Real Sociedad Fotográfica

Las primeras agrupaciones fotográficas aparecieron en Europa en la segunda mitad del siglo XIX, con el objetivo de servir de punto de encuentro a los aficionados. En sus tertulias se ponían en común nuevas fórmulas químicas y procesos de sensibilización, desarrollo y acabado, mientras que sus concursos y exposiciones marcaban las tendencias estéticas imperantes. En estos primeros pasos de la fotografía, las sociedades servían de escuela, lugar de prácticas, galerías y, no menos importante, eran auténticos clubes sociales que actuaban como nexo de unión de todo aquel interesado en la práctica de este hobby que tenía, en esos momentos, más de experimento científico que de arte.

Durante los años setenta, la enorme crisis en la que se sumieron las sociedades fotográficas, hicieron que muchas de ellas desaparecieran. Aun así, en los años ochenta unas pocas sobrevivían mientras que asistíamos al nacimiento de otras y a las gestiones para la puesta en funcionamiento de la vieja idea de la Federación de Asociaciones Fotográficas. Todo ello, unido al esfuerzo de las más veteranas por la recuperación y difusión de su vasto patrimonio, sirve para que, si bien no forman parte destacada de la actualidad fotográfica, continúen uniendo a su alrededor a unos pocos románticos para los que la fotografía sigue siendo una afición.


Fundación e inicios

La Real Sociedad Fotográfica nace de las reuniones de unos pocos aficionados madrileños en la tienda de material fotográfico de Carlos Salvi. El primer paso lo dio Manuel Suárez Espada al proponer al Círculo de Bellas Artes la creación de una Sección de Fotografía, que quedó constituida por casi dos docenas de socios, en febrero de 1899. Poco después, en junio de 1900, los ya 70 socios abandonaron la tutela del Círculo de Bellas Artes para pasar a ser la Sociedad Fotográfica de Madrid que nacía así como agrupación independiente.

A su prosperidad económica había que añadir el prestigio que iba adquiriendo ya que, entre sus socios, se encontraban los más destacados aficionados y un importante número de aristócratas madrileños que podían permitirse este oneroso hobby así como el pago de las cuotas. La saneada economía de la joven sociedad permitió la adquisición de una carísima linterna de proyecciones que congregaba tanto a socios como a familiares en lo que se convirtió en todo un acontecimiento social.

Junto con las proyecciones, las actividades que gozaban de mayor éxito eran las conferencias artísticas o científicas –no en vano la técnica fotográfica estaba aún en pleno desarrollo- y las pequeñas excursiones por los alrededores de Madrid. Pero, sin duda, la actividad que tuvo mayor repercusión en estos primeros años fue la organización del Primer Concurso Nacional de Fotografía, en noviembre de 1901.

Los importantes premios y la excelente campaña de comunicación atrajeron 175 envíos procedentes de toda España, con un total de 1.667 fotografías. Bajo lemas más o menos ingeniosos, participaron desde modestos aficionados a conocidos fotógrafos, cuyas obras pudieron admirarse en la exposición que se realizó después. Ningún otro concurso había tenido tan amplia difusión y su influencia en los usos fotográficos de nuestro país es indiscutible.

La visita de Alfonso XIII, al que acompañaban la Reina Madre y sus hermanas, despertó una enorme expectación y supuso un importante impulso para la Sociedad Fotográfica de Madrid que se convertía así en un centro de reunión para los fotógrafos de la Corte así como de contacto con lo más destacado de la sociedad madrileña. Unos años después, en 1907, el Monarca –que había sido nombrado Socio Protector en el transcurso de esta visita- concedió a la entidad la gracia de ostentar el nombre de Real Sociedad Fotográfica, con el que aún hoy se la conoce. Junto con el Círculo de Bellas Artes y la Sociedad Peñalara, el I Salón Internacional de Fotografía se convirtió en realidad en 1921. Su éxito motivó que las tres entidades celebraran salones internacionales hasta 1925 y, si bien no fueron acontecimientos fotográficos de enorme repercusión en Europa, al menos ayudaron a la proyección y el reconocimiento de la agrupación madrileña.


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