Provincia de Corrientes

Provincia de Corrientes
Taragüí Tetãmini
Provincia
Bandera de la Provincia de Corrientes.svg
Bandera
Escudo de la Provincia de Corrientes.svg
Escudo
Lema: Patria, Libertad y Constitución

Corrientes in Argentina (+Falkland).svg
Ubicación de Provincia de Corrientes


Taragüí Tetãmini
Coordenadas 28°40′S 57°38′O / -28.66, 28°40′S 57°38′O / -57.63
Capital Corrientes
 • Población 352 646 (2010)
Ciudad más poblada Corrientes
Idioma oficial español
 • Co-oficiales guaraní[1]
Entidad Provincia
 • País Argentina
Gobernador
Cámara de Diputados
Senado
Ricardo Colombi ( UCR-Encuentro por Corrientes)
7 bancas
3 bancas
Subdivisiones 25 departamentos
71 municipios
Superficie Puesto 16
 • Total 88 199 km²[2]
Población (2015) Puesto 11
 • Total 1 070 283[3]  hab.
 • Densidad 12,13 hab/km²
Gentilicio correntino/a
IDH (2013) 0,809 ( 19.º) – Muy Alto
Huso horario UTC -3
ISO 3166-2 AR-W
Sitio web oficial
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La Provincia de Corrientes (en guaraní: Taragüí Tetãmini)[4] es una de las catorce provincias fundadoras de la Confederación Argentina y una de las actuales veintitrés provincias que integran la República Argentina, ubicada en la región mesopotámica y forma parte de la Región del Norte Grande Argentino. Su capital es la ciudad de Corrientes.

Limita al norte con la República del Paraguay; al este con la Provincia de Misiones, la República Federativa del Brasil y la República Oriental del Uruguay; al sur con la Provincia de Entre Ríos, y al oeste con las provincias de Santa Fe y Chaco.

El gobierno correntino declaró en 2004 el guaraní correntino como "idioma oficial alternativo" de la provincia, junto con el castellano. Hasta 2010 fue la única provincia con ese estatus, al sumársele la Provincia del Chaco.[5]

Historia

Origen mitológico

El origen del pueblo correntino se inicia con la búsqueda de la tierra sin mal de los guaraníes, un pueblo guerrero y peregrino que descendía del Río Amazonas hacia las tierras del río Paraná. Las fuentes históricas -escritas por españoles, criollos o mestizos- y los aportes de la antropología actual, permiten que podamos asomarnos a la mentalidad de un pueblo cuya vida estaba completamente orientada hacia el más allá. Apenas llegados a la etapa agrícola y todavía seminómadas, no habían desarrollado todas las artes ni las técnicas: ni escultura, ni pintura ni arquitectura. Exceptuando los notables trabajos hechos con plumas para sus ceremonias, sus técnicas en el trenzado de canastos, una alfarería funcional y algunos tejidos especiales. El genio de la etnia guaraní estaba volcado en la lengua, la religión y la música.

Los guaraníes.

La lengua les posibilitó expresar su capacidad para producir belleza y arte en cánticos y oraciones, mitos y leyendas. La religión penetraba la vida social y nutría todos los comportamientos: políticos culturales y hasta económicos, ya que la búsqueda de la Tierra sin Mal implicaba también búsqueda de tierras no holladas para la caza y el cultivo. En teoría, la Yvy Mara He’y no era inaccesible a los vivos. Aunque se la reconocía como morada de los antepasados, algunos privilegiados podían llegar hasta allí sin pasar por la prueba de la muerte.[6]

Esta esperanza era la que alentaba las grandes migraciones al ser convocados por algún profeta o Karaí. Él era quien recibía los mensajes de los dioses y podía "hablar extensamente en medio de todo lo que se levanta sobre la tierra". Sus "bellas palabras", inspiradas por "los que viven encima de nosotros", cargadas de elocuencia, los impulsaban a seguir avanzando en las interminables marchas en busca de la Tierra sin Mal.

Lo original de la religión tupí-guaraní es identificar el concepto alma con el concepto palabra y todo lo que esto implica en cuanto a la valoración del lenguaje como medio de comunicación con lo sobrenatural y con el propio perfeccionamiento. Idea central en los textos rescatados por etnólogos y antropólogos, es demostrar que la función primordial del lenguaje formado de "bellas palabras", es la comunicación con los dioses, "los situados encima de nosotros". El vocablo ñe’e designa al mismo tiempo a la voz, la palabra y el alma, es decir, lo que en el hombre es divino e imperecedero. La muerte es la pérdida de la palabra. y las "bellas palabras" -ñe’e porä- son el equivalente de la sabiduría y la santidad. Es por eso que Ñamandú el Primero crea a sus tres hijos Karaí, Jakaira y Tupa y a sus mujeres.

Época Prehispánica

La Provincia de Corrientes estaba habitado por varias tribus como los káingang, charrúas del tronco pámpido y guaraníes. Tanto los Kaingang como los Charrúas habían ingresado a la región hacia el 6.000 a.C., mientras que los Guaraníes lo hacían hacia el 500 a.C., provenientes de la región amazónica[7] , para ubicarse en los márgenes de los ríos Paraná y Uruguay. Desde allí y como producto de su organización comunal (en tekoá Guazú o grandes aldeas), comenzaron un proceso de influencia hacia las demás tribus, generando una "guarinitización".

Los originarios correntinos se establecieron a lo largo de la costa del Paraná, formando comunidades seminómadas, que perdurarían hasta bien entrada la época colonial.[8] Mantuvieron relaciones hostiles con otros de sus habitantes, los belicosos charrúas (pámpidos), parte de Río Grande del Sur y la República Oriental del Uruguay.

En diciembre de 1527, Sebastián Gaboto, navegante veneciano al servicio de España, descubrió el río Paraná y el 31 de marzo de 1528, el río Paraguay, siendo por lo tanto, el primer europeo que avistó la costa oeste de Corrientes.

Cuando se concedió a Pedro de Mendoza el adelantazgo en la Región del Río de la Plata, por las Capitulaciones celebradas entre él y el rey de España, Corrientes quedó dentro de los territorios que se le otorgaban.

Época Colonial: Hispanismo y Misiones Jesuíticas

La ciudad de Corrientes fue fundada por el adelantado Juan Torres de Vera y Aragón con el auxilio de Alonso de Vera y Aragón, llamado el tupí, y Hernando Arias de Saavedra —Hernandarias— el 3 de abril de 1588. El adelantado necesitaba hacerlo para cumplir las capitulaciones de su cargo; como estación de paso entre Asunción del Paraguay y Buenos Aires, el crecimiento de la región se vio favorecido. Torre de Vera y Aragón no permaneció en la nueva fundación, ya que siguió viaje a España para lograr la ratificación de su cargo. Común pero errónea es la afirmación de que su fundador bautizó a la ciudad como San Juan de Vera de las Siete Corrientes; el acta de la fundación registra simplemente el de Ciudad de Vera, ampliado con el tiempo para honrar al patrono del fundador y luego apocopado en su forma actual.

Los pobladores iniciales fueron 62 criollos y españoles procedentes de Asunción, a los que se sumaron otros 86 llegados de la ciudad de Concepción de Buena Esperanza. El mismo movimiento dio origen ese año a Santa Ana de los Huácaras, Itatí y Santa Lucía, que fueron organizados como pueblos de indios cuyos pobladores se tomaron en su gran mayoría de la población amerindia local.

Numerosas misiones jesuíticas se instalaron en el actual noreste de la provincia (entonces parte de Misiones), donde desarrollaron una intensa y peculiar labor evangelizadora. Esto fue el verdadero catalizador de la sociedad guaraní en la región, ya que la alianza de sus dirigentes políticos (los mburuvicha guazú) con la Compañía de Jesús les granjeó la protección temporal de la Corona de España frente a las presiones de los hacendados coloniales, interesados en someterlos a un régimen de encomiendas, y los saqueos de los bandeirantes brasileños. No todas las tribus guaranítica se acogieron a este sistema, sin embargo; mientras un gran número de guaraníes se asentó en las misiones permanecieron hostiles y se retrajeron a las áreas más aisladas y remotas de la región. La población guaranítica dio lugar a buena parte del tejido social que fue la base para la organización de la provincia actual, pese a que la expulsión de los jesuitas provocó el despoblamiento y la pérdida del territorio de las Misiones Orientales, que caería eventualmente en manos de los luso-brasileños tornándose más adelante el Río Grande del Sur.

Cuando, por Cédula Real del 16 de diciembre de 1617, la gobernación inicialmente asignada a Pedro de Mendoza fue dividida en dos, la Ciudad de San Juan de Vera de las Siete Corrientes, quedó, junto con otras, en jurisdicción de la Gobernación del Río de la Plata.

Plaza San Martín, en Goya.

En el siglo XVIII, los conflictos entre los naturales de Corrientes y la gobernación de Buenos Aires, de la que dependían, fueron intensos; se debieron principalmente a la negativa a prestar servicio militar contra los habitantes de otras zonas o los nativos. En 1732 una sublevación comunera se alzó contra el gobernador Bruno Mauricio de Zabala, tomando el bando de los comuneros de Asunción; fue duramente reprimida por tropas enviadas desde la capital. 30 años más tarde, el gobernador Pedro de Ceballos se encontraría con una situación similar, provocada por la orden de reclutar milicias para abrir un Camino Real hacia el Tucumán.

Las represalias del gobierno central incluyeron el traslado al río Uruguay del transporte comercial que se desarrollaba en el Paraná, lo que fue un duro golpe a la economía local, basada en la construcción naval —proveyendo de carpintería naval a todo el Virreinato— y los tejidos destinados al autoabastecimento y la provisión de los mercados vecinos.

La Real Ordenanza de Intendentes del 28 de enero de 1782, que modificó la organización administrativa del Virreinato del Río de la Plata creando las Gobernaciones Intendencias, hizo que Corrientes quedara asignada a la Intendencia de Buenos Aires.

Se organizó un cuerpo propio de milicias, los Cazadores Correntinos, que durante las invasiones inglesas de comienzos de 1806 y 1807, colaboraron en la defensa de Buenos Aires bajo el mando de Juan José Fernández Blanco, adjuntos al Tercio de Vizcaínos. El cuerpo fue suprimido tras la asonada del 1 de enero de 1809 encabezada por Martín de Álzaga.

La guerra de la independencia

La ciudad de Corrientes, dotada ya de clara identidad para la época de la Independencia Argentina, ya como provincia se alió con los criollos y españoles de Buenos Aires, pasando a formar parte de la alianza de provincias que formarían posteriormente la República Argentina, en 1811 el pueblo correntino adhirió decididamente a la Revolución de Mayo enviando a José Simón García de Cossio como primer diputado en la Primera Junta de Buenos Aires, casi al mismo tiempo fueron recibidas las escasas tropas libertadoras al mando del general Manuel Belgrano pasando a revistar voluntariamente en ellas muchos jóvenes correntinos.

Autonomía provincial

Un Cabildo abierto reunido en Corrientes el 11 de marzo de 1814 eligió a Juan Bautista Méndez como gobernador de la provincia. El 20 de abril de ese año, el Cabildo declaró la independencia de la provincia bajo el sistema federativo reconociendo al general José Gervasio Artigas como Protector de los Pueblos Libres.

Establecida ya como una provincia autónoma de hecho, el Director Supremo del Estado Gervasio Antonio de Posadas, por Decreto del 10 de septiembre de 1814, dispuso formar las provincias de Entre Ríos y de Corrientes (esta también con los pueblos de Misiones incluyendo teóricamente parte del actual Brasil) separándolas de la Gobernación Intendencia de Buenos Aires y fijando sus respectivas jurisdicciones.

El general José de San Martín, nació en el pueblo de Yapeyú ubicado en la actual provincia de Corrientes, pero al momento de su nacimiento formaba parte del territorio de la Gobernación de las Misiones Guaraníes, donde se conservan las ruinas de su casa natal y un museo en su memoria. También el sargento Juan Bautista Cabral, de quien la leyenda afirma que en la batalla de San Lorenzo dio su vida por el general San Martín, era correntino; Cabral nació en un pueblo llamado Saladas, ubicado a 110 km al sudeste de la capital.

Corrientes tomó partido por el bando artiguista en las luchas intestinas que siguieron y formó parte de la Liga de los Pueblos Libres encabezada por este; representantes correntinos participaron del Congreso de Oriente de 1815, en que las provincias de la Banda Oriental, Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, Misiones y Santa Fe se declararon independientes de España y de toda otra potencia extranjera.

Entre 1818 y 1819, el gobierno de la provincia estuvo a cargo de Andrés Guazurarí, lugarteniente de Artigas; rechazado de plano por el patriciado local por su origen guaraní, Guazurary fue sin embargo un gobernador prudente e ilustrado. A la derrota de Artigas, el gobierno provincial quedó en manos del Supremo Entrerriano, Francisco Ramírez, que poco después proclamaría la República de Entre Ríos, que comprendía también el territorio correntino. Evaristo Carriego sería el comandante militar del Departamento de Corrientes durante la efímera República, período en el cual se fundaron no menos de 12 escuelas y se realizó el primer censo de la época postcolonial. Caído en julio de 1821 Ramírez por sus desavenencias con el santafesino Estanislao López, que se alió con el directorio porteño contra este, una sublevación depuso a Carriego.

En Cabildo abierto se nombró gobernador a Ramón de Atienza, quien convocó a un nuevo Congreso Provincial. Este dictó el 11 de diciembre 1821 el Reglamento Provisorio, primera Constitución correntina. El Congreso Provincial nombró gobernador a Juan José Fernández Blanco a fines de ese año.

Guerras civiles y formación del estado argentino

Tras Fernández Blanco ocuparía el sillón del gobierno provincial una de sus figuras más decisivas, el brigadier general Pedro Ferré. Ferré aseguraría la región oriental de la provincia, en anarquía por el conflicto con los brasileños, que había llegado a las armas, con lo que dio forma definitiva al territorio provincial; firmaría también la paz con los caciques chaqueños, dando fin al sistema de reducciones y fomentaría la economía de la región. Su relación con Buenos Aires, gobernada ya por Juan Manuel de Rosas, sería conflictiva; el centralismo porteño, no menor en la etapa federal que durante el precedente Directorio, llevaría que en 1839 el gobernador Genaro Berón de Astrada se aliase al oriental Fructuoso Rivera contra Rosas. La derrota en batalla de Pago Largo pondría fin a ese intento, pero daría pie a un continuado conflicto con Buenos Aires, que se prolongaría en la campaña de José María Paz y luego en la adscripción del gobernador Benjamín Virasoro, yerno de Ferré, al pronunciamiento de Justo José de Urquiza. Los correntinos se batieron contra Rosas en Caseros y serían una facción de peso en la Confederación Argentina.

Durante la Guerra de la Triple Alianza, parte del territorio fue invadido por tropas paraguayas. Durante unos cinco meses, la capital debió sufrir en carne propia todo tipo de injusticias y desmanes por parte de los invasores. En su retirada, el ejército del Mariscal López se llevó miles de cabezas de ganado y secuestró un número nunca determinado de mujeres. Un símbolo provincial son "Las Cautivas", esposas de ministros y funcionarios provinciales tomadas como rehenes durante años, en las condiciones más miserables. Un monumento las recuerda hoy al pie del que homenajea a Bartolomé Mitre, considerado como el libertador provincial.

Por el Convenio Interprovincial firmado en Buenos Aires, el 18 de julio de 1978, las provincias del Chaco y de Corrientes solucionaron el diferendo por la posesión de islas en el río Paraná, definiendo completamente sus fronteras.[1]

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