Ramón Pérez de Ayala

Ramón Pérez de Ayala
Ramón Pérez de Ayala.JPG

Diputado en Cortes
por Oviedo
17 de septiembre de 1931-15 de mayo de 1933[1]

Embajador de España en el Reino Unido
1932-1936

Información personal
Nombre de nacimiento Ramón Pérez de Ayala y Fernández del Portal Ver y modificar los datos en Wikidata
Nombre nativo Ramón Pérez de Ayala Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacimiento 9 de agosto de 1880 Ver y modificar los datos en Wikidata
Oviedo, España Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento 5 de agosto de 1962 Ver y modificar los datos en Wikidata (81 años)
Madrid, España Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Española Ver y modificar los datos en Wikidata
Educación
Alma máter
Información profesional
Ocupación Escritor, periodista, diplomático y poeta Ver y modificar los datos en Wikidata
Género Poesía y novela Ver y modificar los datos en Wikidata
Distinciones
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Ramón Pérez de Ayala y Fernández del Portal (n. Oviedo; 9 de agosto de 1880 – f. Madrid; 5 de agosto de 1962) fue un escritor y periodista español.

Biografía

Nació en Oviedo y fue bautizado en la iglesia de San Isidoro. Su padre Cirilo, oriundo de Tierra de Campos, Valdenebro de los Valles, provincia de Valladolid -en sus novelas hace referencia a esta zona y el modo de vida que llevaban los lugareños en aquella época- fue un comerciante de textiles que en su juventud residió en Cuba. Perdió a su madre, doña Luisa, asturiana, en su primera infancia. Siempre se resintió de esta orfandad, padeciendo soledad y miserias afectivas derivadas, además, de estar la mayor parte de su mocedad interno en colegios de la Compañía de Jesús, San Zoilo en Carrión de los Condes e Inmaculada en Gijón. Así consiguió un gran caudal de conocimientos humanísticos, debidos en parte al único profesor con el que simpatizó, el gran erudito Julio Cejador y Frauca, a la sazón incómodo huésped en una orden que no tardaría en abandonar. El anticlericalismo que le inspiró la educación jesuítica está plasmado en su novela autobiográfica A.M.D.G., cuyo título hace alusión al lema Ad maiorem Dei gloriam, propio de la Compañía de Jesús.

Estudió derecho en Oviedo bajo la protección de Leopoldo Alas, «Clarín». Allí entró en contacto con los pensadores del krausismo, entre ellos Rafael Altamira, Adolfo Posada y otros. Dispuso de la excelente biblioteca del marqués de Valero de Urría. Por entonces se deja melenas y viste con chaleco y monóculo como un dandi y exhibe una personalidad volteriana y liberal. Le atrae tanto el regeneracionismo de sus mentores como el decadentismo estético de la Europa de preguerra. Aborrece el conservadurismo burgués de la ciudad de Oviedo, que en su obra aparece bajo el nombre de «Pilares». Otras denominaciones encubren en su obra literaria lugares y personajes reales: «Noreña» es Cenciella; «Novillo» es el presidente de la diputación Corbera en Belarmino y Apolonio y «Pía Octava Cioretti» en La pata de la raposa es Natalia Perotti, viuda de Martín Escalera.

El ovetense Pedro González Blanco le puso en contacto con los modernistas de Madrid: Jacinto Benavente, Francisco Villaespesa, Mariano Miguel de Val, Gregorio Martínez Sierra, Juan Ramón Jiménez, Ramón María del Valle-Inclán y José Martínez Ruiz, «Azorín». En 1902 El Progreso de Asturias imprimió por entregas su primera novela, Trece dioses. Fragmentos de las memorias de Florencio Flórez, muy en la órbita decadentista del Valle-Inclán de las Sonatas. En 1903 funda con los Martínez Sierra, Gregorio Martínez Sierra y María Lejárraga, Helios. Revista del Modernismo. A partir de 1904 empieza a colaborar en El Imparcial y ABC, y marcha a Londres en 1907 para huir del escándalo provinciano que se monta al publicarse su novela Tinieblas en las cumbres, iniciada dos años antes con otro título, Eclipse de sol; allí se mantiene con la ayuda de su padre y una corresponsalía periodística. En 1908 se entera de la ruina y suicidio de su padre.

Comparte ideas radicales con su amigo Azorín, al que sirvió de «negro», como López Pinillos, cuando este se sumió en una crisis depresiva. Viajó por Francia, Italia, Inglaterra, Alemania y Estados Unidos y fue corresponsal de guerra durante la del 14 para La Prensa de Buenos Aires. De su visita a los campos de batalla surgió su obra Hermann encadenado (1917). En 1927 obtiene el Premio Nacional de Literatura. En 1928 es elegido miembro de la Real Academia Española.

En 1931, con José Ortega y Gasset y Gregorio Marañón, firma el manifiesto « Al servicio de la República», manifiesto antimonárquico que tuvo extraordinaria influencia sobre la opinión pública y valió a los tres el apelativo de «padres espirituales de la República». El Gobierno de la República le nombró director del Museo del Prado y en 1932, Embajador en Londres. Sobre este periodo de su vida, figuran numerosas alusiones, más bien burlonas, en las Memorias de Manuel Azaña. Descontento con el rumbo político pre-revolucionario que imponía en España el Frente Popular dimitió de su cargo en junio de 1936 y al iniciarse la Guerra Civil Española se exilió a Francia. Dos hijos suyos se alistaron como voluntarios en el Ejército Nacional y Pérez de Ayala explicó y defendió su toma de posición en una «carta abierta» publicada el 10 de junio de 1938 en el diario londinense The Times.

Pérez de Ayala culpó de la guerra civil en gran medida a Manuel Azaña, contra quien arremete de forma furibunda, como lo muestra el siguiente fragmento de uno de sus escritos, en el que califica de «memorias ruines y afeminadas» a lo que escribió Azaña cuando fue detenido en Barcelona y encarcelado en un barco de guerra por estar presuntamente implicado en la Revolución de 1934, acusación que finalmente fue desestimada por el Tribunal Supremo:

Cuanto se diga de los desalmados mentecatos que engendraron y luego nutrieron a los pechos nuestra gran tragedia, todo me parecerá poco… Lo que nunca pude concebir es que hubiesen sido capaces de tanto crimen, cobardía y bajeza. Hago una excepción. Me figuré un tiempo que Azaña era de diferente textura y tejido más noble… En octubre del 34 tuve la primera premonición de lo que verdaderamente era Azaña. Leyendo luego sus memorias del barco de guerra —tan ruines y afeminadas— me confirmé. Cuando le vi y hablé siendo ya presidente de la República, me entró un escalofrío de terror al observar su espantosa degeneración mental, en el breve espacio de dos años, y adiviné que todo estaba perdido para España.

Palacios, Jesús. La España totalitaria, Planeta, 1999, pág. 83

Vivió sucesivamente en París y en Biarritz y más tarde en Buenos Aires, donde fue nombrado agregado honorario de la Embajada de España. Regresó provisionalmente a España en 1949 para resolver algunos asuntos personales, regresando después a la Argentina. Diversos reveses familiares y sociales le sumieron en una aguda depresión. Cada vez más alejado de sus «muertos», los libros, colaboraba cada vez menos en los periódicos, donde su firma ya no era requerida con el apremio de antaño. La amputación de la pierna del menor de sus hijos, primero, y la muerte, después, del mayor, fueron los golpes de gracia que hicieron del suyo un verdadero «dolorido sentir» y lo que le decidió a volver a Madrid, en diciembre de 1954. Había pasado fuera de España veinte años. Sus libros en la España nacional no tenían libre circulación y los americanos estaban prohibidos. Tras varias visitas ocasionales, acabó regresando definitivamente a España en 1954 y desde entonces allí residió, publicando regularmente artículos sobre temas literarios en el diario ABC. Murió en Madrid unos días antes de cumplir 82 años.

Placa en el último domicilio de Ramón Pérez de Ayala. Calle Gabriel Lobo, 11. Madrid.
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