Primer movimiento independentista en San Salvador de 1811

El Monumento a los Próceres ubicado en la Plaza Libertad de San Salvador, El Salvador.

El Primer movimiento independentista en San Salvador de 1811, conocido como el Primer Grito de Independencia de Centroamérica, fue una sublevación en contra de las autoridades de la Capitanía General de Guatemala. A finales del siglo XVIII, la Intendencia de San Salvador se había mantenido como la principal productora de añil en la región, pero el monopolio comercial impuesto por las casas comerciales guatemaltecas, junto a la crisis económica y política que sobrevino a las colonias americanas del Imperio español a inicios del siglo XIX, motivó a los pobladores de la ciudad de San Salvador para lograr un gobierno autónomo.

El 5 de noviembre de 1811 los salvadoreños fueron liderados por un grupo de criollos encabezados por Manuel José Arce, y los sacerdotes José Matías Delgado junto a los hermanos Aguilar. Los alzados lograron deponer a las autoridades coloniales y nombrar a sus propios dirigentes, pero la revuelta no encontró respaldo en los demás poblados de la intendencia, por lo que la ciudad quedó aislada. Las autoridades de la Capitanía General de Guatemala enviaron una misión de índole pacífica para restaurar el orden en la localidad. Este movimiento fue también el primer intento de sublevación en la capitanía, previo a la Independencia de Centroamérica en 1821.

Antecedentes

Territorio que abarcaba la Intendencia de San Salvador.

Desde el inicio del siglo XVII, el cultivo de añil había sido la base económica de la Intendencia de San Salvador.[4]

La industria era controlada por una élite criolla conformada por españoles, criollos y ladinos,[6]

Sin embargo, la explotación del añil no beneficiaba a los indígenas, quienes proporcionaban su fuerza laboral a la industria. Sus mejores tierras habían sido despojadas para el cultivo,[10]

A mediados del siglo XVIII, la demanda de añil era creciente por parte de la manufactura textil de Inglaterra y Cataluña y alcanzó su apogeo entre los años 1760 y 1792.[15]

En general, las demás provincias centroamericanas se encontraban a merced del monopolio mercantil de la Ciudad de Guatemala, que tenía el respaldo de la corona española. Por tanto, aunque la mitad de la producción de añil para exportación provenía de los llamados poquiteros de El Salvador, Honduras y Nicaragua, era la aristocracia guatemalteca la que establecía los precios y tenía la capacidad de comprar a los grandes productores; también concedía préstamos y obligaba a los demás provincianos a llevar sus productos a Guatemala para venderlos en tiangues y ferias.[4] el tiempo de mayor actividad de la industria.

Crisis económica y política

José de Bustamante y Guerra.

El comercio del añil decayó por la crisis económica que sobrevino en los años finales del siglo XVIII.[17]

Debido a que la sociedad centroamericana descansaba sobre bases agrarias,[20]

Aparte de la crisis económica, también San Salvador no era ajena a la crisis política desatada por la invasión francesa a España en 1808, pues en América surgió la incertidumbre debido a los regímenes en disputa de José Bonaparte y la Junta Suprema Central.[23]

Las Reformas Borbónicas y otras políticas de la corona española

Uno de los objetivos de las Reformas Borbónicas implantadas en América, por parte de la corona española —medidas vinculadas al movimiento cultural de la Ilustración—, era ganar más poder frente a las élites criollas locales.[26]

Las reformas también estimularon la creación de gremios de productores medianos y pequeños de añil en San Vicente, por parte del mismo Presidente de la Audiencia, Matías de Gálvez y Gallardo, quien además estableció la Sociedad de Cosecheros de Añil en 1782 como una institución de crédito para los productores. Sin embargo, la dependencia económica de los productores hacia los comerciantes guatemaltecos predominó ante cualquier tentativa de autonomía.[28]

Otra medida fue el traslado de la feria comercial al importante centro productor de añil de San Vicente en 1783, pero los guatemaltecos lograron mudarla a San Salvador en 1787 y mantuvieron la práctica de fijar precios por medio de sus representantes allí afincados en perjuicio de los cosecheros locales.[29]

Las tensiones entre Guatemala y San Salvador. El rol de los mestizos

En los últimos años del periodo colonial los salvadoreños tenían una economía dinámica, contraria a la guatemalteca que era estacionaria y autosuficiente.[32]

Precisamente, por ser San Salvador el centro comercial más importante del Reino, padeció más las consecuencias de la crisis económica. Muchos trabajadores resultaron afectados por el desempleo, lo que desencadenó el descontento en los criollos.[30]

Por otro lado, una circunstancia fundamental en la región era el crecimiento poblacional de los mestizos o ladinos. En San Salvador, como sucedía en Nicaragua, Costa Rica y Honduras, se habían convertido en un grupo numeroso.[37]

Esta característica de la población de San Salvador ayudó para que alcanzara un grado de desarrollo económico con cierto equilibrio social, incluso mayor que todas las provincias del Reino de Guatemala. La población homogénea de San Salvador —así como la de Nicaragua—, y su alto grado de concentración territorial, debilitaron el sistema de castas.[38]

A finales de la época colonial, el mestizo tenía un peso social determinante. Según el autor Julio Pinto Soria, la línea que separaba a «explotados y explotadores» en San Salvador no era el rígido sistema de castas que trató de mantener la sociedad guatemalteca, ya que las relaciones económicas y sociales guardaban cierto equilibrio entre los indios, mestizos y criollos. Además, no existían conflictos localistas y había un alto grado de movilidad social, donde los trabajadores apoyaban con prontitud los movimientos anticoloniales.[39]

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