Reforma Universitaria de 1918

Célebre fotografía de los estudiantes cordobeses izando la bandera de la Federación Universitaria de Córdoba, en el frontispicio del antiguo edificio de la Universidad de Córdoba.
Representación teatral callejera de la Reforma Universitaria de 1918, utilizando el texto del Manifiesto liminar.

La Reforma Universitaria de 1918, Reforma Universitaria de Córdoba, Reforma Universitaria de Argentina, Grito de Córdoba, o simplemente Reforma Universitaria, fue un movimiento de proyección latinoamericana para democratizar la universidad y otorgarle un carácter científico, que se inició con una rebelión estudiantil en la Universidad Nacional de Córdoba de Argentina que se extendió entre marzo y octubre de 1918, durante el cual se produjeron violentos enfrentamientos entre reformistas y católicos. Su fecha simbólica es el 15 de junio de 1918, momento en el cual los estudiantes irrumpieron en la Universidad para impedir que se consumara la elección del rector y declararon una segunda huelga general. Tuvo su pico culminante el 9 de septiembre cuando la Federación Universitaria de Córdoba asumió la dirección de la Universidad y el gobierno ordenó al Ejército reprimir la ocupación. Durante el curso del conflicto y a pedido de los estudiantes, el presidente Hipólito Yrigoyen intervino dos veces la Universidad para que se reformaran los estatutos y se realizaran nuevas elecciones de sus autoridades. La revuelta estudiantil cordobesa tuvo su expresión en el célebre Manifiesto liminar de la Federación Universitaria de Córdoba, redactado por Deodoro Roca y titulado "La Juventud argentina de Córdoba a los Hombres Libres de Sudamérica", que finaliza diciendo:

La juventud ya no pide. Exige que se le reconozca el derecho a exteriorizar ese pensamiento propio en los cuerpos universitarios por medio de sus representantes. Está cansada de soportar a los tiranos. Si ha sido capaz de realizar una revolución en las conciencias, no puede desconocérsele la capacidad de intervenir en el gobierno de su propia casa.

Manifiesto liminar, 21 de junio de 1918.

El movimiento se extendió de inmediato a las demás universidades del país, impulsado principalmente por el movimiento estudiantil organizado en la recién creada Federación Universitaria Argentina (FUA), y a varias universidades de América Latina, produciendo reformas en los estatutos y leyes universitarias, que consagraron la autonomía universitaria, el cogobierno (que estableció la participación de los estudiantes en la gestión de las universidades), la extensión universitaria, la periodicidad de las cátedras, los concursos de oposición y la gratuidad de la enseñanza universitaria. Desde un inicio la Reforma Universitaria se percibió a sí misma como un movimiento político-pedagógico permanente, de vocación latinoamericana y antiimperialista. Muchas de esas reformas tardaron décadas en ser establecidas y otras aún permanecen como objetivos a alcanzar.[2]

La Reforma Universitaria dio origen a una amplia tendencia del activismo estudiantil, aún existente, integrada por agrupaciones de diversas vertientes ideológicas, que se definen como reformistas. La utopía juvenil del 18 anticipó en medio siglo al "Mayo francés" de 1968 y otros movimientos juveniles de la década de 1960.

Contexto

En 1916 el radical Hipólito Yrigoyen fue elegido presidente de la Nación, convirtiéndose en el primer presidente democrático de la historia argentina, poniendo fin a 42 años ininterrumpidos en el gobierno del Partido Autonomista Nacional (conservador) para dar inicio a un gobierno que extendió los derechos hacia los sectores populares y la clase media.

En 1916 asumió en Argentina el primer gobierno democrático (sufragio obligatorio y secreto masculino) liderado por el presidente Hipólito Yrigoyen de la Unión Cívica Radical (UCR). La UCR había surgido dos décadas y media antes contra lo que denominaban "el régimen", un sistema virtualmente de partido único, caracterizado como "república oligárquica", dominado por el Partido Autonomista Nacional o "roquismo" y sostenido en el fraude electoral que permitía el voto cantado, que había gobernado durante cuarenta y dos años.[4]

Durante la etapa de la República oligárquica (1874-1916) la Argentina había tenido una profunda transformación económica y social, que no se había reflejado en su transformación política. Simultáneamente con la hegemonía mundial lograda por el Imperio Británico luego de la Segunda Guerra del Opio (1856-1860), Argentina se organizó económicamente para producir en las pampas los alimentos (carne y cereales) que precisaba la enorme clase obrera formada en las urbes industriales inglesas. Para ello, Argentina emprendió una guerra de conquista contra los pueblos indígenas que habitaban en la Patagonia, conocida como la Conquista del Desierto (1878-1885) que triplicó el territorio nacional volviéndola el octavo país más extenso del mundo, e inició una política de inmigración masiva, que permitió que su población creciera cinco veces más rápido que la población mundial. La población argentina, que representaba el 0,13 % de la población mundial en 1869, pasaría a representar el 0,55 % en 1930, proporción en la que, aproximadamente, se estabilizaría desde entonces.[5]

El vertiginoso crecimiento económico y demográfico de la Argentina, se vio socialmente y regionalmente limitado por el régimen impuesto por el roquismo, que concentró la riqueza en un pequeño número de personas (alrededor de mil familias) propietarias de la tierra, conocidas como "los estancieros", famosos mundialmente por sus palacios y vida dispendiosa.[7]

En las décadas de 1890 y 1900 las tensiones sociales aumentaron. Políticamente se produjeron tres grandes sublevaciones armadas contra el fraude electoral (1890, 1893 y 1905), que originaron y caracterizaron el perfil intransigente de la Unión Cívica Radical. Socialmente aparecieron los sindicatos, las huelgas, las centrales obreras y las primeras masacres obreras, especialmente la masacre del 1 de mayo de 1909. El descontento social también se extendía entre los pequeños propietarios y arrendatarios rurales, afectados por los grandes latifundistas, que en 1912 protagonizaron un levantamiento general conocido como Grito de Alcorta.

En ese clima de alto conflicto político y sindical, en 1910 asumió la presidencia de la Nación Roque Sáenz Peña, líder del ala "modernista" del Partido Autonomista Nacional. A poco de ser elegido, Sáenz Peña se reunió con el líder de la UCR Hipólito Yrigoyen, y acordaron terminar con el voto cantado que permitía el fraude y establecer un sistema electoral basado en el voto secreto y obligatorio de los varones (las mujeres quedarían excluidas hasta 1947). Dos años después el acuerdo se cumplió, cuando el Congreso Nacional aprobó la Ley Sáenz Peña. En 1916 se realizaron las primeras elecciones presidenciales libres de la historia argentina, triunfando la Unión Cívica Radical con la candidatura de Hipólito Yrigoyen. Desde entonces ningún partido conservador volvería a ganar elecciones en la Argentina durante el curso del siglo XX.

La presidencia de Yrigoyen cambió considerablemente la composición social de la élite gobernante. Tuvo el perfil de un gobierno "plebeyo", acusado por el establishment que había gobernado hasta ese momento, de estar integrado por "personas sin apellido".[15]

Gabriel del Mazo, uno de los líderes del movimiento estudiantil argentino en 1918 e historiador principal de la Reforma Universitaria, subraya el componente político-social de la rebelión de 1918 con estas palabras:

Los estudiantes reformistas eran tildados por los hombres defensores de la vieja universidad de ateos en el orden religioso, unitarios en el orden político, demagogos en el orden universitario y chusma en el orden social.