Potosí

Potosí
Villa Imperial de Potosí
Municipio y ciudad

I14.jpg

Flag of potosi.svg
Bandera
Escudo 1575.JPG
Escudo
Potosí ubicada en Bolivia
Potosí
Potosí
Localización de Potosí en Bolivia
Coordenadas 19°35′00″S 65°45′00″O / -19.583333333333, 19°35′00″S 65°45′00″O / -65.75
Idioma oficial Castellano (español)
Entidad Municipio y ciudad
 • País Bolivia
 • Departamento Potosí
 • Provincia Tomás Frías
Alcalde Lic. Williams Roger Cervantes Beltran
Eventos históricos  
 • Fundación 1 de abril de 1545
(471 años)
Superficie  
 • Total 118 218 000 km²
Altitud  
 • Media 3900[1] m s. n. m.
Clima Frígido en el altiplano. Templado en los valles
Población  
 • Total 201 814 hab.[2]
 • Densidad 1.39 hab/km²
Gentilicio Potosino, potosina
Huso horario UTC -4
Sitio web oficial
[ editar datos en Wikidata]
Ciudad de Potosí
UNESCO logo.svg Welterbe.svg
Nombre descrito en la Lista del Patrimonio de la Humanidad
720 torre de la compania.JPG
Vista de la Torre de la Compañía.
Coordenadas 19°35′00″S 65°45′00″O / -19.583333333333, 19°35′00″S 65°45′00″O / -65.75 Coordenadas: 19°35′00″S 65°45′00″O / -19.583333333333, 19°35′00″S 65°45′00″O / -65.75: no puede tener más de una etiqueta principal por página
País Flag of Bolivia.svg  Bolivia
Tipo Cultural
Criterios ii, iv, vi
N.° identificación 420
Región América Latina y el Caribe
Año de inscripción 1987 (XI sesión)
En peligro 2014
[ editar datos en Wikidata]


Potosí ―generalmente conocida como la Villa Imperial de Potosí― es una ciudad del sur de Bolivia, capital del departamento del mismo nombre y de la provincia de Tomás Frías. Se extiende a las faldas de una legendaria montaña llamada Sumaj Orcko (en quechua: ‘ Cerro Rico’), en la cual se situó la mina de plata más grande del mundo desde mediados del siglo XVI hasta mediados del siglo XVII.

Según los últimos datos del Censo oficial de 2012 del Instituto Nacional de Estadística de Bolivia INE, el Departamento de Potosí cuenta con 828.093 habitantes (410.822 varones y 417.271 mujeres) mientras que en la ciudad (capital) su población llega a los 189 652  habitantes. Su altitud promedio es de 3900  msnm, por lo que es, entre las ciudades de más de 100 000 habitantes, la segunda más alta del mundo detrás de El Alto, aunque esta última se encuentra aglomerada a La Paz, de menor altitud que Potosí.

Historia

Población histórica
Año Pob.   ±%  
1840 16,455 —    
1845 16,711 +1.6%
1850 16,880 +1,0%
1855 17,035 +0.9%
1860 17,190 +0.9%
1865 17,655 +2.7%
1870 18,120 +2.6%
1875 18,585 +2.6%
1880 19,050 +2.5%
1885 19,515 +2.4%
1890 19,980 +2.4%
1895 20,445 +2.3%
1900 20,910 +2.3%
1905 23,450 +12.1%
1910 25,930 +10.6%
1915 28,410 +9.6%
1920 30,890 +8.7%
1925 33,866 +9.6%
1930 36,346 +7.3%
1935 38,826 +6.8%
1940 41,306 +6.4%
1945 43,786 +6,0%
1950 45,758 +4.5%
1955 51,838 +13.3%
1960 57,918 +11.7%
1965 63,998 +10.5%
1970 70,078 +9.5%
1975 76,158 +8.7%
1976 77,397 +1.6%
1980 88,893 +14.9%
1985 103,263 +16.2%
1990 117,533 +13.8%
1992 123,381 +5,0%
1995 130,605 +5.9%
2000 142,645 +9.2%
2001 145,057 +1.7%
2005 161,273 +11.2%
2010 181,543 +12.6%
2012 189,652 +4.5%
2015 201,814 +6.4%

La historia del Potosí se remonta a mediados del siglo XV, cuando estuvo por estas tierras el inca Huayna Capac para combatir a los guaraníes. Parte de la historia nos relata el cronista potosino Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela (1674-1736), en su magnífica obra Historia de la Villa Imperial de Potosí y Anales de la Villa Imperial de Potosí.

Edad prehispánica

Inca Huayna Capac (Detalle de la obra La Dinastía de los Incas. Casa Nacional de Moneda de Potosí.

El XI inca del Perú, hijo de Túpac Yupanqui, se llamó Huayna Cápac, que se interpreta Mancebo poderoso. Éste fue aquel insigne en riquezas de que puede causar admiración al mundo, que tuvo rimeros de oro y grandes montones de plata, pues como cuentan los cronistas Garcilaso de la Vega y el padre maestro fray Antonio de la Calancha con otros autores.

Admirado de su grandeza y hermosura dijo (hablando con los de su corte): «Este sin duda tendrá en sus entrañas mucha plata»; por lo cual mandó a sus vasallos que luego que llegasen a Ccolque Porco (que está distante de esta Villa siete leguas) volviesen, labrasen sus minas y le sacasen el rico metal. Así lo hicieron, y habiendo traído sus instrumentos de pedernal y madera fuerte subieron al Cerro; y después de haber tanteado sus vetas, estando para comenzar a abrir sus venas, se oyó un espantoso estruendo que hizo estremecer todo el Cerro y tras esto fue oída una voz que dijo: «No saquéis la plata de este Cerro, porque es para otros dueños». Asombrados los indios de oír estas razones desistieron del intento, volviéronse a Porco [y] dijeron al rey lo que había sucedido; refiriendo el caso en su idioma, al llegar a la palabra del estruendo dijeron «Potocsi» que quiere decir dio un gran estruendo, y de aquí se derivó después (corrompiendo una letra) el nombre de Potosí. Esto sucedió (según la más probable cuenta) 83 años antes que los españoles descubriesen este famoso Cerro, y desde aquel tiempo se llamó Potocsi. Antonio de Acosta en la Historia de Potosí le da otra etimología, añadiendo que no tan solamente por el suceso dicho se llamó Potocsi más también porque luego que se descubrió el Cerro lo nombraron los indios Orcco Poctocchi, que quiere decir cerro que brota plata. Añade más este autor, diciendo que antes que el rey Huayna Ccápac viniese a esta provincia de Porco llamaban los indios al Cerro, Súmac Orcco, que significa hermoso cerro, por su hermosura exterior que, con más razón lo pudieran llamar así si vieran y sacaran la interior que tenía; más guardóla Dios para otros dueños, según se oyó en aquella voz que queda dicho, como lo cuentan el comentador Garcilaso de la Vega, el capitán Pedro Méndez, Bartolomé de Dueñas y Juan Sobrino. Y es cosa para notar que viviendo los indios tan cercanos al Cerro y andando sobre él no llegasen a gozar de su riqueza ellos ni sus reyes, estando labrando poderosas minas en Porco y Andaccaua, que distan de esta Villa siete leguas. Pero como la divina voluntad se lo impedía, pudo estar seguro hasta que fue servida de darla a un tan dignísimo monarca como el emperador Carlos V.

Cantumarcani

A lo largo de los siglos, el Cerro Rico de Potosí gozó de fama continental y mundial por su explotación argentífera, y no podía faltar su complemento humano que fue Cantumarca, población nativa preincaica con 2500 habitantes en el inicio de la exploración minera, establecido a un cuarto de legua al oeste del Sumac Orcko (Cerro Hermoso). Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela testimonia que originalmente se conocía como Ccantumarcani, que omitiendo las dos últimas letras se llamó después Cantumarca.

Dentro del espacio o sitio y a la parte meridional de Munaypata permanecen los vestigios de la población antigua de indios gentiles llamada Ccantumarcani, que perdidas las dos últimas letras hasta hoy conserva el de Cantumarca (que es lo mismo en castellano que vuestra tierra o vuestra patria) apartada al presente de esta Villa un cuarto de legua. A la parte de tramontana (en el mismo espacio y al pie de la cuesta que antiguamente la llamaron Cansada y ahora la nombran cuesta de Jesús Valle) se ven otras ruinas (ya casi debajo de tierra por la antigüedad) de edificios gentiles que en este sitio y el de Cantumarca habitaban antes que los españoles conociesen el Perú; y si no los tuvieron donde hoy está fundada la Villa fue por ser entonces esta parte una grande ciénaga para sólo pasto de sus ganados: por esta causa es muy húmeda la población pues está fundada la mayor parte sobre agua.

Era el centro de población minera, metalúrgica y comercial más grande de la cultura andina y participaba del camino real del Inca por el comercio del trueque argentífero y transporte de plata del Sumac Orcko y Porco al Cusco y otras regiones del territorio incaico. Por otro lado también muy dedicado a la vida pastoril y agrícola, ya que era una zona cenagosa para pasto de sus ganados, por esta causa era muy húmeda, la población pues, se estableció la mayor parte sobre agua. Antes de la conquista española, en el contorno del cerro había poblaciones indígenas: Ccantumarcani fue una antigua habitación de indios gentiles; Cuesta Cansada (más tarde Jesús Valle) era otra población indígena; Karikari y Wiñayrumi (que es la Cantería, donde habitaban los indios pastores de aquel ganado de la tierra que nombran llamassadssadasas) estaban a pocas leguas del cerro.

Al pie de la Cuesta Cansada o de Jesús Valle había otra población con buenos edificios ―según Arzans― tenían ruinas que se veían algunas debajo de tierra. Y estaban distantes una de otra, a una legua; y aunque estaban alejados no eran distintos los pobladores, pues todos eran de una naturaleza distinguiéndose solamente en que estos de la Cuesta Cansada se ocupaban en ir a los valles a traer el maíz para hacer chicha y también en conducir los otros mantenimientos para los de Cantumarca.

Ccantumarcani ―la más poblada― era una zona con algunos cultivos y se labraban pedernales, los cuales puestos en cabos de madera servían de hachas para cortar los árboles y también de picos para labrar las canteras por falta de hierro.

Arzans afirma que entre las ruinas de Cantumarca se hallaron huesos gigantes y una calavera engastada en oro fino con el cuello del mismo metal labrado a manera de una pirámide, que pesó todo ello 4 libras. Este hecho, es una tradición antigua heredada de padre a hijos, que en las concavidades de esta población y la que estaba al pie de Cuesta Cansada, hallaron los primeros pobladores grandísima cantidad de oro y plata.

Si bien las crónicas no mencionan la explotación del Cerro por razón de divinizarla para su beneficio, su población más cercana Cantumarca, tenía su importancia desde la época precolombina, con una población activa de trabajo minero, intensa fundición de plata en la cuesta de Huayrachina de esta misma Villa, comercio activo de plata labrada y pedernales, abastecida con productos agrícolas y ganaderos por las poblaciones de Cuesta Cansada y Cantería. En Cantumarca como centro de la actividad argentífera se hallaban concentradas las tres áreas del movimiento económico: de la agricultura, ganadería y minería.

Los pobladores de Cantumarca, conocían de su riqueza argentífera en el Sumac Orcko. Los indios no podían ignorar la consistencia mineralógica del cerro, pero habiéndolo consagrado, decidieron no explotarlo. Situación explicable por sus sentimientos religiosos, y porque los metales preciosos solamente eran utilizados en obras suntuarias, por carecer entre ellos del valor monetario. Además la explotación no beneficiaba a la región productora, sino a los lugares privilegiados, tal el caso de la plata porqueña que se la destinaba al Cusco, durante el Imperio del Tahuantinsuyo.

Los caracaras habitantes de Cantumarca, fuera de ser defensores del cerro, de las invasiones guaraníes y chiriguanos, eran también vigilantes de la huaca o adoratorio sagrado (lugares donde el demonio les hablaba y hacían sus sacrificios) ubicado en la cumbre del Sumac Orcko, en honor a la Pachamama, correlacionando su existencia con la luna y representada por la plata del Orcko Potojsi, llamada así por el inca Huayna Capac (que se interpreta mancebo poderoso) en su llegada a Cantumarca por su hermosura exterior y su imponencia.

Afirma Arzans que cuando gobernaba Huayna Capac, undécimo monarca inca, salieron grandes ejércitos de los indios guaraníes. Esta gente guerrera, traidora y soberbia llegó al Perú y, después de arrasar con otras regiones, asaltaron Cantumarca, donde mataron a muchos indios y, rearmándose allí, continuaron sus victorias en los demás lugares que gobernaba el inca. Enterado el monarca de este acontecimiento, llamó a sus capitanes y con numeroso ejército salió para el Cusco, llegando posteriormente a Tarapaya donde se reforzó enviando cuatro mil soldados con uno de sus hijos a Cantumarca. Estaban allí los guaraníes esperando; y salieron a su encuentro matando doscientos soldados de los del inca; los que quedaron huyeron para informarle al monarca; indignado, partió al punto con diestros capitanes, y aunque le resistieron los enemigos fueron muertos más de 6000 guaraníes; los pocos que quedaron huyeron sin parar hasta llegar a las montañas de los Charcas. Los pobladores de Cantumarca recibieron muy gozoso a su monarca y le hicieron grandes fiestas por sus victorias. Este hecho demuestra que la vida que tenían era tranquila y la hospitalidad que poseían y que gozaban de una alegría extrema, no eran belicosos.

Por su parte Garcilaso de la Vega (1609), nos expresa que Huayna Capac, hizo una visita por todas las tierras que gobernaba, aproximadamente en 1462 llegó por estas regiones, a la laguna de Tarapaya (que proviene de Ccarapaya que se interpreta como vieja desnuda), donde fue a bañarse y tomar un descanso de su largo viaje. Entre este lugar y Cantumarca vislumbró el cerro, que en ese entonces era llamado Sumac Orcko por los pobladores, y admirado de su grandeza y hermosura, dijo: «Esto sin duda tendrá en sus entrañas mucha plata» y mandó a sus vasallos que viniesen de Colque Porco a labrar el cerro. Así lo hicieron; y habiendo traído sus instrumentos, subieron al cerro, registraron sus vetas y estando para comenzar el trabajo, oyeron un espantoso estruendo y una voz que dijo: «Pachacamac janac pachapac guaccaichan» (el señor lo guarda para otro que vendrá después).

El Padre Acosta, hace alusión este hecho señalando que «quisieron labrar aquellas minas, y oyeron ciertas voces que decían a los indios que no tocasen allí, que esta aquel cerro guardado para otros». En el siglo XVIII, Arzans complementa con mayor profundidad, al manifestar que una voz sobrenatural habría tronado en el espacio advirtiendo: «No saquéis la plata de este Cerro, porque es para otros dueños»:

Potosí. La primera imagen en Europa. Pedro Cieza de León, 1553.
Cerro Rico de Potosí (1715). Grabado de B. Lens.

Así lo hicieron, y habiendo traído sus instrumentos de pedernal y madera fuerte subieron al Cerro Rico; y después de haber tanteado sus vetas, estando para comenzar a abrir sus venas, se oyó un espantoso estruendo que hizo estremecer todo el Cerro y tras esto fue oída una voz que dijo: «No saquéis la plata de este Cerro, porque es para otros dueños». Asombrados los indios de oír estas razones desistieron del intento, volviéronse a Porco [y] dijeron al rey lo que había sucedido; refiriendo el caso en su idioma, al llegar a la palabra del estruendo dijeron «Potojsi» que quiere decir dio un gran estruendo, y de aquí se derivó después (corrompiendo una letra) el nombre de Potosí.

Asombrados los indios, desistieron de su intento, fueron a Colque Porco o Porco, relataron al Inca lo que había sucedido en su idioma, y al llegar a la palabra estruendo, dijeron Potojsi, que quiere decir, «dio un gran estruendo», y a partir de ahí se lo llamó al cerro, Orcko Potojsi (Cerro que brota plata), aunque otros autores afirman que Potojsi o Potojchi significa «Brotador de plata».

Chacón Torres, afirma que esta palabra no parece tener origen quechua sino aymará, ya que como acertadamente se anota, el fonema pótoj en quechua no alude a estruendo y en aymará sí, la historia de la enigmática montaña, comenzaría con los aymaras, antes de la dominación incaica. Hoy en día se piensa que como Pótoj, en quechua no quiere decir estruendo, la versión de Garcilaso de la Vega (1609) tendría un sólido fundamento, pues este cronista afirmó que Potojsi, en la lengua general del Perú no significa nada, siendo solamente el nombre propio del Cerro. Por su parte Cieza de León cuando visitó la ciudad en 1549, manifiesta que «los indios llaman Potosí a los Cerros y cosas altas, quedándosele por nombre Potosí, porque los indios dicen así a los cerros y cosas altas». Como el conocimiento de Cieza se remonta a los primeros años de Potosí, su descripción del Asiento minero es especialmente valiosa.

Los pobladores a partir de este acontecimiento, por cierto insólito, crearon en las faldas del Cerro una huaca, donde ellos ofrendaban a la Pachamama.

Ocaña (1606) en su descripción, testimonia que los indios más antiguos afirmaban que el cerro de Potosí había sido descubierto por el Inca, pero que no quería explotar ni tocar, «porque le tenía ofrecido y consagrado al sol, y como cosa de los dioses no queda tocar en tanta riqueza». Otro cronista que se refiere a la devoción que tenían los naturales cercanos al cerro, es el padre José de Arriaga (siglo XVI) que dice: «en el camino real están dos cerros a que los indios desde tiempos inmemoriales han tenido extraña devoción acudiendo allí a hacer sus ofrendas y sacrificios…».

Se tiene evidencia que, ya en la organización del sistema colonial y veintisiete años después de la revelación del Cerro Rico, el indio Huallpa (su descubridor) da a conocer ante el virrey Toledo, la existencia del adoratorio que hubo en las faldas del cerro y, lo más interesante, la injerencia permanente de los Caracaras en su custodio. Dice con respecto a las huacas: «Allí hallaron ser adoratorio de los indios comarcanos y haber algunas cosas ofrecidas de poca importancia a la guaca que allí estaba lo cual todo cogió este dicho don Diego Huallpa, y lo cargó en su compañero...». La huaca estaba relacionada con todos los demás elementos básicos de la religión inca, siendo especialmente claros sus lazos con el culto de los antepasados.

La población de Cantumarca en la época incaica fuera de ser un centro de actividad comercial era el guardián del Sumac Orcko y de la huaca que vigilaba desde la cumbre, población desaparecida en los primeros años de la explotación minera. Es difícil conocer con exactitud la razón por la cual los pobladores de la región ocultaron la riqueza del Cerro a los propios incas, que ni siquiera revelaron el secreto al Inca Huayna Capac, cuando éste visitó la laguna de Tarapaya y Cantumarca.

Sierra de la Plata y el Rey Blanco

Los incas irradiaron esplendor y riqueza por toda América del Sur en tiempos anteriores a la conquista española.

Juan Díaz de Solís en 1516 tuvo conocimiento, por boca de náufragos de una expedición española anterior, de la existencia de grandes yacimientos de oro y plata. Caboto continuó hasta la boca del Río de la Plata y lo exploró hacia el interior.

Las extraordinarias riquezas traídas desde México y Perú provocaron en España un gran interés por la conquista. Pedro de Mendoza, un noble español que había oído hablar de una Sierra de Plata cerca del río descubierto por Solís en 1516, firmó una capitulación con el rey Carlos I.[3]

Los guaraníes realizaron grandes emigraciones hacia las tierras incaicas del Perú con ánimo de conquista, pero fueron expulsados. Algunos, en su regreso, se establecieron en el gran Chaco y en las tierras paraguayas. Ya en las costas del Brasil, se encargaron de divulgar la fama de la Sierra de la Plata, de las ricas minas de Charcas. La noticia era cierta, pero deformada por el reflejo incaico, y mal calculada en su distancia del cerro Saigpurum, luego descubierto y llamado Potosí por los españoles.

Uno de los exploradores que habla sobre la sierra de plata y el rey blanco por primera vez es, Luis Ramírez en 1528 (Tripulante de la armada de Sebastián Caboto). Escribió el 10 de julio de 1528 a sus padres una extensa «Relación de viaje» que despachó a España desde San Salvador, en busca de ayuda. Manifestándose de la siguiente manera:

Esta es gente muy ligera; mantiénense de la caza que matan y en matándola, cualquiera que sea, la beben la sangre, porque su prinçipal mantenimiento es, a causa de ser la tierra muy falta de agua. Esta generación nos dio muy buena relación de la sierra y del Rey Blanco, y de otras muchas generaçiones disformes de nuestra naturaleza, lo cual no escribo por parecer cosa de fábula, hasta que placiendo a Dios Nuestro Señor, lo cuente yo como cosa de vista y no de oídas.

Sierra de la Plata (‘montaña llena de metal plata’), fue una legendaria idea de tesoros de plata que se creía estaba en el interior de Sudamérica. La leyenda se alimentaba por el uso de objetos en plata que veían en los pueblos originarios de la región. La leyenda estaba asociada con la del Rey Blanco.

En el siglo XVI, el estuario de los ríos Uruguay y Paraná era nombrado por los españoles y portugueses como Río de la Plata, el de la era debido a que se creía que remontando el curso llegarían a la Sierra de la Plata. Fue así que tuvo su inicio la exploración y colonización de la Cuenca del Plata de la mano de don Pedro de Mendoza y otros adelantados.

Nunca hubo evidencia alguna de ser realidad tal montaña rica en vetas de plata. Lo más cerca al mito es el famoso Cerro Rico de Potosí en Bolivia.

La República Argentina tomó su nombre del vocablo latino para plata: argentum.[4]

Actualmente se considera que la leyenda de la Sierra de la Plata tuvo su origen en el Cerro Rico de Potosí (Bolivia) y que el Rey Blanco habría sido el Inca Huayna Cápac. Cuando a comienzos del siglo XVI Alejo García recorrió la región y descubrió las riquezas de aquellas tierras, los españoles apenas comenzaban la colonización de las costas panameñas y colombianas y los portgueses recién iniciaban la ocupación de la actual costa blasileña. Ninguna de las dos coronas sabía de la existencia del rico Imperio Inca, que recién sería encontrado o "descubierto" para los europeos en 1528 por Francisco Pizarro, quien recorrió toda la costa del Pacífico desde Panamá hasta Túmbez ( Perú). La conquista del imperio inca se produjo entre los años 1532 y 1533 y a partir de allí se acentuaron las desaveniencias entre Francisco Pizarro y Diego de Almagro, los dos españoles que habían encabezado aquella campaña. El rey Carlos I intento solucionar el conflicto dividiendo el territorio sudaméricano en diversas gobernaciones, la primera de ellas, al mando de Francisco Pizarro se denominó Nueva Castilla y abarcaba desde el río Santiago ( Ecuador) hasta Pisco ( Perú), la segunda gobernación, entregada a Diego de Almagro, se llamaba Nueva Toledo y su jurisdicción iba desde Pisco hasta Taltal ( Chile). Desde allí, unas doscientas leguas hacia el sur se extendía la gobernación de Nueva Andalucía, al mando de Pedro de Mendoza.

Expedición al Río de la Plata

Según la versión oficial la primera expedición que llegó al Río de la Plata fue la de Juan Díaz de Solís en enero en 1516, que desembarcó en las costas de Uruguay. Luego de esta instalación, Solís es atacado y muerto por los indios de la zona. Fue devorado por antropófagos según cuentan cronistas. Sobrevivió al ataque el grumete Francisco del Puerto quien fue tomado como prisionero. La tripulación de Solís que aguardaba en la flota en mar abierto intentó regresar a España cuando se enteraron de la masacre pero naufragaron en el golfo de Santa Catalina, lugar donde eran frecuentes las tempestades.[5]

Algunos de los sobrevivientes del naufragio fueron recibidos por los guaraníes estableciéndose en Los Patos, Alejo García entre ellos. Permanecieron en ese lugar durante varios años aprendiendo la lengua y las costumbres locales. Además escuchaban las profecías milenaristas de los chamanes indígenas que hablaban de la existencia de una Tierra sin Mal, que los pobladores debían alcanzar para librarse de la muerte y de otro tipo de sufrimiento, se hallaba en el imperio Inca que los españoles recién descubrieron en 1532 y se mezclaba con el reino del Rey Blanco donde se ubicaba la sierra del Plata. García con el deseo de descubrir esa comarca reclutó un ejército de indios y los condujo más allá de las Cataratas del Iguazú y el río Paraguay, pasando los límites del Chaco. Encontraron un depósito de objetos de oro y plata. Al regresar, muere García en una escaramuza, los sobrevivientes llegaron a la costa de Santa Catalina en 1526 donde encontraron a dos compañeros de García a quienes les narraron los descubrimientos y le mostraron el botín que anunciaba las riquezas de la zona.[6]

El relato con el descubrimiento de García llegó a la costa del Brasil llegando a los oídos del navegante veneciano Sebastián Caboto.[8]

Cuatro años más tarde, la flota de Hernando de Magallanes costea el litoral de la actual provincia de Buenos Aires y descubre el estrecho de Todos los Santos el 21 de octubre de 1520. Pero recién, en junio de 1527, Sebastián Caboto, se interna en el Río Paraná y funda el Fuerte Sancti Spiritu; luego regresa en 1530 a España, llevando consigo la leyenda de «La sierra de Plata y las tierras del Rey Blanco». Esta leyenda fue la que indujo a Carlos I a financiar la expedición ultramarina de Pedro de Mendoza en 1536.[11]

El 22 de agosto de 1534, Pedro de mendoza fue nombrado el primer adelantado, gobernador y capitán general, por decreto del rey Carlos I de España. Mendoza había ocupado cargos en la corte real de Carlos I y participó en varias campañas militares en Italia y Alemania, participando del Saco de Roma el 6 de mayo de 1527. A pesar de sufrir el « mal de Nápoles» (sífilis), partió el 24 de agosto de 1535 desde Sanlúcar de Barrameda, con el encargo de fundar al menos cuatro ciudades. Su expedición estaba integrada por más de mil doscientos hombres trasladados por catorce navíos, además de caballos y vacas que al escapar y reproducirse formaron las primeras manadas, alcanzando para la llegada de Juan de Garay, miles de animales. Los hombres fueron fáciles de reclutar puesto que Hernando Pizarro había exhibido en Sevilla el oro de los Incas que trajo del Perú, además Carlos V autorizó a trasladar doscientos esclavos provenientes de la isla de Cabo Verde o de la costa de Guinea para poblar la región. Los conquistadores Hernando de Jerez y Juan Núñez recibieron idéntica autorización.[14]

Fundación de la ciudad

Se conoce que Potosí nació como «asiento minero» sin un plan preestablecido, en un paraje de accidentada topografía; el fin, la explotación de los recursos naturales o yacimientos argentíferos del cerro rico.

Por el mes de septiembre de 1545, había en Potosí más de 170 españoles y 3000 indios. Un año después estaban edificadas 94 casas, para las cuales se les había señalado sitio en los parajes más secos «y así en espacio de 18 meses se hicieron más de 2500 casas para más de 14 000 personas que entre españoles e indios había».

Todos creyeron que sus riquezas, como las de otras minas, no fuesen permanentes, en menos de un quinquenio Potosí había crecido excesivamente, casi inmediatamente los pobladores pidieron a la corona convertirla en villa.

Reinaba por entonces Carlos I de España más conocido como Carlos V de Alemania. Siendo Emperador de Alemania, en 1516 al morir su abuelo Fernando el Católico adquirió el trono de España, su madre Juana de Castilla o «Juana la Loca» como así se la conocía, fue excluida de la sucesión por demencia.

Leyendas fundacionales

 Una vista de la ciudad de Potosí con el Cerro Rico al fondo.
Una vista de la ciudad de Potosí con el Cerro Rico al fondo.

La historia de Potosí no había nacido con los españoles. Tiempo antes de la Conquista, el inca Huayna Cápac había oído hablar a sus vasallos del Sumaj Orcko, el cerro hermoso,y por fin pudo verlo cuando se hizo llevar, enfermo, a las termas de Tarapaya. Desde las chozas pajizas del pueblo de Cantumarca, los ojos del inca contemplaron por primera vez aquel cono perfecto que se alzaba, orgulloso, por entre las altas cumbres de las serranías. Quedó estupefacto. Las infinitas tonalidades rojizas, la forma esbelta y el tamaño gigantesco del cerro siguieron siendo motivo de admiración y asombro en los tiempos siguientes. Pero el inca había sospechado que en sus entrañas debía albergar piedras preciosas y ricos metales, y había querido sumar nuevos adornos al Templo del Sol en el Cusco.

El oro y la plata que los incas arrancaban de las minas de Colque Porco y Andacaba no salían de los límites del reino: No servían para comerciar sino para adorar a los dioses. Cuando los mineros indígenas clavaron sus pedernales en los filones de plata del cerro hermoso, una voz cavernosa los derribó. Era una voz fuerte como el trueno, que salía de las profundidades de aquellas brañas y decía, en quechua: «No es para ustedes, Dios reserva estas riquezas para los que venían del más allá». Los indios huyeron despavoridos y el inca abandonó el cerro. Antes, le cambió el nombre. El cerro pasó a llamarse Potojsi, que significa: «Truena, revienta, hace explosión». La historia inicial de la ciudad es una mezcla intrincada de hechos fantásticos como verídicos.

En 1545, el indio Huallpa corría tras las huellas de una llama fugitiva y se vio obligado a pasar la noche en el cerro. Para no morir de frío, hizo fuego. La fogata alumbró una hebra blanca y brillante. Era plata pura. Se desencadenó la avalancha española. El cerro, aparentemente, era tan rico en vetas de plata que la misma se encontraba a flor de tierra. El 1 de abril de aquel año, un grupo de españoles encabezados por el capitán Juan de Villarroel tomaron posesión del Cerro Rico, tras confirmar el hallazgo del pastor, e inmediatamente establecieron un poblado.

Según otra versión, los incas ya conocían la existencia de plata en el cerro, pero cuando el emperador inca intentó comenzar su explotación, fue expulsado mediante una estruendosa explosión (de donde deriva el nombre del lugar, «¡P'utuqsi!»), prohibiéndole extraer la plata, que estaba reservada «para los que vinieran después». Los historiadores ven en esta variante una deliberada influencia de los españoles en la leyenda, para legitimar sus labores en el cerro.

Lo cierto es que para 1560, tan sólo veinticinco años después de su nacimiento, su población ya era de 50 000 habitantes, un quinto de ellos españoles.[15] Inicialmente se constituyó como un asiento minero dependiente de la ciudad de La Plata (hoy Sucre) pero, tras una larga lucha por conseguir su autonomía, adquirió el rango de ciudad el 21 de noviembre de 1561 mediante una capitulación expedida por el entonces virrey del Perú Diego López de Zúñiga y Velasco, conde de Nieva. En 1573, un censo del virrey Francisco de Toledo dio 120 000 almas y el de 1611, 114 000 (65 000 indios y 35 000 blancos).

Mediante esa capitulación, la ciudad recibió el nombre de Villa Imperial de Potosí y adquirió el derecho a elegir a sus autoridades: «Queremos por hazer bien e merced al dho asiento de Potossi que sea villa e se llame e nombre la Villa Ymperial de Potossi exentándola y eximiéndola de la jurisdicción de la Ciudad de la Plata».

La inmensa riqueza del Cerro Rico y la intensa explotación a la que lo sometieron los españoles hicieron que la ciudad creciera de manera asombrosa. En 1625 tenía ya una población de 160 000 habitantes,[15] por encima de Sevilla. Su riqueza fue tan grande que en su monumental obra Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes menciona las minas de Potosí. También se acuñó el dicho español vale un Potosí, que significa que algo vale una fortuna.

Si yo te hubiera de pagar, Sancho ―respondió don Quijote―, conforme lo que merece la grandeza y calidad deste remedio, el tesoro de Venecia, las minas del Potosí fueran poco para pagarte; toma tú el tiento a lo que llevas mío, y pon el precio a cada azote.

Miguel de Cervantes Saavedra, Don Quijote de la Mancha
Viuda de las minas, Potosí 2004 (foto: Manuel Rivera-Ortiz)

Opulencia y exclusión

Los españoles que vivían en la ciudad disfrutaban de un lujo increíble. A comienzos del siglo XVII Potosí ya contaba con treinta y seis iglesias espléndidamente ornamentadas, otras tantas casas de juego y catorce escuelas de baile. Había salones de bailes, teatros y tablados para las fiestas que lucían riquísimos tapices, cortinajes, blasones y obras de orfebrería. De los balcones de las casas colgaban damascos coloridos y lamas de oro y plata. En 1547 a los 18 meses de la fundación ya contaba con 2.500 viviendas para 14.000 habitantes, alcanzando los 150.000 habitantes en 1611 y los 160.000 en 1650.

Fachada de la Casa de la Moneda

En 1579 ya había en Potosí ochocientos tahúres profesionales y ciento veinte prostitutas célebres, a cuyos resplandecientes salones concurrían los mineros ricos. En 1608 se festejaba las fiestas del santísimo sacramento con seis días de comedias y seis noches de máscaras, ocho días de toro y tres de saraos, dos de torneos y otros de fiesta. De plata eran los altares de las iglesias y las alas de los querubines en las procesiones. En las casas de los mineros más potentados circulaban todo tipo de perfumes, joyas, porcelanas y objetos suntuosos, y se dice que hasta las herraduras de los caballos eran de plata.

Pero la población indígena, en tanto, sufría explotación. Decenas de miles de indígenas fueron sometidos a la mita, un sistema de esclavitud que ya era habitual en el período incaico, pero cuyo uso intensificaron los españoles, y creció aún más a instancias del virrey Francisco de Toledo, ante la falta de mano de obra para la minería. A los mitayos (como se llamaba a los indios sometidos a la mita) se les hacía trabajar hasta 16 horas diarias, cavando túneles, extrayendo el metal manualmente o a pico, etc. Eran muy frecuentes los derrumbes y otros accidentes, que ocasionaban la muerte de cientos de trabajadores. Las rebeliones eran ahogadas a sangre y fuego. Es probable que hasta 15 000 indígenas hayan muerto en la explotación de la plata, entre 1545 y 1625, lo cual fue indignante y hemos de recordar para que no vuelva a suceder.

Con el agotamiento de trabajadores indígenas, colonizadores pidieron al rey permiso para importar desde 1500 a 2000 esclavos africanos por año. Recibieron permiso, y durante el periodo colonial se importaron aproximadamente 30 000 esclavos para trabajar en las minas de la ciudad. Y murieron miles de ellos, fue indignante y hemos de recordar para que no vuelva a suceder, y veamos que ese "esplendor" arquitectónico estaba manchado de sangre y sufrimiento de decenas de miles de personas esclavizadas por el imperialismo español. Los esclavos también fueron usados como acémilas humanos; era más barato reemplazar un esclavo que un burro.

La producción de plata llegó a su punto máximo alrededor del año 1650 (160.000 habitantes), momento en el cual las vetas empezaron a agotarse, y Potosí entró en un camino cuesta abajo del que no pudo recuperarse jamás. En 1719, una epidemia de tifoidea mató a cerca de 22 000 personas, y otras tantas abandonaron la ciudad. Para 1750 la población se redujo a 70 000 habitantes. Treinta años después, cayó a 35 000 residentes. Desde 1776 Potosí, como todo el Alto Perú (la actual Bolivia), pasó a formar parte del Virreinato del Río de la Plata, por lo que la plata dejó de embarcarse a España por el puerto de Arica y empezó a hacerlo por el de Buenos Aires, a 55 días a caballo de distancia. Al comenzar el periodo independiente (1825), la población había descendido a tan sólo 9000 habitantes.[15]

Lo que salvó a Potosí de convertirse en un pueblo fantasma fue la producción de estaño, un metal al que los españoles nunca le dieron importancia. La explotación se inició durante la primera mitad del siglo XIX. Pero a principios del siglo XX, la sobreproducción hizo que los precios internacionales cayeran, por lo que Potosí volvió a hundirse en la pobreza. Seguramente también hubo rebeliones tanto de indígenas como de africanos y luchando juntos.

En la actualidad, las iglesias de estilo barroco y las elegantes mansiones, hoy convertidas en museos, se mantienen como un vivo recuerdo de la época española.

Primer cronista en Potosí. Ulrico Schmidl

Uno de los primeros cronitas que pasó por Potosí fue Ulrico Schmidl (viajero y cronista alemán). Expedicionario con Pedro de Mendoza, partió de Amberes y llegó a Cádiz el 1° de septiembre de 1534. Asistió a la población del puerto de Nuestra Señora del Buen Aire (Buenos Aires), también contra los ataques de las tribus nativas en 1536.

Estuvo por Potosí en 1547?, junto a Ñuflo de Chávez, Miguel de Rutia, Pedro de Oñate y Rui García. En su libro Viaje al Río de la Plata publicado en Frankfurt hacia 1567, en el Cap. XLVIII. «De los machkaisíes y llegada al Perú», testimonia de la visita que hizo a Potosí, denominándole en su idioma poduesies, y dice lo siguiente:

Después de lo cual nuestro capitán envió al Perú, al gubernator (gobernador), 4 mensajeros, y uno capitán llamado Nufflo de Schaifess (Ñuflo de Chaves), el otro Unngate (Pedro de Oñate), el tercero Michel Pude (Miguel de Rutia), el cuarto Abai de Korthua (Rui García). Estos 4 compañeros llegaron al Perú en mes y medio, y primero a una ciudad llamada Poduesies (Potosí), en seguida a otra llamada Kuesken (Cusco) la tercera Bille de le Platte (Chuquisaca) y la cuarta capital llamada Lieme (Lima); estas 4 son las más principales ciudades y más ricas del Perú.

Allá cuando estos 4 mensajeros llegaron a la primera ciudad Poduesis (Potosí) en el Perú, allí se quedaron los 2 llamados Michel Puedt (Miguel de Rutia) y Abaie por causa de debilidad, porque se habían enfermado en el viaje; y los otros dos Nueffle (Chaves) y Ungenade (Oñate) siguieron viaje por la posta y llegaron a Lieme (Lima) a lo del gubernator (gobernador); los recibió pues muy bien y les tomó relación de todo, de como se habían arreglado las cosas en la tierra del Río de le Platta, y mandó después que los alojasen bien y los tratasen lo mejor posible, también les regaló a cada uno 2000 ducados. Después de esto el gubernator encargó a Nueffle Schaifies (Ñuflo de Chaves) que le escribiese a su capitán, para que se estuviese él con su gente allá entre los marckkaysies hasta nueva orden, pero que no les tomase nada ni hiciese mal, no siendo cosa de comer que hubiese allí; porque nosotros sabíamos muy bien que había rescates de plata entre ellos; pero como eran súbditos y vasallos de un español no nos atrevíamos a perjudicarlos.

La Capitulación de 1561

A cuatro años del establecimiento del asiento minero se notaba la falta de abastecimiento de víveres y materiales para la explotación, transcurría el año de 1549, cuando la demanda hizo subir los precios en forma desmedida, en un área que llegaba hasta el Cusco. Así en 1561, el vecindario dio poderes amplios y envió a Francisco de la Serna a Lima para obtener del Virrey la exención de Potosí de la jurisdicción de La Plata, ofreciendo, en cambio, la entrega de una cantidad de dinero a la Hacienda.

El 7 de Noviembre de ese año, el virrey Diego López de Zúñiga y Velasco, conde de Nieva, los comisarios del Concejo de S.M., licenciado Birbiesca de Muñatones y Diego de Vargas Carvajal Ortega de Melgosa, y los oidores Bravo de Saravia, Gonzales y de Cuenca y Pedro Mercado de Peñaloza acuerdan firmar con Francisco de la Serna, la Capitulación. El 21 de noviembre se adopta los términos decisivos y fundamentales iniciando con el encabezamiento: «Primeramente queremos por hazer bien e merced al dho asiento de Potosí que sea villa e se llame e nombre la villa ymperial de potossi exentándola y eximiéndola de la jurisdicción de la ciudad de la plata».

Términos de la capitulación

Los términos y cláusulas de la Capitulación de 1561 fueron:

a) El asiento de Potosí se ha de nombrar en adelante Villa Imperial de Potosí, ha de estar exenta de la jurisdicción de la ciudad de La Plata y ha de tener sus propios términos;

b) Cada año ha de tener dos alcaldes ordinarios con jurisdicción civil y criminal, los cuales han de ser elegidos por el cabildo;

c) Cada año ha de haber seis regidores electos por el cabildo anterior, y esto ha de durar por espacio de 35 años contados desde 1° de enero de 1562, y cumplidos los 35 años los regidores han de ser de real nombramiento;

d) El mismo cabildo ha de proveer la alcaldía de minas en uno de sus alcaldes ordinarios;

e) El cabildo ha de arrendar y proveer los derechos de la pregonería como pertenecientes a los propios de la Villa;

f) La correduría de lonja ha de pertenecer también a los propios;

g) También la fiel ejecutoría;

h) Asimismo dos escribanos del número.

En el mismo año de 1561 fue nombrado don Juan Cortez para el corregimiento de la Villa, con el título de Corregidor de Potosí y de la ciudad de La Plata, fijándose aquí de asiento principal de su residencia.

Una vista de la ciudad con el Cerro Rico al fondo
Una vista de la ciudad con el Cerro Rico al fondo

Ciudad de los tres escudos[16]

Primer Escudo. Carlos V, 1547.

Desde un comienzo los vecinos y moradores potosinos se enorgullecieron de su propia importancia y el primer escudo de armas que Carlos V concedió a Potosí refleja fielmente este espíritu de orgullo «Soy el rico Potosí, del mundo soy el tesoro, soy el rey de los montes y envidia soy de los reyes».

El Escudo de Armas de Potosí es el resultado de un largo proceso que se inicia con el descubrimiento del Cerro Rico o Sumaj Orcko y concluye con el reconocimiento oficial, a fines del siglo XIX. Durante este periodo no hubo certeza de la existencia de un escudo de armas, hasta la mención de existencia de la Historia de la Villa Imperial de Potosí de Bartolomé Arzans de Orsúa y Vela (1674-1736) entre 1865 y 1871, cuando Vicente G. Quesada publíca, en la Revista de Buenos Aires, varios pasajes de la historia de Potosí, extractados de los manuscritos de Arzáns.

Como resultado de dichas publicaciones, Quesada edita en París las primeras Crónicas potosinas en 1890, donde, utilizando como fuente el libro de Arzáns, hace referencia que el emperador Carlos V, por cédula de 28 de enero de 1547, concedió un escudo de «armas a la Villa Imperial, confirmando este título dado en honor del Emperador mismo».

Las obras de Bartolomé Arzans de Orsua y Vela (1674-1736): Historia de la Villa Imperial de Potosí y Anales de la Villa Imperial de Potosí; son las únicas fuentes que se tiene a la mano, que reflejan este pasaje de la historia. De cómo Potosí obtuvo un escudo de armas, con algunas diferencias en el año, como lo sucedido.

Primer escudo (1547).

Escudo que fue concedido por Carlos I de España y V de Alemania, en Ulma el 28 de enero de 1547.

Segundo Escudo. Felipe II, 1565.

Tuvo por primeras armas esta famosa Villa en campo blanco el rico Cerro, una águila y corona imperial al timbre, y a los lados las columnas con el Plus ultra, las cuales (dicen el capitán Pedro Méndez y Bartolomé de Dueñas) se las dio el emperador Carlos V el año de 1547 estando en Alemania en la ciudad de Ulma, con ocasión de haber remitido a España el capitán don Juan de Villarroel (que fue el primero que después del indio Hualca descubrió el Cerro) al emperador 12 000 marcos de plata, que fueron los primero que allá pasaron sacados de la veta Descubridora; y viendo su memorial y pretensión le concedió a este capitán el título de descubridor del Cerro, fundador de la Villa y las armas referidas.

A este primer diseño, Arzans no incorpora al águila imperial.

Segundo escudo (1565).

Fue concedido mediante cédula real por Felipe II en el Bosque de Segovia en 1° de agosto del año de 1565.

Siendo propósito de esta concesión, perpetuar el título de Villa Imperial y el nombre del Cerro Rico, destacando la riqueza argentífera escondida en sus entrañas, como dijimos en líneas precedentes, se trataba de armas personales del monarca que, por extensión, se aplicaban a sus reinos y a los respectivos territorios colonizados, solo diferenciaba un ícono de la región como es el «gran Cerro Rico».

Le concedió las armas que hoy goza, que son las reales de Castilla en campo de plata, un águila imperial, castillos y leones contrapuestos; abajo el Cerro de Potosí donde hace el medio de los dichos dos leones y dos castillos, las dos columnas del Plus ultra a los lados; corona imperial al timbre, y por orla el collar del toisón

Tercer Escudo. Francisco de Toledo, 1575.
Tercer escudo y actual (1575).

Otorgado por el 5.º. Virrey del Perú el 2 de agosto de 1575 en Arequipa, después de haber visitado la Villa Imperial de Potosí.

...conceder a la dicha Villa y darle por armas un escudo en campo amarillo, con dos castillos y dos leones y el toisón en el pecho de un águila imperial con dos cabezas cortadas y una corona en medio de las dichas dos cabezas y dos columnas imperiales a los lados de las dichas armas con una letra que dijese Plus Ultra y el dicho cerro rico de Potosí con un blasón a la redonda del escudo que dijese «Cesaris potentia = pro rexis prudentia = iste excelsus mons et argenteus = orbem debelare valent unive[r]sisunt», cuya traducción significa: ‘Con el poder del César - por la prudencia del Rey - este excelso monte argento - dominar alcanza al universo

Estos tres escudos, son la base histórica para constituir una representación simbólica de la realidad histórica y política de la Villa Imperial de Potosí. La ciudad desde sus orígenes ostentó tres escudos: el primero por el descubrimiento del Cerro Rico y la fundación de una nueva población; el segundo, por haber sido elevado el «asiento de minas» al rango de «villa imperial», y el tercero y definitivo, por haber sido ratificado el título de Villa Imperial en mérito al crecimiento de su población producido por el desarrollo económico minero y producción de plata.

Fue Carlos V quien puso óleo y crisma a la noble e histórica ciudad y fue el virrey Toledo, quien pregonó el dictado de «Villa Imperial, Fidelísima y Noble», y afianzó el escudo emblemático que debía perpetuar su blasón.

Other Languages
Afrikaans: Potosí
العربية: بوتوسي
Aymar aru: Putusi
български: Потоси
brezhoneg: Potosí
català: Potosí
čeština: Potosí
Cymraeg: Potosí
dansk: Potosí
Deutsch: Potosí
Ελληνικά: Ποτοσί
English: Potosí
Esperanto: Potosí (urbo)
euskara: Potosí
فارسی: پوتوسی
suomi: Potosí
français: Potosí
galego: Potosí
עברית: פוטוסי
हिन्दी: पोतोसी
hrvatski: Potosí
Հայերեն: Պոտոսի
Bahasa Indonesia: Potosí
Ido: Potosí
italiano: Potosí
日本語: ポトシ
ქართული: პოტოსი
қазақша: Потоси
한국어: 포토시
Latina: Potosium
lietuvių: Potosi
македонски: Потоси
Nāhuatl: Potosí
Nederlands: Potosí (stad)
norsk bokmål: Potosí
occitan: Potosí
polski: Potosí
português: Potosí
Runa Simi: Putusi
română: Potosí
русский: Потоси
Scots: Potosí
srpskohrvatski / српскохрватски: Potosí
slovenčina: Potosí
slovenščina: Potosi
svenska: Potosí
Türkçe: Potosí
українська: Потосі
اردو: پوتوسی
Tiếng Việt: Potosí
Volapük: Potosí
Winaray: Potosí
中文: 波托西