Reconquista

Reconquista
La Rendición de Granada - Pradilla.jpg
La rendición de Granada, obra de Francisco Pradilla, representa la entrega de las llaves de la ciudad de Granada por el rey musulmán Boabdil a la reina Isabel I de Castilla y al rey Fernando II de Aragón.
Fecha722-1492 (770 años)
LugarPenínsula ibérica
Casus belliInvasión musulmana de la península ibérica en el siglo VIII
ResultadoVictoria cristiana y control de los territorios en disputa.

Se denomina Reconquista al período en la historia de la Península Ibérica de aproximadamente 780 años entre la conquista omeya de Hispania en 711 y la caída del Reino nazarí de Granada ante los reinos cristianos en expansión en 1491. La conquista completa de Granada fue el contexto de los viajes españoles de descubrimiento y conquista de América, el "Nuevo Mundo", que iniciaron la era de los imperios coloniales españoles y portugueses. Colón obtuvo el apoyo real en Granada en 1492, meses después de su conquista.

La historiografía tradicional ha marcado el comienzo de la Reconquista con la Batalla de Covadonga (718 o 722), la primera victoria conocida en las fuerzas militares cristianas en Iberia desde la intervención militar de 711 en Iberia de las fuerzas combinadas árabe-bereber. En esa pequeña batalla, un grupo liderado por el noble Pelayo derrotó a una patrulla musulmana en las montañas del norte de Iberia y estableció el reino cristiano independiente de Asturias. Terminó con la conquista del emirato de Granada, el último estado musulmán en la península, en 1491.

Después de 1491, toda la península fue controlada por gobernantes cristianos. La conquista fue seguida por el Edicto de Granada (1492) que expulsó a los judíos que no se convertirían al cristianismo de Castilla y Aragón, y una serie de edictos (1499-1526) que forzaron las conversiones de los musulmanes en España. Desde mediados del siglo XIX, la idea de una "reconquista" se arraigó en España asociada a su creciente nacionalismo y colonialismo.[1]

El término «Reconquista»: historiografía y tradición

Desde los primeros instantes, la Reconquista constituyó, por parte de los distintos reinos y señoríos surgidos en el aislamiento del norte montañoso de la Península, un verdadero proceso restaurador y liberador, no solo del territorio, sino de la numerosa población cristiana hispano-visigoda (mozárabes)[3]​ Sin embargo, algunos académicos[4]​ han manifestado que el término podría ser inexacto, pues los reinos cristianos que «reconquistaron» el territorio peninsular se constituyeron con posterioridad a la invasión islámica, a pesar de los intentos de estas monarquías por presentarse como herederas directas del antiguo reino visigodo. Se trataría más bien de un afán de legitimación política de estos reinos, que de hecho se consideraban reales herederos y descendientes de los visigodos, así como de un intento por parte de los reinos cristianos de justificar sus conquistas al considerarse herederos de los reyes visigodos.

El término parecería asimismo confuso, más aún, considerando el hecho de que tras el derrumbe del Califato (a comienzos del siglo XI), los reinos cristianos optaron por una política de dominio tributario –parias– sobre las taifas en lugar de por una clara expansión hacia el sur; o las pugnas entre las diferentes coronas –y sus luchas dinásticas–, que solo alcanzaron acuerdos de colaboración contra los musulmanes en momentos puntuales.

Sin embargo, la temprana reacción en la cornisa cantábrica en contra del islam (recordemos que Don Pelayo rechazó a los sarracenos en Covadonga apenas siete años después de que atravesaran el estrecho de Gibraltar), e incluso su rechazo del territorio actualmente francés después de la Batalla de Poitiers del año 732, pueden sustentar la idea de que la Reconquista sigue casi inmediatamente a la conquista árabe. Incluso, «gran parte de dicha cornisa cantábrica jamás llegó a ser conquistada»,[5]​ lo cual viene a justificar la idea de que la conquista árabe y la reconquista cristiana, de muy diferente duración (muy corta la primera y sumamente larga la segunda), se superponen, por lo que podría considerarse como una sola etapa histórica, sobre todo si tenemos en cuenta que la batalla de Guadalete, la primera batalla por defender el reino visigodo en el año 711, marca el inicio de la invasión musulmana. En el Siglo de Oro hubo poetas que definían y denominaban a los españoles como «godos» (como dijo Lope de Vega: «eah, sangre de los godos»)[7]

Historiografía de la Reconquista

En su España invertebrada (1922), José Ortega y Gasset, desde la filosofía, afirmaba que «Un soplo de aire africano los barre [a los visigodos] de la Península (...) Se me dirá que, a pesar de esto, supimos dar cima a nuestros gloriosos ocho siglos de Reconquista. Y a ello respondo ingenuamente que yo no entiendo cómo se puede llamar reconquista a una cosa que dura ocho siglos»[9]​»

En 1965 los historiadores Marcelo Vigil y Abilio Barbero de Aguilera propusieron que los pueblos del norte peninsular presentaban en la Alta Edad Media un bajo nivel de romanización y cristianización. Según estos autores, estos pueblos, que habían resistido tanto a romanos como visigodos, rechazarían del mismo modo la invasión árabe. Teniendo esto en cuenta, estos autores afirmaron que: «el fenómeno histórico llamado reconquista no obedeció en sus orígenes a motivos puramente políticos y religiosos (...). Debió su dinamismo a ser la continuación de un movimiento de expansión de pueblos que iban alcanzando formas de desarrollo económico y social superiores»[13]​.

Escritores como Ignacio Olagüe Videla, en La revolución islámica en Occidente (1974), consideran que la invasión militar árabe es un mito y sostienen que la creación de Al-Ándalus fue el resultado de la conversión de gran parte de la población hispana al islam[15]​ La obra de Olagüe ha sido calificada de «historia ficción» y rechazada en círculos académicos.[16]​La arqueología y los textos antiguos desmienten esta teoría, ya que son abundantes las fuentes clásicas y los restos arqueológicos que prueban que la conquista islámica fue violenta, con numerosas batallas y asedios, donde poblaciones enteras fueron exterminadas por los ejércitos islámicos, como fueron los casos de Zaragoza o Tarragona en la Conquista del norte, asimismo tanto en fuentes cristianas, como musulmanas aparecen numerosas citas acerca de los elevados impuestos especiales que han de pagar solo los no musulmanes, como la gizya, harag así como leyes que tratan en condiciones de inferioridad a los no musulmanes.

Los medievalistas franceses Charles-Emmanuel Dufourcq y Jean Gautier-Dalché, en su obra La España cristiana en la Edad Media (1983) califican al proceso de conflictos entre cristianos y musulmanes como reconquista[17]​:

Entre los siglos VIII y XV, la historia de la Península Ibérica es en gran parte la historia de la lucha contra los musulmanes a cargo de estos núcleos preislámicos que no habían sido sometidos o que habían escapado pronto a su dominio: núcleos que se consolidaron poco a poco como Estados, recibiendo cada uno un nombre particular. Por el contrario, sus habitantes llamaron Spania a toda la zona —cualquiera que fuese su variable extensión— que el islam dominaba; los árabes, por su parte, la designaban con el nombre de Al-Andalus. La lucha entre ambas partes de la Península —es decir, la cristiana, fragmentada, y la musulmana, tan pronto unida como desmenuzada en diversos reinos— se convirtió en la reconquista: se entiende, reconquista de la parte musulmana por los cristianos.

Charles-Emmanuel Dufourcq y Jean Gautier-Dalché, La España cristiana en la Edad Media (1983)[17]

Derek William Lomax, escritor e hispanista británico, especializado en la literatura medieval española, escribió en su libro La Reconquista (1984)[18]​:

La Reconquista es un marco conceptual utilizado por los historiadores. Pero, a diferencia del concepto de Edad Media, no se trata de un concepto artificial. Por el contrario, la Reconquista fue una ideología inventada por los hispano-cristianos poco después del año 711, y su realización efectiva hizo que se mantuviera desde entonces como una tradición historiográfica, convirtiéndose también en objeto de nostalgia y en un cliché retórico de los publicistas tanto tradicionales como marxistas.[18]

El catedrático arabista Serafín Fanjul, en sus libros “Al-Andalus contra España” (2000) y "La quimera de Al-Andalus" (2004), desmonta los mitos de una invasión poco violenta, la idealización de la convivencia de culturas o religiones en Al-Ándalus y usa el término reconquista, entendiéndolo como la recuperación por parte de las comunidades cristianas del territorio previamente cristiano invadido por los musulmanes. En “Al-Andalus contra España” Fanjul afirma: «Pero será en el reinado de Alfonso III (866-911) y al socaire de la incipiente reconquista, cuando la Crónica profética anuncie ya la vuelta del reino de los godos y la recuperación de todo el suelo de España bajo la égida del mismo rey»[19]​.

Eloy Benito Ruano, historiador medievalista español, escribió en el año 2002: «Exaltada en general su valoración a lo largo de los siglos, tanto por su propia cronística como por la simple intuición de la masa española, esta versión ha venido siendo objeto de un generalizado en ingenuo (sincero) "patriotismo", por lo general perfectamente lícito». Sobre las reacción en contra de la visión tradicional de la Reconquista opina que no son argumentos válidos ni la larga duración del proceso, ochocientos años, ya que otros fenómenos de la historia han sido igual de largos, ni la supuesta ausencia de una ideolgía reivindicadora en la élite, ya que estuvo presente por escrito a partir de la Crónica albeldense (año 833), ni la falta de continuidad en el proceso, ya que el espíritu de confrontación según su opinión siempre estuvo presente. Eloy cita a la historiadora franco belga Adeline Rucquoi «La Reconquista es una realidad y tiene su historia»[9]​.

Valdeón Baruque, medievalista y catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Valladolid define la Reconquista en su obra El concepto de España (2006) como «recuperación»:

El término «Reconquista», como es sabido, se refiere a la actividad militar desarrollada por los combatientes cristianos a lo largo de los diversos siglos de la Edad Media, con la finalidad de recuperar todos aquellos territorios que cayeron, durante las primeras décadas del siglo VIII, en poder de los invasores musulmanes procedentes de las tierras occidentales del norte de De hecho, con la excepción de los territorios situados al otro lado de la Cordillera Cantábrica y de los montes Pirineos, el resto de la península Ibérica, así como las tierras adyacentes (islas Baleares), habían sido ocupadas con una gran facilidad por los ejércitos islamitas. De todos modos, el término «Reconquista», que quiere decir recuperación, y no descubrimos con ello ningún secreto, solo es aplicable al ámbito de la España cristiana y no tiene ninguna relación con lo sucedido en aquellos tiempos en los territorios de al-Andalus.

Julio Valdeón Baruque, La Reconquista: El concepto de España (2006)[5]

El historiador Domínguez Ortiz, en su trabajo España. Tres milenios de historia (2013) explica lo dilatado del proceso con una falta de solidaridad del mundo cristiano en la causa peninsular frente a los musulmanes: «La Conquista y posterior Reconquista (...) cuatro años de Conquista, seis siglos de Reconquista. (...) una disimetría tan llamativa ha de buscarse no sólo en la diversa actitud de las poblaciones concernidas, sino en una mayor solidaridad de los musulmanes a uno y otro lado del Estrecho frente a la ayuda muy escasa (...) que a la España cristiana llegó a través de los pasos pirenaicos»[20]​.

Los medievalistas García de Cortázar y Sesma Muñoz señalan la Reconquista en su trabajo Manual de Historia Medieval (2014) como: «Entendido como un proceso de colonización, la Reconquista fue resultado de una combinación de estímulos demográficos, económicos, ideológicos, políticos y militares, y se desarrolló entre comienzos del siglo XI y finales del XIII»[21]​.

El medievalista español Ladero Quesada opina sobre el término reconquista que, aunque la palabra comenzó a usarse a comienzos del siglo XIX, ya existía una ideología afín a este concepto empleada por las monarquías de los reinos medievales cristianos en su avance peninsular[22]​:

Aunque la palabra «reconquista» es un neologismo, difundido en los primeros decenios del siglo XIX, el concepto ha sido un núcleo principal de interpretación de la historia española, desde el siglo XII, e incluso antes, hasta tiempos recientes. (...) el concepto de recuperación/restauración fue el motor ideológico y el elemento de propaganda más importante de los utilizados por los dirigentes de los reinos de España en los siglos medievales, y, segundo, que, evidentemente, las guerras de conquista, los procesos de colonización y la condición de tierras de frontera marcaron durante siglos la realidad de aquellos reinos.

Miguel Ángel Ladero Quesada, La formación medieval de España, 2014 [22]

Y en su obra Lecturas sobre la España histórica (1998) Ladero sentencia[23]​:

«Actualmente, muchos consideran espurio el término Reconquista para describir la realidad histórica de aquellos siglos, y prefieren hablar simplemente de conquista y sustitución de una sociedad y una cultura, la andalusí, por otra, la cristiano-occidental; pero aunque esto fue así, también lo es que el concepto de Reconquista nació en los siglos medievales y pertenece a su realidad en cuanto que sirvió para justificar ideológicamente muchos aspectos de aquel proceso».

Miguel Ángel Ladero Quesada Lecturas sobre la España histórica (1998) p.334[23]

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La Hispania visigoda en el momento de la invasión musulmana, durante la guerra civil
Hispania 721 d. C. una vez finalizada la conquista musulmana de los últimos reyes Visigodos Cristianos de Narbona.

Manuel González, historiador español señaló en 2005: «La Reconquista en manos de unos y de otros se había convertido en un tópico retóricamente exaltado y objeto de culto o en uno de esos conceptos que había que extirpar y combatir. Creo que ambas posturas son igualmente erróneas, porque ambas adolecen del mismo defecto: el de reducir la enorme complejidad del hecho histórico de la Reconquista a una sola de sus múltiples facetas». Y sentencia: «La idea de reconquista, a despecho de modernas teorías y hasta el descrédito que en determinados círculos académicos e intelectuales haya podido tener o tenga, sigue en pie»[24]​.

Federico Ríos Saloma, doctor en Sociedad y cultura medieval, afirma en un artículo publicado en 2008 que el concepto de reconquista apareció por primera vez en 1646 en la obra Histórica relación del Reyno de Chile y de las misiones y ministerios que exercita la Compañía de Jesús. Aunque reconoce que en la Crónica Profética del año 883 ya se plantea un deseo de expulsión de los musulmanes de la Península Ibérica, opina que el proyecto de Alfonso III tenía más un carácter más restaurador que de recuperación. Federico señala tres corrientes actuales en el debate en torno a lo que fue la reconquista: La primera corriente está representada por Derek Lomax y Manuel González. Consideran que la conquista militar del territorio andalusí debía interpretarse como una reconquista, ya que desde el reinado de Alfonso III “la reconquista era algo más que un proyecto nebuloso” y, además, un hecho histórico con una dimensión espiritual, material y económica. La segunda corriente es defendida por Thomas Deswarte: deduce que la conquista militar fue una fase previa a la restauración política y eclesiástica promovida por los monarcas astur-leoneses, aferrados a una concepción singular del mundo por la herencia política visigoda y con elementos del pensamiento tardo-romano y agustiniano. La tercera corriente, concebida desde un enfoque materialista (marxista), se halla representada por Abilio Barbero, Marcelo Vigil, José María Mínguez y Joseph Torró, y entiende la conquista militar de Al-Andalús como una fase más del proceso general de expansión del Occidente cristiano ocurrido a lo largo de los siglos alto y pleno medievales[25]​.

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