Pueblo huno

La fiesta de Atila, cuadro del pintor húngaro Mór Than. Se basa en el fragmento de Prisco, al que representa de blanco en la parte derecha, sosteniendo su libro de historia.

Los hunos fueron un pueblo nómada de origen probablemente altaico que se desplazó hacia el Asia Central y la Europa oriental a partir del siglo IV y estimularon la gran migración de pueblos que contribuyó al colapso del Imperio romano de Occidente. Durante el siglo V, los hunos formaron una confederación de gran importancia bajo el caudillo Atila, hasta disolverse finalmente luego del año 454.

Desde Joseph de Guignes en el siglo XVIII, los historiadores han asociado a los hunos que aparecieron en Europa en el siglo IV d. C. con los xiongnu que habían invadido China a partir del siglo III a. C.[8]

Historia

Asia Oriental y Central

Según las crónicas de la antigua China, los xiongnu eran un pueblo nómada de ganaderos y guerreros que vivía en las estepas orientales, al norte de la Gran muralla. La dinastía Qin pudo rechazar sus ataques de forma más o menos eficaz, pero a la caída de ésta los xiongnu lograron superar la Gran muralla e iniciar una serie de incursiones en territorio chino.[11]​ (209-174 a. C.) derrotaron a las tribus de los donghu, dingling y hunyu, unificando por primera vez las estepas mongolas. Su hijo y sucesor, Laoshang, expandió el control xiongnu hacia la cuenca del Tarim, en donde derrotó al pueblo de los yuezhi, forzándolos a migrar a las regiones de Bactriana y Gandhara, donde estos formarían el Imperio kushán. El emperador Wen de la dinastía Han quiso alejar el peligro pagándoles tributos (preferentemente seda y cereales), algo que con el tiempo sería una constante en la relación de los xiongnu con otros pueblos hasta varios siglos después. Los bienes que la corte xiongnu recibía cada año eran tan abundantes que los intercambiaban con notables beneficios a los comerciantes de occidente que llegaban por la Ruta de la seda. También hubo matrimonios de conveniencia entre princesas chinas y miembros de la aristocracia xiongnu con el fin de sellar la paz.

Mapa aproximado del área de extensión de las hordas xiongnu

Esta relación se rompió cuando el emperador Wu dejó de pagarles tributos y, anticipándose a la esperada reacción de los xiongnu, envió varias expediciones a las estepas a partir de 133 a. C., aunque solo una tuvo éxito: la que en el año 127 a. C. consiguió expulsar a los xiongnu del curso superior del río Amarillo. Las expediciones posteriores mantuvieron entretenidos a los nómadas combatiendo en su propio territorio de forma constante, lo que les debilitó. En el año 121 a. C. fueron derrotados en el corredor de Gansu por el general chino Huo Qubing y perdieron el control de las ciudades-oasis de la cuenca del Tarim. Los chinos pusieron la zona bajo su mando y entraron en contacto por primera vez con los persas helenizados de Fergana, que introdujeron la alfalfa y el caballo árabe en China.

Los debilitados xiongnu se escindieron en dos ramas hacia el año 48, y una de ellas, los xiongnu del sur, se ubicaron en la región de Ordos como aliados de los han. Ambas partes entraron en conflicto y en el año 89 las ramas tribales septentrionales fueron derrotadas por las del sur, las cuales contaban con asistencia del ejército Han. Los xiongnu del norte fueron forzados a migrar hacia el oeste, a la región de Altai, perdiendo su posición en las estepas mongolas, la cual pasó a manos de las tribus xianbei hacia la mitad del siglo II. Por su parte, los xiongnu del sur debieron afrontar tensiones por su estilo de vida nómada con la población china local. Esto no impidió que Cao Cao les utilizara como caballería en su ejército en las guerras sucedidas luego de la caída de la dinastía Han. Cabe mencionar que la aristocracia de los xiongnu del sur cambió su apellido a Liu por razones de prestigio, afirmando que estaban relacionados con la familia imperial Han a través de la vieja política de matrimonios mixtos.

Luego del establecimiento de la dinastía Jin en el año 265, China se mantuvo unida por un breve período hasta que el norte fue invadido por pueblos bárbaros, entre los que se encontraban remanentes de los xiongnu del sur, los cuales ya habían sido bastante influenciados por la cultura china. Liu Yuan, un descendiente del último caudillo xiongnu reinante, aglutinó a sus seguidores y comenzó a expandir su autoridad, reivindicando además su supuesto linaje y conexión con la dinastía Han, tal y como demostró con la titulatura para la dinastía que estableció en 304: Han. En el 311 los xiongnu conquistaron Luoyang, punto final de la Ruta de la Seda, y también ocuparon Chang’an, la cual usaron de capital por varios años.[12]​ Esta dinastía gobernó en el norte de China hasta que finalmente sucumbió en las guerras previas a la formación de la dinastía Wei del norte.

El período de aproximadamente dos siglos a partir de la migración al oeste de los xiongnu del norte está caracterizado por una relativa oscuridad en las fuentes. El libro de la historia del Estado Wei del norte confirma la existencia de un Estado xiongnu hacia el suroeste de las montañas de Altai.[14]​ Esto habría permitido a los xiongnu recuperarse poco a poco y abandonar las estribaciones de Altai en varias oleadas entre los años 350 y 360: algunas se dirigieron hacia el río Yaxartes, en donde entraron en contacto con las culturas iranias de la zona, especialmente con los comerciantes sogdianos y bactrianos, y otras se dirigieron hacia el río Volga, entrando en la estepa póntica.

Persia e India

Alrededor del año 350, las fuentes persas y romanas mencionan la invasión de las fronteras orientales del Imperio sasánida a manos de los xionitas o chionitas, los cuales saquearon varias ciudades. El historiador Amiano Marcelino define explícitamente a estos chionitas como hunos.[16]​ Este ataque tomó por sorpresa al emperador persa Sapor II, que entonces se encontraba sitiando la fortaleza romana de Nísibis en Mesopotamia. Este partió rápidamente a Sogdiana con su ejército para hacer frente a los chionitas durante una guerra que duró varios años, hasta finalmente derrotarlos, estableciendo luego una alianza con el rey chionita Grumbates. Cuando Sapor volvió a atacar a los romanos en el año 360, le acompañaban varios chionitas en su ejército. Amiano Marcelino narra que durante el sitio de Amida, el único hijo de Grumbates cayó en la batalla. El príncipe fue quemado en una enorme pira funeraria, algo inaceptable para los persas, los cuales rechazaban esta práctica debido a que su religión, el zorastrismo, la prohibía. Con el tiempo, los xiongnu/chionitas se fueron iranizando (desde el punto de vista cultural y lingüístico) y se establecieron en las provincias orientales del Imperio persa, acuñando moneda y dominando estas regiones de forma independiente.

En este contexto, los kidaritas fueron la primera dinastía chionita en apropiarse de las regiones de Sogdiana, Bactriana y Gandara. Estos incorporaron en su gobierno elementos de la antigua dinastía kushán, reclamando ser los herederos políticos de estos.[18]

Los heftalitas apoyaron a Peroz contra su hermano y usurpador en el trono, Hormizd III. Cuando Hormizd fue derrocado, Peroz decidió volver a poner las provincias orientales bajo control persa, atacando a sus antiguos aliados, pero fue derrotado y hecho prisionero por el rey heftalita Kushnavaz, siendo liberado más tarde tras dejar a su hijo Kavad como rehén. Cuando Peroz volvió a atacar, fue nuevamente vencido y muerto en la batalla de Herat. Kavad I accedió al trono, pero las hostilidades con los heftalitas continuaron durante décadas. Aun así, el mismo Kavad I pudo recuperar el trono persa con el apoyo de estos cuando fue usurpado brevemente por su hermano Djamasp en 498. La India tampoco escapó a los heftalitas: el rey Toramana incursionó hasta la región de Madhya Pradesh y su sucesor Mihirakula estableció su capital en Sagala. Finalmente, el emperador sasánida Cosroes I concretó una alianza con los göktürk y juntos consiguieron derrotar en el año 557 a los heftalitas en la batalla de Bujará.[19]​ Su reino fue dividido en dos a lo largo del río Oxus, siendo la parte norte para los gokturcos y la sur para los persas.

Europa

El origen de los hunos europeos podría encontrarse en las tribus xiongnu de Altai que se dirigieron hacia el oeste, a las llanuras al norte del mar Caspio.[21]​ Por último, los hunos cruzaron el Dniéster en el 376 y derrotaron también a los visigodos, que solicitaron asilo al Imperio romano de Oriente. Las tierras en poder de los hunos se extendían ya desde el mar Caspio al Danubio. Otros pueblos germánicos, como los gépidos, hérulos y esciros, también fueron sometidos, al igual que poblaciones protoeslavas.

Cuadro de Ulpiano Checa. La invasión de los bárbaros o La entrada de los hunos en Roma (1887)

En el año 395 comenzaron a circular rumores alarmantes en la frontera romana. Un oficial del ejército imperial, destinado en Tracia, contó la aterradora aparición a orillas del Danubio de unos hombres que describió así:

Pequeños y toscos, imberbes como eunucos, con unas caras horribles en las que apenas pueden reconocerse los rasgos humanos. Diríase que más que hombres son bestias que caminan sobre dos patas. Llevan una casaca de tela forrada con piel de gato salvaje y pieles de cabra alrededor de las piernas. Y parecen pegados a sus caballos. Sobre ellos comen, beben, duermen reclinados en las crines, tratan sus asuntos y emprenden sus deliberaciones. Y hasta cocinan en esa posición, porque en vez de cocer la carne con que se alimentan, se limitan a entibiarla manteniéndola entre la grupa del caballo y sus propios muslos. No cultivan el campo ni conocen la casa. Descabalgan solo para ir al encuentro de sus mujeres y de sus niños, que siguen en carros su errabunda existencia de devastadores.

Las fuentes mencionan varios reyes hunos, como Uldin, Charaton y Octar, los cuales mantuvieron un liderazgo parcial sobre los hunos. Aun así, las correrías hunas ocasionaron un efecto dominó que hizo que visigodos, alanos, vándalos, suevos, burgundios y otros pueblos invadieran el Imperio romano de Occidente.[22]​ Aprovechando el caos desatado por estos pueblos, el rey huno Rugila cruzó el río Danubio en el 422 y atacó a los romanos con tal fuerza que el emperador Teodosio II tuvo que pactar con él la entrega de 350 libras de oro anuales para lograr la paz. En 434 murió Rugila, dejando el trono de forma conjunta a sus sobrinos Bleda y Atila, hijos de su hermano Mundzuk. Estos mantuvieron la paz con los romanos a cambio de que estos duplicaran el tributo.

En el año 439 acusaron a los romanos de haber roto el acuerdo de paz luego de que el obispo de la ciudad de Margus cruzara el Danubio y profanara las tumbas reales hunas que había en la orilla norte. Atila y Bleda saquearon varias ciudades romanas, entre ellas Margus, Viminacium, Singidunum, Naiso, Serdica y Filipópolis. Derrotaron a los romanos en todas las batallas y cercaron Constantinopla, la cual no pudo ser conquistada gracias a sus poderosas murallas. Luego pusieron rumbo a Galípolis, donde derrotaron a las tropas imperiales que se encontraban refugiadas allí. Tras esta derrota Teodosio acordó una nueva paz, mucho más onerosa que la anterior, en la cual accedió a pagar 6000 libras de oro como castigo por no haber cumplido el tratado de paz anterior, y un tributo anual triplicado que ascendió a 2100 libras anuales. Tras estas victorias, Bleda y Atila se retiraron a sus dominios al norte del Danubio.

Zonas controladas por los hunos de Atila

Atila se coronó rey único después de que muriera su hermano durante una cacería en el año 445,[23]​ probablemente asesinado por él mismo. Atacó de nuevo a los romanos en 447, obteniendo una victoria en campo abierto en la batalla del río Uto, pero con un alto costo en hombres. Seguidamente devastó Grecia hasta el paso de las Termópilas y en los años siguientes se mantuvo una especie de hostilidad latente entre Atila y Teodosio II, como narra Prisco (fragmentos de su Historia), el cual le visitó junto a los embajadores romanos en el año 449. Se concluyó una nueva paz, por la cual los romanos habían de evacuar una ancha franja surdanubiana y entregar grandes tributos, cuya cuantía no precisan las fuentes.

Atila. De una ilustración para la Edda Poética

Atila invadió la Galia en el 451, aparentemente contra los visigodos del reino de Tolosa, que no se mantenían contenciosos con Valentiniano III ni con el general Flavio Aecio, con quienes Atila estaba en buenas relaciones. Sin embargo, Honoria, hermana del emperador, le envió en 450 su anillo y la petición de que la librase de un matrimonio al que se la obligaba. Atila reclamó a Honoria como esposa y pidió la mitad del Imperio como dote.[24]​ Ante esta situación, Aecio y el rey visigodo Teodorico I pactaron una actuación conjunta. Atila conquistó Divodurum y luego intentó infructuosamente ocupar Aurelianum debido a la llegada de tropas romano-visigodas. Los dos ejércitos se enfrentaron en la batalla de los Campos Cataláunicos, cuyo resultado se considera una victoria estratégica para la alianza visigodo-romana. Desde el punto de vista de Aecio, el mejor resultado fue lo que ocurrió: Teodorico murió, lo cual generó una crisis sucesoria en la aristocracia visigoda, y Atila se retiró con su ejército al este del río Rin.

En 452 Atila pasó a Italia y saqueó Aquilea, Patavium, Verona, Brixia, Bergomo y Mediolanum, sin que Aecio pudiera detenerlo. Atila logró avanzar hasta la misma Roma. Sin embargo, muchos de sus guerreros habían muerto, no por la acción del enemigo, sino por la hambruna y la peste que en ese momento asolaban Italia. Frente a las puertas de Roma, el papa León I se entrevistó con él, y se dice que le suplicó que no saqueara la ciudad santa. Por razones desconocidas, y contra todos los pronósticos, Atila se retiró tras la entrevista con el papa y abandonó el Imperio de Occidente. El nuevo emperador de Oriente, Marciano, interrumpió el pago de tributos pactado por Teodosio II y Atila se preparaba a atacarle cuando murió durante su noche de bodas, en el 453.

A la muerte de Atila le sucedió su hijo Elak, que hubo de hacer frente a la sublevación de sus hermanos Dengizik y Ernak. Poco después, varios pueblos sometidos, como los gépidos, ostrogodos, hérulos y otros, se rebelaron al mando de Ardarico, caudillo de los gépidos. Los hunos fueron derrotados en la batalla de Nedao en 454, lo cual significó el fin de los hunos como potencia. Algunos hunos fueron aniquilados en la llanura panónica, que fue ocupada por los gépidos, muchos otros se retiraron al este de los Cárpatos.

Tribus sucesoras de los hunos hacia el año 500

Muerto Elak, los hunos se volvieron a dividir entre sus hermanos Dengizik y Ernak, el primero al mando de los hunos occidentales y el segundo de los orientales. Luego de la derrota sufrida en el 454, ambos hermanos atacaron a los ostrogodos, los cuales se habían independizado de sus señores hunos, pero fueron derrotados por Valamiro.[27]​ Contingentes de estas poblaciones sirvieron como mercenarios del ejército bizantino durante el siglo VI.

En el año 558 los kutriguros, dirigidos por el caudillo Zabergán, cruzaron el Danubio y saquearon territorio bizantino, llegando muy cerca de la capital, Constantinopla. Al año siguiente fueron derrotados por el general Flavio Belisario en la batalla de Melantias. A fin de evitar nuevas incursiones, el emperador Justiniano I incitó, en primera instancia, el enfrentamiento entre kutriguros y utiguros, sobornando a estos últimos. Luego encargó a los ávaros provenientes del este someter a estas tribus a cambio pagarles con oro.[29]

Según algunos autores, los onoguros —junto con remanentes de los utiguros y kutriguros— conformaron la base del pueblo protobúlgaro. La dominación ávara sobre estas tribus nunca fue absoluta, lo cual explica el hecho de que bajo el liderazgo del caudillo Kubrat los protobúlgaros se sacudieran la tutela de sus señores en el siglo VII y establecieran la Primitiva Gran Bulgaria.[30]

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