Provincia Cisplatina

Provincia Cisplatina o Estado Cisplatino fue el nombre dado a la región de la actual República Oriental del Uruguay entre 1817 y 1825, cuando estaba bajo el control del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve y, posteriormente, del Imperio del Brasil. Desde la perspectiva lusobrasileña el territorio se encontraba aquende ("de este lado") el Río de la Plata y de allí deriva el nombre.

Durante este período la Provincia estuvo gobernada por el militar Carlos Federico Lecor.

Antecedentes

El Tratado de Tordesillas trazó una línea de polo a polo que asignó a la corona de Portugal una porción de América del Sur. Esa porción, el Brasil, tenía un límite no demarcado con precisión con las áreas asignadas a España, por lo cual surgieron conflictos territoriales. Esos conflictos llegaron a ser muy graves en la zona del Río de la Plata, especialmente a partir de la fundación portuguesa de Colonia del Sacramento en 1680.

Desde entonces, Portugal pretendió expandir sus dominios sobre el Río de la Plata e incluso dominar toda la Banda Oriental. La fundación del Virreinato del Río de la Plata en 1776 se debió a la necesidad de frenar las ambiciones portuguesas. La capital del virreinato, Buenos Aires, fue dotada de abundantes fuerzas militares. En la Banda Oriental, la ciudad de Montevideo fue amurallada y contaba también con una fuerte guarnición militar.

En la primera década de 1800 Brasil era el principal rival y potencial enemigo del Virreinato del Río de la Plata. En 1801 Brasil incorporó las Misiones Orientales, sin que las fuerzas de Buenos Aires pudieran hacer nada para impedirlo o recuperarlas. El 12 de agosto de 1807 el príncipe regente de Portugal, futuro Juan VI de Portugal, recibió un ultimátum conjunto de España y Francia: en veinte días debía declarar la guerra a Gran Bretaña y cerrar todos los puertos a sus buques, además de expulsar a su embajador y detener a todos sus súbditos. Apurado por la urgencia de la amenaza, Juan anunció al embajador inglés, Lord Strangford, que simularía un estado de guerra con Gran Bretaña, para ganar tiempo.

El ministro de relaciones exteriores británico, George Canning, propuso en cambio otro plan: el traslado de toda la Corte portuguesa y la familia real a Brasil. El 22 de octubre, Canning y el embajador portugués Domingo Souza Coutinho firmaron el tratado por el que se establecía:

  • La entrega de toda la escuadra portuguesa – de guerra y mercante – a Gran Bretaña.
  • El traslado de la Reina, el Príncipe, su familia y toda la corte a Brasil, en la escuadra inglesa.
  • Un nuevo tratado comercial, que permitía a Gran Bretaña introducirse en el mercado brasileño.
  • La ocupación británica de la isla de Madeira.

Apenas llegada a Brasil, la corte portuguesa dio nuevo impulso a las ambiciones expansionistas contra las vecinas posesiones españolas, especialmente sobre el Río de la Plata. El más entusiasta partidario de esa política expansiva fue el ministro de Negocios Exteriores y Guerra, Rodrigo de Sousa Coutinho, conde de Linhares, que se proponía lisa y llanamente anexar al Brasil toda la Banda Oriental. Souza Coutinho llegó a iniciar la reunión de un poderoso ejército de invasión hacia el sur.

Souza Coutinho escribió a su hermano:

”Que marchen, pues, los ejércitos de Su Majestad hasta llegar a la línea natural de las fronteras de su reino… que las tropas portuguesas del Brasil desde Río Grande y Matto Grosso, penetren y se extiendan, como lo crean conveniente hasta el Río de la Plata y las minas de Potosí; publicado las mismas proclamaciones de hostilidad que el general Junot y el marqués del Socorro publicara al entrar en Lisboa al frente de los franceses y españoles, y este equivalente sin declaración de guerra será la mejor y más segura forma de hacer respetar su reino y sus vasallos en Europa.”[1]

En consonancia con esa política, el brigadier Joaquín Javier Curado fue enviado al Río de la Plata, con un ultimátum a sus autoridades, en el que ofrecía en nombre de su soberano tomar el cabildo y el pueblo de la ciudad de Buenos Aires y todo el virreinato bajo su Real Protección. Caso contrario se desataría la guerra, ya que su rechazo significaría tener que "hacer causa común con su poderoso aliado", es decir, con Gran Bretaña.

La noticia de las abdicaciones de Bayona produjo un cambio de planes y Souza Coutinho pensó que la nueva situación le permitiría a su rey apoderarse, ya no de la Banda Oriental, sino de todo el Virreinato del Río de la Plata, con el cual el Brasil compartía alrededor de 4.000 kilómetros de fronteras. El instrumento de su política iba a ser la esposa del príncipe regente, residente también en Río de Janeiro, Carlota Joaquina de Borbón, hermana mayor de Fernando VII de España. Por otro lado, residía también en Río de Janeiro su primo Pedro Carlos de Borbón, hijo de Gabriel de Borbón, hermano del Rey Carlos IV.

Simultáneamente con los planes de Souza Coutinho, otros dos personajes estaban haciendo planes: la infanta Carlota Joaquina y el comandante de la escuadra británica en el Brasil, lord William Sidney Smith. Éste era un admirador de la princesa y dirigió, junto con ella, un plan ambicioso. Carlota Joaquina reclamó el trono español y, dado que no podía ir a reclamarlo en la porción europea de su reino, comenzaría por las dependencias americanas, sobre todo por la más cercana, el Río de la Plata.

Tras darlo a revisar por Sidney Smith, Carlota redactó dos documentos iguales, firmados por ella y el príncipe Pedro Carlos, para presentarlos al príncipe regente. Se trataba de la "Justa Reclamación", por la que solicitaban a don Juan su protección ante la usurpación napoleónica, para conservar los derechos de su familia en la América española, ocupando el trono como regente del reino de España en los virreinatos y capitanías generales americanas.

El 11 de septiembre de 1808 el comerciante Carlos José Guezzi entregó los pliegos de Carlota Joaquina a diversos personajes como el virrey Santiago de Liniers, el alcalde de 1.er voto, Martín de Álzaga y el comandante del Regimiento de Patricios, Cornelio Saavedra. También estaba dirigido al gobernador de Montevideo, Francisco Javier de Elío.

El virrey le escribió inmediatamente, contestando que

"Después de haber jurado la majestad del Señor Don Fernando VII, y reconociendo la Junta Suprema de Sevilla quien lo representa, nada se puede innovar a nuestra presente constitución sin su acuerdo."

En el mismo sentido respondieron todos los otros destinatarios de la Justa Reclamación. El cabildo fue el más explícito, reclamando ante lo que consideraban una injerencia de la Corte Portuguesa en los asuntos internos de España. El histórico enfrentamiento entre España y Portugal por la cuenca del Río de la Plata hizo prácticamente imposible que semejante pretensión de la esposa del heredero del trono portugués fuera aceptada.

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