Regla de oro (ética)

La justicia, por Bernard d'Agesci. En una mano lleva su símbolo (la balanza) y en la otra un libro con los textos: Dieu, la Loi, et le Roi ("Dios, la Ley y el Rey") y Ne faites pas aux autres ce que vous ne voulez pas que vous soit faite ("No hagas a los otros lo que no quieres que te sea hecho").

Regla de oro o ley de oro[6]

La regla de oro no consiste en la afirmación de determinadas conductas o en la imposición de valores afirmativos o positivos (como sucede en las doctrinas dogmáticas), sino que preconiza una dinámica de relaciones intersubjetivas basada en el sentido común y en el principio de no agresión.

La primera enunciación escrita de la regla de oro se encuentra en un texto narrativo del Imperio Medio egipcio llamado Historia del campesino elocuente. En el griego Epicuro la regla de oro se entiende como ética de la reciprocidad:[9] en el que la regla de oro está incluido como un mandamiento para las relaciones interpersonales en ausencia de empatía: Respete al otro como a ti mismo!

George Bernard Shaw (1898) estableció una evidente precaución a la aplicación de la Regla de Oro en sentido activo o positivo: no hagas a otros lo que quisieras que te hagan a ti. Sus gustos pueden no ser los mismos.[10]

Formulaciones pasivas o activas de la regla en distintas religiones

En la mayoría de las formulaciones, la regla de oro toma una forma pasiva o negativa, como la expresada en el judaísmo (lo que es odioso para ti, no se lo hagas al prójimo),[17]

En la cultura occidental cristiana, las fórmulas más divulgadas son dos frases de Jesús en que cita explícitamente la ley judía antigua: amarás a tu prójimo como a ti mismo... todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas;[18] y un pasaje más extenso:

Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; (...) como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo. Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores prestan a los pecadores, para recibir otro tanto. Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada (...) Sed, pues, misericordiosos.[19]

Un hadiz islámico dice: ninguno de vosotros habrá de completar su fe hasta que quiera para su hermano lo que quiere para sí mismo.[20]

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