Rafael Cordero y Molina

La escuela del maestro Cordero (1890-92), por Francisco Oller.

Rafael Cordero Molina, nació en San Juan, Puerto Rico el 24 de octubre de 1790 y murió en su ciudad natal el 5 de julio de 1868. Fueron sus padres el artesano Lucas Cordero y Rita Molina, mulatos libres. Tuvo dos hermanas mayores: Gregoria y Celestina. El maestro Rafael Cordero es una de las figuras más importantes de la educación en Puerto Rico y un icono para el sistema educativo, la historia y la cultura de la isla.

Durante su niñez, Rafael fue educado por sus padres, ya que por ser negro no tenía derecho y por ser pobre tampoco contaba con los recursos para asistir a una escuela. Posteriormente, y gracias a la dedicación de sus progenitores, el propio Rafael continuó su educación mediante la lectura de libros, principalmente de temas religiosos. Ese mismo interés y afán por el saber y su devoción lo llevaron a dedicar toda su vida a la educación y el bienestar social de los más necesitados.

Obra social

En 1810, Rafael Cordero abre su primera escuela de enseñanza primaria en su hogar de San Juan (Puerto Rico), donde residía en esa época. Gratuitamente impartía clases a los niños negros, quienes, por ser tiempos de la esclavitud en Puerto Rico, no podían pagar el maestro para asistir a la escuela. Atendía a los pobres, quienes, por su parte, no contaban con los recursos para poder recibir una educación formal en alguna de las pocas escuelas que existían en ese entonces. Su hermana, Celestina, hizo lo propio por la educación de las niñas de esta misma forma. Además de aprender las destrezas básicas, Rafael enseñaba las doctrinas del cristianismo a sus discípulos, religión de la cual era muy devoto.

El maestro estableció una escuela para instruir a los niños pobres, negros y mulatos. En ella les enseñaba a leer y a escribir, gramática, historia, caligrafía, geografía, aritmética y por supuesto, los preceptos del cristianismo. Para sustentar a su familia y poder mantener la escuela, combinaba sus tareas de maestro con la elaboración y venta de cigarros; además, se desempeñaba como zapatero.

La fama del buen maestro fue tal que, con los años incluso las familias blancas con recursos comenzaron a enviar a sus hijos a estudiar con él. Así cimentó las bases que hicieron desaparecer la esclavitud en Puerto Rico. Muchas de las figuras importantes de la política y la cultura puertorriqueña del siglo XIX —a varios de los cuales hoy se les llama próceres—, fueron discípulos suyos. Entre éstos, cabe mencionar a Alejandro Tapia y Rivera (considerado por muchos como el “patriarca” de la literatura puertorriqueña), José Julián Acosta (político y líder abolicionista), Román Baldorioty de Castro (líder autonomista y abolicionista) y Manuel Elzaburu (fundador del Ateneo Puertorriqueño) entre otros.

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