Reflejos en un ojo dorado

Reflejos en un ojo dorado (Reflections in a Golden Eye) es una película de Estados Unidos del año 1967, dirigida por John Huston y protagonizada por Elizabeth Taylor, Marlon Brando y Brian Keith.

Sinopsis

El argumento de la película está ambientado en un cuartel del Ejército de los E.U. en el sur de América del presente. El comandante Weldon Penderton parece un hombre felizmente casado a Leonora, una señora bonita y caprichosa. Entre los bastidores que le dan la disciplina estricta militar y una vanidad varonil de lo grotesco, Penderton tiene dudas penosas sobre su identidad sexual. En una caja secreta guarda cosas que son recuerdos de encuentros excitantes con otros hombres. Entre esas está una cuchara de plata, que le ha robado al capitano Weincheck, un marginado del cuerpo de oficiales. Cuando Penderton cesa en su interés por ello, se preocupa de que Weincheck abandone el ejército.

Lo que se hace muy evidente en el curso de argumento es que Leonora tiene rasgos sádicos aparte de su encanto – se venga por la indiferencia sexual de su hombre en burlas de su impotencia. El mismo tiempo, tiene una aventura con el coronel Morris Langdon. La muyer suya, Alison, una señora artística y sensible, queda por perturbada; le gusta más entretenerse con su criado filipino Anacleto por su creatividad y manera poco convencional. Es ella quien discubre la infidelidad de su hombre.

Además, el cabo Williams acierta a injerirse en esta constelación explosiva. Es un tipo impenetrable y solitario, quien trabaja por Leonora como mozo de cuadra. Debido al costumbre de Williams – lo que es ir a los caballos no ensillados de Leonora por la selva en cueros –, es inevitable que llama la atención de Penderton. Lo que no sabe es que el interés de Williams se limita a Leonora; por eso, Williams anda alrededor de la casa a hurtadillas, aun entrando el dormitorio de ella, donde olfatea la perfuma y las ropas y furtivamente observa a la mujer durmiente por horas.

La crítica rebuscada de su varonilidad y de su mal estílo de cabalgar le dan un deseo obsesivo a Penderton que monte el garañón obstinado de Leonora, así sometiéndolo. Cuando el garañón le despeña, se desconcierta por entero y, haber apaleado el caballo, acaba por una crisis nerviosa. Williams, testigo de la escena, le quita el caballo herido, volviendo a la cuadra. Cuando Leonora se entera de lo que Penderton ha hecho, le da golpes en la cara con una fusta en una fiesta pública.

Visitando un boxeo con Leonora y Morris, se produce un contacto de miradas entre Penderton y Williams, lo que Penderton glosa como homoerótico. Luego empieza a ir tras Williams, pero no se atrieve a perseguirlo hasta el cuarto suyo. Penderton recoge un papel de envolver, lo que Williams ha desechado con descuido, añadiéndolo a su caja secreta.

El mismo tiempo, la vecina Alison ve a un hombre en el jardín, quien a oscuras cree por Morris. Corre a la casa de Penderton y le entera que Leonora está en un lío con Morris. Según Penderton no lo cree, teniéndola por perturbada como los demás, Alison misma entra el dormitorio de Leonora. Lo que discubre, no es su hombre, pero Williams, quien ha vuelto a colarse para observar a Leonora. Después de que Williams ha huido, Alison vuelve a casa y, enterando a su hombre de que su amante le engaña, pide el divorcio. A lo cual, Morris interna a su mujer a una clínica de nervios, donde muere de un infarto.

Penderton acaba por atestiguar como Williams anda por el jardín nocturnal. Sentado en la cama, espera a Williams con el deseo que sea mismo el objetivo de esos anhelos. Pero este deseo se pierde, cuando Williams no entra el dormitorio de Penderton, pero de la Leonora durmiente. Eso pone Penderton tan celoso que fusile a el amante por no apoderarlo.

Other Languages