Pragmática Sanción de 1767

Pragmática Sanción 1767 (Cabildo de Pasto), San Juan de Pasto, Colombia.

La Pragmática Sanción de 1767 fue una orden del rey Carlos III de España por la que se dictaba la expulsión de los jesuitas de todos los dominios de la corona de España, incluyendo los de Ultramar, lo que suponía un número cercano a los 6.000. Al mismo tiempo, se decretaba la incautación del patrimonio de la Compañía de Jesús. Previamente se había producido su expulsión de Portugal (1759), de Francia (1762), y posteriormente se produjo la supresión de la Compañía de Jesús por el Papa (1773, breve apostólico Dominus ac Redemptor), aunque sobrevivió en Rusia y volvió a autorizarse por Pío VII en 1814.

Antecedentes: el antijesuitismo del siglo XVIII y el "Motín de Esquilache" de 1766

La orden de los jesuitas desde su fundación por Ignacio de Loyola fue objeto de críticas en el seno de la propia Iglesia católica a causa fundamentalmente de las novedades que intentaba introducir en el catolicismo. También se despertaron recelos debido al éxito inmediato que cosecharon los jesuitas especialmente en el ámbito educativo.[1]

Una de las primeras versiones del sello de la Compañía de Jesús (Iglesia del Gesù, Roma). El trigrama " IHS", comprendido por las tres primeras letras griegas de "IHΣOYΣ" (Jesús).

Los monarcas católicos también desconfiaban de la Compañía de Jesús a causa del cuarto voto de la orden, que ordenaba la obediencia absoluta al papa, y de la doctrina del tiranicidio o regicidio que se atribuía a toda la orden aunque sólo la había defendido el P. Mariana en su tratado De Rege, que fue quemado en público. A pesar de ello los jesuitas obtuvieron la confianza de muchos soberanos católicos que tomaron como confesores a algún miembro de la orden. La culminación de su ascensión "política" se produjo con la llegada de los borbones a la Monarquía de España ya que tanto Felipe V como Fernando VI tuvieron confesores jesuitas, el P. Daubenton y el P. Rávago, respectivamente —aunque ninguno de los dos fue un modelo de conducta—.[2]

La difusión del jansenismo —doctrina y movimiento de una fuerte carga antijesuítica— y de la Ilustración a lo largo del siglo XVIII dejó desfasados ciertos aspectos del ideario jesuítico, especialmente, según Antonio Domínguez Ortiz, "sus métodos educativos, y en general, su concepto de la autoridad y del Estado. Una monarquía cada vez más laicizada y más absoluta empezó a considerar a los jesuitas no como colaboradores útiles, sino como competidores molestos".[4]

En la primavera de 1766 estalló el Motín de Esquilache cuyo trasfondo fue una crisis de subsistencias a consecuencia de un alza muy pronunciada del precio del pan. Los motines que se iniciaron en Madrid y luego se extendieron a otras ciudades fueron duramente reprimidos y el orden restablecido.[6]

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