Real y Pontificia Universidad de México

La Real y Pontificia Universidad de México se concedió la real cédula para su creación el 21 de septiembre de 1551 y se inauguró el 25 de enero de 1553 en el antiguo virreinato de la Nueva España, en aquel tiempo bajo el cargo de Felipe II. Aunque el papado concedió la bula, esta nunca llegó a la Nueva España, ya que el rey y su Consejo de Indias consideraron que se excedían los privilegios a la universidad, por tanto la bula permaneció en Sevilla. Será en el siglo XVIII cuando empiece a utilizarse lo que el investigador Enrique González González ha denominado un timbre de honra. Tradicionalmente, se consideran a la Universidad Nacional Autónoma de México[3] Fue su primer rector y catedrático don Francisco Cervantes de Salazar.

Historia

Fundación

Placa relativa a la Real y Pontificia Universidad de México

Las primeras instituciones educativas de nivel superior en tiempos del virreinato de la Nueva España eran los seminarios, instituciones con las que contaban las principales ciudades del reino y donde se preparaba a los sacerdotes. Fray Juan de Zumárraga y el virrey Antonio de Mendoza inician las gestiones para la fundación de la primera universidad en la Nueva España. Las intenciones de fray Juan de Zumárraga que le fueron entregadas al rey de España fueron para educar a los recién convertidos, meta que no se cumplió debido a que la educación en esta universidad se centró en las clases privilegiadas de la colonia.

La Real Universidad de México fue creada por cédula real de Carlos V, firmada por su hijo el Príncipe de Asturias (futuro Felipe II), el 21 de septiembre de 1551, inaugurando sus cursos el 25 de enero de 1553, siendo virrey don Luis de Velasco y Ruiz de Alarcón.[5] Esta bula se pierde en 1595 y hasta el siglo XVII no se volvió a expedir.

A lo largo de unos 300 años esta universidad sucumbió varias veces y resucitó otras tantas, hasta que finalmente se termina, por decreto de Maximiliano, el 30 de noviembre de 1865. Hoy existe una Universidad Pontificia bajo el cargo de la Iglesia Católica, pero no parece ser continuidad de aquella de los tiempos novohispanos; y tampoco se puede asegurar que se ha continuado en nuestra actual Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Organización interna

Facultades

La universidad se organizaba en facultades mayores que eran Teología, Leyes, Cánones y Medicina; y una facultad menor: la de Artes. Las principales cátedras eran Prima (porque se daba a primera hora de la mañana) y Vísperas (cuyo horario era en la tarde). Estas solían ser temporal o de propiedad y estaban presentes en todas las facultades. También existían cátedras sueltas, es decir, sin facultad, como astrología y matemáticas, retórica, gramática y lenguas indígenas. Los grados que se otorgaban eran los de bachiller, licenciado, maestro y doctor. Armando Pavón Romero señala que el graduado de la Universidad sólo estaba certificado para ejercer la docencia, y no una actividad profesional. Este reconocimiento se lograba en las instituciones dedicadas a esa labor en específico.

Gobierno

La institución estaba a cargo del rector, cuya elección era anual. Él era el representante de la universidad, por lo tanto, le concernían los asuntos académicos y administrativos que en ella se suscitasen. Con él, trabajaba el canciller, representante de la autoridad eclesiástica, cargo que posteriormente pasó a ser maestrescuela de la catedral.

La universidad también se gobernaba a través de los claustros, que se dividían en el de consiliarios, el de hacienda y el pleno. El claustro de consiliarios estaba encargado de la elección de catedráticos y de rector. En un inicio los estudiantes podían participar en este claustro, pero durante el siglo XVII su intervención fue limitada y posteriormente anulada. El claustro de hacienda o de diputados tenía la función de controlar y administrar los asuntos económicos de la universidad. Finalmente se encuentra el claustro pleno, el cuerpo de gobierno universitario más importante, ya que estaba presidido por el rector, el maestrescuela, los consiliarios y diputados. Los temas que ahí se discutían se anotaban en los libros del claustro.

Catedráticos

Los catedráticos podían tomar posesión de las cátedras desde que contaban con el grado menor de bachiller. Quienes estaban a cargo de una cátedra de propiedad o perpetua, contaban con un salario mayor que en las cátedras temporales. La forma de otorgar una cátedra era por medio de los concursos de oposición. En ellos, se declaraba a la cátedra como vacante, y los concursantes, u opositores, se inscribían. Posteriormente se asignaba la lectura, que se desarrollaba al día siguiente frente al arzobispo, el rector, el inquisidor, el decano, el maestrescuela y dos catedráticos de la respectiva facultad. Después de la discusión, se reunían en una junta de votación y elegían al nuevo catedrático.

Estudiantes

En un principio esta universidad contó con pocos estudiantes. Los egresados eran religiosos, profesionales y académicos de la teología, derecho y medicina. El saber estaba agrupado para su estudio según las siete artes medievales: en trivium (gramática, retórica y lógica) y en quadrivium (aritmética, geometría, música y astronomía). El idioma de estudio fue el latín. Debido a la denominación de "pontificia", para que se pudieran otorgar los grados académicos, era necesario que el maestrescuela o Magister scholarum asistiera a otorgarlos en nombre del Papa.

La mayoría de los estudiantes eran criollos y españoles. Gozaban de ciertos privilegios ante el gobierno colonial, tales como el no pagar impuestos o diezmos y ser juzgados por autoridades universitarias. La matrícula (o inscripción) era anual e indispensable para tomar los cursos en las facultades. Aunque se admitía a los indígenas, estos eran minoría dentro de la población estudiantil.

Grados

A diferencia de ahora, las características de cada uno de los grados estaban asociadas a la certificación de la docencia. Es decir, la universidad era un gremio de profesores reconocidos mediante el doctorado. El grado, por lo tanto, no certificaba ninguna otra capacidad profesional. Entonces, el reconocimiento de lo que llamaríamos “el ejercicio profesional” era aprobado por otros gremios que detentaban tal privilegio.

Los grados académicos cumplían, en suma, tres funciones primordiales. Una docente, otra corporativa y una última de colocación y promoción laboral. El doctorado era requisito indispensable para mantenerse en la regencia de las cátedras; era también la puerta de acceso a la corporación. El doctor tenía plenos derechos para decidir sobre su gremio y para recibir todos los beneficios que éste pudiera conseguir; por último, los grados mayores se convirtieron en una plataforma para alcanzar los puestos altos de las burocracias real y eclesiástica.

La Real y Pontificia Universidad de México concedía en cada una de sus facultades el grado menor de bachiller y los mayores de licenciado, maestro y doctor. El primero era el único que se obtenía luego de cursar las cátedras indicadas, o “cursatorias” cómo se les conocía en aquel entonces, por las respectivas facultades y, por tanto, se pueden encontrar bachilleres en artes, teología, cánones, leyes y medicina. Para ganar los grados mayores no era necesario asistir a nuevos cursos, por el contrario, en esta nueva etapa era necesario demostrar la capacidad docente, por ello, se requería llevar a cabo una serie de "lecciones", llamadas también repeticiones.

Ceremonias de graduación

Para obtener cualquier grado, se realizaba una solicitud y una lección, y después se presentaba un examen. Sin embargo, las ceremonias y el nivel de formalidad variaban según el grado que se solicitaba. Para el grado de bachiller la solicitud estaba dirigida al rector. Una vez concedida se nombraba al padrino, que generalmente era un catedrático o un funcionario universitario, y se hacía el pago de propina. La ceremonia y la lección se realizaba dentro de las instalaciones de la universidad. Por el contrario, para los grados de licenciado y doctor, la ceremonia iniciaba con un paseo desde la casa del graduando, la del rector y la del virrey hasta la catedral, lugar donde se realizaba la lección.

Ubicación geográfica

Durante el tiempo del Virreinato, la Universidad Pontificia fue el centro superior de cultura, institución donde estudiaron algunos de los personajes más distinguidos que diera la Nueva España. El edificio que ocupó por primera vez la Real y Pontificia Universidad de México, se localiza en el Centro Histórico de la Ciudad de México, en la actual calle de Moneda, frente a la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México. Posteriormente la universidad se estableció en casas ubicadas en la calle de Escalerillas (actual de Guatemala) y finalmente en el palacio del marqués del Valle, actual Monte de Piedad.[6]

Postimetrías del siglo XVIII

El siglo XVIII es caracterizado por ser el siglo de la Ilustración, en el que se cuestionaron las ideas religiosas y políticas, se buscaron nuevas explicaciones acerca del universo, el hombre y el espíritu, otorgándole un lugar a la razón. Esto provocó nuevos experimentos, teorías, y descubrimientos en varias áreas del conocimiento humano. Pero también produjo algunos cambios en la ideología política de algunos monarcas europeos, de los cuales surge el concepto “ despotismo ilustrado”, dentro del cual se identifica al rey Carlos III de España. Él realizó algunas reformas económicas, políticas e intelectuales en instituciones de la península hispánica y en las colonias americanas.

En el ámbito educativo, se crearon otras instituciones de educación superior, con funciones semejantes a las de la Real y Pontificia Universidad de México, pero más abiertas a las nuevas corrientes de pensamiento ilustrado y que contrastaban con la tradición escolástica y ortodoxa de la universidad. Entre ellas se pueden citar: la Real Escuela de Cirugía, fundada en 1778, el Real Colegio de Minería, en 1792, y, dos años más tarde, la Academia de San Carlos de Bellas Artes.

La Real y Pontificia Universidad mantuvo una posición conservadora frente a los cambios reformas en cuanto a método y contenido de sus cátedras, razón por la que fue considerada una institución arcaica y fue blanco de críticas por parte de quienes proclamaban una renovación profunda. El virrey conde de Revillagigedo escribió a su sucesor el marqués de Branciforte el estado de la universidad en 1794:[7]

Mucha reforma se necesita según tengo entendido, en el método de estudios que se sigue y en la forma de celebrar los grados y demás funciones literarias. Se estudian poco las lenguas sabias, y no hay gabinete ni colección de máquinas para estudiar la física moderna experimental; la biblioteca está escasa de buenas obras, especialmente las modernas.

Cierres

Dentro de la crisis política y económica posterior a la guerra de independencia, algunos personajes tanto liberales como conservadores de la política mexicana consideraron que era necesario promover la educación para sacar al país del atraso y de la crisis. Las propuestas que se presentaron obedecían a su afiliación política: mientras los conservadores creían que la universidad debía mantenerse aunque reformarse y modificarse de acuerdo a las necesidades de la época, los liberales pensaban que la institución debía suprimirse porque consideraban a la universidad como símbolo de retroceso característico de la época virreinal del que ellos pretendían alejarse.

La primera propuesta conservadora fue presentada por Lucas Alamán en 1830, quien estaba preocupado por la administración de los recursos y por la reorganización de los establecimientos y los cursos universitarios, más no de su supresión. Posteriormente, en 1833 José María Luis Mora, uno de los principales impulsores liberales de la reforma educativa durante la vicepresidencia de Valentín Gómez Farías, consideró que la universidad era "inútil, irreformable y perniciosa",[8] razón por la que, al igual que el resto de las instituciones eclesiásticas, la condenaba a desaparecer. Sin embargo, ninguna de las dos propuestas se estableció por mucho tiempo debido a la inestabilidad política del país.

En 1865, el emperador Maximiliano consideró reformar la universidad, pero finalmente se decidió por clausurarla (afín al modelo liberal) de manera definitiva, dando fin a un proceso y disputa de varias décadas.[9] Al desaparecer la Universidad, quedaron establecimientos para el estudio de la medicina, la ingeniería, la teneduría de libros, la arquitectura y la jurisprudencia, a los que se sumó más adelante la Escuela de Agricultura.

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