Rebelión de Olañeta

Rebelión de Olañeta
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Mapa de la actual República de Bolivia
Fecha22 de enero-17 de agosto de 1824
LugarActual altiplano boliviano
ResultadoVictoria táctica liberal
ConsecuenciasDebilitamiento del Ejército Real del Perú que divide sus fuerzas
Beligerantes
Flag of Spain (1785–1873, 1875–1931).svg AbsolutistasFlag of Spain (1785–1873, 1875–1931).svg Liberales
Comandantes
Pedro Antonio OlañetaJerónimo Valdés
Unidades militares
5.000[1]5.000[2]

La Sublevación de Pedro Antonio Olañeta, jefe militar del Alto Perú, involucró a todo el ejército realista altoperuano el 22 de enero de 1824 contra la autoridad del virrey del Perú, José de la Serna.

Antecendentes

Para Olañeta, su condición de partidario del viejo régimen absolutista del monarca Fernando VII, enemigo de la revolución liberal de España, añadido a su distanciamiento de la cúpula militar del ejército realista del Perú y la influencia desleal de unos consejeros adictos a la independencia, como su sobrino Casimiro Olañeta, terminó por enfrentarle fatalmente con el virrey del Perú José de la Serna. Sublevándose se declaró defensor del trono español y en desobediencia al gobierno constitucional del Virreinato del Perú. Como resultado, Simón Bolívar, en comunicación con Olañeta, aprovechó el desmontaje del aparato defensivo realista para mover su ejército "todo el mes de mayo contra Jauja", y enfrentarse en el Perú a un solitario José de Canterac que había quedado aislado en Junín el 6 de agosto de 1824.

La rebelión de Olañeta influyó notablemente en el ánimo y la moral de los bandos enfrentados:

¡Peruanos! La campaña que debe completar vuestra libertad ha empezado bajo los auspicios más favorables. El ejército del general Canterac ha recibido en Junín un golpe mortal, habiendo perdido, por consecuencia de este suceso, un tercio de sus fuerzas y toda su moral. Los españoles huyen despavoridos abandonando las más fértiles provincias, mientras el general Olañeta ocupa el Alto Perú con un ejército verdaderamente patriota y protector de la libertad.

Simón Bolívar, 13 de agosto de 1824.

¡Viva la religión, el rey y la nación.!- Peruanos: el infame Olañeta infatuado con las condecoraciones que obtuvo, y a las que nunca pudo considerarse digno, acaba de cometer la traición más horrible: el no obedece a la suprema autoridad del Perú, no pertenece ya ni quiere pertenecer a la heróica nación española, quiere unirse con los insurgentes de las provincias del Río de la Plata y sumergir estos pueblos en el caos de males en que aquellos se miran.

Entonces contaba la España con un ejército de veinte mil hombres, de los que desaparecieron en las batallas de Salo, Cotagaitilla, y la Lava más de diez mil, y lo que quedó anarquizado y sin moral fue batido en Junin y Ayacucho, terminando en Tumusla, por la misma causa, la dominacion española.

Las fuerzas que guarnecían el Alto Perú eran los 4.000 soldados acantonados en Potosí al mando del mismo Olañeta y 1.000 en Santa Cruz dirigidos por el también absolutista Francisco Javier Aguilera.[1]

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