Rally

Jari-Matti Latvala, conduciendo un Ford Focus RS WRC 09 en la competencia Rally de Finlandia 2010.
El noruego Mads Østberg en el Rally de Gran Bretaña de 2012.

Un rally o rallye[N 1] ) es una competición automovilística que se disputa en carreteras abiertas al tráfico pero que se cierran especialmente para su celebración. A la parte cerrada al tránsito rodado se le denomina tramo, que es el lugar donde cada participante compite y que debe completar en el menor tiempo posible. El ganador es aquel que, con la suma de los tiempos de todos los tramos, haya empleado menos para completar la carrera.

Este deporte es una disciplina automovilística con una reglamentación propia y tiene cuatro grandes diferencias respecto a las carreras en circuitos. En primer lugar, se disputan en vías públicas convenientemente cerradas al tránsito rodado; en segundo lugar, el tipo de vehículos utilizados deben ser aptos para circular por carreteras públicas por lo que deben estar matriculados y dotados de los mismos elementos obligatorios que el resto de coches como los faros, la rueda de repuesto o los intermitentes. La tercera peculiaridad es que a diferencia de los circuitos, los equipos que compiten en rally están dotados de dos personas: un piloto y un copiloto, cada uno con una función distinta. La cuarta y última característica es que mientras en circuitos, todos los participantes toman la salida a la vez, en rally lo hacen de uno a uno con un tiempo de un minuto entre ellos por lo que cada piloto compite en solitario y rara vez se topa con un contrincante durante la carrera, salvo que este se haya accidentado o se haya parado por una avería. Todos estos aspectos están fijados en una normativa que la Federación Internacional del Automóvil, el ente máximo del deporte motor, establece. Esta normativa es genérica para todos los países, pero en cada uno ellos las respectivas federaciones locales pueden variar las normas a su criterio. Por ello se puede establecer un patrón común pero las características y funcionamiento de un rally varían si se trata de una prueba del Campeonato del Mundo de Rally, una prueba internacional o una nacional o regional. Además, el formato de los rally ha variado mucho a lo largo de los años. En el pasado se disputaban por carreteras abiertas, con salidas desde diferentes puntos y con una ciudad como meta, el kilometraje era mucho mayor y los vehículos eran prácticamente idénticos a los de serie.[3]

En rally se compite con automóviles de turismo debidamente modificados para su adaptación a la competición aunque es frecuente ver motos y camiones en su principal variante los raids y al igual que otras competiciones automovilísticas, es un deporte mixto, donde hombres y mujeres compiten en igualdad de condiciones.[4]

El organismo rector de estas competiciones a nivel mundial es la Federación Internacional del Automóvil (FIA). Se organizan en todo el mundo competiciones continentales, nacionales y regionales. La FIA organiza entre otras competiciones el Campeonato Mundial de Rally, considerado como la competición más importante del automovilismo junto con la Fórmula 1. Abarca rallies disputados en varios continentes bajo diferentes condiciones climatológicas y superficies: tierra, asfalto, nieve, gravilla o hielo. Algunos de los rallies más populares son el Rally de Montecarlo, el Rally de Gran Bretaña y el Rally de Finlandia.

Historia

El término «rally» es una palabra de origen inglés que significa "encuentro, reunión" y define una carrera en carretera abierta. Se utilizó posiblemente por primera vez en el rally de Montecarlo de 1911 y hasta finales de la década de 1920 fue poco usado. No sería hasta mediados del siglo XX cuando las competiciones en Europa comenzaron a llamarse rally y que en Francia, país donde se celebraron muchas de las primeras carreras de automóviles, se le añadió la letra 'e' al final, quedando: rallye.[5] Debido a que el Montecarlo fue la primera carrera en recibir este apelativo y al celebrarse en los primeros días del mes de enero dio el pistoletazo de salida a varios de los campeonatos en los que formó parte, caso del Campeonato de Europa en 1953 o el Campeonato del Mundo en 1973, de modo que es inevitable establecer un paralelismo entre la historia del Rally de Montecarlo y la propia historia de esta especialidad. De la misma manera sucede con el Campeonato del Mundo de Rally que tras arrancar en 1973 se convirtió en la máxima categoría de este deporte.

Primeras carreras, finales del siglo XIX

El conde Albert de Dion en la París - Rouen de 1894.

Las primeras carreras de automóviles se organizaron a finales del siglo XIX y se disputaban en carreteras abiertas, lógicamente sin asfaltar y con salida y meta en diferentes ciudades. La mayoría de ellas se celebraron en territorio francés y París concentró la mayoría teniendo como meta ciudades como Ámsterdam, Viena, Ostende o Berlín. Si por entonces el hombre ya competía a pie y a caballo, también se vio motivo a hacerlo sobre los nuevos carruajes de motor dispuesto a demostrar que podía con todo. La primera carrera documentada fue la París – Rouen que en 1894 organizó Pierre Giffart del periódico francés Le Petit Journal. Estaba reservada a carruajes sin caballo y arrancó el 22 de julio a las ocho de la mañana. El recorrido de 126 km debía completarse «circulando sin peligro, a costos aceptables y proporcionando confort a los pasajeros» según los criterios de los organizadores. El ganador provisional fue el conde Albert de Dion que, a bordo de un vehículo manejado a palanca, motor a vapor y de construcción propia, fue descalificado a consideración del jurado en favor de uno de los rivales que conducía un vehículo de motor a gasolina. El premio se otorgó a un Peugeot y un Panhard et Levassor.[5]

Siglo XX: primera década

Marcel Renault en la carrera París-Madrid de 1903.

En 1903 se celebró la París-Madrid una de las más ambiciosas de la época sin embargo una serie de accidentes durante la misma provocaron la muerte a un total de siete personas entre la que se encontraba Marcel Renault, cofundador junto a su hermano Louis de la marca Renault, por lo que las autoridades paralizaron la carrera que no pasó de Burdeos. Este hecho supuso un antes y un después, puesto que la seguridad de estas carreras quedó en entredicho y colmó la paciencia de las autoridades que ya no verían con buenos ojos la celebración de las mismas. Como alternativa a las carreras entre ciudades se optaron por cerrar al tráfico las carreteras públicas y correr en ellas, si bien el formato actual de los rally no llegaría hasta años después en la década de los cincuenta. Algunos ejemplos que utilizaron esta fórmula fue la Copa Vanderbilt de 1904 en Estados Unidos o el primer Gran Premio de Francia con un recorrido diseñado de más de 100 km por carreteras nacionales. Aunque poco después nació el primer circuito cerrado permanente de carreras, el de Brooklands (Gran Bretaña), las carreras entre ciudades no desaparecieron del todo. En 1907 se organizó la primera gran carrera de la primera década del siglo XX, la Pekín - París. Nació por iniciativa del periódico parisino Le Matin que quiso averiguar si el automóvil estaba destinado a cambiar el mundo como medio de transporte incluso en las condiciones más extremas. Teniendo como meta la ciudad de París escogieron la ciudad más alejada posible, Pekín, a donde enviaron por mar a los cinco coches que se inscribieron: dos De Dion Bouton, un Itala, un Spyker y un triciclo Contal. Las únicas reglas que se marcaron era el juego limpio y de ayudarse mutuamente llegado el caso. Sin un trazado definido las participantes se encontraron con una carrera muy dura, con condiciones climatológicas adversas, ausencia de mapas fiables y las continuas averías que solo podían reparar con lo que pudiesen encontrar por el camino. El vencedor fue el príncipe italiano Scipione Borghese a bordo del Itala y acompañado de su mecánico y de un periodista del The Daily Telegraph que lo convenció para lo que llevara en el asiento trasero. Después de pasar mil y una penalidades el príncipe llegó a París con una semana de adelanto sobre el segundo clasificado el Spyker holandés. Del resto de participantes solo el Contal no llegó a meta. Borghese fue recibido por una multitud y como único premio le otorgaron una botella de champán francés, símbolo hoy utilizado para las carreras automovilísticas. Al año siguiente, en 1908, tras el éxito de la Pekín-París se celebró la no menos polémica, Nueva York – París con un recorrido que partía de la ciudad estadounidense atravesaba el país, de Alaska pasaba por Siberia y finalmente el continente europeo con meta en la ciudad francesa. De nuevo otro periódico, esta vez el New York Times, organizó la prueba a la que se apuntaron seis coches: tres franceses, un alemán, un italiano y un norteamericano. Partieron desde la sede del periódico el 12 de febrero y el ganador fue el Protos germano que llegó a la meta el 26 de julio de ese mismo año.[5]

Años 1910-1930

Cartel anunciador del primer rally de la historia: el Rally de Montecarlo de 1911. Como muchos de la época se organizó para promocionar la ciudad lejos y estaba lejos todavía de tener un formato de competición.

Como alternativa a las carreras de circuitos que se consolidaban en Europa, se organizaron los primeros rallies turísticos que tuvieron gran auge antes de la Primera Guerra Mundial. Estos consistían más, en reuniones de las clases adineradas que podían permitirse adquirir un automóvil, que en verdaderas competiciones. Los rallies tenían fines turísticos y exigían menos en el aspecto mecánico aunque tenían un glamour superior a las carreras de circuitos y por otro lado tampoco existía una reglamentación por lo que cualquiera que tuviese un vehículo podía presentarse a cualquier carrera con tal de pagar la inscripción. Por aquel entonces la ciudad de Mónaco era uno de los destinos turísticos preferidos y que tenía como rival a Niza que se había convertido en la principal ciudad de descanso durante el invierno. Para promocionar la ciudad el hijo del presidente del club Sport Velocipédique et Automobile de Monaco, Anthony Noghès organizó la primera carrera documentada que recibió el apelativo de rally, el Rally de Montecarlo. Esta se enmarcaba dentro de estos rallies turísticos que de esta manera tenía como rival a la popular París-Niza. La prueba comenzaba con la salida de los participantes desde sus ciudades de origen teniendo como meta la ciudad de Montecarlo, aunque el vencedor no fue quien primero llegó, si no, el que obtuvo mayor puntuación sobre la base de una serie de factores más bien subjetivos: como el estado del vehículo o el nivel de confort. La carrera contó con 23 inscritos de los cuales 20 tomaron salida y 18 finalizaron. El francés Henri Rougier a bordo de un Turcat-Méry 25 HP llegó al puerto de Condamine, sitiéndose ganador, pero el capitán von Esmarch que había cubierto la distancia Berlín - Mónaco con una velocidad media de 22,7 km/h se encontraba allí esperando por los demás participantes. Los cálculos del jurado para determinar el ganador resultaron extensos y complejos. Ciertos hechos subjetivos fueron objeto de discusiones, polémicas, negociaciones y deliberaciones que duraron 24 horas, hasta que finalmente declararon como vencedor a Rougier que recibió como premio 10.000 francos. El capitán von Esmarch que había llegado antes que nadie, se le había otorgado el sexto lugar por lo que decidió impugnar el resultado e incluso se negó a participar en el desfile de honor. Este hecho creó un gran revuelo, pero dio publicidad al rally para la segunda edición.[9]

El ruso Nagel en el Rally de Montecarlo de 1912.

Al año siguiente se organizó la segunda edición esta vez con mayor número de inscritos, sesenta y siete, y de nuevo con las mismas características. Con todo, las polémicas estuvieron de nuevo presentes, debido al sistema de elección, muy subjetivo, de los ganadores. El francés Jules Beutler fue elegido el ganador, pero en esta ocasión hubo más protestas y para evitar males mayores se decidió no convocar más ediciones en 1913 y 1914 y posteriormente la Primera Guerra Mundial paralizó cualquier intento de retomar la carrera, al igual que en el resto del continente. En 1923 Noghès retomó la prueba, esta vez con un reglamento más claro. La participación fue más escasa pero como novedad se incluyó una prueba de velocidad no válida para la clasificación final a la que todos los participantes de apuntaron. Con los años se fueron organizando pruebas de diferente tipo: frenada, aceleración, cambios de ruedas, e incluso en los años 30 una prueba de velocidad en el trazado del actual circuito urbano donde se celebra el Gran Premio de Mónaco. Con el tiempo estas pruebas contaron más que la elegancia de los coches para determinar el ganador. Al igual que el Montecarlo muchas pruebas del período de entreguerras se organizaron con el mismo carácter lúdico pero a la vez coqueteaban con la competición pura.[9]

Años 1940-1950

Tras la Segunda Guerra Mundial se inició un periodo de recuperación económica que supuso el aumento de carreteras asfaltadas y del número de automóviles. Este hecho propició que los rallies reaparecieron con fuerza sobre todo en el continente europeo. Esto se explica por varias razones. Primero que a diferencia de las carreras en circuitos donde se desarrollaban coches específicos, es rally bastaba con tener un vehículo de serie y poder pagar la correspondiente inscripción. En segundo lugar la gran disponibilidad de los coches que debido a la guerra muchos se habían guardado en los garajes. Una muestro de ello fue que el ganador del Rally de Montecarlo de 1949 fue el mismo participante y con el mismo coche que el de 1939, el francés Jacques Trévous con un Hotchkiss. Otra de las razones del éxito de los rallies fue que correr en este tipo de pruebas no era excesivamente caro, solo se necesitaba correr con los gastos de mantenimiento del coche, como la gasolina, y por otro lado se convirtieron en el paradigma del deseo de libertad y aventura que imperó en el continente tras la dura guerra. Algunas de las pruebas que se recuperaron tras la contienda fueron, en 1947 la Copa de los Alpes y en 1950 la Maratón de la Route, una dura carrera con un itinerario que transcurría entre las ciudades de Lieja y Sofía. Las inscripciones además eran cada vez mayores y llegaban con suma facilidad a sobrepasar las 200 solicitudes. Otras pruebas que se recuperaron en los primeros años cincuenta fueron el Montecarlo y el RAC de Inglaterra, pero también nacieron otras muchas prácticamente en cada país del continente europeo, tanto del lado occidental como tras el telón de acero. Algunos ejemplos de ello fueron el Rally Mil Lagos (Finlandia), el Rally Acrópolis (Grecia), el Rally de Suecia, el Rally de Polonia, el Rally de Córcega o el Rally Sestrières, precursor del San Remo. Fuera de Europa los rallies también comenzaron a ganar adeptos y en 1953 nació el Rally Safari y en Estados Unidos el Rally Press on Regardless arrancó en 1949. Sin embargo, a pesar de la popularidad que alcanzaron durante esos años, las autoridades se mostraron cada vez más reticentes en conceder permisos para disputar rallies. En los países nórdicos la creciente preocupación por la seguridad ponía en serio peligro la supervivencia de las carreras en carreteras abiertas. Los organizadores comenzaron a plantear a las autoridades la posibilidad de cerrar al tránsito rodado las carreteras para la celebración de los rallies y como contrapunto dieron su palabra de que los participantes cumplirían escrupulosamente el reglamento de circulación fuera de estas secciones. Con la suma de los tiempos empleados en los distintos tramos cerrados al público se obtendría fácilmente la clasificación final. De esta manera nació el formato de los rallies modernos que pronto cuajó en otros países. En Gran Bretaña sin embargo se adoptó con una pequeña variación. La legislación británica prohibía cerrar las carreteras para competir en ellas por lo que recurrieron a los caminos privados de los bosques con solo solicitar el permiso de sus propietarios. Al transcurrir la prueba por estos lugares quedaba prohibido entrenar en ellos previamente por esta razón el Rally RAC mantuvo este carácter secreto hasta bien entrados los años ochenta.[10]

Documento gráfico del Rally de Montecarlo de 1949 (Voz en off en holandés).

En los años cincuenta el aumento de las carreteras asfaltadas provocó que consecuentemente aumentara el tráfico sobre ellas por lo que muchas pruebas optaron por correr sobre pistas de tierra. Esto fue el caso del Rally Acrópolis que se convirtió en una prueba sobre tierra o el San Remo que se convirtió en una mixta con partes asfaltadas y otras con tierra. Otro adelanto que comportaron los años de posguerra fue la aparición de nuevas tecnologías para los automóviles, como los discos de frenos, faros halógenos, neumáticos radiales, entre otros, y los rallies se convirtieron en el banco de pruebas ideal para probar estos avances. Gracias en gran medida a este hecho se comenzó a dar importancia a las distintas categorías de automóviles que hasta entonces solo se dividían en función de su cilindrada. Algunos intentos para igualar los coches fue el penalizar a los coches deportivos que se les asignó la categoría de GT (gran turismo) sin embargo pronto se adoptó, como se hacía en los circuitos, el sistema de la homologación. En 1957 se promulgó el Formulario Internacional de Homologación, que luego se convirtió en el Anexo J de la FIA y en él se establecieron las distintas clases y grupos, que dividían a los coches en función de su cilindrada y del grado de preparación. Este reglamento obligaba también a incorporar las primeras medidas de seguridad como las barras antivuelco.[10]

Campeonato de Europa

Participantes en el Rally de Finlandia de 1956 inspeccionando un DKW.

En medio de estos avances tecnológicos y novedades deportivas se fue estableciendo un amplio calendario de pruebas de carácter internacional. De esta manera nació el primer campeonato internacional de rallyes: el Campeonato de Europa de Rally. En los primeros años la mayoría de los participantes eran pilotos privados (particulares) que participan asiduamente en pruebas de todo el continente sin ninguna intención de pelear por el recién estrenado certamen por ello los primeros ganadores fueron mayoritariamente alemanes, simplemente porque quedaban más cerca de la mayoría de las pruebas y podían sumar más puntos. Durante esa década las marcas de coches más populares como Mercedes, Volvo, Ford, Renault, Saab, British Motor Corporation o Citroën crearon los primeros equipos dedicados al desarrollo y construcción de coches de rally. Estas se desplazaban solamente a aquellas pruebas que consideraban más célebres, en las que tenían más posibilidades de ganar o simplemente por intereses comerciales. A finales de la década los fabricantes comenzaron a ganar protagonismo en las distintas pruebas internacionales, empezaron a competir en serio y crearon los primeros equipos semi profesionales, lo que supuso el empujón necesario para el campeonato de Europa se estableciera de manera definitiva.[10]


Fuera de Europa

En países donde no había demanda de carreteras por lugares alejados, otros eventos han aparecido. En América del Sur, tuvieron mucho éxito las rutas de gran kilometraje (8.000-9.000) divididas normalmente en dos días. La primera fue Gran Premio del Norte en 1940, desde Buenos Aires hasta Lima y vuelta; fue ganada por Juan Manuel Fangio en un muy modificado Chevrolet coupé. Este evento fue repetido en 1947 y en 1948 se celebró uno aún más ambicioso; el Gran Premio de la América del Sur desde Buenos Aires hasta Caracas, Venezuela, Fangio tuvo un accidente, en el que su copiloto falleció. En 1950 se celebró la rápida y peligrosa Carrera Panamericana, una carrera dividida en etapas para celebrar la construcción de una autopista entre las fronteras de Guatemala y Estados Unidos. Este tipo de carreras fueron víctimas de los costes de celebrarlas en un mundo en pleno desarrollo. Sin embargo, algunas se siguieron celebrando, como actualmente hacen en Bolivia. Canadá albergó uno de los rallys más largos de los sesenta el Shell 4000 Rally.

En 1950, África vio su primera carrera, organizada por franceses. La Méditerranée-le Cap recorría 16000 km desde el Mediterráneo hasta África del Sur. Se celebró hasta 1961, cuando los problemas políticos del continente africano obligaron a suspenderla. En 1953 se celebró en África del Este el Rallye Coronation Safari, renombrado años más tarde como Rally Safari seguido después por el Rally de Marruecos y el Rally Costa de Marfil. El Rally Safari, celebrado principalmente en Kenia, fue incluido en numerosas ocasiones en el calendario del Campeonato del Mundo.

Años 1960

El piloto finlandés Rauno Aaltonen. Los pilotos nórdicos fueron los claros dominadores de los años sesenta.

Si en la década de los cincuenta los rallies resurgieron con fuerza en los sesenta se asentaron definitivamente como una especialidad del automovilismo. Las pruebas con tramos cronometrados fueron imponiéndose sobre aquellas que todavía usaban el formato antiguo en carreteras abiertas como el Tulip Rally holandés, la Maratón de la Ruta o el Lieja-Sofía-Lieja que cada vez tenían más problemas para encontrar itinerarios con poco tránsito. Al mismo tiempo cada vez se fueron reglamentando más como la incorporación de los entrenamientos que al no poder evitarlos tuvieron que reglamentarlos. El primer gran paso para la consolidación de los rallies fue la creación de los equipos oficiales. El más importante de ellos fue el de la BMC ( British Motor Corporation). En 1961 el periodista Stuart Turner fue nombrado jefe del departamento de competición de la marca británica y creó un equipo pionero en muchos aspectos. Fue el primero en desarrollar coches específicos para rally, en asistir a sus pilotos con mecánicos especialistas que se trasladaban a las pruebas provistos de material y ruedas y en imponer a sus conductores que entrenaran por lo que los copilotos mecánicos dejaron sitio a verdaderos copilotos profesionales. De esta manera nacieron las notas de copiloto tal y como se conocen en la actualidad. Turner fue uno de los primeros en fichar a pilotos extranjeros, como Timo Mäkinen o Rauno Aaltonen, y también creó la figura de los ouvreurs. El equipo de la BMC consiguió con los Mini ganar pruebas de prestigio como el Montecarlo y creó la logística de los rallies que de manera más amplia y desarrollada es la que se sigue en la actualidad. En definitiva a él se debe la profesionalización de la especialidad.[11]

Los pilotos nórdicos fueron los grandes dominadores de la época. A Mäkinen y Aaltonen que corrían con la BMC hay que sumar otros nombres como el sueco Eric Carlsson, que dominó con su Saab las pruebas del norte del continente europeo; Pauli Toivonen, Tom Trana y Gunnar Andersson ganadores del campeonato de Europa, aunque a modo de excepción aparecieron otros pilotos como el británico Vic Elford o el polaco Sobieslaw Zasada. La razón de que los nórdicos protagonizaran los rallies era que estaban más acostumbrados a pilotar sobre superficies más complicadas y deslizantes, como la tierra o la nieve. Entre las marcas más destacadas estaban Mercedes, Porsche, Citroën, Saab y Volvo pero pronto dejaron paso a otras como Lancia, Ford, Fiat y Alpine Renault que protagonizarían la década de los setenta. Estas, sin embargo, todavía escogían aquellas pruebas que les podían resultar favorables, provocaba que no existiera un enfrentamiento a lo largo del año entre ellas. Al mismo tiempo los departamentos de competición comenzaron a tener más apoyo debido a que las marcas comenzaron a explotar la publicidad que las carreras les otorgaban. En el campeonato de Europa el Montecarlo iniciaba la temporada seguida de pruebas como el Acrópolis, el San Remo, el Mil Lagos, el de Suecia o el RAC a la vez que otras iban desapareciendo del calendario como el Rally de los Alpes Austríacos, el Lieja-Sofía-Lieja, la Copa de los Alpes, el Rally de Ginebra, el Rally de Polonia o el Tulip Rally de Holanda. Entre 1966 y 1967 se introdujo una pequeña novedad, se declararon tres ganadores uno por cada categoría, el de los grupos 1, 2 y 3, y a partir de 1968 se estrenó el campeonato de constructores aunque inicialmente contaba con pruebas distintas al de pilotos.[11]

En el centro de Europa hubo muchas pruebas de reconocido éxito. En la zona de los Alpes donde confluían varios países se organizaban diversas carreras que discurrían por puestos de montaña, como el Österreichische Alpenfart ( Rally de los Alpes Austríacos), una de las más duras del continente y junto al Montecarlo las más populares. Entró por primera vez en el Campeonato de Europa en 1964 y años más tarde entraría en el Campeonato Internacional de Marcas y posteriormente en su última edición en la temporada inaugural del campeonato del mundo. Otra prueba célebre fue la Copa Internacional de los Alpes, que se organizaba entre varios países: Francia, Italia, Suiza y Alemania que más tarde se renombró como Copa de los Alpes franceses. El Rally de Polonia era una de las más populares del este de Europa. Se organizó por primera vez en 1921 y fue fecha fija del campeonato de Europa e incluso en 1973 se incluyó en el mundial. Otra prueba importante durante los años sesenta fue el Deustchland Rally que años después, en 1982, vería nacer el Rally de Alemania.[12]

Años 1970

En 1970 nació el Campeonato Internacional de Marcas y se convertía en el primer certamen que se disputaba en varios continentes, aunque la mayoría de las pruebas se concentraban en Europa. Tan sólo las marcas sumaban puntos y duró tres años siendo los protagonistas Porsche, Alpine-Renault y Lancia que se repartieron el cetro. Entre los pilotos que más destacaron se encontraban los suecos Bjorn Waldegard y Ove Andersson. En 1973 dicho certamen se convirtió en el Campeonato Mundial de Rally que mantuvo el mismo formato y calendario. El primer vencedor fue Alpine-Renault con Jean-Luc Thérier como principal protagonista pero fueron las marcas italianas las que dominaron los primeros años, con tres títulos para Lancia (1974, 1975 y 1976) y su poderoso Lancia Stratos pilotado por Sandro Munari (1977 y 1978) con el Fiat 131 Abarth conducido por Munari y Markku Alén. Esos dos últimos años se organizó la copa FIA para pilotos que sirvió de anticipo para el mundial de pilotos que se estrenó en 1979. El ganador ese primer año fue Bjorn Waldegaard mientras que Ford se llevó el título de marcas.

Años 1980

En los años ochenta continuó con el tercer triunfo para Fiat y del alemán Walter Röhrl que venció en 1980 y 1982 y se convirtió en el primer bicampeón mundial de la historia. El segundo título de Röhrl lo hizo a bordo del Audi Quattro, vehículo que en 1983 ya como grupo B se batiría en duelo con el Lancia 037 de Hannu Mikkola. Estos modelos fueron los primeros en destacar dentro de la normativa que protagonizó los siguientes cuatro años y que dieron paso a una generación de coches tan fascinantes como peligrosos que para muchos fue la época dorada de los rallies. Eran muy potentes, ligeros e introdujeron importantes novedades técnicas a la competición, como la tracción integral y los motores turboalimentados que permitieron elevar la potencia a nuevos límites. Luego fue Peugeot que con el Peugeot 205 T16 se hizo con las coronas en 1985 y 1986 si bien tuvo como rival más duro al Lancia Delta S4. Una serie de accidentes mortales en 1986 provocaron la desaparición de esta categoría que daría paso al grupo A. Lancia fue la que mejor interpretó esta nueva normativa y dominó por entero los siguientes años, primero con Juha Kankkunen en 1987 y luego con Miki Biasion en 1988 y 1989. La marca italiana también dominó el Campeonato de Europa esos años al imponerse entre 1983 y 1989 con nombres como Dario Cerrato o Fabrizio Tabaton. Además del europeo también nacieron otros campeonatos continentales como el Campeonato de África de Rally que arrancó en 1981 siendo el primer ganador el keniata Shekhar Mehta, el Campeonato de Oriente Medio de Rally que se inició en 1984 con Saeed Al-Hajri como vencedor en sus dos primeras ediciones y finalmente el Campeonato Asia-Pacífico de Rally que se estrenó en 1988 con el japonés Kenjiro Shinozuka como primer ganador.

Años 1990

En los años noventa las marcas japonesas desembarcaron y dominaron el mundial prácticamente toda la década. Primero Toyota que venció en 1990 y 1992 con Carlos Sainz, en 1993 con Kankkunen y en 1994 (el finés se convirtió en el primer cuatricampeón del mundo) con Didier Auriol, luego Subaru con Colin McRae en el Subaru Impreza en 1994 y más tarde Mitsubishi que dominó las temporadas de 1996 a 1999 con Tommi Mäkinen y su Mitsubishi Lancer Evo. La gran novedad reglamentaria fue la aparición en 1997 de la categoría World Rally Car, una reglamentación basada en el grupo A pero más permisiva que dominaría el mundial durante los siguientes años. Esto permitió la aparición de nuevas marcas como Skoda, Suzuki y el regreso de otras como Peugeot o Citroën.

Además del Campeonato de Producción que se llevaba organizando desde 1987 de manera complementaria al mundial la FIA creó también y de manera paralela la Copa del Mundo de Rally de 2 Litros, que se disputó entre 1994 y 1999 donde destacó SEAT con tres títulos y la Copa FIA para Equipos, este último exclusivamente para pilotos privados que se organizó entre 1999 y 2001 siendo los ganadores Luis Climent, Toshi Arai y Henrik Lundgaard.

En el Campeonato de Europa y de manera muy parecida al mundial los que protagonizaron esos años fueron Mitsubishi, Toyota y Subaru. En África Satwant Singh sumó cinco títulos (1991, 1993, 1996, 1997 y 1998) a los dos que ya tenía, en Oriente Medio Mohammed Bin Sulayem continuó con su racha de triunfos y sumó siete títulos (1990, 1991, 1994, 1996-1999) a los cuatro que ya había ganado en la década anterior, en el Campeonato de Asia-Pacífico Ross Dunkerton y Possum Bourne se repartieron dos títulos cada uno y luego el sueco Kenneth Eriksson venció en tres ocasiones (1995, 1996 y 1997).

Años 2000

En los primeros años de la década de los 2000 dominó el Peugeot 206 WRC de Marcus Grönholm que coronó campeón en 2000 y 2002 y el Subaru Impreza WRC, primero de Richard Burns en 2001 y luego de Petter Solberg en 2003. Posteriormente la entrada de Citroën con Sébastien Loeb estableció un periodo de dominio absoluto cuando se llevó nueve títulos de pilotos consecutivos entre 2004 y 2012 y batió además todos los récords del campeonato del mundo. Solo Ford pudo arañar dos campeonatos de constructores en 2006 y 2007. En 2006 fueron muchas las marcas que abandonaron el campeonato y tanto Citroën como Ford se quedaron solas en la lucha, tras la marcha también de Subaru en 2008. En 2001 la FIA creó el Campeonato Mundial de Rally Junior con el objeto de potenciar a las jóvenes promesas y donde triunfaron nombres como Sébastien Loeb, Dani Solà, Per-Gunnar Andersson o Sébastien Ogier.

Desde el año 2006 hasta 2012 se disputó el Intercontinental Rally Challenge, un campeonato promovido por el canal de televisión Eurosport y que fue único con carácter internacional a parte del mundial. El certamen aunque disputado en diferentes continentes se celebraba mayoritariamente sobre suelo europeo y compartiendo fechas con pruebas del Campeonato de Europa de Rally en varias ocasiones, como el Rally de Ypres o el Rally de Zlín. En el mismo vencieron Giandomenico Basso, primer vencedor, Enrique García Ojeda, Nicolas Vouilloz, Kris Meeke, Juho Hänninen y Andreas Mikkelsen, este último ganador de las dos últimas ediciones. En el campeonato de marcas Peugeot y Škoda se repartieron tres títulos cada uno. En el Campeonato de Europa el Peugeot 206 WRC sumó dos títulos con Renato Travaglia y Bruno Thiry y luego dio paso al triunfo de los S1600 primero y los S2000 después. El francés Simon Jean-Joseph fue campeón en 2004 y 2007, y los italianos Giandomenico Basso en 2006 y 2009 y Luca Rossetti en 2008. En el campeonato de África los ganadores lo hicieron siempre a bordo de modelos japoneses, Subaru o Mitsubishi con nombres como Muna Singh o Conrad Rautenbach, pero también ganaron pilotos foráneos como el español Fernando Rueda, el belga Patrick Emontspool o el japonés Hideaki Miyoshi. En el Asia-Pacífico Karamjit Singh se llevó tres títulos (2001, 2002 y 2004) y posteriormente Cody Crocker se adjudicó cuatro consecutivamente entre 2006 y 2009. En Oriente Medio Mohammed Bin Sulayem sumó tres campeonatos más y luego cedió el testigo a Nasser Al-Attiyah que se impuso en 2003 y entre 2005 y 2009.

Años 2010

Ford Fiesta WRC de Hirvonen en Portugal 2011.

En 2010 se creó un nuevo campeonato paralelo, junto a los dos ya existentes: el Campeonato S2000. Este campeonato nació con la intención de asentar las bases para las nuevas regulaciones que se establecerían para los World Rally Cars en 2011. Los vehículos que participaron en este campeonato eran los Super 2000. Estos vehículos estaban basados en el grupo N, pero con tracción a las cuatro ruedas, motor de 2L y atmosféricos. Los nuevos World Rally Car, cuentan con motor 1.6 litros lo que conlleva menos par de motor y más revoluciones, cuentas con turbo y tracción a las cuatro ruedas, son más anchos y cortos, que los hace más fáciles de pilotar en tramos muy técnicos y llenos de curvas, pero con una ligera pérdida de estabilidad en tramos rápidos.[14]

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