Rafael Romero Barros

Rafael Romero y Barros ( Moguer, 30 de mayo de 1832 - Córdoba, 2 de diciembre de 1895) fue un pintor español. Padre y profesor del también pintor Julio Romero de Torres.

Biografía

Fotografia de Rafael Romero Barros en sus primeros momentos en Córdoba.

Nació el 30 de mayo de 1832 en la casa paterna de la calle Jilascura de Moguer. Su padre, Rafael Romero, era un humilde trabajador. Con tan solo tres meses, sus padres se trasladaron a Sevilla por razones laborales. A los doce años cursa estudios en la Universidad Literaria de Sevilla, estudiando Latinidad y Filosofía entre los años 1844 y 1847. Las clases de Retórica y Poética le fueron impartidas por Francisco Rodríguez Zapata. Este fue su maestro y el hombre que logró darle una formación literaria suficiente para que Rafael Romero se defendiera con la pluma con evidente soltura, como lo demostrará en la gran cantidad de escritos que se conservan, tanto de corte artístico como literario. Las clases de Historia Natural le fueron impartidas por el médico y catedrático don Antonio Machado Núñez, abuelo del poeta Antonio Machado, que le enseñaría a amar la naturaleza. Poesía y naturaleza serán, pues, dos características principales, perceptibles desde entonces en su obra. Completa su formación intelectual el aprendizaje técnico de la pintura.

Placa y calle Homenaje en la casa donde nació en Moguer.

Por estas fechas inicia sus primeros balbuceos pictóricos, en serio, con el paisajista sevillano Manuel Barrón y Carrillo, conviviendo con los artistas y amigos Valeriano Domínguez Bécquer, Antonio Cabral Bejarano, José Roldán Martínez, Manuel Rodríguez de Guzmán, los hermanos García Espaleto... De su maestro tomará bastantes influencias; una de ellas decisiva en el posterior desarrollo pictórico de Rafael, se trata del gusto por el paisaje. El mismo Barrón le trasladará la influencia de Villaamil, David Roberts y los paisajistas ingleses. Años más tarde contraerá matrimonio con la sevillana Rosario Torres Delgado, fruto del cual son sus ocho hijos: Eduardo, Carlos, Rafael, Enrique, Rosario, Fernando, Julio y Ángela. Hay que destacar la vocación de padre de Romero Barros. Lo demostró a lo largo de toda su vida, ya que en todo momento se preocupó de que sus hijos consiguieran una buena posición y pleno éxito en sus actividades.

De espíritu extremadamente sensible, llegó a interesarse por el arte en todas sus facetas. Pintura y docencia son actividades que ya no abandonará nunca, a las que unió sus facetas como restaurador y conservador y crítico de arte.

Museo de Bellas Artes de Córdoba

El 30 de mayo de 1862, a la edad de treinta años, fue reclamado desde el Ministerio de Instrucción Pública para ocupar el puesto de conservador-restaurador del Museo provincial de pinturas de Córdoba (actualmente Museo de Bellas Artes de Córdoba) y en 1871 pasó a ser el conservador de Museo de Antiguedades que fue el origen del actual Museo Arqueológico de Córdoba. Fue un autor prolífico escribiendo numerosos artículos que publicaba en la prensa diaria y en diversas revistas especializadas.

Fue maestro de una gran cantidad de artistas cordobeses como sus hijos Rafael, Enrique y Julio Romero de Torres, Mateo Inurria, Hidalgo de Caviedes, Villegas Brieva, Tomás Muñoz Lucena, Juan Montis, Serrano Pérez, y una larga lista de once orfebres y artesanos que vieron un renacimiento en la nobleza de sus oficios al recibir la savia del humanista y enciclopédico saber del maestro moguereño. Debido a su nivel cultural, así como a su conocimiento de la realidad social, tomó parte activa en la Asociación de Obreros Cordobeses, ocupando el cargo de Secretario hasta su muerte.

Al hilo de esta labor como profesor y director de escuela, de sus enseñanzas particulares y de su pasión por la escritura, Romero Barros será el encargado de conservar y restaurar las obras del pasado. Esta labor de restaurador la realizaba en salas habilitadas en el propio Museo. Restauró obras de Valdés Leal, Palomino, Saravia, Antonio del Castillo, Rivera, Zambrano, Alfaro , etc. También se ocupaba de hacer copias de estos maestros; la más conocida es la que hizo de Antonio del Castillo, titulada Calvario. Pero sin duda, la restauración más importante que dirigió fue la de la imagen de la Virgen de Linares, datada en el siglo XIII.

Su gran pasión fue la Arqueología. Rafael Romero Barros recuperó abundantes piezas que sin su intervención hubiesen desaparecido. Concienció a la población de la Importancia de estos restos de la historia de la ciudad y fue el promotor del Museo Arqueológico. Para sus estudios arqueológicos buscó siempre el apoyo de aquellos que más se distinguían en la materia. En el caso de Córdoba, conocer el pasado árabe o judío era de vital importancia, por ello mantiene viva amistad con el padre Fidel Fita, distinguido arabista que le ayudó en muchas transcripciones; y de Rodrigo Amador de los Ríos, que le ayudó a traducir párrafos del Corán que necesitaba para sus estudios.

En su faceta como historiador y crítico de arte, dentro de sus escritos se ve su gran nivel cultural y su abierta mentalidad en estos temas, preocupándose en todo momento por el estado de los vestigios del pasado. Dentro de sus éxitos se destaca también la declaración como Monumento Nacional de la Mezquita de Córdoba junto con la sinagoga en 1882. Estos escritos se ven en una doble vertiente, ya que si por un lado nos dan luz sobre la historia de Córdoba, por otro suponen la reivindicación del patrimonio artístico cordobés. Esta misión la realizará desde su puesto en la Comisión de Monumentos de Córdoba, desde 1869, convirtiéndose en paladín de la defensa a ultranza de todo vestigio del pasado.

Murió el día 2 de diciembre de 1895, en plena madurez artística pictórica y literaria, dejando gran número de escritos sin publicar.

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