Pueblo Motilón-barí

Motilones-barí
Otros nombres Motilones, Dobocubi, Motilón-barí
Ubicación Serranía de los Motilones, cuenca del río Catatumbo
Población total 8.126
Idioma Barí ara
Religión Cristianismo
Etnias relacionadas Chimila, U'wa, Muiscas
Asentamientos importantes
1.º Flag of Colombia.svg  Colombia
5.926 (2005) hab.
2.º Flag of Venezuela.svg Venezuela
2.200 (2001) hab.
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Los barís o motilones-barí son un pueblo amerindio que habita en las selvas del río Catatumbo, a ambos lados de la frontera entre Colombia y Venezuela y habla barí, un idioma de la familia lingüística chibcha.

Historia

El territorio tradicional barí que se extendía por la cuenca del Catatumbo-Zulia y parte de Santa Ana, fue sustancialmente reducido, primero por la conquista y colonización española y más recientemente en forma aún más drástica, por la explotación del petróleo y del carbón en la región desde el siglo XX y la colonización colateral del espacio rural.

La resistencia del los barí fue intensa entre 1530 y 1730, cuando los misioneros capuchinos estudiaron su idioma y comenzaron a catequizar algunos grupos y a conformar poblados indígenas. Al principio estos poblados fueron atacados por los barí, al igual que los de los españoles, pero a partir de 1772 la gobernación de Maracaibo logró iniciar un contacto pacífico que llegó a incluir a por lo menos 21 comunidades barí.

Los capuchinos propiciaron, mediante la entrega de herramientas metálicas, el traslado voluntario de los barí a poblados en sitios escogidos por ellos, lo que ocasionó ciertos conflictos con los hacendados, atenuados por las ventajas que dio la explotación tranquila de plantaciones de cacao, de rutas comerciales y en algunos casos la disponibilidad de mano de obra. Esto traslados significaban modificar el patrón de vivienda multifamiliar elíptica o circular que albergaba la comunidad ("maloka"), a viviendas unifamiliares congregadas en poblados.

Durante la guerra de Independencia, los capuchinos se declararon partidarios de la causa del rey de España y enfrentaron a los patriotas, siendo derrotados en 1813 y tras ello la mayoría de los barí abandonaron los poblados y regresaron a la selva. El obispo de Mérida quitó a los capuchinos la jurisdicción sobre los cinco poblados que aún quedaban en 1817. Aunque con la excepción del poblado de El Pilar, todos los demás fueron abandonados desde entonces, las relaciones entre barí y criollos fueron pacíficas hasta 1882 cuando las tensiones con los hacendados provocaron enfrentamientos que se agravaron desde 1885.

En 1905 el gobierno del general Rafael Reyes otorgó al general Virgilio Barco la concesión para explotar petróleo, hulla y asfalto en el territorio barí. Los capuchinos regresaron enviados por el gobierno de Colombia desde 1910, y en 1914 un obispo visitó a los barí. Sin embargo los conflictos se incrementaron debido a la expansión de las haciendas y la trata de indios hacia las haciendas del Zulia y aún más por las exploraciones petroleras y mineras, que los indígenas percibían como invasiones a lo profundo de su territorio. A finales de la década del veinte los barí estaban en plena guerra de resistencia.

La Concesión Barco fue cedida por la familia del general a la empresa estadounidense Gulf Oil. En 1931 el contrato Chaux-Folson, entre el gobierno colombiano y la compañía estipulaba:

El gobierno les prestará a las compañías contratantes la protección debida para repeler la hostilidad o los ataques de las tribus de motilones o salvajes que moran en las regiones de que hacen parte los terrenos materia de este contrato, lo que hará por medio de cuerpos de policía armada o de la fuerza pública cuando sea necesario.

En contra lo dispuesto en este contrato se pronunciaron los Consejos y Ligas de Indios de otros lugares de Colombia, cuyo líder Quintín Lame escribió una carta a la Cámara de Representantes, protestando porque el gobierno se compromete, a instancias de la Gulf, a atacar por la fuerza, con el ejército y la policía a mis hermanos los indios motilones, que viven y tienen sus labranzas en la región del Catatumbo."

La guerra entre los motilones y las petroleras, que duró 20 años, fue en extremo desigual. Flechas contra fusiles y aviones, de manera que finalmente los indígenas cedieron dos terceras partes de su territorio a las compañías y a la colonización.

Derrotados los barí, fueron las misiones católicas (especialmente las misioneras de la Madre Laura) y evangélica (de Bruce Olson), los vehículos de la pacificación y de su relacionamiento con las sociedades colombiana y venezolana. En 1963, guiado por las concepciones del indigenismo, el director de Asuntos Indígenas de Colombia inició una labor de protección del territorio que aún era controlado por los barí y luego se han delimitado dos Resguardos Indígenas donde se reconoce su propiedad colectiva: en 1981, el Motilón- Barí de La Gabarra, en los Municipios de Teorama, Convención y El Carmen; y en 1984, el Barí de Catalaura, en los Municipios de El Tarra y Tibú.

En el siglo XXI los barí están nuevamente amenazados por los intereses de las empresas mineras en Venezuela, que aspiran a ampliar la explotaciones de carbón y por las empresas petroleras que desde Colombia desarrollan nuevas exploraciones y explotaciones en su territorio. Además han sido afectados gravemente por la dispersión de cultivos de coca de los colonos y por el conflicto armado que ocurre en Colombia.

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