Purgatorio (Divina Comedia)

El purgatorio de los avaros de Jennifer Strange.

El Purgatorio es el segundo de los tres cantos de La Divina Comedia de Dante Alighieri. Lo antecede el del Infierno y le sigue el del Paraíso. El Purgatorio de Dante se divide en Antepurgatorio, Purgatorio y Paraíso terrestre. La estructura moral del Purgatorio sigue la clasificación tomística de los vicios del amor mal dirigido, y no hace referencia a culpas específicas. Se divide en siete giros, en las cuales se expían los siete pecados capitales: soberbia, envidia, ira, pereza, avaricia, gula, lujuria. Al pie de la montaña se encuentra el Antepurgatorio, y en la cima el Paraíso terrestre. Su estructura es especular a la del Infierno, pues si aquel es un abismo este es una montaña, y el orden de las penas sufre un giro de ciento ochenta grados: el camino de Dante va del pecado más grave al más leve (que es la lujuria, o amor que se excede en la medida). Cada giro tiene un custodio angélico, y precisamente los ángeles de la humildad, de la misericordia, de la mansedumbre, de la solicitud, de la justicia, de la abstinencia y de la castidad; en cada giro, además, los que expían las culpas tienen ante sí ejemplos del vicio castigado y de la virtud opuesta. En la entrada del Paraíso terrestre, Virgilio debe separarse del poeta. Como guía en esta parte Dante tendrá al poeta latino Estacio, quien lo conducirá al jardín celeste, donde lo acogerá Matelda, quien es una anticipación de la aparición de Beatriz. Las almas del Purgatorio ya están salvadas, pero antes de llegar al Paraíso, para expiar sus pecados deben subir la montaña como hacían en los tiempos de Dante los peregrinos que se dirigían hacia Roma o Santiago de Compostela para hacer penitencia. Cada alma debe por consiguiente recorrer todo el camino y purificarse en cada giro del pecado correspondiente. Para facilitar su encuentro con determinados personajes, el autor los coloca en el giro de su pecado más relevante. El Purgatorio tiene la función específica de expiación, reflexión y arrepentimiento, y es solo a través del camino, es decir de la peregrinación hacia Dios, que el alma puede aspirar a la redención. Esto también vale para Dante, quien al principio tiene grabadas en la frente siete P, que simbolizan los siete pecados capitales. Al final de cada giro el ala del ángel guardián borra una de ellas, indicando que el pecado específico ha sido expiado.

Introducción

Algunas almas cristianas que llegan, van cantando y son escoltadas por un ángel en el Canto 2, en un grabado de Gustavo Doré.

Tras sobrevivir a las profundidades del infierno (descritas en el Infierno), Dante y Virgilio ascienden hacia la Montaña del Purgatorio en la zona opuesta del mundo. Se trata de una isla, la única en el hemisferio sur. Dante sitúa el infierno exactamente debajo de Jerusalén, en una apertura creada por la caída de Satán. El Monte Purgatorio, exactamente en la zona opuesta del mundo, se creó por el desplazamiento de tierra que siguió a ese evento.[1]​ Dante anuncia su intención de describir el Purgatorio invocando a las míticas Musas, como hizo en el Canto II del Infierno:

"y cantaré a aquel segundo Reino,
donde se purifica el espíritu humano,
y se hace digno subir al Cielo.
Resucite aquí, pues, la muerta poesía,
¡oh santas Musas!, pues que soy vuestro,"[2]

En un sentido alegórico el Purgatorio representa la vida penitente en la concepción cristiana.[6]

EL Purgatorio es notable porque muestra el conocimiento medieval acerca de que la tierra era esférica.[8]​ Durante el poema, Dante discute las diferentes estrellas visibles en el hemisferio sur, la posición alterada del Sol, y las diferentes zonas horarias de la tierra. En este momento es cuando, según dice Dante, el sol se pone en Jerusalén, y es media noche en el río Ganges (con la constelación Libra en el cielo occidental), y la aurora en el Purgatorio:

"Ya estaba el sol al horizonte junto
cuyo meridiano círculo cubre
a Jerusalén en su más alto punto,

y la noche, que opuesta a el sol gira,
salía del Ganges con las Balanzas,
de cuyas manos se cae cuando se alarga;

de modo que las blancas y rosadas mejillas
donde yo estaba, de la bella Aurora
por la mayor edad ya eran naranjas."[9]