Proyecto Huemul

Vista del reactor RA-6, Centro Atómico Bariloche, ubicado en lo que fueran instalaciones de apoyo al Proyecto Huemul.

En la Isla Huemul, ubicada en el Lago Nahuel Huapi, provincia de Río Negro, Argentina, se desarrolló un proyecto pseudocientífico fraudulento denominado Proyecto Huemul a cargo del austríaco Ronald Richter desde 1948 hasta 1952, durante la primera presidencia de Juan Domingo Perón.

Historia del proyecto

A fines de 1949 se inició la construcción de laboratorios secretos destinados a este proyecto en la Isla Huemul, en el lago Nahuel Huapi de la Patagonia argentina.

Desde 1948 el físico austríaco Ronald Richter presentó al Presidente Perón un proyecto para desarrollar la fusión nuclear controlada, posibilidad que en ese momento no había logrado ningún laboratorio en el mundo, tema de gran interés porque implicaría contar con una fuente prácticamente inagotable de energía, que se pensaba utilizar en la transformación industrial del país. Richter inició sus trabajos en el Instituto Aerotécnico de Córdoba donde por otra parte el Ing. Kurt Tank llevaba a cabo experiencias exitosas en el diseño y construcción de aviones a reacción. El científico austríaco debió mudar su lugar de residencia e investigación, tras considerar los áridos parajes de Catamarca, San Juan, La Rioja, así como de varios puntos de la Patagonia, Richter decidirá que las condiciones que ofrecía la Isla Huemul eran sin dudas las más adecuadas.Por ello, luego de evaluarse varias alternativas, a fines de 1949 y principios de 1950 se inició el montaje de los laboratorios en la Isla Huemul.[1]


La Comisión Nacional de Energía Atómica a cuyo frente estuvo primeramente el Coronel Enrique P. González y a partir de 1952 el Capitán de Fragata Pedro Iraolagoitia, había sido creada en mayo de 1950. Tenía entre sus objetivos brindar apoyo al proyecto Huemul, pero no se limitó a esto sino que, primero González y luego Iraolagoitia. En septiembre de 1952, la Isla Huemul fue visitada por una comisión fiscalizadora integrada por los doctores José Antonio Balseiro, Mario Báncora, Manuel Beninson, Pedro Bussolini y Otto Gamba.[2]

De izquierda a derecha: Richter, Báncora y Balseiro. Báncora con una botella de champagne bajo el brazo, obsequio de Richter.

Balseiro fue traído especialmente de Mánchester para integrar esta comisión. Su participación en la misma fue en realidad fortuita, pero finalmente junto con la de Báncora resultó una de las más relevantes. A fines de 1949 se inició la construcción de laboratorios destinados a este proyecto en la Isla Huemul, en el lago Nahuel Huapi de la Patagonia argentina. [3]

Balseiro invalidó los argumentos de Richter con fundamentos de carácter teórico y demostró que no tenían allí ningún dispositivo que pudiera generar un campo magnético oscilante para lograr un efecto de resonancia con la frecuencia necesaria de precesión de Larmor como sostenía Richter. Balseiro relató como las experiencias y comprobaciones realizadas por Richter habían fracasado y aseguró que era falso que hubiera logrado generar ninguna reacción de carácter termonuclear controlada:

El resultado obtenido es, pues, que el enorme número de choques sufridos por el átomo de Li, en las condiciones que se opera, imposibilita la realización de cualquier dispositivo de contralor basado en el principio mencionado por el doctor Richter.

El Dr Richter ha mostrado un desconocimiento sorprendente sobre el tema.[4]

Balseiro demostró ampliamente la inviabilidad del método propuesto por Richter.

Báncora también denunció el engaño y la inviabilidad del proyecto fraudulento demostrándolo experimentalmente en la Escuela de Mecánica de la Armada y cuyo informe fue de gran importancia.[5] Las conclusiones del ingeniero Báncora fueron las siguientes:

El dispositivo usado por el Dr. Richter, es el arco cantante descubierto por Dudell hace unos 50 años. [...] Para estar absolutamente seguro de esta afirmación el suscripto ha repetido las experiencias en su propio laboratorio, obteniendo los mismos resultados, vale decir: a- el mismo tipo de oscilaciones en la pantalla de un oscilógrafo conectado a una bobina exploradora; b- funcionamiento a la máxima velocidad posible de un escalímetro conectado a un geiger situado a un metro y medio de distancia del arco. En virtud de las constataciones y consideraciones que preceden, el suscripto se considera autorizado para afirmar que no existe un fundamento científico serio en las afirmaciones del Dr. Richter de haber logrado una reacción termonuclear controlada, lamentando profundamente el haber tenido que llegar a esta conclusión.[6]


La historia del proyecto fue objeto de una ópera, un libro, y varios artículos y cartas en revistas científicas.

Según Cardona, Cohen, y Louie, en la biografía de Leo Falicov, el costo total del proyecto fue de unos 300 millones de dólares.

Según Santos Mayo, la contribución de Richter al desarrollo de la física en la Argentina fue altamente negativa y el engaño causó considerables perjuicios a la ciencia argentina que influyeron en el sistema de educación superior.[7] Richter se retira, vive varios años en Montegrande y muere a principios de los ‘90.

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