Provincia de La Pampa

La Pampa
Provincia
Bandera de la Provincia de La Pampa.svg
Bandera
Arpampa.PNG
Escudo
La Pampa in Argentina (+Falkland hatched).svg
Ubicación de La Pampa
Coordenadas36°37′00″S 64°17′00″O / 36°37′00″S 64°17′00″O / -64.283333333333
CapitalSanta Rosa
 • Población105 312 (2010)
Ciudad más pobladaSanta Rosa
Idioma oficialEspañol
EntidadProvincia
 • PaísBandera de Argentina Argentina
Gobernador
Diputados nacionales
Senadores nacionales
Carlos Verna (PJ)
5 bancas
3 bancas
Subdivisiones22 departamentos
80 municipios o comunas
SuperficiePuesto 8
 • Total143440 km²
Altitud 
 • Media279 m s. n. m.
Población (2016)Puesto 22
 • Total349 299 hab.
 • Densidad2,43 hab/km²
Gentiliciopampeano/a
PIB (nominal) 
 • Total (2008)ARS$ 5107 millones
 • PIB per cápitaARS$ 16 116[2]
IDH (2015)0,864 (2.º) – Muy Alto
Huso horarioUTC−3
ISO 3166-2AR-L
% de la superficie argentina5,16 %
% de la población total argentina0,79 %
Analfabetismo2,6 % (2001)[3]
Sitio web oficial
Miembro de: Región Patagónica
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La Pampa es una de las 23 provincias que hay en la República Argentina. A su vez, es uno de los 24 estados autogobernados que conforman el país y uno de los 24 distritos electorales legislativos nacionales.[5]​ Su capital y ciudad más poblada es Santa Rosa. Está ubicada en la Región pampeana, limitando al norte con San Luis y Córdoba, al este con la Provincia de Buenos Aires, al sur con el río Colorado que la separa de Rio Negro, y al noroeste con Mendoza. Los límites de las provincias de La Pampa, Río Negro, Mendoza y Neuquén, se encuentran en un punto, en la intersección del río Colorado con el meridiano (68º 15' O).

Con 318 951 habitantes en 2010 es la tercera provincia menos poblada —por delante de Santa Cruz y Tierra del Fuego Antartida e islas del Atlántico Sur, la menos poblada— y con 2,2 hab/km², la segunda menos densamente poblada, por delante de Santa Cruz. Es una de las provincias más jóvenes de la república, ya que fue creada en 1951. Hasta ese año fue un territorio nacional (Territorio Nacional de La Pampa), cuya provincialización fue dispuesta por la ley n.º 14037 sancionada por el Congreso de la Nación y promulgada por el presidente Juan Domingo Perón, y constituida por la convención provincial elegida democráticamente a tal efecto.

Se ubica en el centro del país, conteniendo las últimas características de la pampa húmeda (hacia el noreste), con signos distintivos de la Patagonia hacia el oeste y sur, y entre ellos una gran franja con orientación noroeste-sudeste denominada «caldenal», zona que alberga bosques de caldén, un árbol que cuenta en esta provincia con su centro de dispersión mundial.[6]

Antecedentes prehistóricos del territorio provincial

Poblamiento aborigen originario

Pinturas rupestres en el Parque Nacional Lihué Calel.
Arte rupestre en el Valle de las Pinturas, en el Parque Nacional Lihué Calel, La Pampa.

El actual territorio de la provincia de La Pampa ha sido desde hace miles de años una encrucijada de rutas recorridas por diferentes culturas provenientes de los cuatro puntos cardinales, y si bien la investigación arqueológica comenzó a partir del trabajo pionero de Carlos Gradín de finales de la década de 1970, estuvo relegada a un segundo plano hasta mediados de la década de 1980, coincidiendo con la recuperación de la democracia.[7]

La presencia humana más antigua data de hace 8600 años y fue ubicada en el sur de la provincia, en Casa de Piedra, sobre la margen norte del río Colorado, en el límite mismo de la región pampeana con la Patagonia.[7]

Una segunda etapa de poblamiento se abrió hace 5000 años aproximadamente, cuando nuevas zonas del actual territorio de la provincia comenzaron a ser exploradas,[7]

Hace aproximadamente 3000 años se estabilizaron los cambios climáticos y ambientales, consolidándose las condiciones semidesérticas actuales.[7]

En los últimos 2000 años la ocupación territorial se extendió a la Meseta Basáltica del Oeste y los médanos de la cuenca inferior del río Atuel, en el norte de la provincia.[7]

Una de las costumbres de aquellos pueblos era modificar la estructura anatómica de los cuerpos y acomodarlos en "paquetes funerarios", seguramente envueltos en cuero.[7]

Los tehuelches a la llegada de los españoles

Distribución aproximada de las lenguas aborígenes en el extremo meridional de Sudamérica en tiempos de la colonización española.
Las lenguas tehuelches de las pampas y la Patagonia oriental incluye —además de las chon, la tehuelche meridional o aonikenk, el teushen, el haush y el selknam— a las posiblemente relacionadas como el gününa yajüch (puelche) y la lengua de los querandíes o diuihet.

Por lo tanto, los pueblos originarios que habitaban el actual territorio de La Pampa cuando los españoles llegaron al Río de la Plata en el siglo XVI, fueron denominados por estos como indígenas pampas —del quechua sureño pampa que se traduce como llano o llanero— por ser los aborígenes de las llanuras, también eran llamados tehuelches por sus vecinos trasandinos mapuches —que en su idioma significa «gente bravía»— y querandíes por sus vecinos insulares guaraníes —que en su lengua quirã significa sebo o manteca, y endí es un sufijo del verbo copulativo ser o estar, por lo cual se traduciría como «que está gordo» o «que es rico en grasa» debido a que la dieta diaria era la grasa animal— y posteriormente fueron renombrados como hets por el jesuita inglés Thomas Falkner y en la actualidad son clasificados por Rodolfo Casamiquela como tehuelches septentrionales.[9]

Por otra parte, los de la cordillera de los Andes eran más conocidos como puelches, que en idioma mapuche significa «gente del este».[10]

Colonización española de territorios vecinos

El explorador y navegante veneciano Sebastián Caboto, al servicio de la Corona española, fundó el fuerte de Sancti Spiritu el 9 de junio de 1527 a orillas del río Coronda, junto a la desembocadura del río Carcarañá, y la facción de aborígenes guaraníes de las islas que ayudaron en la erección del fuerte se las denominó chandules, las cuales habitaban en el delta del Paraná y alrededores de este último río, por lo que también serían conocidos como carcarañáes.

Luego de la destrucción del fuerte español por los mismos originarios insulares en septiembre de 1529, un grupo de españoles comandados por Ruy García de Mosquera que habían sobrevivido al ataque, lograron con un bergantín bordear la costa atlántica sudamericana hasta la isla Comprida —en el litoral marítimo del actual estado brasileño de São Paulo— ya que con el mismo no les sería posible atravesar el océano, y a sabiendas de los dominios que poseía el desertor portugués novo cristiano que tenía su centro en la aldea homónima, se aliaría a este y a los indígenas carijós.

De esta manera Mosquera y sus hombres fundaron en 1532 el poblado de «I Caa Para», en la jurisdicción de la entonces capitanía de San Vicente de Martim Afonso de Sousa, entrando en conflicto con la Corona portuguesa, debido a litigios por diferentes interpretaciones del tratado de Tordesillas, lo que provocó la Guerra de Iguape en 1534, por lo que al final de la contienda, Mosquera y sus hombres regresarían al territorio rioplatense del Imperio español, en donde acababa de ser fundada la primera Buenos Aires.

La primera Buenos Aires fundada por Pedro de Mendoza (dibujo del libro de Ulrico Schmidl, miembro de la expedición, año 1536).

En el período de 1536 a 1541, durante la primera fundación de dicha urbe por Pedro de Mendoza, fue introducido el ganado vacuno y caballar en las llanuras rioplatenses debido a que algunos de sus hombres se les escaparían cinco yeguas, dos caballos y buen número de bovinos.[11]

Diferentes interpretaciones del Tratado de Tordesillas entre los imperios coloniales de España y de Portugal.

La aldea europea neofundada en un principio había sido abastecida de carne por los aborígenes pero terminaría asediada por miles de estos indígenas originarios, llegando hasta sitiarla por completo y teniendo que recurrir algunos de sus pobladores al canibalismo con cadáveres recientes para sobrevivir —actualmente solo tres soldados famélicos están documentados con estas acciones desesperadas— ya que racionaban los alimentos por quedarles poco ganado en pie, sobre todo de cerdos, y aunque ciertos aborígenes les dieran alguna ayuda, terminaron por abandonar este primer intento de colonización que sería incendiado.[12]

Así fue que comenzó también la vida cimarrona de estos suinos que fueron liberados en estas tierras, además de los roedores invasores, al igual que los perros domésticos que rápidamente se transformaban en salvajes cazadores —o como los ganaderos hispanos los llamarían posteriormente: “lobos carniceros”— por lo cual, esta irrupción zoológica provocaría un gran impacto en la escasa fauna silvestre autóctona, siendo los guanacos y los venados los más afectados, que fueron desplazados hacia el oeste y el sur, sumado a que, si bien en un principio hiciera subir su número, los pumas pampeanos también serían recluidos a zonas occidentales por esas mismas jaurías caninas salvajes.[13]

Los conquistadores españoles fundaron al este de la cordillera de los Andes a la ciudad de Mendoza, el 2 de marzo de 1561, por Pedro del Castillo, si bien el 28 de marzo de 1562 fuese trasladada por Juan Jufré. Años más tarde, el 6 de julio de 1573, se erigiría la ciudad de «Córdoba de la Nueva Andalucía» por Jerónimo Luis de Cabrera, se volvería a fundar la ciudad de Buenos Aires el 11 de junio de 1580 por Juan de Garay, y por último, el 25 de agosto de 1594 la de San Luis por Luis Jufré de Loaysa y Meneses.

Estos acontecimiento empujarían a la población originaria de estas montañas cuyanas y de las sierras cordobesas hacia el sur, provocando una mayor concentración tehuelche con el consecuente incremento en la homogeneización relativa de las diferentes tribus por alianzas entre ellas. Posteriormente, el empuje de tribus mapuches agruparía aún más a los tehuelches en las fronteras hispanas provocando mayor contacto interracial, con los consecuentes malones a las estancias fronterizas y a las rutas hispanas, siendo los caciques más renombrados, Bagual y Capaquén.[14]

Frontera indígena sur del Virreinato del Perú (colores azul, verde y marrón oscuro) en 1684 con la Araucanía mapuche en la vertiente occidental de la cordillera de los Andes y los territorios patagónico-pampeano tehuelches, en la vertiente oriental, con los posteriores poblados litorales atlánticos fundados en el siglo XVIII, durante la etapa del nuevo Virreinato del Río de la Plata.

En el siglo XVII, esta interacción de los pobladores originarios con los de procedencia europea provocó fuertes epidemias, como por ejemplo la de viruela, que diezmó gran parte de las tribus aborígenes.[16]

Los colonizadores hispanos de la frontera meridional del entonces gran Virreinato del Perú, con el tiempo, solo poblaron en la zona occidental de los Andes o chilena hasta el río Bío Bío, transformado en la nueva frontera continental por ese lado cordillerano (desde 1602) —debido a la rebelión mapuche de 1598 que les hiciera perder las siete ciudades de los territorios de la Araucanía, de Valdivia y de Osorno— aunque más al sur conservaran la isla de Chiloé y erigieran los fuertes de San Antonio Ribera de Carelmapu, de San Miguel de Calbuco (ambos en 1602), de San Francisco Javier desde 1604 y fortificaran la pequeña isla Mancera en 1645, además de repoblar posteriormente a la ciudad de Valdivia en 1684 (y en el siglo siguiente la ciudad de Osorno, en 1796).

En la vertiente oriental hubo intentos evangelizadores en los territorios del lago Nahuel Huapi en donde el primer jesuita en misionar por la zona en 1650 fue Diego de Rosales, guiado por el cacique Catinaquel. Más tarde, el jesuita Nicolás Mascardi con aborígenes poyas —tehuelches septentrionales andinos— fundó la misión de Nuestra Señora del Populo o de los Poyas en el año 1670 y plantó los primeros manzanos en el territorio, hasta que fuera asesinado por la misma facción aborigen no evangelizada el 15 de febrero de 1674.

En el lago Rucachoroi el jesuita José de Zúñiga fundó en 1689 con indígenas pehuenches la misión de Calihuinca pero fue abandonado en 1693 por orden del gobernador chileno José de Garro. Posteriormente la reducción del difunto Mascardi fue refundada en 1703 con el nombre de Nuestra Señora de los Poyas y de los Puelches o del Nahuelhuapi por el jesuita Felipe Laguna, quien luego de fallecer por envenenamiento en 1707 fuera suplantado en la misión por el jesuita Juan José Guillelmo, que también ingiriera veneno en la bebida chicha provocándole la muerte en 1716, y este fue remplazado por el padre Francisco Elguea que también fuera asesinado por los indígenas en 1717, por lo cual en este año las misiones de los lagos fue definitivamente abandonada.

Consecuentemente los españoles por esta vertiente cordillerana solo dominaron específicamente en el territorio cuyano hasta la reducción de Corocorto —organizada con aborígenes huarpes hacia 1628— y la ya mencionada villa de San Luis que seguiría en peligro de continuar sufriendo malones, y hacia la zona rioplatense, poblaron hasta el río Cuarto cordobés y el río Salado bonaerense, a excepción de las misiones jesuitas en territorio del cacique Cangapol como la de Nuestra Señora del Pilar fundada por los padres José Cardiel y Thomas Falkner, que funcionaría desde el 13 de noviembre de 1746 hasta el 1º de septiembre de 1751, entre otras.

Comienzos de la mixogenización de los tehuelches pampeanos

Toldería tehuelche y su ganado cimarrón (dibujo de 1832).

Aquel pueblo originario de las pampas que tuvo el beneficio del ganado cimarrón por los excelentes pastizales naturales, aguadas y un clima templado pampeano, comenzó a tener que compartir el territorio con nuevas etnias procedentes de lugares distantes, por lo cual, el pueblo tehuelche se iría mixogenizando hacia 1750 con los pehuenches mapuchizados oriundos del alto Ñuble del Ránquil, en la región andina occidental, originando a los ranqueles de las pampas cuyo cacique más renombrado fue Carripilún y que por la abundancia de cautivas blancas terminarían poseyendo un importante aporte genético europeo.[17]

Hacia 1765, el cacique mapuche-huiliche Llanquitur con su tribu —junto a su hermano Paillatur— ya se habían asentado en estas llanuras, comenzando con nuevas depredaciones a las estancias hispanas,[18]​ como en la desembocadura del río Salado ya que se había establecido una «Estancia Real» en el rincón entre el río citado y el Samborombón, defendida y financiada por el nuevo comandante general Clemente López de Osornio —futuro abuelo materno de Juan Manuel de Rosas— nombrado primer alcalde de la hermandad del «Pago de la Magdalena» que se había asociado con el comerciante Juan Noario Fernández (cuyo verdadero nombre era Jenuario) quien fuera propietario de la estancia «Rincón de Noario», además de organizar cinco compañías de Blandengues destinadas a cuidar la frontera meridional con los amerindios y de dirigir una expedición a las Salinas Grandes para recoger la tan preciada sal.

Los caciques Lebián y Pilmigerenantu lideraron la rebelión pehuenche de 1769 contra los colonizadores hispanos, principalmente de Chile, y en alianza con los ranqueles, efectuaron un gran malón sobre la ciudad de Mendoza que se repetiría en febrero de 1770. En este año, otro grupo de estos aborígenes cruzaba nuevamente la cordillera de los Andes y se establecería en la zona del río Malargüe, constituyendo a los pehuenches del Malalhue. Estos últimos, otra vez enemistados con los colonizadores, atacaron en diciembre del mismo año al «Fuerte de San Carlos», erigido ese año para avanzar y consolidar la frontera sur cuyana, que daría origen el 3 de octubre de 1772 a la villa homónima.[19]

Para dar mayor seguridad, más hacia el sur, se construyó el día 16 de marzo de 1774 el «Fuerte San Juan Nepomuceno» (sumado a que catorce años después y a 40 km al sur de la anterior villa, sería fundado el «Fuerte Aguanda», el día 11 de junio de 1789).[19]​ Por otra parte, en el año 1779, López de Osornio obtuvo su retiro militar y la concesión de unas tierras en el rincón sureño del Salado —incluyendo a la abandonada reducción de «Nuestra Señora de la Purísima Concepción de los Indios Pampas» (mayo de 1740 - febrero de 1753) de los jesuitas Matías Strobel y Manuel Querini— y que pasó a llamarse estancia «Rincón de López».

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