Problema del mal

Se le atribuye a Epicuro ser el primer exponente del problema del mal. David Hume lo cita en su Dialogues concerning Natural Religion (1779) mediante una serie de preguntas.[1]

Dentro de la filosofía de la religión, el problema del mal es el problema de conciliar la existencia del mal y del sufrimiento en el mundo con la existencia de una deidad que sea omnisciente, omnipresente, omnipotente y omnibenevolente (véase teísmo).[3]

¿Es que Dios quiere prevenir el mal, pero no es capaz? Entonces no es omnipotente.
¿Es capaz, pero no desea hacerlo? Entonces es malévolo.
¿Es capaz y desea hacerlo? ¿De dónde surge entonces el mal?
¿Es que no es capaz ni desea hacerlo? ¿Entonces por qué llamarlo Dios?

Paradoja de Epicuro[1]

Algunos cristianos creen que la condenación del mal por Dios fue ejecutada y expresada en la creación del mundo; un juicio que es inexorable debido a la omnipotencia de Dios, voluntad increada; un constante y eterno juicio que será anunciado y comunicado a las personas en el Juicio Final. En esta explicación ( predestinación), Dios se le estima benévolo debido a que su ajusticiamiento del mal es un buen juicio. Otras explicaciones incluyen considerar al mal como el resultado de un abuso del libre albedrío de las criaturas de Dios, la postura de que se requiere sufrimiento para el crecimiento espiritual, y escepticismo respecto a la habilidad de los humanos para entender las razones de Dios para permitir la existencia del mal. La idea de que el mal provenga de un mal uso de la libre voluntad podría también ser incompatible con una deidad que conoce todos los eventos futuros, ya que eliminaría nuestra capacidad de "hacer otra cosa" en cualquier situación y por tanto el libre albedrío (véase el argumento del libre albedrío).[ cita requerida]

Argumentos detallados

Se han formulado numerosas versiones del problema del mal,[10] las que incluyen formulaciones filosóficas, teológicas y bíblicas.

Problema lógico del mal

Se ha atribuido al filósofo griego Epicuro la formulación original del problema del mal,[11] y este argumento puede esquematizarse como sigue:

  1. Si una deidad omnipotente, omnisciente y omnibenevolente existe, entonces el mal no existe.
  2. Hay maldad en el mundo.
  3. Por lo tanto una deidad omnipotente, omnisciente y omnibenevolente no existe.

Este argumento del tipo modus tollens es lógicamente válido y en consecuencia si las premisas son ciertas, la conclusión necesariamente también debe serlo. Sin embargo, no es claro exactamente cómo la existencia de una deidad todopoderosa y perfectamente buena garantiza la inexistencia de la maldad. Esto es, no es claro si la primera premisa es cierta. Para mostrar que es plausible, las versiones posteriores tienden a desarrollarla, tal como el siguiente ejemplo moderno:[3]

  1. Dios existe.
  2. Dios es omnipotente, omnisciente y omnibenevolente.
  3. Un ser omnibenevolente querría evitar todo los males.
  4. Un ser omnisciente conoce todas las formas en que el mal puede originarse.
  5. Un ser omnipotente tiene el poder de prevenir que el mal se origine.
  6. Un ser que conoce cada forma en que el mal pueda originarse, es capaz de prevenir su existencia, y quiere hacerlo, prevendría la existencia del mal.
  7. Si existe un ser omnipotente, omnisciente y omnibenevolente, entonces la maldad no existe.
  8. El mal existe (contradicción lógica).

Se considera a ambos argumentos como dos formas del problema lógico del mal, que intenta mostrar que las proposiciónes supuestas conducen a una contradicción lógica y por lo tanto no pueden ser todas correctas. El debate filosófico se ha centrado principalmente en la proposición de que Dios no puede existir con, o querría prevenir, el mal (premisas 3 y 6). Respecto a esto, algunos apologistas teístas (por ejemplo, Leibniz) sostienen no solo que la existencia de tal deidad es compatible con el mal, sino que lo permite con el fin de lograr un bien superior.

Se ha propuesto el libre albedrio como tal bien superior, argumentado por Alvin Plantinga en su popular defensa. Su primera parte considera el mal moral como el resultado de las acciones humanas por medio de la libre voluntad. La segunda parte argumenta la posibilidad lógica de "un poderoso espíritu no humano",[15]

Problema evidencial del mal

Ejemplo famoso de William L. Rowe sobre el mal natural: "En algún bosque lejano un rayo impacta un árbol muerto causando un incendio forestal. En el fuego hay un cervato atrapado, horriblemente quemado, que yace en terrible agonía por varios días antes de que la muerte le libere de su sufrimiento".[16]

La versión evidencial del problema del mal (también llamado como la versión probable o inductiva), busca mostrar que la existencia del mal, aunque lógicamente consistente con la existencia de tal deidad, va en contra y disminuye las probabilidades de que el teísmo sea cierto. Como ejemplo, un crítico de la idea de Platinga de "un poderoso espíritu no humano" que causa males naturales puede conceder que la existencia de tal ser no es lógicamente imposible pero argumentaría que debido a la falta de evidencias científicas para tal existencia, esto es muy improbable y por tanto no es un explicación convincente de la presencia de los males naturales. A continuación se presentan las versiones absolutas y relativas del problema evidencial del mal.

Versión de William L. Rowe:

  1. Existen instancias de intenso sufrimiento en que un ser omnipotente y omnisciente podría haber previsto sin por ello perder algún bien superior ni permitir algún mal igualmente malo o peor.
  2. Un ser omnisciente, totalmente bueno podría haber prevenido la ocurrencia de cualquier intenso sufrimiento si pudiese, a menos que esto perjudicara a un bien superior o permitiese un mal igualmente malo o peor.
  3. Por lo tanto, no existe un ser omnipotente, omnisciente y totalmente bueno.[3]

Otra versión, por Paul Draper:

  1. El mal gratuito existe.
  2. La hipótesis de indiferencia, esto es, que existirían seres sobrenaturales que son indiferentes a los males gratuitos, es una mejor explicación para (1) que el teísmo.
  3. Por lo tanto, la evidencia prefiere que ningún dios, al menos aquel entendido por los teístas, existe.[17]

Estos argumentos son juicios de probabilidad debido a que se apoyan en la afirmación de que, aun luego de reflexión minuciosa, no se puede ver ninguna buena razón para que Dios permita al mal. La inferencia a partir esta afirmación en la proposición general de que existe mal innecesario es inductivo en su naturaleza y es este paso inferencial que distingue al argumento evidencial del lógico.[3]

Aún persiste la posibilidad lógica de haber razones ocultas o desconocidas para la existencia del mal, sin embargo, la existencia de un dios resulta en una hipótesis a gran escala dirigida a que algunos hechos particulares tengan sentido, que puede descartarse en la medida en que falle en explicarlos.[2]

El autor e investigador Gregory S. Paul presenta lo que él considera un problema del mal particularmente fuerte. Estima que al menos han nacido 100 millardos de personas en toda la historia humana (comenzando aproximadamente hace 50 000 años, cuando nació el primer Homo sapiens).[20]

Una respuesta común a los casos del problema evidencial es que hay justificaciones plausibles (y no incomprensibles) para que una deidad permita el mal. Estas teodiceas se discuten más adelante.

Argumentos relacionados

Las doctrinas del Infierno, particularmente aquellas de sufrimiento eterno, plantean formas particularmente fuertes del problema del mal al defender la existencia de un castigo divino de tortura infinita (véase problema del infierno). Al considerar males la no creencia, creencias equivocadas y el diseño precario de los seres vivientes, los argumentos de la no creencia, de las revelaciones inconsistentes y del mal diseño son otros ejemplos de que la coexistencia entre el mal y tal deidad es improbable o imposible.

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