Ramiro I de Asturias

Ramiro I de Asturias
Rey de Asturias
Ramiro I de Asturias (Museo del Prado).jpg
Retrato imaginario del rey Ramiro I de Asturias, de Isidoro Lozano. 1852. ( Museo del Prado, Madrid).
Información personal
Reinado 8421 de febrero de 850
Nacimiento c. 790
Oviedo
Fallecimiento 1 de febrero de 850 (59 o 60 años)
Oviedo
Entierro Panteón de reyes de la Catedral de Oviedo
Predecesor Alfonso II el Casto
Sucesor Ordoño I de Asturias
Familia
Dinastía Dinastía Astur-Leonesa
Padre Bermudo I el Diácono
Madre Uzenda Nunilona
Cónyuge
  • Urraca
  • Paterna
Descendencia Véase Descendencia
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Ramiro I de Asturias (c. 7901 de febrero de 850) fue un rey de Asturias entre los años 842 y 850. Era hijo de Bermudo I el Diácono, rey de Asturias, y de la reina Uzenda Nunilona.[a] así como nieto de Fruela Pérez y bisnieto de Pedro de Cantabria.

Sucedió en el trono asturiano al rey Alfonso II el Casto, quien falleció sin dejar sucesión. Fue coetáneo de Abderramán II, emir omeya de Córdoba en el siglo IX. Durante su reinado se construyeron numerosos monumentos de estilo ramirense, como el palacio de Santa María del Naranco.

Biografía

Acceso al trono

Según la Crónica de Alfonso III, fue elegido por Alfonso II el Casto como sucesor,[2] debido a que el rey carecía de descendientes. En el momento de la muerte del rey, Ramiro I se encontraba fuera de Asturias, concretamente en Bardulia, en tierras que luego serían castellanas, para casarse. Esta ausencia fue aprovechada por el comes palatii y cuñado del rey, Nepociano, para hacerse ungir rey, apoyado por astures y vascones, quienes siempre se habían mantenido leales a Alfonso II. Ramiro I buscó apoyo en Galicia, donde reunió un ejército, y avanzó hacia Oviedo. Nepociano aguardó la llegada de Ramiro I en Cornellana, junto al río Narcea. No obstante, las tropas de Nepociano se negaron a combatir y éste tuvo que huir. Fue perseguido y capturado por los condes Scipion y Sonna y, posteriormente, cegado y encerrado en un monasterio.

Ataques vikingos

Poco después de ser proclamado rey, Ramiro I fue informado de que los vikingos estaban atacando toda la costa atlántica de Francia, y que ahora estaban llegando a las costas cantábrica de su propio reino. El objetivo de los nórdicos era encontrar ríos navegables y grandes ciudades para saquear, cualidades ambas de las que carecía el reino de Asturias y, por ello, las crónicas de la época sólo refieren dos pequeños ataques[3] donde además los vikingos hubieron de enfrentarse a las tropas enviadas por Ramiro I (entre otros, envió a los caballeros Ergica y Olmundo de Erice). Los invasores, que no habían tenido éxito en sus expediciones de saqueo en Asturias, atacaron un mes después Lisboa y más tarde Cádiz y Sevilla, ciudades que tomaron y saquearon antes de avanzar por el interior y amenazar la ciudad de Córdoba. Abderramán II se vio obligado a realizar un gran esfuerzo para detener a los invasores y recuperar Cádiz y Sevilla.

Intento de repoblación de León

Bandera Real de Ramiro I

Éstos acontecimientos influyeron notablemente en el reino de Asturias, pues Abderramán II —que además de hacer frente a los invasores normandos, hubo de enfrentarse a los problemas internos de su reino causados por las rebeliones de Musa ibn Musa, de la familia de los Banu Qasi— se vio imposibilitado para atacar el reino de Asturias, por lo que Ramiro I disfrutó de varios años de paz exterior que aprovechó para repoblar la ciudad de León.

No obstante, dicha repoblación duró poco tiempo, pues Abderramán II, una vez sofocadas las rebeliones internas de su reino, una vez expulsados los normandos de su territorio, envió en el año 846 un ejército a las órdenes de su hijo, Mohamed I de Córdoba, que obligó a los cristianos a evacuar la ciudad de León, que fue incendiada y arrasada por los musulmanes.

Conflictos internos

En contraposición a la relativa calma exterior de que gozó el reino durante el último periodo del reinado de Ramiro I, los problemas internos se acentuaron. La problemática ascensión al trono hizo que las rebeliones de diversos nobles, descontentos con el rey Ramiro I, se propagasen. La Crónica albeldense dejó constancia de dos de dichas revueltas. Una de ellas, del prócer Piniolo, que fue condenado a muerte, junto con sus siete hijos, por Ramiro I. La segunda rebelión estuvo protagonizada por el comes palatii Aldroito, a quien Ramiro I condenó a ser cegado.[2]

Asimismo, el monarca actuó con severidad contra los latrones, cuyo número aumentó durante su reinado, y contra los magos, de los que se supone que serían seguidores de ciertos cultos paganos todavía muy enraizados en algunas poblaciones aisladas.

Por todo ello, la Crónica albeldense llamó a Ramiro I de Asturias Uirga iustitiae, es decir, Vara de la Justicia.

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