Prueba de embarazo

Prueba de embarazo, por medio de la orina, con resultado negativo.

Una prueba de embarazo es toda aquella técnica usada para la búsqueda de los signos hipotéticos que permiten confirmar un embarazo. Consiste en detectar la presencia de la hormona gonadotropina coriónica humana (hCG) en el plasma materno o en la orina, y es el procedimiento que aporta quizá el mayor nivel de probabilidad de diagnóstico confiable.

Otras técnicas, como el ultrasonido obstétrico, también confirman el embarazo, pero el término prueba de embarazo suele implicar pruebas bioquímicas, aplicadas a partir de los 4 días de la concepción, aproximadamente.[1]

Historia

La visita del doctor, óleo de Jan Steen (siglo XVII): Un médico analiza una cinta de color humedecida con la orina de la paciente y quemada en busca de colores que indiquen positividad.[2]

Un papiro del Antiguo Egipto cuenta que, para detectar el embarazo, se hacía orinar a la mujer durante varios días sobre semillas de trigo y cebada. Si después de un tiempo germinaba la cebada, el hijo sería varón; si germinaba el trigo, sería mujer; si no germinaba ninguna semilla, la mujer no estaba embarazada (el papiro no menciona cuál era el diagnóstico si germinaban ambas). Estudios hechos en 1963 mostraron que la orina de una mujer embarazada promovía la germinación el 70 por ciento de las veces, y que, en cambio, nunca lo hacía la de las mujeres no embarazadas o los hombres.[ cita requerida]

En 1928 los ginecólogos alemanes Selmar Aschheim y Bernhard Zondek desarrollaron el método siguiente.[3] Se inyectaban pequeñas cantidades de orina en ratas hembras impúberes, dos veces por día durante tres días sucesivos. Al cabo de unas 100 horas se sacrificaba a las ratas y se inspeccionaban sus ovarios. Si éstos se hallaban engrosados, había un 80 por ciento de probabilidad de que la mujer estuviera embarazada.

En 1930 Collip y colaboradores descubrieron que la orina de las mujeres embarazadas contiene —luego se descubrió que se trata en realidad de fragmentos de ésta— la hormona gonadotropina coriónica humana, actualmente denominada HCG (del inglés Human Chorionic Gonadotropin).

En 1942, el citólogo argentino Eduardo de Robertis —que en ese momento era Jefe de Trabajos Prácticos dedicación exclusiva de la cátedra de histología de la Escuela de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y Jefe de la Sección de Citología e Histofisiologia del Instituto de Anatomía General y Embriología— determinó que la HCG actúa sobre las células de Sertoli y provoca la expulsión de espermatozoides en los sapos. Su condiscípulo Carlos Galli Mainini, mientras trabajaba en el Hospital Rivadavia de Buenos Aires entre 1942 y 1947, dedujo que, si la mujer embarazada eliminaba HCG en la orina, su inyección en sapos causaría la maduración y expulsión de sus espermatozoides. Inyectó orina de mujeres embarazadas en el saco linfático dorsal de sapos macho Bufo Arenarium; al cabo de 2 o 3 horas observó, al microscopio, la presencia de espermatozoides. El método, luego denominado reacción de Galli Mainini o test de la rana, demostró ser un modo eficaz y económico de diagnóstico precoz del embarazo, y por ello se usó masivamente en Argentina y América Latina durante muchos años. A juzgar por la falta de referencias en Internet, el mismo no tuvo difusión en Europa y en los Estados Unidos, donde aparentemente se usaron otros métodos biológicos, hasta el desarrollo de los métodos inmunitarios algunas décadas después.

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