Primera Junta de Gobierno Autónoma de Quito

Primera Junta de Gobierno Autónoma de Quito
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Titular
S.A.S. Juan Pío de Montúfar
Juan José Guerrero y Matheu

TratamientoMajestad.
ResidenciaPalacio Real de Quito.
Designado porPueblo de Quito.
como Presidente de la Junta
Duración75 días
Creación10 de agosto de 1809.
Sucedido porPresidente de la Real Audiencia de Quito


La primera Junta de Gobierno Autónoma fue un gobierno ejecutivo que se creó en el territorio de la Presidencia de Quito a raíz de la invasión napoleónica a España, y que dio inicio a un proceso revolucionario que se extendería hasta 1812. Esta instalación, tuvo lugar en la ciudad de Quito el 10 de agosto de 1809, después del derrocamiento de Manuel Ruiz Urriés de Castilla y Pujadas, I conde de Ruiz de Castilla, presidente de la Real Audiencia de Quito, por un grupo de sublevados que formaron una junta de gobierno provisional en apoyo al depuesto rey de España, Fernando VII.

A este evento se le conoce en el Ecuador y otros países de la región como Primer Grito de Independencia Hispanoamericano, debido a que constituyó el inicio del proceso de emancipación de Latinoamérica. Además, a los gestores de este hecho se les conoce como los patriotas del 10 de agosto de 1809. De los participantes en la sonada, 32 acabaron siendo encarcelados y luego asesinados por órdenes de Ruiz de Castilla en el Motín del 2 de agosto de 1810.[1]

Esta revolución fue liderada por una élite criolla, descendientes de españoles nacidos en América, y se instaló en el poder bajo la administración de quiteños y no de españoles peninsulares. Los sucesos de Quito se extendieron desde 1809 a 1812 y tuvieron amplia repercusión en toda la América Latina y fueron el germen de la República del Ecuador.

Antecedentes

Las élites criollas quitenses veían afectados sus intereses económicos por el Gobierno colonial, al tiempo que los ideales de la Ilustración y la Revolución francesa, propagados por intelectuales como Eugenio Espejo y José Mejía Lequerica, se extendieron entre todas las clases sociales. La decadencia del régimen colonial español que era evidente en todo el continente, y la presencia de logias masónicas entre los criollos más ricos y cultos fueron un detonante para intentar una sublevación contra el régimen, disfrazada bajo las llamadas máscaras de Fernando VII, que usaban una supuesta muestra de lealtad al rey español para evitar sangrientas represiones.

El 6 de octubre de 1808 el Cabildo de la ciudad de Quito recibe las noticias de la invasión napoleónica a España y las Capitulaciones de Bayona, por las que Fernando VII abdicó la corona en el emperador francés Napoleón Bonaparte.[2]​ Este tema se discutía con frecuencia en varias reuniones a las que asistían tanto los nobles locales, que en su mayoría tenían títulos de marqués adquiridos mediante pagos a la Corona, cuanto intelectuales liberales influidos por la Ilustración.

El más conocido entre estos capítulos es el llamado Complot de Navidad, que tuvo lugar el 25 de diciembre de 1808 durante una reunión efectuada en la Hacienda Chillo-Compañía, propiedad de Juan Pío Montúfar, II marqués de Selva Alegre. En ella los invitados discutieron los acontecimientos que estaban sucediendo en España con motivo de la invasión napoleónica, así como la crisis socioeconómica que vivía gran parte de la Audiencia a causa de las reformas borbónicas, todo ello con planes autonomistas para Quito.

El 22 de febrero de 1809, Pedro de Montúfar, que ejercía como alcalde de Quito, recibió varias cartas de la Junta Central Suprema en las que se solicitaba que el Cabildo demostrase la fidelidad de la ciudad al depuesto rey Fernando VII, enviando cartas al virrey de Nueva Granada y a los Infantes de España; por ello el 17 de marzo se acordó el reconocimiento a la Junta Central como representante de la autoridad del Rey hasta que se consiga su restablecimiento en el trono, así como una ceremonia religiosa en la Catedral donde el Cabildo, el tribunal de la Real Audiencia y el cuerpo militar, jurasen dicha lealtad.[3]

El Complot de Navidad salió a la luz pública los últimas días de febrero, cuando fue denunciado a los españoles por unos sacerdotes mercedarios a los que el coronel Salinas había hecho partícipes del plan buscando apoyo de esa congregación religiosa.[4]

Ante lo que las autoridades españolas de la Presidencia consideraban ya una tentativa innegable de sublevación de los quiteños, estas enviaron un comunicado al Cabildo que fue leído el 25 de abril, en el que se refiere a la reunión de diciembre en la hacienda del Marqués de Selva Alegre como «una Junta que se ha supuesto iba a entablarse contra el Gobierno actual» y se solicitaba que se detenga, denuncie e investigue los dichos movimientos que manchaban la imagen de lealtad de la ciudad.[4]

El suceso preliminar más importante tuvo lugar en la noche y madrugada del 9 al 10 de agosto de 1809 en casa de Manuela Cañizares, dama quiteña comprometida con la causa independentista. Allí se reunió un grupo conformado por nobles criollos, pensadores, militares y grandes terratenientes latifundistas, bajo la égida de Pedro de Montúfar, Juan de Dios Morales, el capitán Juan de Salinas y Zenitagoya, Juan Larrea, el obispo Cuero y Caicedo y Manuel Rodríguez de Quiroga. Infundidos por sentimientos libertarios inspirados por el precursor Eugenio Espejo, y la máscara de fidelidad hacia el rey Fernando VII.

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