Reinado de Isabel II de España

España
Reino de España

Flag of Spain (1785-1873 and 1875-1931).svg

1833-1868

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Bandera Escudo
Bandera Escudo
Lema nacional: Plus Ultra
(en latín: ‘Más allá’)
Himno nacional: Marcha Real o Granadera
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Ubicación de España
Capital Madrid
Idioma oficial Español[nota 1]
Religión Catolicismo
Gobierno Monarquía constitucional
Reina
 • 1833-1868 Isabel II1
Presidente del Consejo de Ministros
 • 1834-1835 Francisco Martínez de la Rosa
 • 1868 José Gutiérrez de la Concha
Legislatura Cortes Generales
 • Cámara alta Senado
 • Cámara baja Congreso
Período histórico Siglo XIX
 •  Muerte de Fernando VII 1833
 •  Primera Guerra Carlista 1833- 1839
 •  Constitución de 1837 1837
 •  Regencia de Espartero 1840- 1843
 •  Constitución de 1845 1845
 •  Revolución de 1854 1854
 •  Bienio Progresista 1854- 1856
 •  Guerra de África 1859- 1860
 •  Revolución de 1868 1868
Moneda Real, Escudo
1Entre 1833 y 1843, dada la minoría de edad de Isabel II, la Regencia del Reino fue asumida por María Cristina de Borbón-Dos Sicilias ( 1833-1840) y por el general Baldomero Espartero ( 1840-1843).

El reinado de Isabel II es el período de la historia contemporánea de España comprendido entre la muerte de Fernando VII en 1833 y el triunfo de la Revolución de 1868, que obligó a la reina a marchar al exilio. Su reinado está dividido en dos grandes etapas: la minoría de edad (1833-1843) durante la que asumieron la regencia, primero, su madre María Cristina de Borbón-Dos Sicilias y, después, el general Baldomero Espartero; y el reinado efectivo que comienza con la declaración por las Cortes en 1843 de su mayoría de edad adelantada cuando sólo tenía trece años. A lo largo de su reinado se produjo la configuración del Estado liberal en España.

A la muerte de Fernando VII el 29 de septiembre de 1833, su esposa, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias asumió la regencia con el apoyo de los liberales, en nombre de su hija y futura reina, Isabel II. El conflicto con su cuñado, Carlos María Isidro de Borbón, que aspiraba al trono en virtud de una pretendida vigencia de la Ley Sálica —ya derogada por Carlos IV y el propio Fernando VII— llevaron al país a la Primera Guerra Carlista.

Tras la breve regencia de Espartero que sucedió a la regencia de María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, Isabel II fue proclamada mayor de edad con sólo trece años por resolución de las Cortes Generales en 1843. Así comenzó el reinado efectivo de Isabel II que suele dividirse en cuatro períodos: la década moderada (1844-1854); el Bienio Progresista (1854-1856); la etapa de los gobiernos de la Unión Liberal (1856-1863) y la crisis final (1863-1868).

El reinado de Isabel II se caracterizó por un intento modernizador de España que se vio contenido, sin embargo, por las tensiones internas de los liberales, la presión que siguieron ejerciendo los partidarios del absolutismo más o menos moderado, los gobiernos totalmente influidos por el estamento militar y el fracaso final ante las dificultades económicas y la decadencia de la Unión Liberal que llevaron a España a la experiencia del Sexenio Democrático. También influyó mucho en su reinado la personalidad de la reina Isabel sin dotes para el gobierno y presionada en todo momento por la Corte, especialmente por su propia madre, y también por los generales Narváez, Espartero y O'Donnell, lo que impidió que se consolidase el tránsito del Antiguo Régimen al Estado Liberal, por lo que España llegó al último tercio del siglo XIX en condiciones desfavorables respecto a otras potencias europeas.

Las Regencias de María Cristina y de Espartero

La Regencia de María Cristina de Borbón estuvo marcada por la guerra civil derivada del pleito sucesorio entre los partidarios de la futura Isabel II o "isabelinos" (o " cristinos" por el nombre de la regente) y los de Carlos María Isidro o " carlistas". Francisco Cea Bermúdez, muy próximo a las tesis absolutistas del difunto Fernando VII fue el primer Presidente del Consejo de Ministros. La ausencia de conquistas liberales forzó la salida de Cea y la llegada de Martínez de la Rosa quien convenció a la Regente para promulgar el Estatuto Real de 1834, una carta otorgada que no reconocía la soberanía nacional lo que suponía un retroceso frente a la Constitución de Cádiz de 1812, derogada por Fernando VII.

El fracaso de los liberales conservadores o "moderados" llevó al poder a los liberales progresistas en el verano de 1835. La figura más destacada de este periodo fue Juan Álvarez Mendizábal, político y financiero de gran prestigio que institucionalizó las "juntas revolucionarias" que habían surgido durante las revueltas liberales del verano e inició varias reformas económicas y políticas, entre las que destaca la desamortización que lleva su nombre que puso en venta los bienes de las órdenes regulares de la Iglesia católica. Durante el segundo gobierno progresista presidido por José María Calatrava y con Mendizábal como hombre fuerte en la cartera de Hacienda, se aprobó la nueva Constitución de 1837 en un intento por conjugar el espíritu de la Constitución de Cádiz y lograr el consenso entre los dos grandes partidos liberales, moderados y progresistas.

La Guerra Carlista generó graves problemas económicos y políticos. La lucha contra el ejército del carlista Tomás de Zumalacárregui, alzado en armas desde 1833, obligó a la Regente a depositar buena parte de su confianza en los militares cristinos que alcanzaron gran renombre entre la población. De ellos destacó el general Espartero quien fue el encargado de certificar la victoria final en el Convenio de Oñate, más conocido como el Abrazo de Vergara.

En 1840, María Cristina, consciente de su debilidad, trató de llegar a un acuerdo con Espartero, pero éste se puso del lado de los progresistas cuando el 1 de septiembre estalló la "revolución de 1840" en Madrid. Entonces María Cristina se vio obligada a abandonar España y dejar la Regencia en manos de Espartero el 12 de octubre de 1840.

Durante la Regencia de Espartero el general no supo rodearse del espíritu liberal que le había llevado al poder, y prefirió confiar los asuntos más importantes y trascendentales a los militares afines, llamados ayacuchos por la falsa creencia en que Espartero había estado en la Batalla de Ayacucho. De hecho, el general Espartero fue acusado de ejercer la Regencia en forma de dictadura.

Por su parte, los conservadores representados por Leopoldo O'Donnell y Narváez no cesaron en sus pronunciamientos. En 1843 el deterioro político se acentuó y hasta los liberales que le habían apoyado tres años antes, conspiraban contra él. El 11 de junio de 1843 la sublevación de los moderados fue también arropada por los hombres de la confianza de Espartero como Joaquín María López y Salustiano Olózaga, lo que obligó al general a abandonar el poder y marchar al exilio en Londres.

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