Puente Colgante de Valladolid

Puente Colgante
Puente colgante arco en compresión valladolid rio pisuerga.JPG
Vista de la estructura completa del puente sobre el cauce del río Pisuerga.
País Flag of Spain.svg  España
Localidad Valladolid
Construcción 1864
Cruza Río Pisuerga
Vía Calle del Puente Colgante
Inauguración 20 de abril de 1865[1]
Longitud 75,00 m[1]
Ancho 7,00 m[1]
Número de vanos 1
Longitud del vano 67,70 m[3]
Gálibo de navegación 19,00 m sobre el fondo del cauce[3]
Ingenieros Andrés Mendizábal Urdangarín (primeros proyectos), Lucio del Valle (proyecto ejecutado), Carlos Campuzano y Antonio Borregón (dirección de obra)
Tipo arco atirantado (bowstring)[4]
Material hierro forjado roblonado en caliente
Uso vía urbana
Mantenido por Ayuntamiento de Valladolid
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El Puente Colgante (o Puente de Prado) es un puente sobre el río Pisuerga en la ciudad de Valladolid, sobre la calle a la que da nombre y uniendo la avenida de Salamanca con el paseo de Zorrilla. Es un ejemplo de arquitectura del hierro. Es el segundo más antiguo de la Ciudad, tras el Puente Mayor, que fue el único paso del río durante 800 años.

La estructura actual es un puente de tipo arco atirantado (bowstring)[4]

Sobre su mismo emplazamiento se proyectó y se comenzó la construcción en 1852 de un auténtico puente colgante,[5] Es obvio que la segunda estructura heredó de la primera, además del emplazamiento y los estribos, engañosamente el nombre, que se mantiene hasta la actualidad.

Historia

La historia de esta estructura comenzó en 1851 cuando, por iniciativa de José de Salamanca y Mayol,[7]

El proyecto de puente colgante, de 1852

Comenzó a construirse en el emplazamiento un puente colgante, que dejó también su nombre a la estructura posterior, en octubre de 1852 a partir de un proyecto del ingeniero de caminos Andrés Mendizábal Urdangarín.[5]

Detalle de uno de los estribos del Puente Colgante en Valladolid, construidos según este primer proyecto.

Estaba proyectado con 68 m de luz, 6,70 m de anchura de tablero y 12 m de gálibo sobre el nivel de las aguas ordinarias del río. Su estructura debía sustentarse por un único cable de acero de 11 cm de diámetro, fabricado en el mismo emplazamiento en forma de anillo cerrado, dispuesto de tal forma que dos ramas del mismo atravesaban el río en catenaria, suspendidas desde cuatro postes metálicos huecos de 5,25 m de altura, 32 cm de diámetro y 190 cm² de sección, dos en cada margen, y de forma que entre ellos pasaba enterrado atravesando los macizos de anclaje, colocados a unos 25 m por detrás de cada pareja de postes, por una galería semicircular practicada en ellos.[6]

Esta disposición tan particular, contraria al simple uso de dos cables independientes, tenía como intención simplificar la estructura y eliminar todo punto de unión en el cable, por ser éstos fuente de corrosión y problemas de mantenimiento.[6] Además, se proyectó el galvanizado del cable, lo que era un proceso absolutamente pionero para la época.

Alzado del proyecto de puente colgante de Mendizábal, publicado en la Revista de Obras Públicas en mayo de 1853.[6]

La flecha proyectada para las catenarias era de un onceavo de la luz, alta para lo usual, y la del tablero de sólo 40 cm. Las péndolas se proyectaron con barras de acero en vez de con cables, y el tablero y las barandillas con sólidos entramados de madera, todo ello con la intención declarada de vencer una de las principales dificultades que afrontaba esta tipología estructural en la época de sus inicios: el exceso de flexibilidad y la falta de inercia que producían movimientos intolerables de la estructura, y frecuentemente la ruina del puente.[6]

El ingeniero proyectista pensó también bastante en el mantenimiento de la estructura, para lo que la dotó de un andamio móvil para inspeccionar el lado inferior del tablero y de un pequeño aljibe para regar la madera y para prevenir incendios.[4]

Sin embargo, en 1854, cuando sólo se habían ejecutado los estribos, alcanzando éstos una altura de 19 m sobre el fondo del cauce, las obras se paralizaron.[5] el Gobierno rescindió el contrato de obras aduciendo dificultades técnicas y económicas.

La propuesta de puente «sistema Vergniais», de 1854

Alzado de la propuesta de puente « sistema Vergniais» de Mendizábal, publicados en la Revista de Obras Públicas en marzo de 1854.[8]

Tras paralizarse la construcción del puente colgante, el mismo Mendizábal presentó una nueva propuesta de puente mediante « sistema Vergniais», en el que los tableros se cuelgan atirantándolos de arcos portantes. A pesar de defender, como no podría haber hecho de otra manera, las virtudes de este sistema constructivo nuevo, Mendizábal continuó ponderando las virtudes de los « puentes colgados»; justificando que los incidentes y problemas que habían originado en esa época no eran fruto de defectos del sistema, si no del abuso de economía mal entendida, llevando más allá del límite prudente las posibilidades técnicas de un sistema seguro y bien conocido; y lamentando amargamente los prejuicios que llevaron a descartar su proyecto previo con sus obras ya empezadas:[8]

Pero ¿á qué esforzarnos más? demasiado saben las personas entendidas que el sistema de puentes colgados es un buen sistema, y puede satisfacer con todas las condiciones y garantías del mejor, las mayores exigencias del tránsito. Si sobre ello pudiera abrigarse alguna duda, ahí está el pais que marcha á la cabeza de los adelantos, construyendo puentes colgados de estraordinaria magnitud para caminos de hierro.

— Andrés Mendizábal, 1854

El puente proyectado habría consistido en un gran arco escarzano a cada lado del puente, de dovelas de hierro fundido, con una cuerda de 68 m, una flecha de 17 y 42,50 m de radio; contrarrestado en los riñones por dos arcos botareles de su mismo radio, apoyados sobre pilastras levantadas sobre los estribos ya ejecutados. Los dos arcos estarían arriostrados entre sí mediante otros arcos transversales. Las péndolas para soportar el tablero arriostrado inferiormente, de hierro forjado, se dispondrían cada metro.[5]

El puente bowstring, de 1865

Alzado del puente finalmente construido, publicado en la Revista de Obras Públicas en junio de 1866.[3]

Desechados los proyectos anteriores, el expediente pasó a la «Comisión de Estudio de los Puentes de Hierro» que en aquel momento estaba compuesta por los ingenieros de caminos Lucio del Valle, Víctor Martí y Ángel Mayo. Tras estudiar también una alternativa mediante viga celosía metálica de cordones paralelos, la Comisión adoptó como solución definitiva el sistema bowstring ( arco atirantado), tipología en la que los esfuerzos horizontales generados por el arco son absorbidos por el tablero horizontal, en vez de ser transmitidos a los estribos. Fundamentaron esa decisión, entre otras, en razones estéticas, pues «se trata de una obra que, si no llega á ser excepcional, es sin embargo muy notable é importante por su magnitud y demás circunstancias...; y su aspecto es más bello y de carácter más monumental y más apropiado para una capital tan importante como la de Valladolid».[5]

El puente que finalmente se construyó y persiste en la actualidad fue proyectado por el propio Lucio del Valle en 1864;[4] y un puente notable como ejemplo temprano de las posibilidades y el manejo del hierro como nuevo material en la construcción, ya que en su temprana fecha este uso no era común.

Detalle constructivo, del mismo origen.[3]

Se trata de una estructura de hierro forjado roblonado en caliente, a excepción de los pedestales de entrada que son de hierro fundido. Consta de dos grandes cerchas de celosía metálica con forma de segmento circular, forma que responde al momento flector que debe soportar la estructura, el mayor en el centro y en los extremos casi nulo. El cordón superior (curvo) y el inferior (recto) constan de ala y alma «en T», y ambos se unen sobre los estribos mediante planchas de palastro roblonadas. El alzado de cada cercha incluye un cordón curvo intermedio y se completa con una triangulación de las almas de gran pureza geométrica.[1]

Fue fabricado en 1864 en los talleres de John Henderson Porter[5]

Fotografía del Puente de Prado publicada en la Revista de Obras Públicas en 1897.[9]

La prueba de carga de la estructura se efectuó el 11 de mayo de 1865,[1]

Obras de conservación y modificaciones posteriores

Acceso al puente desde la margen izquierda del río Pisuerga en los años 1920 o 1930.

Aunque sus partes fundamentales ( estribos y arcos) se encuentran en su estado original, pronto debieron comenzar las obras de conservación y adaptación de esta estructura, en particular de su tablero. Ya en 1869, apenas cinco años después de su inauguración, fue necesario realizar una obras de reparación del piso. Los trabajos se adjudicaron a D. Anastasio Piernavieja con un coste de 890 escudos.[12] La última intervención sobre este puente se produjo en 2009, cuando el Ayuntamiento de Valladolid lo repintó en color negro (su color anterior era un marrón muy oscuro) con fondos procedentes del Plan E.

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