Reformas de los Gracos

Las reformas de los Gracos son unas serie de leyes y propuestas hechas en los años 133, 123 y 122 a. C. por los hermanos Tiberio Sempronio Graco y Cayo Sempronio Graco, de la familia de los Gracos. Eran hijos del general y estadista Tiberio Sempronio Graco y de Cornelia, de la familia de los Escipiones.

Los hermanos Graco obtuvieron durante este periodo el cargo de tribuno de la plebe, desde cuya magistratura pudieron elaborar y proponer una serie de leyes que iban a favorecer a:

  • La plebe urbana.
  • Los itálicos que no tenían la ciudadanía romana.
  • Los caballeros (orden ecuestre).

Las leyes iban en detrimento de la clase aristocrática, los llamados optimates (palabra que significa «bueno entre los buenos»), que constituían la mayoría del Senado. Así pues se organizaron dos partidos con intereses económicos y políticos distintos:

  • Partido de los populares, encabezado por los hermanos Gracos; los populares se aproximaron a los verdaderos problemas que soportaba la República, planteándolos a través de los tribunos de la plebe y con el apoyo de los jefes militares cuyos ejércitos se encontraban en la condición de ciudadanos pobres. Recurrieron a la violencia en múltiples ocasiones, lo mismo que sus opositores. Sus peticiones fueron:
    • Distribución de tierras a la plebe urbana.
    • Distribución de tierras a los soldados licenciados.
    • Asentamiento de los soldados licenciados en las colonias.
    • Concesión de la ciudadanía romana a latinos e itálicos.
    • Derecho de los caballeros a formar parte de los tribunales que juzgaban los delitos o abusos de los magistrados romanos contra los habitantes de las provincias.
  • Partido de los optimates, constituido por la clase aristocrática o ciudadanos de los primeros órdenes. Tenían grandes intereses que defender, tanto políticos como económicos. Reaccionaron violentamente ante las nuevas leyes presentadas por los populares a través de los hermanos Gracos. En el año 121 a. C., y después de múltiples revueltas y enfrentamientos entre los dos partidos, el Senado autorizó al cónsul Lucio Opimio para que tomase medidas cualesquiera, dentro o fuera de la ley, para terminar con la política seguida por Cayo Sempronio Graco. Como consecuencia, muchos de los seguidores de Cayo fueron asesinados y el mismo Cayo se suicidó. Tales hechos se consideran muy graves en la historia de Roma pues según la tradición y la ley, se cometía sacrilegio cuando se tocaba a un tribuno de la plebe y se prohibía dar muerte a cualquier ciudadano romano antes de que éste pudiera recurrir al pueblo.

El estado de la agricultura antes de los Gracos

La Italia rústica de los agricultores directos (aquellos medianos y pequeños propietarios que en su día proporcionaron los mejores soldados para derrotar a Aníbal Barca) estaba llegando a la ruina porque venía al mercado trigo de las posesiones en el extranjero: Sicilia, Cerdeña, Hispania y África. Este trigo se vendía a precios muy bajos con los que era muy arduo competir, lo que hacía la mayoría de ellos era vender sus fincas.

Existía todavía en tiempos de los Gracos una ley promulgada en el año 220 a. C. que prohibía a los senadores el uso del comercio como negocio, por lo tanto todo el dinero que éstos pudieran acumular lo venían invirtiendo en la agricultura, en aquellas fincas detalladas en el párrafo anterior, cuyos propietarios no podían competir con los precios del grano que llegaba de fuera. Los senadores ricos compraban más de una finca y sumadas todas ellas se iban convirtiendo en propiedades de latifundios.

Por otro lado, existían otras tierras de labranza que en su origen habían pertenecido a agricultores enemigos de Roma. Roma las había confiscado y después se las había concedido a especuladores con los que estaba en deuda porque en alguna ocasión habían prestado dinero al Estado. Con esta concesión el Estado les podía pagar. Eran las parcelas llamadas ager publicus, adquiridas por derecho de conquista o por expropiación como represalia o castigo.

Así pues los senadores y los especuladores se iban adueñando de las tierras agrícolas de Italia. Pero ni los unos ni los otros eran campesinos, no les gustaba vivir en el campo sino en la ciudad, por lo tanto esos latifundios adquiridos los daban en arriendo a un administrador que, ayudado por esclavos, trataba de sacar el máximo rendimiento al suelo, para sí mismo y para el dueño del terreno.

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