Provincia de Teruel

Teruel
Provincia
Teruel (provincia).svg
Bandera
Escudo de la Provincia de Teruel.svg
Escudo
Localización de la provincia de Teruel.svg
Ubicación de Teruel
Coordenadas 40°40′00″N 0°40′00″O / 40.666666666667, 40°40′00″N 0°40′00″O / -0.66666666666667
Capital Teruel
Entidad Provincia
 • País España
 • Comunidad autónoma Flag of Aragon.svg Aragón
Congreso
Senado
Cortes de Aragón
3 diputados
4 senadores
14 diputados
Fundación División territorial de España en 1833
Superficie Puesto 10.º
 • Total 14.804 km²  (2,93%)
Altitud  
 • Media unos 1050 m s. n. m.
 • Máxima Peñarroya
2028 m s. n. m.
 • Mínima Castelnou
201 m s. n. m.
Clima Mediterráneo continentalizado
Población (2014) Puesto 49.º
 • Total 136,260 hab.¹
 • Densidad 9,20 hab/km²
Gentilicio turolense
PIB (nominal) Puesto 46
 • Total 3.501.155 miles de
 • PIB per cápita 24.523 € (2010)
IDH (2007) 0,960 ( 16.º) – Muy alto
Huso horario UTC+1
Código postal 44[2]
ISO 3166-2 ES-TE
Sitio web oficial
10,31% del total de España
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Teruel es una provincia española situada en la zona nororiental de la península ibérica. Es, además, la más meridional de la comunidad autónoma de Aragón. Su capital es la ciudad de Teruel.

La provincia de Teruel linda con las provincias de Zaragoza, al norte, Tarragona y Castellón, al este, Valencia y Cuenca, al sur, y Guadalajara, al oeste. Geográficamente, se encuentra mayoritariamente en el área meridional del sistema Ibérico, aunque una pequeña porción del noreste provincial pertenece ya a la depresión del Ebro ( Bajo Aragón).

La superficie de la provincia es de 14.809 km² y su población asciende a 136.260 hab. ( INE 2016), de los cuales una cuarta parte viven en la capital. Ello supone una densidad de población de 9,20 hab./km², una de las más bajas de España. La provincia de Teruel comprende actualmente 236 municipios, la mayoría de ellos de escasa población. Los municipios más importantes de la provincia, junto a la capital, son Alcañiz, Andorra, Calamocha, Calanda y Utrillas.

La provincia de Teruel destaca en España por su relieve y paisaje pintoresco de la montaña mediterránea. Además de la agricultura y la minería, que han dominado la economía provincial hasta el pasado más reciente, actualmente el turismo, la energía y una industria incipiente son los puntales de la economía turolense. En particular, la industria alimentaria ocupa un lugar destacado, con el jamón de Teruel, el ternasco de Aragón, el aceite del Bajo Aragón, el melocotón de Calanda y la trufa negra de Sarrión.

Geografía

Localización

Valle turolense del río Guadalaviar.

La provincia de Teruel se localiza en la parte oriental de la península ibérica, en la comunidad autónoma de Aragón ( España). Limita por el norte con la provincia de Zaragoza, unida a esta por el sistema Ibérico y la depresión del Ebro. Por el oeste, son los Montes Universales y la Sierra Menera (sistema Ibérico), quienes ejercen de frontera con Castilla-La Mancha (provincias de Cuenca y Guadalajara). Al sur y este limita con la Comunidad Valenciana (provincias de Valencia y Castellón respectivamente), por donde se prolonga el sistema Ibérico hasta el mar Mediterráneo. Al noreste, limita con Cataluña y la provincia de Tarragona, donde los Puertos de Beceite sirven de nexo de unión entre el sistema Ibérico y la Cordillera Costero-Catalana.

Noroeste: Provincia de Zaragoza y Provincia de Guadalajara Norte: Provincia de Zaragoza Noreste: Provincia de Zaragoza y Provincia de Tarragona
Oeste: Provincia de Guadalajara Rosa de los vientos.svg Este: Provincia de Castellón
Suroeste Provincia de Cuenca Sur: Provincia de Valencia y Provincia de Cuenca Sureste: Provincia de Castellón

Relieve

El relieve turolense está en gran parte determinado por el sistema Ibérico. El principal eje vertebrador de la provincia es la depresión interibérica, que enlaza topográficamente los valles del Jiloca con los del Guadalaviar, espacio en el que está ubicada la capital provincial. Fuera de este eje y de los valles del río Guadalope y Martín, el territorio es muy montañoso. En el extremo suroeste se eleva el macizo de Albarracín, que alcanza su mayor altura en el pico Caimodorro con 1921 m de altura. En el sureste se encuentra la sierra de Gúdar, cuya mayor altitud está representada por el pico de Peñarroya (2024 m). En el extremo sur de la provincia, la sierra de Javalambre alcanza los 2020 m de altura.[3]

El territorio de la provincia se extiende, por su límite noreste, desde la Meseta hasta la depresión del Ebro, incluyendo una pequeña franja de colinas o Tierra Baja que una serie de ásperas sierras ( Cucalón, San Just, Palomera, Peñarroya y Mosqueruela) aíslan de los altos valles del río Turia, Alfambra y Mijares. La prolongación de la fosa Calatayud- Daroca hasta Teruel escinde en dos sectores las serranías centrales pertenecientes al sistema Ibérico: al suroeste el macizo de Albarracín y al este la compleja sierra de San Just. A partir de la ciudad de Teruel, la fosa se bifurca en dos ramales: uno en dirección sur, recorrido por el río Turia, y otro en dirección sureste, que sigue el curso del alto Mijares. Al norte de este último se sitúan las serranías de Gúdar que se prolongan hacia la provincia de Castellón por el macizo del Maestrazgo. Envuelto por ambos ramales y en el límite con la provincia de Valencia, surge el macizo de Javalambre.

Las unidades de relieve fundamentales en el territorio de la provincia de Teruel son el macizo de Albarracín, las sierras de Gúdar y Javalambre, la depresión del alto Jiloca, la depresión de Teruel y el somontano del Bajo Aragón.

El macizo de Albarracín

Situado en el ángulo sudoccidental de la provincia, tiene una clara identidad geológica con la rama meseteña de la Ibérica, enlazando, imperceptiblemente, con las sierras de Guadalajara. Está conformado por varias sierras desagregadas entre sí, en las que dominan los materiales paleozoicos que fueron fracturados por el plegamiento alpino y erosionados diferencialmente, apareciendo unas crestas cuarcíticas, junto a valles erosivos excavados sobre las pizarras menos resistentes. Las sierras más destacadas son las de Carbonera, Collado de la Plata y la de Tremedal. La altura máxima es el Caimodorro, con 1921 m. Al NE de ellas se encuentra la sierra de Almohaja y la sierra Menera, con características similares, si bien no forman parte de la misma unidad. Allí donde los materiales paleozoicos quedaron recubiertos por materiales sedimentarios, han hecho su aparición superficies de erosión a base de pliegues rectos de amplias charnelas y escaso buzamiento como por ejemplo la Muela de San Juan. En la zona de Pozondón, Peracense, Almohaja, etc aparece una superficie de erosión que ha nivelado en un mismo plano anticlinales, sinclinales, y fracturas, dando como resultado extensas llanuras.

El macizo de Javalambre

Ubicado en el ángulo suroriental de la provincia, está constituido por la sierra del mismo nombre y la de Camarena. Toda la sierra de Javalambre es un dominio total de sedimentaciones mesoterciarias. Los páramos situados a 1200-1300 metros han rejuvenecido como consecuencia de la acción erosiva fluvial. Su altura más destacada es el pico de Javalambre con 2020 metros.

El macizo de Gúdar-Maestrazgo

Situado en el extremo SE de la provincia, queda separado del de Javalambre por la depresión del Mijares. Presenta una litología y morfología similares a las de Javalambre. La superficie de erosión general se sitúa por encima de los 1200 m, habiéndose encajado en ella la red fluvial, que ha conseguido rejuvenecer el relieve. Buen exponente de ello lo tenemos en la muela de Monchen al NE de Gúdar. Como estribaciones del macizo, participando parcialmente, de las características anteriores, encontramos la sierra del Pobo, la sierra de San Just y Ejulve, la sierra de Montalbán y otras de menor entidad. En este macizo se halla Valdelinares, municipio español cuyo núcleo de población está situado a mayor altitud sobre el nivel del mar.[4]

Las sierras del Bajo Aragón

Son un conjunto de pequeñas alineaciones montañosas, entre las que destacan las de La Mata de los Olmos-Gargallo-Molinos-Castellote, Arcos,etc. Entre ellas quedan ubicadas pequeñas depresiones como las de Muniesa, Andorra y Mas de las Matas. La evolución morfológica del área ha venido determinada por la hidrografía de los ríos Martín y Guadalope.

La depresión del Jiloca

Tiene una longitud aproximada de 60 km y 14 de anchura máxima, teniendo su origen en una fosa tectónica fallada, paulatinamente colmada por materiales de alto interés agrícola.

La depresión de Teruel

Se ubica sobre los valles fluviales del Alfambra, Guadalaviar y Turia, alcanzando una longitud de 70 km entre Perales de Alfambra y Ademúz. En el seno de la depresión surgen pequeñas plataformas estructurales de talud arcilloso o margoso muy abarrancado, cubierto por una cornisa calcárea, de aspecto parecido a las muelas del centro de la depresión del Ebro.

El somontano del Bajo Aragón

Es una especie de continuidad del espacio propio de la depresión del Ebro. Litológicamente presenta yesos al N de la sierra de Arcos y conglomerados al N de las sierras de Andorra y Calanda. En el extremo oriental provincial aparecen estructuras tabulares en las series de conglomerados y areniscas del borde de cuenca.[5]

Geología

Desde el punto de vista tectónico y litológico, se distingue un zócalo paleozoico, constituido por una amplia gama de materiales entre los que predominan las pizarras y las cuarcitas, especialmente visible en las sierras de Albarracín, y una cobertura sedimentaria de materiales mesozoicos y terciarios entre los que abundan las calizas y dolomias, visibles en toda la provincia, pero sobre todo, en la sierra de Gúdar y Javalambre. En las depresiones formadas tras la orogenia alpina se han ido acumulando, a lo largo de los últimos coletazos terciarios y toda la era cuaternaria, arcillas, margas rojizas, yesos y calizas. En general, se trata de relieves de formas pesadas, labrados en materiales calcáreos mesozoicos, ligeramente plegados pero intensamente fracturados y, sobre todo profundamente hendidos por cañones abiertos por la erosión fluvial. En el sector occidental asoman con frecuencia materiales paleozoicos, ricos en minerales como por ejemplo el mineral de hierro en sierra Menera.[6]

Hidrografía

La red hidrográfica de la provincia de Teruel se organiza en torno a dos vertientes: la del Ebro y la levantino-mediterránea.

Los ríos que desembocan en el Ebro son de menor caudal que los que lo hacen en el mismo río desde la zona pirenaica. La causa es la diferente pluviometría de cada una de las cabeceras y la menor cuenca de los propios ríos. Los ríos que vierten sus aguas al Ebro son: el Jiloca, que lo hace indirectamente a través del Jalón, el Huerva, el Aguas Vivas, el Martín, el Guadalope, el Matarraña y el Algars. Sus caudales medios absolutos oscilan entre los 7,16 m3/seg del Guadalope y los 0,3 m3 del Matarraña, pasando por los 4,76 del Jiloca, los 1,49 del Martín, y los 0,50 del Aguas Vivas. El régimen anual de estos ríos es bastante irregular, dado el pequeño caudal habitual. Es perceptible en ellos la incidencia de las lluvias de carácter mediterráneo y prácticamente inapreciable la incidencia del fenómeno nival. En este sentido son ríos sensibles a los fenómenos tormentosos primaverales y veraniegos y a las lluvias torrenciales otoñales. La irregularidad interanual es acusada.

A la vertiente levantino-mediterránea se dirigen los ríos Mijares, Guadalaviar, Alfambra y Turia. Su caudal medio absoluto oscila entre los 1,44 m3/seg del Alfambra, los 4,72 del Turia y los 2,86 del Mijares a su salida de la provincia, camino de la de Castellón. Son especialmente notables en estos ríos las súbitas crecidas otoñales producidas como consecuencia de fuertes trombas de agua caídas en corto espacio de tiempo.

Junto a los ríos también destacan en la provincia sus lagunas, como la Laguna de Gallocanta, junto a las localidades de Bello y Tornos, en el límite con la provincia de Zaragoza; la recién recuperada Laguna del Cañizar de Villarquemado, en el Alto Jiloca, y las de La Estanca de Alcañiz y la Salada Grande, próximas a la ciudad de Alcañiz.

El aprovechamiento de los ríos es limitado, dado su pequeño caudal. El aprovechamiento hidroeléctrico es testimonial, debido al escaso caudal y la irregularidad interanual. El agrícola, sin embargo, es intenso, aunque solo se produce en las vegas de los propios ríos, debido a la escasez de obras hidráulicas adecuadas.[7]

Clima

El relieve turolense, añadido a la altitud y situación de la provincia con respecto a la propia disposición de las cadenas montañosas peninsulares, que la protegen de las influencias marinas, dan lugar a unas peculiares condiciones climáticas. La estrecha dependencia entre el clima y la orografía determina la existencia de climas mediterráneos, de montaña media y de fuerte matiz continental.

Las regiones más elevadas se singularizan por registrar precipitaciones de 500-600 mm, que en las áreas mejor orientadas superan los 1000 mm (Gúdar y Albarracín), y temperaturas medias por debajo de los 10º, con abundantes nevadas y periodos con posibilidad de helada de hasta ocho meses, situándose las mínimas por debajo de los 15º bajo cero y las mínimas absolutas llegando incluso a 30° bajo cero (Calamocha en diciembre de 1963 registró -30°). Los veranos son suaves, con valores medios mensuales entre 17º y 20º.

Desde el punto de vista agroclimático, reviste especial importancia la fecha de primavera y última helada, que en este sector se localizan muy próximas, reduciéndose de esta manera el periodo vegetativo a los meses que van de junio a septiembre.

En las depresiones internas y en las altiplanicies centrales el registro pluviométrico oscila en torno a los 500-600 mm, con máximos de precipitación en primavera y otoño y un verano no excesivamente seco a causa de las tormentas típicas de esta época. No obstante, existe un déficit hídrico continuo desde mayo hasta octubre. El mínimo suele darse en invierno como consecuencia del anticiclón térmico, que genera un tipo de tiempo seco y soleado con temperaturas nocturnas bajas, por irradiación e inversión térmica: rocío, escarcha y niebla son meteoros característicos del tiempo invernal de las depresiones turolenses. La temperatura media anual oscila entre 10 y 13º, con valores de 20-25º para el mes más cálido y de 0-5º para el mes más frío. En algunas épocas del año, la combinación de altura y relativa sequedad puede producir diferencias térmicas de hasta 20 grados en pocas horas.

Hacia el Bajo Aragón las temperaturas se suavizan como consecuencia de la menor altitud, las precipitaciones son inferiores – poco más de 300 mm - y la acción del viento es muy manifiesta.[8]

Datos climatológicos históricos

Teruel capital
  • Máxima temperatura histórica: 39 °C (3 de julio de 1994)
  • Mínima temperatura histórica: -25 °C (26 de diciembre de 2001)

Flora

El 26% de la provincia corresponde a superficie arbolada con especies forestales, entre las que predominan las coníferas, en importante proporción de repoblación. Se localizan sobre suelos profundos y poco lixiviados, constituyendo una importante riqueza potencial para los municipios de las altas sierras. Antiguamente, la superficie arbolada de la provincia era mucho mayor, pero la explotación humana del medio a lo largo de la historia ha provocado su reducción. Por ello, el 60% de la superficie provincial está actualmente cubierto por un pastizal-matorral resultante, en buena parte, de la degradación de las formaciones boscosas originales. Por su parte, el 30% de la superficie provincial se identifica con tierra labrada para el cultivo.

La conjunción del clima y del suelo, controlada por la constitución litológica del territorio y por la topografía, es la responsable de la vegetación natural original. La altitud impone una mayor pluviometría y condiciona los extremos térmicos limitantes para el desarrollo de determinadas especies, mientras que la exposición es la causante de los contrastes entre las solanas y umbrías y de los matices microclimáticos en la distribución de precipitaciones.

El dominio climático de Teruel, de montaña media mediterránea continentalizada, poporciona distintas formaciones vegetales que adoptan un dispositivo en pisos bioclimáticos escalonados en altura, si bien la intervención humana: roturaciones, talas para la obtención de pastos, prácticas forestales, ha introducido modificaciones que han empobrecido la vegetación primitiva hasta su casi desaparición en algunas áreas, fundamentalmente en las depresiones o que han favorecido la expansión de nuevas especies – los pinos – más rentables económicamente, que han desarticulado las asociaciones primitivas.[9]

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