Pucará de Tilcara

Pucará de Tilcara
Jujuy-Tilcara-Pucara-P3130012.JPG
Yacimiento Pucará de Tilcara
Coordenadas 23°35′19″S 65°24′10″O / 23°35′19″S 65°24′10″O / -65.40277778
Características
Tipo Monumento Histórico Nacional
Protección del monumento
Declaración MHN, Decreto 1.012 / 2000
ID 670
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Vista del Pucará de Tilcara.

El Pucará de Tilcara es una fortaleza construida por los tilcaras, una parcialidad de los omaguacas, en un punto estratégico sobre la Quebrada de Humahuaca, en la Provincia de Jujuy, República Argentina (los aborígenes de la región decidieron fijar sus residencias en la cima de los cerros o mesetas de difícil acceso). Se encuentra a 1 km al sur de la ciudad de Tilcara, sobre un morro, a 80 m de altura/ junto a la confluencia del Río Guasamayo y el Río Grande,[1] que allí corre a 2.450 msnm. Fue un lugar ideal para defenderse de los ataques; dominaba el cruce de los dos únicos caminos del lugar y por un lado la defienden los acantilados sobre el Río Grande y por el otro las ásperas laderas. En los faldeos más accesibles construyeron altas murallas. Los pucarás no solo tenían fines defensivos sino también sociales y religiosos. Desde esa altura podían controlarse los campos de cultivo circundantes y las viviendas de los campesinos en los terrenos bajos.

Es una de las más importantes y conocidas de las antiguas poblaciones prehispánicas de la región Humahuaca. Tiene una extensión de 8 a 15 hectáreas y aproximadamente 1160 ± 70 años de antigüedad. En el pucará se identifican varios barrios de viviendas, corrales, una necrópolis y un lugar para ceremonias sagradas, entre otros espacios.

Hallazgo y reconstrucción

Monumento del Pucará de Tilcara.
Flora del Pucará de Tilcara.

Fue descubierto por el etnógrafo Juan Bautista Ambrosetti en una de sus investigaciones arqueológicas en la zona del noroeste argentino en 1908, en compañía de su discípulo, luego continuador de su obra Salvador Debenedetti.[1] Durante los veranos de los tres años siguientes exploraron el Pucará y extrajeron unas tres mil piezas. Estos materiales y sus observaciones permitieron formarse una idea de como era la vida de sus habitantes antes de la llegada de los españoles.

Hacia 1911 Debenedetti tuvo la ocurrencia de restaurar las ruinas. Con la aprobación de Ambrosetti (quien era Director del Museo Etnográfico de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires) se procedió a limpiar el terreno en una extensión de unos 2.000 m2 y levantar las paredes hasta una altura de poco más de un metro.

Pero Debenedetti no estaba conforme con realizar solo esta limpieza y en 1929 (ya director del Museo Etnográfico, al suceder a Ambrosetti que había fallecido) realizó una nueva exploración del lugar junto a su discípulo Eduardo Casanova con el propósito de llevar a cabo su objetivo, pero al morir al año siguiente, este proyecto quedó trunco.

En 1948 Casanova, a cargo de la cátedra de Arqueología Americana en la Facultad de Filosofía y Letras (UBA), retomó el proyecto y completó la reconstrucción, con ayuda de la Universidad de Buenos Aires. El gobierno jujeño donó a la Facultad las tierras del Pucará con el compromiso de que creara un Museo Arqueológico.[1] Esto se cumplió recién en 1966 con la inauguración de la primera parte, que se completó dos años luego con el nombre de Dr. Eduardo Casanova. También se creó un Jardín Botánico de altura.

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