Ramón Carnicer i Batlle

Ramón Carnicer i Batlle, pintura del Museo nacional de Santiago .

Ramón Carnicer i Batlle, ( Tárrega 24 de octubre de 1789- Madrid, 17 de marzo de 1855) fue compositor de ópera y maestro de música español, autor de la música del himno nacional de Chile.

Biografía

Recibió su primera formación musical de Bonaventura Feliu, maestro de capilla de la iglesia de Tárrega. A los siete años de edad, ingresó por oposición al coro de la catedral de Santa María de Urgel, donde estudió órgano y composición. En 1806 se trasladó a Barcelona, donde tuvo por maestro al organista y maestro de capilla de la catedral, Carles Baguer, y a Francesc Queralt, respectivamente. Fue en Barcelona donde entró en contacto con las óperas de Cimarosa, Paisiello, Guglielmi, Paër, Mayr y Generali, experiencia que le otorgó un vasto conocimiento del repertorio, tal como reveló posteriormente su obra operística.

La Guerra de la Independencia (1808-1814) lo obligó huir a Mahón, donde trabajó como organista, impartió clases de canto y de piano y conoció al austro-alemán Karl-Ernest Cook, discípulo de Mozart. Cuando volvió a Barcelona, fue comisionado por la junta de accionistas del Teatro de la Santa Cruz (1815) para que viajara a Italia y contactara con la mejor compañía de ópera que pudiera encontrar. Carnicer consiguió reunir una formación con cantantes como Angelo Cantelli, Bassi, Giulio Marco Bordogni, dirigida por el maestro y compositor Prieto Generali.[1]

Entre 1818 y 1820, Carnicer relevó a Generali en la dirección del teatro y se dedicó a la composición. Suya es la obertura escrita para el estreno en Barcelona (1818) de El barbero de Sevilla, de Gioacchino Rossini, elogiada por el propio autor.

Alentado por el éxito creciente de sus obras, Carnicer decidió quemar su producción anterior —integrada por obras religiosas, himnos patrióticos, canciones, música de banda militar y de baile— y decidió escribir la primera de sus obras de madurez, la ópera Adele di Lusignano, que fue estrenada en el Teatro de la Santa Cruz de Barcelona el 15 de mayo de 1819. En 1820, el compositor llevó a cabo su tercer viaje a Italia como empresario del Teatro de la Santa Cruz con su misión otra vez no solo de buscar cantantes y músicos, sino también partituras de Rossini, Bellini y Donizetti.

La segunda ópera de Carnicer, Elena e Costantino, se estrenó el 16 de junio de 1821 y fue recibida también con gran éxito por el público. En su tercera ópera, Don Giovanni Tenorio, estrenada el 20 de junio de 1822, Carnicer, partiendo de un lenguaje ya claramente rossiniano que es connatural a su propio estilo, se acercó al músico de Salzburgo.

A finales del Trienio Constitucional —y seguramente por sus ideas liberales, públicas y conocidas—, Ramón Carnicer y su familia se exiliaron en París (1823) y luego en Londres (entre julio de 1825 y marzo de 1826). Años después de restablecerse el absolutismo, estos ideales le pasaron factura. Al convocarse en 1830 unas oposiciones para la plaza de Maestro de Música de la Capilla Real y Rector del Real Colegio de Niños Cantores, sus contrarios le reprocharon su actuación política.[2] En estos viajes se dio a conocer como director y compositor.

En la capital británica, además de publicar algunas obras importantes de su catálogo como sus Six Spanish Airs, Three Nocturnos y Il sogno, terzettino Notturna, conoció los artistas españoles que nutrían los círculos liberales londinenses, como el profesor de canto Mariano Rodríguez de Ledesma (1779-1848), el pianista Santiago de Masarnau (1805-1882), el compositor José Melchor Gomis (1791-1836) o los guitarristas Fernando Sor (1780-1839) y Trinidad Huerta (1803-1856). Durante su exilio en Londres, recibió el encargo de componer el himno nacional de Chile, con letra de Bernardo de Vera y Pintado —cuyo texto fue reemplazado en 1847 por el del poeta Eusebio Lillo, menos anti-español—.

Raptado por el rey absolutista

Ramón Carnicer i Batlle.

Cuando volvía a Cataluña para reincorporarse al Teatro de la Santa Cruz, por real orden de Fernando VII fue forzado a establecerse en Madrid para suceder a Saverio Mercadante en la dirección los teatros de la Corte, el Teatro de la Cruz y el Teatro del Príncipe (1827). Carnicer, que tenía a su familia y su trabajo en Barcelona, se resistió a la orden real. Por este motivo fue raptado por las fuerzas públicas y obligado a viajar a Madrid en calidad de preso. La familia se incorporó más tarde.

Su llegada a Madrid permitió dignificar el estado de los teatros de música, luchando contra todos los «vicios» instaurados en las orquestas, como tocar los instrumentos con la capa puesta. En cuanto al corazón del teatro, exigió conocimientos musicales y amplió el número de sus miembros. Dirigió estos teatros siete temporadas completas entre 1828 y 1845. Al crearse el Conservatorio de Madrid, se hizo cargo de la cátedra de composición (1831-1854) y más tarde fue nombrado director.

En febrero de 1829, Carnicer estrenó Elena e Malvina, ópera escrita sobre un libreto de Felice Romani, que fue bien recibida por la crítica madrileña. Dos años después, estrenó su Cristoforo Colombo en el Teatro del Príncipe de Madrid, y el 14 de diciembre de 1832 puso por primera vez en escena Eufemio di Messina ossia saraceni in Sicilia. El Viernes Santo de 1833, Carnicer dirigió el estreno del Stabat Mater de Rossini en el Convento de San Felipe el Real de Madrid.

Además de varias óperas y canciones para incluir en las representaciones de óperas de otros compositores, escribió música religiosa, piezas instrumentales y varios himnos de corte liberal, dejando un legado de más de doscientas obras. Se lo considera uno de los precursores de la zarzuela y tuvo por discípulos a futuros compositores de este género, como Francisco Asenjo Barbieri, Rafael Hernando Palomar y Joaquín Gaztambide y Garbayo.

El 26 y el 27 de noviembre de 2005, con ocasión del 150.º aniversario de la muerte del compositor, se llevaron a cabo en Tárrega unas jornadas de estudio con el título “Ramon Carnicer i el seu temps” ('Ramón Carnicer y su tiempo'). También en Tárrega se constituyó en 1994 la Coral Ramón Carnicer, y se dedicó un monumento al compositor en la céntrica plaza del Carmen (o del Pati). Tiene dedicadas calles en Tárrega, en Santiago de Chile y otras ciudades chilenas.

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