierno ruso.

A raíz de estas nuevas adquisiciones prusianas, el reino se reorganizó en diez provincias. La mayoría, aparte de las provincias de Prusia Oriental, Prusia Occidental y Posen, pasó a integrar la Confederación Germánica, que sustituyó al extinto Sacro Imperio Romano Germánico.

La cuestión alemana fue solucionada parcialmente tras la creación de la Confederación Germánica, federación flexible de los estados alemanes bajo la guía austríaca, que existió desde 1815 hasta 1866, de cual Prusia formó parte.

A diferencia de la mayoría de los otros estados alemanes, Prusia no creó un cuerpo representativo para el estado en su conjunto. En lugar de un Landtag para toda Prusia, solo se convocaron los consejos de condado. El gobierno real creía que podía prevenir más efectivamente las aspiraciones liberales de una monarquía constitucional y derechos democráticos de participación. Con el objetivo de combatir el liberalismo en Europa se forma la Santa alianza entre el rey Federico Guillermo III, el emperador austriaco y el Zar de Rusia.

En 1818 el gobierno prusiano suprimió los 67 distritos de aduaneros con que contaba y eliminó las aduanas interiores. El ideologo de esta reforma fue el economista Friedrich List. List combatió la doctrina de libre comercio en las relaciones exteriores y planteo el desarrollo industrial mediante la adopción de medidas proteccionistas. Aunque siguió siendo absolutista, inicio una liberalizacion que le granjeo prestigio entre la poblaciones germánicas[7]​.

Berlín en 1839

Sin embargo, los esfuerzos del Gobierno Real para combatir el liberalismo, la democracia y la idea de unificar a Alemania se vieron enfrentados a fuertes restricciones económicas. Debido a la división de su territorio la unificación económica de Alemania después de 1815 era del propio interés de Prusia. Por lo tanto, perteneció a los miembros fundadores de la Unión Aduanera de Alemania en 1834. La unión aduanera fue un impulso a la industrialización alemana, en especial de Prusia y en lo político preparo las bases para la unificación.

En Prusia las esperanzas liberales se vieron brevemente despertadas en 1840 por la llegada al trono el rey Federico Guillermo IV de Prusia, y por los pasos dados hacia la formación de la unión de las Dietas provinciales, que llegó a reunirse en abril de 1847; no obstante el debate de las reformas constitucionales, conexión previa para la concesión de fondos, provocó un punto muerto, y la Dieta se disolvió.

Revolución alemana de 1848-1849

Barricadas en Berlín 1848.
Ludwig von Elliott: Sesión del Parlamento Nacional (Paulskirche, Fráncfort del Meno), en junio de 1848.

Después de los levantamientos populares en el sudoeste de Alemania, la revolución finalmente llegó a Berlín el 18 de marzo de 1848. Federico Guillermo IV tuvo noticias de los acontecimientos revolucionarios en Austria, anunció su disposición a convocar un parlamento nacional, pero en los combates de los soldados y la multitud berlinesa, los primeros malinterpretaron las órdenes del rey de no disparar y estalló la lucha. Al no saber cómo resolver la situación, el rey trató de evitar una guerra civil ordenando la retirada de las tropas. La Dieta Unida se reunió una vez más para resolver la convocatoria de una Asamblea Nacional Prusiana. Al mismo tiempo que se reunía la asamblea prusiana, se llevó a cabo la Asamblea Nacional Alemana, que se iba a reunir en Fráncfort del Meno.

Caricatura sobre el rechazo de la corona imperial de la Asamblea Nacional por el rey Federico Guillermo IV

La Asamblea Nacional de Prusia recibió la tarea de trabajar con la Corona para elaborar una constitución con ella. No menos importante, la política constitucional de la Asamblea Nacional de Prusia condujo a una contrarrevolución, a la disolución de la asamblea y a la introducción de una constitución impuesta. Esto último distinguió a Prusia de Austria, donde la constitución fue abolida por completo. Aunque la constitución impuesta de Prusia conservó algunos puntos de la carta, restauró los privilegios centrales de la corona. En 1850 fue revisada nuevamente. Sobre todo, el sufragio de tres clases introducido en esta política determinó decisivamente la cultura política de Prusia hasta 1918.

En la Asamblea Nacional de Fráncfort, el punto de partida era una solución de la Gran Alemania. Un proyecto constitucional que incluía a Austria en el imperio germánico fue rechazado por Viena. Sin embargo, la democracia y la unidad alemana fracasaron en abril de 1849, cuando Federico Guillermo IV rechazó la corona imperial que le había propuesto la Asamblea Nacional. La revolución finalmente fue suprimida en el sudoeste de Alemania con la ayuda de las tropas prusianas.

En 1848, las acciones emprendidas por Dinamarca contra los ducados de Schleswig y Holstein llevaron a la Primera Guerra de Schleswig (1848-1851) entre Dinamarca y la Confederación Germánica, acabó con la derrota de la primera. No obstante, por presiones internacionales, Prusia fue forzada a consentir que Dinamarca se quedase con ambos ducados.

Como consecuencia de las Revoluciones de 1848, los principados de Hohenzollern-Sigmaringen y Hohenzollern-Hechingen fueron anexionados por Prusia en 1850.

La política de Prusia, con la Unión de Erfurt (1849/1850), un intento de Prusia por reemplazar la Confederación Alemana tuvo como consecuencia la crisis de otoño de 1850, Prusia tuvo que renunciar a la política de la Unión por la presión de Austria y Rusia en el llamado Tratado de Olmütz. La Confederación Alemana se activó nuevamente en el verano de 1851 en su antigua forma.

1849-1871: Era Reaccionaria, Nueva Era y las guerras germanas de unificación

Otto von Bismarck, primer ministro de Prusia.

Las esperanzas que una parte considerable de los liberales que se había puesto en la política de la Unión de Erfurt , que al menos había previsto la representación a nivel nacional, dieron paso a una "Era de la Reacción" abierta (en alemán: Reaktionsära). En particular, los años 1851-1857 son el punto culminante de la política reaccionaria interna en la Confederación Alemana. Sin embargo la era reaccionaria fue distinta en los diversos estados germanos. Mientras que Austria volvió a ser un estado absolutista con la abolición de la constitución, Prusia siguió siendo un estado constitucional. Incluso se aprobó una parte considerable del proyecto de constitución elaborado por la Asamblea Nacional de Prusia. En Prusia se llevó a cabo el constitucionalismo, pero continuó como una especie de contrapeso a su sistema burocrático-militar.

El final del tiempo de la reacción generalmente se establece en 1858 con el comienzo de la Nueva Era (Neue Ära) en Prusia (es decir, la transición de la regencia del impotente Federico Guillermo IV a Guillermo I ). El nuevo Regente intentó aplicar reformas convocando a un gobierno de coalición conservador-liberal. La nueva era de la política prusiana termina en 1862 con el nombramiento del primer ministro Bismarck.

Caricatura satírica que muestra la disputa entre Prusia y Austria por la hegemonía en la Confederación Germánica.

Guillermo I, que ya había asumido la regencia de su hermano Federico Guillermo IV, que no podía gobernar debido a una incapacidad mental, ascendió al trono prusiano en 1861. Con el ministro de Guerra, Roon, buscó una reforma del ejército, que proporcionara más horas de servicio y una mejora del ejército prusiano. Sin embargo, la mayoría liberal del Landtag prusiano, que estaba a cargo del presupuesto, no quería aprobar los fondos necesarios. Esto derivó en un conflicto constitucional, durante el cual el rey consideró la abdicación. Como último recurso, decidió en 1862, nombrar como primer ministro Otto von Bismarck. Este era partidario vehemente de la reivindicación de la autocracia real y gobernó durante años contra la Constitución y el Parlamento. Bismarck se comprometió a poner en práctica la reforma militar aun con la oposición de la mayoría de la Cámara de Diputados.

En 1862, Guillermo I eligió a Otto von Bismarck para el cargo de primer ministro de Prusia. Estaba determinado a unir los Estados Germanos bajo el dominio prusiano y, para ello, llevó a Prusia a tres guerras que culminaron con la consecución de este objetivo. Sabiendo que la corona prusiana solo podía ganar el apoyo popular cuando tomara la delantera en el movimiento de unificación alemana, Bismarck llevó a Prusia a tres guerras, que llevaron al rey Guillermo a ceñirse la corona imperial alemana.

Guerra de los ducados

Los prusianos toman la isla de Als .

La primera de ellas fue la Segunda Guerra de Schleswig (1864), que Prusia inició y ganó con la ayuda de Austria. El rey danés Cristián IX proclamó la anexión de los ducados de Schleswig y Holstein, territorios que venían causando constantes litigios entre Dinamarca y los Estados alemanes del norte por su posesión. Seguidamente, los ducados alemanes protestaron ante tal medida, entonces apelaron directamente a la Dieta de Fráncfort, recibiendo el apoyo de Austria y Prusia. El canciller de Prusia, Otto von Bismarck, convenció a Francisco José I de la Casa de Austria para defender juntos el Protocolo de Londres (1852). El 16 de enero de 1864 se firmó el acuerdo entre ellos. Bismarck lanzó un ultimátum a Dinamarca en el que exigía que la Constitución de noviembre debía ser abolida en 48 horas, lo cual fue rechazado por el gobierno danés.

Las fuerzas austriacas y prusianas cruzaron el río Eider, frontera entre Schleswig (al norte) y Holstein (al sur), el 1 de febrero de 1864, y la guerra fue inevitable. Dinamarca fue derrotada y entregó los ducados de Schleswig y Holstein a Prusia y Austria, respectivamente.

Los ducados fueron manejados inicialmente juntos en un condominio prusiano-austriaco . Después de la convención de Gastein de 1865 Schleswig cayó bajo el prusiano, Holstein bajo la administración austríaca, mientras que Austria vendió sus derechos del Ducado de Lauenburg a la corona prusiana.

Guerra austro-prusiana

Batalla de Königgrätz

Poco después del final de la guerra con Dinamarca, estalló una disputa entre Austria y Prusia sobre la administración y el futuro de Schleswig-Holstein. Pero su causa más profunda fue la lucha por la supremacía en la Confederación Alemana. Bismarck logró persuadir al rey Guillermo, de adoptar una solución beligerante.

La administración dividida de Schleswig y Holstein fue el motivo para la guerra austro-prusiana de 1866 (también conocida como la guerra de las Siete Semanas), en la que Prusia, aliada con el reino de Italia y varios Estados germanos del Norte, declararon la guerra al Imperio austríaco. La coalición comandada por Austria fue derrotada y algunos Estados germanos (el Reino de Hannover, el Electorado de Hesse, el Ducado de Nassau y la ciudad libre de Fráncfort) fueron anexionados a Prusia. Los territorios disputados de Schleswig y Holstein pasaron a estar bajo pleno dominio prusiano. Gracias a la adquisición de estos territorios fue posible la unión de Renania y Westfalia con el resto del reino. Fue entonces cuando Prusia alcanzó su mayor extensión, que mantuvo hasta su extinción como reino en 1918.

La Confederación Germánica fue sustituida en 1867 por la Confederación Alemana del Norte, bajo el dominio de Prusia, y con alianzas militares con los Estados germanos del Sur (excepto Austria). También Bismarck redactó la constitución que entró en vigor el 1º de julio de 1867. En esta constitución se declaraba Presidente de la confederación alemana del norte al Rey de Prusia y Bismarck como Canciller. A diferencia de la Confederación Germánica, la Confederación Alemana del Norte fue un verdadero Estado. Su territorio estaba comprendido por las partes de la Confederación Germánica que se encontraban al norte del Meno.

La unificación de Alemania ( Kleindeutschland) planeada por Bismarck estaba muy cerca de concretarse. Guillermo estaba decidido a conquistar el territorio de Austria, pero Bismarck le convenció para que abandonase la idea, ya que veía en Austria un valioso aliado futuro.

Guerra franco-prusiana

Batalla de Wissemburg.
Proclamación del Imperio alemán en Versalles 1871.

El acto final fue la guerra franco-prusiana (1870), en la que Bismarck forzó a Napoleón III de Francia a declarar la guerra a Prusia. Mediante la activación de las alianzas alemanas pactadas tras la guerra austro-prusiana, los Estados Germanos se unieron y derrotaron rápidamente a Francia. El conflicto marcó el estallido de la tensión entre las dos potencias, que se acrecentó tras el fracaso del proyecto de Napoleón III de anexar Luxemburgo, un evento que causó el final de una relación relativamente equilibrada con la Prusia de Otto von Bismarck. La tensión se hizo mayor debido a la creciente influencia, no tolerada por Francia, ejercida por los Estados alemanes en el sur del río Meno, y la dirección de Prusia ejercida dentro de la Confederación Alemana del Norte.

Esta victoria comandada por Prusia posibilitó la creación del Imperio alemán. Guillermo fue proclamado káiser el 18 de enero de 1871 (justo 170 años después de la coronación del primer rey prusiano, Federico I) en la Galería de los Espejos de Versalles, mientras la capital francesa todavía se encontraba asediada.

Por el Tratado de Fráncfort, Bismarck impuso una dura paz a Francia: le fueron arrebatadas las provincias de Alsacia y Lorena, ricas en minas de carbón y de hierro, además de imponérsele el pago de grandes sumas de dinero en concepto de reparaciones de guerra.

1871-1918: Apogeo y caída de Prusia

Guillermo II, último emperador de Alemania y rey de Prusia.
Karte Deutsches Reich, Verwaltungsgliederung 1900-01-01.png

Con el Imperio alemán encabezado por Prusia, Bismarck deseaba preservar la paz en Europa y para tal efecto actuó en el Congreso de Berlín. El nuevo Imperio alemán fortaleció aún más las buenas relaciones ya existentes con el Reino Unido (el káiser Federico III se casó con la hija primogénita de la reina Victoria del Reino Unido). Sin embargo, todo cambió con la muerte de Federico III en 1888 (después de solo 99 días en el trono) y la ascensión de su hijo de 29 años de edad, Guillermo II. El nuevo káiser rompió rápidamente las buenas relaciones con las familias reales británica y rusa y pasó a ser, primero su rival y, después, su enemigo.

Guillermo II destituyó a Bismarck en 1890 y puso en marcha una campaña de militarización e interferencia en la política exterior que produjo el aislamiento de Alemania. Un análisis incorrecto del conflicto austrohúngaro con Serbia por parte del káiser y los precipitados planes de movilización de varias naciones llevaron al desastre de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Como precio por su retirada de la guerra, los bolcheviques entregaron al Imperio alemán grandes regiones del oeste del Imperio ruso, algunas de ellas fronterizas con Prusia, según los términos del Tratado de Brest-Litovsk (1918). Sin embargo, el dominio alemán sobre esos territorios solo duró unos pocos meses a causa de la derrota sufrida por los efectivos militares alemanes y como consecuencia de la Revolución Alemana, que provocó la abdicación y el exilio del káiser.

El Tratado de Versalles, que consideraba a Alemania única responsable de la guerra, se firmó en la Galería de los Espejos de Versalles, el mismo lugar donde se había creado el Imperio alemán. Con la abdicación de Guillermo II en 1918, el Reino de Prusia dejó de existir y fue sustituido por el Estado Libre de Prusia.

Siglo XXI

Actualmente, la dinastía Hohenzollern permanece destronada y el reino de Prusia extinto. Pero la dinastía sigue existiendo, y el príncipe imperial Jorge Federico de Prusia es heredero legítimo al trono.

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