Propaganda nazi

Pizarra en una exposición sobre la labor del departamento de propaganda de Bélgica en diciembre de 1941 - enero 1942.

La Propaganda nazi fue el intento coordinado del Partido Nazi para influir en la opinión pública alemana a través del empleo de la propaganda en los medios de comunicación. Fue empleada por el Partido nazi y posteriormente, tras el ascenso al poder de Adolf Hitler, por el gobierno de Alemania hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. El cine/la TV como herramienta propagandística fue utilizada por ambos bandos antes y durante el conflicto bélico. La propaganda nazi proporcionó un instrumento crucial para adquirir y mantener el poder, así como para la implementación de sus políticas, incluyendo la prosecución de la guerra total y el exterminio de millones de personas durante el Holocausto y durante la ocupación de la Unión Soviética.

En este sentido, se centró en declarar que los judíos eran la fuente de los problemas económicos de Alemania. Asimismo, presentaba temas más comunes entre los países en guerra: la inminente derrota de sus enemigos, la necesidad de seguridad, etc. Los noticieros cinematográficos también fueron usados para ganar el apoyo para la causa nazi. Leni Riefenstahl fue, probablemente, la propagandista más famosa: su película El triunfo de la voluntad es uno de los ejemplos más conocidos de propaganda en la historia del cine. Esta cinta no solo fue popular en el Tercer Reich, sino que ha seguido influyendo en películas, documentales y comerciales hasta el día de hoy.[1]

Joseph Goebbels fue el Ministro de Propaganda en la Alemania Nazi y desempeñó un papel central en la creación de nuevo material antisemita y pronazi para el partido. Estuvo a cargo de una maquinaria de propaganda que alcanzó todos los niveles de la sociedad alemana. El uso generalizado de la propaganda por parte de los nazis es, en gran parte, responsable de que el término en sí haya adquirido sus connotaciones negativas actuales.[2]

Historia

Antecedentes

En la década de 1920, los propagandistas nazis querían atraer apoyo para su maquinaria política y generar una nueva actitud en el pueblo alemán. Un argumento de peso fue una de las disposiciones del Tratado de Versalles, firmado en 1919, que requería que Alemania y sus aliados aceptasen toda la responsabilidad de haber causado la guerra y, bajo los términos de los artículos 231-248,[5]

Antes de la guerra (1919-1939)

Antes de la guerra, la estrategia de propaganda nazi enfatizaba varios temas. Sus metas eran crear enemigos externos (los países que supuestamente impusieron el Tratado de Versalles sobre Alemania) y enemigos internos (los judíos). Hitler y los propagandistas nazis se valieron del antisemitismo y del resentimiento por el Tratado, ya presentes en Alemania.

Los judíos fueron culpados por cosas tales como robar a los alemanes el producto de su arduo trabajo mientras ellos no hacían nada. Hitler culpó a los judíos por “dos grandes heridas sobre humanidad: la circuncisión del cuerpo y la conciencia del alma”. En toda Alemania se veían carteles, películas, historietas y folletos, en los cuales se atacaba a la comunidad Judía, como en la película El judío eterno (una versión sobre la leyenda del judío errante).

A partir del año 1923, la revista de propaganda nazi Der Stürmer continuó la tradición del siglo XIX de caricaturas antisemitas. Estos dibujos combinaban motivos religiosos con otros pornográficos y racistas; además seguían e intensificaban la relación entre Judensau y los asesinatos rituales, " sanguijuelas" en su sentido figurado y el diablo, una relación establecida desde hacía siglos atrás por la Iglesia. Der Stürmer afirmaba que los judíos secuestraban niños cristianos antes de la Pascua porque “los judíos necesitaban sangre de un niño cristiano, quizá, para mezclarla con su Matzah”. Con esta tradición antisemita como fondo, se inventaron imágenes desfiguradas de los judíos que eran representados como personas con dientes torcidos, uñas de animales, con saliva cayendo de los labios y miradas codiciosas, que seducían y “envenenaban” a una multitud de chicas jóvenes rubias. Este tipo de imagen se refería a la Rassenschande ( denhonra de la raza), y se empleó en este contexto la frase "chupar la raza aria". En una caricatura de la revista Der Stürmer de abril de 1934, apareció una imagen de la Judensau que simbolizaba el supuesto poder judío en los medios. En esta imagen, la puerca atravesada por una horquilla representa los Juden-Literatur-Verlage (editores de literatura judía), y debajo se titula: Wenn die Sau tot ist müssen auch die Ferkel verrecken. (Muerta la cerda, los lechones también estiran la pata.). Los "lechones" representados son entre otros: Albert Einstein, Magnus Hirschfeld, Alfred Kerr, Thomas Mann y Erich Maria Remarque.[6]

Los alemanes en otros países como Checoslovaquia, Francia, Polonia, Unión Soviética y los Países bálticos fueron otro blanco de la propaganda del partido nazi. Hitler afirmaba, en Mi lucha, que los alemanes sufrían dolor y miseria estando fuera de Alemania, y que soñaban con la patria común.[7] A lo largo de Mi Lucha, Hitler invoca a los alemanes en todo el mundo para que tuvieran como objetivo central la lucha por el poder político y la independencia.

Los esfuerzos de la propaganda nazi se enfocaron entonces en la creación de enemigos externos. Los propagandistas reforzaban la actitud negativa de Alemania hacia el Tratado de Versalles. Así, cuando el Tratado fue firmado en 1919, incluso los titulares de periódicos no propagandistas en toda Alemania hablaron que para los alemanes era "inaceptable.[9]

Hitler, conociendo el disgusto de la nación con el Tratado, lo aprovechó para influenciar en su audiencia. Se referirá repetidamente a los términos del Tratado como un ataque directo contra Alemania y su pueblo. En un discurso pronunciado el 30 de enero de 1937, afirmó directamente que retiraba la firma alemana del documento en protesta por las proporciones desmedidas de las condiciones. Sostuvo que el Tratado hacía que Alemania pareciera inferior y "menos" que otros países solo porque la culpa de la guerra había recaído sobre ellos. El éxito de los propagandistas nazis se pudo comprobar cuando Hitler ganó el control del partido nazi y, finalmente, condujo al país a la Segunda Guerra Mundial.[10]

Durante los meses anteriores a la invasión de 1939, los periódicos y políticos alemanes como Adolfo Hitler llevaron a cabo una campaña propagandística a nivel nacional e internacional, por la cual acusaban a las autoridades polacas de organizar o tolerar la limpieza étnica de los alemanes étnicos que vivían en Polonia y que constituían una minoría étnica.[11] El 22 de agosto Adolfo Hitler dijo a sus generales:

"Proporcionaré un casus belli propagandístico. Su credibilidad no importa. El vencedor no será cuestionado por si dijo la verdad."[13]

La parte principal de esta campaña de propaganda era el proyecto de bandera falsa Operación Himmler, diseñada para crear la apariencia de agresiones polacas contra Alemania, lo cual fue subsecuentemente usado para justificar la invasión a Polonia.[13]

Durante la Segunda Guerra Mundial

Hasta la conclusión de la Batalla de Stalingrado, el 2 de febrero de 1943, la propaganda alemana enfatizaba la capacidad de las armas alemanas y la humanidad que los soldados alemanes habían mostrado para con la población de los territorios ocupados. Los pilotos de las flotas de bombardeo aliadas fueron representados como asesinos cobardes y, en particular, los norteamericanos como gangsters al estilo de Al Capone. Al mismo tiempo, la propaganda alemana procuró distanciar a norteamericanos y británicos el uno del otro, y a ambas naciones de los soviéticos.

Sin embargo, tras la catástrofe militar de Stalingrado, el tema principal cambió y se centró en hacer de Alemania el único defensor de lo que denominaban “la cultura europea occidental” contra las “hordas bolcheviques”. La presentación de las "armas de venganza" V-1 y V-2 fue enfatizada para convencer a los británicos de la imposibilidad de derrotar a Alemania.

El 23 de junio de 1944 los nazis permitieron a la Cruz Roja Internacional visitar el campo de concentración de Theresienstadt para disipar rumores acerca de la Solución final, que tenía como propósito matar a todos los judíos. En realidad, Theresienstadt era un campo de tránsito para los judíos en la ruta a los campos de exterminio; pero, en un sofisticado esfuerzo de propaganda, se levantaron falsas tiendas y cafés para dar a entender que los judíos vivían en relativa comodidad. Los invitados disfrutaron la actuación de una ópera de niños, Brundibár, escrita por uno de los presos, Hans Krása. El bulo fue tan exitoso para los nazis que decidieron hacer una película de propaganda en el mismo campo de concentración. El rodaje de la película comenzó el 26 de febrero de 1944. Dirigida por Kurt Gerron quien había sido persuadido u obligado por los nazis para hacerlo,[15]

Cuando la derrota alemana era inminente, Goebbels se suicidó el 1 de mayo de 1945, poco después de que Hitler hubiera hecho lo mismo. Hans Fritzsche, quien había sido el jefe de la Cámara de Radio, fue procesado y absuelto por el tribunal de crímenes de guerra de Núremberg.

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